Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 2: Corta-Barbas Va Hacia el Río Sureño

Parte 1

 

 

En el momento en que desembarcaron de su carruaje, el calor del verano asaltó al grupo, junto con el bullicio. La gente entraba y salía de las losas. Conversaciones de todo tipo. El río se abría paso a través de la ciudad. El viento soplaba.

Por un momento, la abrumadora sensación de actividad dejó a la Vaquera pensando que debía haber un festival o algo así.




«W-wow…»

«¿Estás bien?»

Sintió como una suave mano la sostenía, protegiéndola de un repentino mareo.

«Er… Sí… Bien», contestó ella, asintiéndole a alguien. Ese alguien resultó ser una persona de la que se había hecho amiga rápidamente durante el año pasado: la recepcionista del Gremio de Aventureros. Ella estaba impecablemente vestida, como siempre. Hoy, ella llevaba un vestido de un blanco puro de verano que le recordaba a la Vaquera que esta chica era un funcionario público… en otras palabras, parte de la nobleza. No era lo que llevaba normalmente, pero incluso así… de hecho, sólo por esa razón… dejaba una fuerte impresión.

«Me he mareado un poco por toda la gente…»




«Aún no has visto nada. La capital está aún más repleta».

«No puedo creer que puedas respirar ahí…» No creo que pueda lograrlo.

La Chica del Gremio se rió de la evaluación de la Vaquera, bajándose del carruaje como si lo hiciera todos los días.

Sabes, cuando sostiene esas trenzas contra el viento, realmente parece una chica de la ciudad. No podría verse más diferente de mí.

La Vaquera dio un suspiro privado, superada por lo torpe que se sentía. Ella había intentado vestir algo un poco diferente de lo usual, pero no había logrado nada parecido al éxito conseguido por la Chica del Gremio.

Sin embargo, le daba vergüenza volver a ponerse el vestido de su madre, así que esto era lo que le quedaba. Y aun así, no podía sentirse cómoda consigo misma.

La Vaquera deambulaba detrás del carruaje donde estaban apiladas las bolsas. Tendrían que descargar el equipaje.

Una mano con guantes de cuero se deslizó y la detuvo.

«Yo lo haré». La mano agarró algunas maletas tan pronto como ella oyó la corta frase.

Ella volteo y vio al Goblin Slayer con su característico yelmo mugriento.

«Descansa un poco».

«Oh, estoy bien», dijo la Vaquera, descartando lo dicho por su viejo amigo. «Puedo montar a caballo todo el día. Un carruaje no es problema. Sé que no lo parezco, ¡pero soy bastante fuerte!».

«Tal vez, pero este baúl tiene que ver con mis asuntos.»

Hmm, la Vaquera refunfuñó. Eso era justo. Los asuntos personales eran importantes.

«Está bien, bueno, déjame encargarme de mi propio equipaje, al menos.»

«De acuerdo». Por alguna razón, su brusco asentimiento la hizo sonreír. Ella no escondió su sonrisa mientras agarraba su equipaje.

Ella nunca antes había visto a Goblin Slayer haciendo algo de su trabajo. Y haciendo algo además que matar goblins, nada menos. Esto no era realmente diferente al tipo de cosas que ella le pedía para que ayudara en la granja, pero aun así, parecía diferente.




Ella se movió y se paró en un rincón de la estación para no estorbar; la Chica del Gremio se paró a su lado, sonriendo. La Vaquera había aprendido lo suficiente en los seis años que tenían de conocerse como para saber que esta no era una sonrisa falsa.




«Supongo que tu tampoco lo has visto en su trabajo muy a menudo.»

«Sí. Normalmente estoy detrás de un escritorio en el Gremio».

Goblin Slayer Volumen 7 Capítulo 2 Parte 1 Novela Ligera

 

«¿Ah, sí? …supongo que eso tiene sentido.»

«Bueno, hubo una vez…» En la que pensé que podría darme un ataque al corazón.




«¡Huh!» Dijo la Vaquera, con sus labios fruncidos.

Mientras los dos estaban de pie hablando, el trabajo avanzó a buen ritmo.

«Dioses en el cielo. No hemos visto este lugar en un año, y parece como si nos hubiéramos ido ayer. ¿Nunca cambia nada por aquí?» Dijo el Chamán Enano, agarrando casualmente los baúles mientras que Goblin Slayer los bajaba del portaequipaje.

Como la mayoría de los de su clase, el Chamán Enano era tan fuerte como era bajo. Apiló la carga, una tras otra, sin siquiera agitarse.




«Dicen que tres son multitud, pero tenemos cuatro mujeres. ¿Cómo vamos a relajarnos los hombres?»

«¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¿No son hermosas y vivaces? Eso es suficiente.» El Sacerdote Lagarto estaba tomando las bolsas del Chamán enano y poniéndolas en un carro de equipaje. Los hombres lagartos eran naturalmente musculosos, pero además de eso, tenía la musculatura de un sacerdote-guerrero. Tiraba el equipaje en el carro más rápido de lo que Goblin Slayer podía descargarlo.

«Y tampoco se puede tomar a la ligera la naturaleza meticulosa de una mujer. ¿No es así, señorita Sacerdotisa?»

«Realmente no creo que sea nada especial…»

La Sacerdotisa se rascó la mejilla con vergüenza, pero el Sacerdote Lagarto sólo lanzo otra alabanza.

«Pero empacar con cuidado es muy importante. ¿Qué pasaría si las tablillas de arcilla se rompieran?»

La sacerdotisa miró hacia el suelo.

«No es nada especial…. solo las empaqueté con cañas y musgo.»

El equipaje en cuestión eran las tablillas de arcilla que habían recuperado de la biblioteca unos días antes. Según las monjas que habían rescatado, las tablillas habían sido descubiertas en alguna ruina antigua y las letras aún no habían sido decodificadas.

Siendo ese el caso, no tenía sentido dejarlos en un pueblo fronterizo sin recursos. Podrían llevar algún tipo de profecía; o magia antigua y secreta; o la verdad oculta de toda la historia; o….

Los textos antiguos e indescifrables han sido la causa de conflictos nada pequeños últimamente. Lógicamente, los aventureros llegaron a la conclusión de que lo más seguro que podían hacer era dejar las tablas en el Templo del Dios de la Ley en la ciudad del agua.

«Jeh-Jeh. Así es, gánate tu sustento, enano». Arquera Elfa Superior saltó del carruaje con gran gracia y una sonrisa que se extendía de oreja a oreja. Le dio al Chamán Enano un fuerte golpe en el hombro. «Voy a escoger algunos regalos para mi hermana».

«Sí, está bien. Dioses…. Si no estuviéramos aquí para celebrarlo, te devolvería el golpe en ese pequeño trasero plano».

«¡Tu siempre…!» Arquera Elfa Superior saltó hacia atrás, cubriendo su modesto trasero con sus manos y mirando fijamente al enano.

Ella podía hacer payasadas así porque estaban en la seguridad de la ciudad del agua.

Hace un año, había sido diferente.

La Sacerdotisa cerró los ojos por un segundo, con una emoción que mezclaba la nostalgia con el miedo, pero que no era exactamente ninguna de las dos cosas. Ese verano, esta zona había sido atacada por goblins, y casi nadie se dio cuenta. Esos recuerdos aún estaban frescos en su mente. Después de todo, todo el grupo casi había muerto luchando contra ese enemigo.

“…”

Goblin Slayer, que había estado tan cerca de la muerte como cualquiera de ellos en aquel momento, miró lentamente de un lado a otro de la ciudad.

«…No siento ningún goblin aquí.»

A ella le pareció bastante satisfactorio poder volver y ver lo que su trabajo había logrado.

Habían estado fuera durante un año… sí, un año entero había pasado.

Por lo que pudo ver, la ciudad del agua estaba casi exactamente como la habían dejado la última vez, todo seguía funcionando en paz. Pasaban comerciantes y viajeros, clérigos al servicio del Dios Supremo corrían de un lado a otro, y los niños caminaban junto a sus padres. Los magos y caballeros errantes preguntaban a los transeúntes si no necesitaban guardaespaldas para proteger sus pertenencias, jactándose de sus logros en batalla.

El ruido de los cascos de los caballos se mezclaba con la rápida conversación de los comerciantes que hacían tratos entre ellos; una mujer de aspecto muy importante se abría paso por la calle.

Pero no habían goblins.

Para Goblin Slayer, eso era suficiente.

Y en la medida en que no hubiera goblins, no había nada que él tuviera que hacer aquí.

Y, aun así, aquí estoy.

Él se preguntaba qué debería hacer al respecto.

Incluso si hubiera tenido algún interés en una misión que no estuviera relacionada con goblins, nunca habría tenido tiempo de mirarla. Ciertamente, nunca se había imaginado que tomaría una misión de mensajería como esta.

Sigue el río que atraviesa la ciudad río arriba, hacia el sur, y tan rápido como si lo hicieras caminando, te encontrarás en el bosque de los elfos.

Por eso, se le había pedido al grupo que llevara las tablillas de arcilla; se habló un poco de que este trabajo cubriría los gastos de viaje. Debido a que era una misión del Gremio, se les permitió usar un carruaje del Gremio para llegar a la ciudad del agua. Cuando recibieran la recompensa, sería suficiente para cubrir sus gastos en la ciudad.

Finalmente, estaba el hecho de que estarían protegiendo tablillas de arcilla en las que los goblins podrían tener algún interés. Este fue el aspecto que finalmente hizo que Goblin Slayer se decidiera.

«Bien, todos, voy a ir al gremio local a saludar e informarles que hemos completado la misión.»

Todo había sido arreglado por la buena labor de la Chica del Gremio, con su fino sentido de la oportunidad y su sonrisa imperturbable. ¿Quién mejor que un burócrata para orquestar algo así? Cada vez que los planes para una misión implicaban algo más que simplemente ir a un lugar, investigar la zona y matar a algunos monstruos, había una forma en la que ella podía ayudar.

«Después de eso, está el equipaje, la posada, conseguir un bote… Oh, y los regalos. ¿Sabemos lo que le gusta a la pareja?»

«Mejor aprende sobre los elfos de un elfo, diría yo. ¿Tienes alguna opinión, Orejas Largas?»

«Naturalmente», contestó la Arquera Elfa Superior, asintiendo con confianza. Sus orejas hicieron un movimiento sorprendentemente majestuoso, y añadió: «Además, no he vuelto a casa en mucho tiempo. Necesitaré algo que llevarle a mi clan.»

«Em, uh, ¿entonces tal vez yo también pueda…?» La Vaquera se abrió paso en la conversación, poniendo una mano en su generoso pecho. «Quiero decir…. no tengo muchas oportunidades de venir a lugares como este, y quería ir de compras…» Ella sonaba inusualmente indecisa, sus ojos revoloteaban de un lugar a otro.




La Arquera Elfa Superior parpadeó varias veces.

«¡Sólo ven conmigo!» exclamó, golpeándose en el pecho. «De hecho, he estado en esta ciudad antes. ¡Puedo mostrarte el lugar!»

«Bien,» dijo el Chamán Enano, dudando de esta muestra de confianza, «una vez que hayamos encontrado la posada y el bote, tal vez nos unamos a ustedes». Acarició la barba blanca de la que estaba tan orgulloso. «De lo contrario, ¿quién sabe lo que este Yunque podría hacer por su cuenta?»

«Ooh, ¡¿qué tal si vienes aquí y dices eso de frente?!» Exclamó la Arquera Elfa Superior. El Chamán Enano le respondió gritando algo, y así empezaron nuevamente, discutiendo lo suficientemente fuerte como para sonar ruidosos incluso sobre el bullicio de las calles de la ciudad de agua.

El Sacerdote Lagarto giro sus ojos de forma divertida cuando vio a la gente mirando a la pareja con sorpresa.

«Bueno, piensa en nosotros como cargadores», dijo. «Tenemos la fuerza.»

«Lo siento. Sé cuántos problemas van a tener…» La Vaquera inclinó su cabeza disculpándose, pero el monje lagarto juntó sus palmas.

«¿Por qué te disculpas? Considéralo un acto de gratitud por tu abundante suministro de ese maravilloso queso. No te preocupes.»

La Vaquera sintió una mano en su hombro.

«Jee-jee. Bueno, entonces, tal vez me una al resto de ustedes después de terminar todo lo que hay que hacer.»

Ella no sabía cuándo la Chica del Gremio se había acercado por detrás de ella. Su trenza desprendía un aroma ligero y dulce; tal vez llevaba un poco de perfume. Sólo una pizca, no tanto como para ser algo más que de buen gusto. Se sentía como a un mundo de distancia de la Vaquera.

Debe ser agradable…

El pensamiento pasó en un instante, pero debió aparecer en su cara.

«A una chica le gusta vestirse bien de vez en cuando, ¿no?» La Chica del Gremio sonreía casi maliciosamente.




La Vaquera levantó sus manos.

«Jeh, sí. Ja-ja…. ¿Crees que podrías ayudarme?»

Por supuesto. La Chica del Gremio sonrió y asintió, y pronto su mirada se había movido hacia otra cosa.

¿Qué era ese algo? Ya deberías poder adivinarlo.

Era la Sacerdotisa, que parecía bastante incómoda, como si quisiera decir algo, pero no pudiera.

«¿Y qué hay de ti?» preguntó la Chica del Gremio. «Ese traje tuyo para el festival era muy lindo.»

«¡¿Eurgh?!» La Sacerdotisa hizo un sonido como si se estuviera ahogando y movió los brazos, balbuceando. «Eso no fue…» y «¡N-No era para mí!» entre jadeos.

La Vaquera, sin embargo, ya había dado la vuelta para cortar su escape. La muchacha de la granja atrapo a la Sacerdotisa en su generoso pecho, abrazándola de cerca.

«¡No tan rápido! No sé cómo me quedarían esas cosas a mí tampoco, pero aun así iré. Así que no te vas a escapar».

«Ohh…. Por favor… no seas tan dura conmigo… ¿está bien?» Ella estaba temblando como un animalito. La Vaquera le hizo un gesto con la cabeza como si fuera su hermanita.

Bueno, la Vaquera no era exactamente una experta en moda. Tendría que dejar que la Chica del Gremio tomara la iniciativa….

“……”

Goblin Slayer estaba observando en silencio a las chicas bromeando entre ellas. La Vaquera siempre había sido extrovertida, pero aun así era bueno verla formar parte de un grupo como este. Brillando y riendo, dando vueltas y divirtiéndose.

Dejó escapar un suspiro. Una especie de Fiu aliviado.

«…No sé mucho de regalos ni de ropa», dijo sin rodeos, agarrándose al travesaño del carro de equipaje.

«Jo», dijo el Sacerdote Lagarto, moviendo la cola. «¿Cargador entonces? ¿Quizás podríamos esperar hasta que todo lo demás esté terminado?»

«Hay una pequeña posibilidad de que los goblins quieran estas tabletas.» De forma bastante inusual para él, las palabras sonaban más como una excusa. «Deberíamos moverlas más pronto que tarde.»

«¿…Estás seguro?»




«Creo que sí», dijo, el casco en movimiento. «Estoy seguro de ello.»

«Hmm….», musitó el Sacerdote Lagarto, soltando un siseante aliento. Pero después de un momento, su cola se balanceó suavemente. «Muy bien», dijo. «Una vez que nos hayamos encontrado una posada, enviaremos a alguien al templo.»

«Por favor, hazlo».

Entonces Goblin Slayer comenzó a caminar, jalando el carro detrás de él.

Para cuando la Sacerdotisa notó el crujido de las ruedas, él ya estaba lejos, una figura que se hacía más pequeña en la distancia.

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