Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 1: Un Envío Para Ella

Parte 5

 

 

“Veintitrés, ¿verdad?”

La batalla había terminado poco tiempo después. El sol se estaba poniendo, y la biblioteca estaba sumida en la oscuridad. Las únicas luces venían de las lámparas que parpadeaban aquí y allá.

Goblin Slayer hizo su trabajo con indiferencia bajo la pálida iluminación: pasó de un cadáver de goblin a otro, apuñalándolos con su arma para asegurarse de que estaban muertos, y luego amontonándolos en una esquina de la capilla.

La sala de adoración, que ahora apestaba a sangre, podredumbre y basura y teñida de un espantoso color carmesí, ya no mostraba ningún signo de su sagrada pureza. Aún si no era el objetivo principal de los goblins, habían conseguido profanar completamente el lugar.

Poco más de veinte monjas habían trabajado en la biblioteca. Aproximadamente la mitad de ellas seguían vivas. El resto quedó solo como carne y huesos en una olla de estofado.

El Sacerdote Lagarto estaba en el proceso de subir hacia la capilla a cada una de las monjas desde el almacén del sótano.

“Mantente fuerte, ahora. En cuanto amanezca, podremos llevarte a un lugar menos perturbador.”




“Gracias… de verdad…”

“No pienses en ello. Podemos venerar a diferentes deidades, pero los monos vinieron de los lagartos, al fin y al cabo. Eso nos hace primos.”

“Je-je… Ustedes, los hombres lagarto…dicen cosas muy… extrañas…”

Las mujeres se rieron entre ellas. Estaban envueltas en telas, aunque nada podía ocultar lo sucias y demacradas que estaban. Solo un vistazo a los vendajes en sus tobillos dejaba claro que no iban a ir a ninguna parte.

La Sacerdotisa se encontraba mordiéndose el labio. Si había un dolor que aún no conocía, era el de una daga cortando su tendón de Aquiles.

“…Todo está bien ahora,” dijo ella. “Las llevaremos de vuelta a la ciudad pronto.”

“Gr…ac…ias…”

“No trates de hablar. En este momento, solo necesitas descansar.”

La Sacerdotisa se movió concienzudamente entre los bancos, administrando primeros auxilios a las monjas y a la viajera.

Todas evitaron preguntar qué sería de ellas ahora.

Hay bastantes, reflexionó Goblin Slayer. La mayoría de ellas habían mantenido la cordura, y no se habían suicidado o no habían sido usadas hasta la muerte. Esta biblioteca podía considerarse afortunada.

Gracias a la viajera, que sin duda había estado preparada para luchar hasta la muerte, una de las monjas se había liberado de este horror. Ella había sido enviada a otro templo para entregar un mensaje y al regresar descubrió lo que estaba pasando. Había regresado por la carretera para encargar una misión en el Gremio de Aventureros, pero tomo varios días para que se enviaran algunos aventureros.

Fue gracias a la viajera que Goblin Slayer y su grupo habían llegado hasta aquí. Las horas que ella había conseguido a cambio de su sangre les dieron el tiempo que necesitaban para llegar.




Si la viajera hubiera decidido abandonar el templo o tirar su arma después de solo una resistencia simbólica, la monja nunca hubiera podido ser capaz de escapar y la situación probablemente no habría sido descubierta hasta que las cosas fueran mucho peores.

“…Veintitrés, entonces”, murmuró él como si casi no lo creyera. Luego arrojó a un lado su lanza sangrienta. Rodó ruidosamente hacia un rincón de la capilla donde había una olla con lo que quedaba de comida. En lugar de la lanza, tomó una espada del conveniente cadáver de un goblin y la puso en la vaina de su cadera.

Sólo después de hacer todo esto, Goblin Slayer se sentó en uno de los bancos.

“Si no hubiera sido por los libros y las rehenes, habría sido más rápido incendiar el lugar.” Suspiró profundamente.

“…Hmph. Vaya una cosa para decir,” respondió la Sacerdotisa, dándole un golpecito. Él la miró sin mover el casco.

Ella había terminado de proporcionar los primeros auxilios. Sus mejillas salpicadas de sangre se suavizaron, y luego mostró una sonrisa de oreja a oreja. Ella estaba tratando de no mostrar su considerable cansancio tras haber hecho uso de dos milagros.

“¿Quieres que ella se enoje contigo otra vez? ¡Sin fuego! dirá.” La sacerdotisa puso ambos dedos índices sobre su cabeza y los agitó de arriba a abajo.




Ella estaba tratando de bromear… quizá forzándose a hacerlo. Goblin Slayer no sabía ni una cosa ni la otra. Las sombras proyectadas por la tenue luz de las velas, combinada con el visor de su casco, le impedían leer las sutilezas de su expresión.

Finalmente, simplemente dijo:

“Cierto”, y luego cerró los ojos.

No tenía la intención de descansar por mucho tiempo, por supuesto. Estabilizó su respiración, relajó su percepción sólo por un instante, y luego volvió a concentrarse.

Después de todo, todavía había goblins por los alrededores. Quizás no aquí, pero en algún lugar. No había ningún sitio donde pudiera bajar la guardia.

“… Aunque ha tomado un poco de trabajo.”

“Bueno, eso…” Los ojos de la Sacerdotisa revoloteaban aquí y allá mientras trataba de escoger sus palabras. ”… a veces pasa, creo.”

“… Ya veo.”

“Incluso los dioses no son todopoderosos.”

Entonces ella, casi vacilante, se sentó al lado de Goblin Slayer. Estaba lo suficientemente cerca como para que él sintiera el calor de su cuerpo, si él no hubiera estado usando su armadura. Los ojos de Goblin Slayer se abrieron ligeramente ante el leve sonido de la respiración que pudo detectar más allá de su casco de metal.

“¿Cómo está la chica viajera?” preguntó.

“Dormida, finalmente… Por ahora ella está bien. Pero ha perdido mucha sangre.”

“Mañana, entonces.”

La Sacerdotisa captó de inmediato lo que Goblin Slayer quiso decir con esa breve respuesta.

Ellos actuarían al día siguiente. En otras palabras, pasarían la noche aquí. Desde luego no podían pedir a las mujeres rescatadas que caminaran. Necesitarían un carruaje o carro de algún tipo. Además, mover a tanta gente de noche podría ser peligroso. Especialmente sin un plan.

“Asegúrate de descansar un poco mientras tanto.”

“… Claro.” La Sacerdotisa asintió. Sus ojos se cerraron. No contemplaba la opción de que pudiera realmente dormir, pero tan solo cerrar los ojos era suficiente como para relajarse un poco. Goblin Slayer estaba dispuesto a cargar parte de sus responsabilidades sobre sus hombros.

“Pero…” Escuchó los pasos del Sacerdote Lagarto acercándose suavemente. Miró a su alrededor lúgubremente y luego continuó con una voz tranquila, “Siento que los pequeños demonios han sido… bastante más inteligentes últimamente.”

“¿Eso crees?”

“Tan solo es un presentimiento, pero…”  Y luego continuó rápidamente, con la emoción especial que los hombres lagarto parecían tener en asuntos de batalla. “Desde el paladín goblin, lo he notado.”

“Estoy de acuerdo”. dijo Goblin Slayer con un asentimiento. “¿Tal vez se han vuelto más inteligentes…?”

Aunque, agregó, se había esforzado en matarlos precisamente para que no pudieran aprender.

¿O tal vez mis enemigos hasta ahora solo eran títeres?

No. Rechazó la idea negando con la cabeza. En algunos casos, uno podía cortar la cabeza para destruir el cuerpo, pero esto no era tan simple. ¿No era esta una lección que había aprendido por completo hacía una década?

“Necesitaremos nuevos planes para nosotros.”

“¡Pfah! Los pequeños monstruos no sabrían el valor de una gema si les golpea en el ojo.” farfulló el Chamán Enano, cargando una gran cantidad de mercancías. El abundante polvo que lo rodeaba indicaba que debía haber estado en el almacén o en algún lugar similar.

Ninguno de ellos, por supuesto, caería tan bajo como para robarle a estas monjas. La idea era asegurarse de que todo estuviera a salvo.

De todos modos, el Sacerdote Lagarto abrió los ojos con gran interés.

“¿Había algún texto ileso?” Preguntó.

“Sólo los que no consideraron que eran basura,” respondió el Chamán Enano. Hubo un estruendo cuando apiló varios objetos en el banco: tablas de piedra… no, quizás de arcilla. Tales artículos no eran tan convenientes como el papel, pero eran evidencias de que los registros de la Era de los Dioses y los Días Antiguos aún existían.

“Dudo que puedan distinguirlos de las losas,” dijo el Sacerdote Lagarto, cepillando suavemente la superficie de una de las tablas para no rayarla con sus garras.

El tipo de escritura parecía bastante antigua; ni siquiera el Sacerdote Lagarto podía leerlas. Los asiduos caracteres no geométricos formaban patrones que amenazaban con marear al lector.

“En nuestra ignorancia de lo que dicen, puede que no seamos tan diferentes de los goblins. Pero estemos agradecidos de que algo ha sobrevivido.”

“Tendremos que descubrir qué son exactamente cuando tengamos una oportunidad. Pero eso puede esperar.”

“Sí.” Asintió Goblin Slayer. “¿Cómo están las cosas afuera?”

“Orejas-Largas está echando un vistazo por los alrededores. Tiene una buena visión nocturna, y la agilidad de una guardabosques.”

Si queda alguno, ella lo encontrará. El enano sacó su jarra de vino. Goblin Slayer la aceptó y tomó un trago, bebiendo lujuriosamente a través del visor de su casco. El alcohol ardía mientras bajaba, haciéndolo notar cómo su concentración había sido entorpecida por el cansancio.

“… Los dos han usado hechizos. Necesitan descansar.”

“Y tú también… pero quizás ese sea un lujo que no nos podemos permitir. Tenemos que asegurarnos de descansar lo suficiente para estar en la línea del frente.” Luego, el enano tomó un trago de vino antes de pasar la jarra al Sacerdote Lagarto.

“Oh-jo,” dijo el Sacerdote Lagarto, entrecerrando los ojos, y tomó un gran trago de vino. Su larga lengua se deslizó hacia afuera para lamer las gotitas en sus mandíbulas, y luego tosió una vez. “Hace que a uno se le antoje algo de queso.”

“Cuando regresemos,” el Chamán Enano tranquilizó a su compañero, dándole un golpecito en el hombro. “No podemos permitirnos el distraernos solo porque nos dirijamos a casa.”

“Cierto, pero creo que estaremos bien por esta noche.” La voz clara vino de la dirección de la puerta, que crujió cuando se abrió. Una silueta se deslizó dentro de la capilla, como un gato que se abre camino a través de la noche. La mujer se agito levemente, sus largas orejas se movieron… era a Arquera Elfa Superior.

“Di una vuelta por el área, pero no vi ninguna huella de ningún goblin fugitivo.”

“¿Estás segura?” preguntó en voz baja Goblin Slayer, a lo que ella respondió:

“Estoy segura.”

La Arquera Elfa Superior frunció el ceño y se rascó algo de sangre seca que tenía en la mejilla.

“Así que en cuanto a dirigirnos a casa, si no divisamos ningún goblin entre aquí y allí, creo que es el final de esto.”

“Ya veo.” Goblin Slayer asintió brevemente, mirando el montón de cadáveres en la esquina de la capilla.

Veintitantos goblins. Veintitantos goblins con los que ellos habían lidiado y matado.

Además, estaban las mujeres heridas que dormían en los bancos.

¿Es este el final de esto?

“… Ya veo.” Él asintió de nuevo y se movió ligeramente. Luego sacudió suavemente a la Sacerdotisa, que estaba recostada contra él. “Despierta. Ella ha vuelto.”




“¿…Mm? Ah. Oh, c-claro.” La Sacerdotisa se incorporó con un sobresalto. Sacudió rápidamente la cabeza y se frotó los ojos, forzando su desviada atención a enfocarse.

“Muy bien, yo limpiare entonces. Estamos todos…”

Las palabras, muy sucios, nunca llegaron a sus labios; al contrario, se las tragó. Tomó su sonoro bastón y comenzó a caminar entre las mujeres que dormían en los bancos, mientras que la Arquera Elfa Superior la seguía. La Sacerdotisa emergió en el centro de la sala, y allí se arrodilló, agarrando su bastón con ambas manos. Una postura de oración.

“Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, por favor, con tu reverenciada mano, límpianos de nuestra corrupción.”

Conmovida por la devoción de su preciada seguidora, una mano invisible bajó del cielo para tocar la piel de la joven. Era una sensación agradable acompañada por un tacto tan suave como el de una pluma.

Y he aquí: ante sus propios ojos, la inmundicia se desprendió de las chicas y se alejó volando– toda la suciedad, las manchas de sangre, la porquería pegada a su ropa. De alguna manera, sus caras parecieron relajarse, transformándose en expresiones de reposo.

“Mm,” dijo la Arquera Elfa Superior, entrecerrando los ojos como un gato. Ella abrió los brazos de par en par. “Eso es genial. Es casi como si las hubieran lavado con agua. ¿Ese es el milagro más nuevo que tienes?”

Tendría que disculparse con los dioses por sus quejas anteriores.

“Sí,” respondió la Sacerdotisa con un toque de felicidad. “Cuando le dije al líder del templo que me habían ascendido a Acero, me pidieron que realizara la ceremonia.”

“Sin embargo, es como un milagro moderado, ¿no crees? ¿No tenían nada más llamativo?”

“… Tuve que ir a por lo que necesitaba,” murmuró la Sacerdotisa, evitando sus ojos.

“Ahh,” la Arquera Elfa Superior frunció el ceño, comprendiendo.

En general, se decía que eran los dioses quienes decidían qué milagro recibía un suplicante, pero a veces un deseo ferviente podía lograr ganar una habilidad en particular.

Este fue el milagro Purificar. Invocaba un acto de los dioses para eliminar la impureza. Esto era, por así decirlo, todo lo que hacía. Y pensar que uso un milagro tan valioso en algo así…

Sin embargo, al mismo tiempo, la idea de poder limpiarse la ropa y el cuerpo una vez al día mientras estaban en una aventura alegró su corazón femenino. Además, el milagro también podía purificar el agua o el aire en cierta medida, por lo que no haría daño el tenerlo.




También estaba el problema de que medir el valor de la intervención divina simplemente en términos de cuánto beneficiaba al usuario era el peor tipo de sacrilegio.

“……”

La Sacerdotisa llevó una mano a su pequeño pecho y respiró hondo. Sus párpados revolotearon y se mordió el labio.

Me he acostumbrado a esto, ¿no es así?

Después de toda la charla sobre bodas, ellos vinieron aquí y vieron lo que esos goblins habían hecho, el estado tan horrible en que habían dejado a estas jóvenes. Y aunque le dolía el corazón, todavía era capaz de conversar un poco. Incluso si era en parte para aparentar.




Habría sido inimaginable un año antes.

“Es un buen milagro.”

Una mano pesada cayó suavemente sobre su hombro. Dio un salto y miró hacia arriba para ver un casco sucio de metal. Esas pocas palabras fueron suficientes para que su corazón latiera con fuerza.

“Hay usos para eso.”

Y entonces la frente de la Sacerdotisa se frunció, con una expresión ambigua en el rostro.

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