Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 2: Corta-Barbas Va Hacia el Río Sureño

Parte 2

 

 

Él se concentró en nada más que en el sonido del río corriendo mientras arrastraba el carro.

La gente que se arremolinaba a su alrededor miraban fijamente al patético aventurero y rápidamente pasaban de largo. Es cierto que su forma de vestir era algo chocante. La gente probablemente asumía que era un principiante.

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¿Por qué si no, un aventurero, equipado con una armadura completa como si estuviera listo para adentrarse en una mazmorra, estaría tirando de un carro por el centro de la ciudad? No parecía que su lugar perteneciera entre los ríos y botes de esta ciudad, cuya elegancia era similar a la de la antigua capital donde fue construida. La gente se reía de él ocultado sus sonrisas con sus manos.

Nada de esto le importaba a Goblin Slayer.

Él siguió caminando por la ruta que había grabado en su memoria y, eventualmente, llegó a un edificio resplandeciente junto a la orilla ribera, sostenido por columnas de mármol. Gente vestida con ropas de clérigos y con textos de ley aferrados a ellos, entraban y salían con mucha prisa por la entrada principal. Había otros entre ellos que parecían muy serios; eran personas que habían venido por alguna demanda y que ahora se acercaban al templo con temor.

El sol ya había pasado su cenit, sus claros y brillantes rayos reflejando la imagen de la espada y las escamas. Este era el gran Templo del Dios Supremo, que dio a este mundo ley y justicia y orden y luz.

Probablemente no había un lugar más seguro en toda la frontera que este. Goblin Slayer, sin embargo, continuó observando el área vigilantemente mientras caminaba con su carro hacia el templo.

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En el área de espera, la gente le echaba miradas de ansiedad mientras revisaban cuanto tiempo faltaba hasta que sus casos fueran escuchados. Él se internó más en el edificio.

«¡Disculpe, señor, por favor, deténgase ahí!» Naturalmente, lo habían notado. Un joven clérigo vestido con sandalias llegó corriendo.

Goblin Slayer se detuvo con un «Jurm», y luego se dio cuenta de que el joven parecía estar rezando algo en voz baja. Asumió que era algo así como Sentir Mentiras. Las cosas eran tan complicadas estos días.

El aventurero hizo que el carro se detuviera crujiendo. »

He venido a completar una misión», dijo.

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«¿Señor?»

«Una misión», repitió, sacado la insignia de plata alrededor de su cuello. «Tal vez ayude si digo que Goblin Slayer está aquí.»

Desafortunadamente, no ayudó.

«Por favor, espere un momento, señor», dijo el clérigo, volviendo corriendo a su interior y dejando solo al aventurero.

Goblin Slayer se cruzó de brazos y, como le habían dicho, esperó.

Sentía que últimamente había visto a muchos teniendo tanta prisa.

Tal vez los clérigos jóvenes son todos iguales….

Finalmente, el joven regresó con una mujer mayor y, por tercera vez, Goblin Slayer explicó:

«He venido a completar una misión. El transporte de algunos textos.»

«Sí, por supuesto, señor, lo entiendo», dijo la mujer con una sonrisa amistosa. Ella asintió varias veces. «La arzobispo está esperando por usted. Por favor, por aquí.»

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«Muy bien.» Goblin Slayer volvió a agarrar el travesaño del carro y empezó a caminar.

«Mis disculpas por retrasarlo», dijo el sacerdote, pero Goblin Slayer solo agitó un poco la cabeza al pasar.

La mujer, la acólita, que iba delante de él balanceaba sus caderas de una manera que hacía que su trasero se moviera cada vez que caminaba. Pero no lo suficiente para ser indecorosa; de hecho, sus movimientos eran muy gráciles.

El Dios Supremo era el maestro de la ley. Pero se decía que eran Oradores los que debían hacer los juicios legales oficiales. Quizás, entonces, esta acólita estaba simplemente tratando de actuar apropiadamente para un lugar de juicio. Y en cuanto a Goblin Slayer, no había mayor elogio que reconocer algo como el fruto de mucha práctica.

«Si tan sólo hubieras venido por atrás, no habrías tenido que esperar», dijo ella, implicando claramente su condición de amigo personal de la cabeza de este templo.

«No sabía eso», dijo él. No sonaba nada reprobador. «Te he causado problemas», añadió.

«Para nada, señor, está bien. Estoy segura de que la arzobispo estará encantada». Ella le sonrió ampliamente.

Goblin Slayer inclinó levemente su cabeza en su dirección.

«…Creo que recuerdo haberte conocido antes.»

«Sí, señor. Y permítame agradecerle todo el bien que le hizo a nuestro arzobispo en ese momento».

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«Sólo maté algunos goblins».

Esta mujer era una ayudante, una de las que servían muy de cerca a la Doncella de la Espada. Tomo esto en consideración.

«Hmm. ¿Puede ella dormir ahora?»

«En efecto, y muy bien, de hecho.» La acólita parecía como si estuviera hablando de su propia hija mientras sonreía. «Ella ha dormido como una bebé todo el año pasado. Estoy segura de que ahora se siente mucho más segura».

Ah, pero no le digas que te lo dije. Sólo conseguirás que haga pucheros.

Él asintió con la cabeza.

«Ya veo.» Y luego añadió, una vez más en voz baja, «Está bien, entonces».

Se adentraron más en el templo, más allá de las salas de audiencias donde se oían los casos, a través de pasillos llenos de estantes. Hacia el interior del santuario, un lugar de pilares de mármol y silencio.

Él ya había tomado este camino antes, y conducía al mismo lugar que la última vez que vino.

Varios grandes y redondos pilares rodeaban la habitación, la luz del sol, del color de la miel, se movía entre ellos.

En el extremo más lejano de esta sala había una estatua del Dios Supremo, como el sol, un altar puesto ante él. Y en el altar había una persona con una postura perfecta que agarraba la espada y la balanza, una bella mujer que ofrecía oraciones….

«…Ahh,» dijo ella, la alegría inconfundible en su voz. «Has venido. Eres tú, ¿no es así…?»

Hubo un leve sonido cuando la mujer, con su cuerpo esbelto cubierto con sólo un delgado trozo de tela, se levantó después de hacer sus plegarias.

Detrás de su venda, que sólo servía para resaltar su belleza, su mirada se movió, y un aliento escapó de sus ricos labios.

Podría parecer seducción, o tal vez una cierta diablura. Pero su aura era, sin duda, la de una sacerdotisa pura.

«Parece que las cosas están bien.»

«Sí… Gracias a ti.» La arzobispo, la Doncella de la Espada, sonrió como una niña inocente, sus labios rojos se suavizaron. Hizo un movimiento con la mano, casi como una danza; la acólita inclinó su cabeza y retrocedió sin hacer ruido.

Goblin Slayer la vio irse, el casco de acero escondía su expresión. La Doncella de la Espada lo miró con gran calidez.

«Me temo que te he molestado por el bien de esa chica…»

«No fue nada», dijo Goblin Slayer, agitando la cabeza. «Es mi deber».

El invierno anterior aún estaba fresco en su memoria, cuando había luchado con unos goblinss en la montaña nevada para poder rescatar a una noble muchacha. La joven había intentado con todas sus fuerzas parecer valiente. Goblin Slayer no sabía lo que le había pasado después de su rescate. Aparentemente, ella estaba en contacto por carta con la Sacerdotisa y la Arquera Elfa Superior, pero no se le ocurrió preguntarles sobre ella.

«…No puedo decir que esté completamente mejor», dijo gentilmente la Doncella de la Espada, como si sintiera lo que se preguntaba Goblin slayer. «Sus heridas son profundas y le duelen mucho.» Sus labios se fruncieron un poco. «Pero ella se ha puesto de pie. Está haciendo todo lo que puede, en la medida de sus posibilidades».

«Ya veo.»

«…¿Y qué hay de mí?»

Goblin Slayer hizo un Jumph dijo: «Lo oí de camino hacia aquí». Luego soltó el travesaño del carro con un estruendo. «Traje los textos antiguos.»

«Así lo has hecho. He oído la historia.» Sus labios volvieron a fruncirse, quizás enfadada por no haber podido preguntárselo personalmente. Pero por lo menos, no parecía haber ningún cambio en el hecho de que él estaba cuidando de ella.

Se movió por el suelo de mármol casi como si estuviera patinando sobre él, acercándose al carro sin ninguna preocupación evidente. Su pálida y delicada mano se extendió y rozó la superficie del cofre de madera.

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«¿Podrías ser tan amable de abrirlo para mí?»

«Sí.»

Goblin Slayer cogió la espada por su cadera y usó la punta para abrir el cofre. No era algo que un aventurero normal haría, arriesgando su amada arma.

Pero este era Goblin Slayer. La Doncella de la Espada lo sabía, así que no se sorprendió por lo que notó.

El cofre se abrió con un chillido de protesta. Dentro estaban las tablillas de arcilla, enterradas en detritos blandos. La Doncella de la Espada pasó su mano por la profusión de caracteres grabados en su superficie, tan suavemente como una amante.

«Esta escritura es vieja…. Muy, muy vieja. Creo que las palabras podrían pertenecer a la magia… Tal vez».

Quizás todo esto habría sorprendido a alguien que no sabía quién era la Doncella de la Espada. Pero como la arzobispo del Dios Supremo, gobernante de la ley, ciertamente tendría un milagro de valoración.

«¿Dice algo sobre goblins?»

«No estoy segura,” contestó la Doncella de la Espada con un triste movimiento de su cabeza que hizo que su dorado cabello ondeara sin hacer ruido. «Me temo que no puedo decirlo. Tendría que leerlo un poco más…»

«Ya veo.» Goblin Slayer asintió. «En ese caso, no estoy interesado. Los dejaré contigo».

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«Y me los quedaré. Gracias.» La Doncella de la Espada puso una mano en su generoso pecho y le hizo una profunda reverencia. No era la forma en que un arzobispo se comportaría normalmente con un mero aventurero… incluso si ella misma había sido una aventurera alguna vez.

Ella levantó su cabeza lentamente, y luego sus ojos ciegos miraron las tablillas de arcilla como si fuera un regalo.

«Las llevaré a la biblioteca más tarde.»

«… ¿Tú misma?»

«La responsabilidad ha sido pasada a mí, ¿no es así? Será mejor que me encargue de esto». Antes de que Goblin Slayer pudiera decir algo más, ella añadió un enfático «¿Verdad?»

Ella parecía que estaba bailando mientras se acercaba al hombre con su cruda armadura de cuero. Un leve y dulce olor le hacía cosquillas en la nariz, quizás era el perfume que ella llevaba encima.

«¿Volverás pronto?»

Goblin Slayer Volumen 7 Capítulo 2 Parte 2 Novela Ligera

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«No.» Esto hizo que la Doncella de la Espada apretara la espada y la balanza. «Nos dirigiremos al sur inmediatamente.»

«¿Es eso cierto…? … Ya veo.» La fuerza desapareció de la mano que sostenía el símbolo. «Qué cruel», murmuró ella. «No creo que este viaje involucre goblins…»

«Mi amiga…», empezó Goblin Slayer. «Mi amiga… me invitó. No podía negarme.»

«Tienes ese corazón amable…»

Sus palabras no eran un reproche, exactamente, pero había una púa en ellas.

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Goblin Slayer, sin embargo, respondió.

«Uno nunca sabe cuándo o dónde pueden aparecer los goblins.»

«Eso es ciertamente cierto.» Ella rió, y fue como el sonido de una campana; flotaba en el aire mientras ella retrocedía.

Se arregló su ropa (aunque no era necesario), ajustó su agarre de la espada y la balanza, y tosió tranquilamente.

«Ten cuidado, si vas a viajar por el río.»

«¿Cuidado con los goblins?»

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Ella ignoró la pregunta, diciendo en voz baja:

«Ha habido informes de hundimientos de barcos».

Deseo que estés a salvo en tus viajes.

Goblin Slayer la dejó hacer la señal sagrada sobre él con sus dedos. Luego asintió con la cabeza y se fue a un paso audaz. No miró hacia atrás.

Justo como ella esperaba.

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