Goblin Slayer

Volumen 7

Capítulo 1: Un Envío Para Ella

Parte 4

 

 

Los miembros del grupo de Goblin Slayer asintieron con la cabeza los unos a los otros, seguidos de una serie de señales rápidas.

“……”




“……”

Fue el Chamán Enano quien actuó primero. Tomó un trago del vino de fuego del matraz de su cadera e inmediatamente lo escupió. La niebla se asentó sobre la sala mientras cantaba:

“¡Bebe en abundancia, canta fuerte, deja que los espíritus te guíen! ¡Canta fuerte, avanza rápido, y cuando al dormir te vean, que en tus sueños haya una jarra de vino de fuego para darte la bienvenida!”

Los goblins, afectados por Estupor, comenzaron a dar vueltas sobre sus pies, tras lo cual Goblin Slayer entró en acción.  Saltó sobre el banco, corriendo sobre el suelo de piedra y mandando su espada a volar. La hoja viajó silenciosamente por el aire hasta el momento en que abandonó el área del efecto de Silencio, entonces emitió un suave silbido.

Incluso los goblins, por estúpidos que fueran, no habrían obviado eso.




“¡GOOROB! ¡GOOROOOB!”

“¡¡GRRORB!!”

Muchos de los monstruos señalaron y gritaron, pero ya era demasiado tarde. El goblin que se encontraba empujando sus caderas sintió que algo entraba en su nuca y lo atravesaba limpiamente hasta la boca. ¿Entendió siquiera lo que era?

El goblin, tenía su columna vertebral cortada, espuma en la boca, y sus sucios ojos dorados volteándose.




“¡¿GOOROOROOOB?!”

“Uno.”

Goblin Slayer prácticamente embistió hacia adelante, usando su escudo para atacar a uno de los goblins cercanos. En el mismo momento, agarró una hoz de la cadera del primer monstruo que se retorcía, usándola para cortar la garganta del segundo.

“Dos.”

Usando su escudo para evitar que la sangre les salpicara, sacó a hoja y arrojó al goblin para que cubriera a la joven.

“Estás viva, ¿correcto?”

Miró a la mujer cubierta de sangre que se retorcía bajo el cadáver.

Él sabía cómo trabajaban los goblins. Sería más que un pequeño problema si usaran a la mujer como escudo contra él.

Los movimientos que estaba viendo, sin embargo, probablemente eran el shock debido al dolor y la pérdida de sangre. Ella seguía viva, pero no le quedaba mucho tiempo. Como de costumbre, el tiempo era esencial.

Los goblins hicieron evidente su hostilidad hacia los invasores. Goblin Slayer los observaba atentamente.

“¡Deprisa!”

“Pongámonos en marcha, entonces.”

“¡B-bien!”

El Sacerdote Lagarto levantó a la Sacerdotisa en sus brazos y echó a correr, sus garras se clavaban en el suelo de piedra. Se inclinó hacia delante en un ángulo que hubiera sido imposible para un humano, pero su larga cola le permitía mantener el equilibrio.

“¡GOROOOB! ¡GROB!”

“¡GGOOORB!”




No hace falta decir, que los goblins no iban a permitir que se salieran con la suya. Puede que no hubieran sido muy inteligentes, pero no iban a dejar que estas mujeres se les escaparan de entre los dedos. Y el Sacerdote Lagarto, literalmente, tenía sus manos llenas con la Sacerdotisa…

“¡Krrraaahhhhhhaaaa!”

“¡¿GOOROB?!”




Pero, siempre que contara con sus garras, sus colmillos y su cola, ¿a quién le importaban las manos? Los dragones y los nagas indudablemente no necesitaban armas.

“¡¿GROOB?!”

“¡¿GOBORB?!”

Un viejo proverbio decía que era mejor dejar en paz a los dragones dormidos. Pero, ¿qué sabían los goblins sobre proverbios?




La cola del Sacerdote Lagarto y las garras de sus pies golpearon cada una a un goblin, haciéndolos volar. Las heridas no serían fatales, pero todo lo que necesitaba ahora mismo era llevar a la Sacerdotisa al altar.

“¿Debería permanecer en la primera línea?”, preguntó.

“Sí, por favor.”

En medio de esta breve conversación, Goblin Slayer soltó la hoja de la hoz, que había clavado en el cráneo de un goblin.

“¡¿GROBBB…?!

Mientras su víctima colapsaba, agarró la porra de la mano de la criatura. Sería suficiente; no necesitaba ser preciso en este momento.

“Pues bien, mi señora Sacerdotisa. Dejo esto en sus manos.”

“Por supuesto. ¡Buena suerte!”

El Sacerdote Lagarto la puso suavemente en el suelo, usando su cola para mantener a los goblins a raya, luego hizo su extraño gesto con las palmas juntas.

“¡Oh alas de hoz de Velociraptor, rasga y desgarra, vuela y caza!”

El colmillo entre sus palmas se convirtió en una Espada Garra ante sus ojos, y el Sacerdote Lagarto se lanzó sobre el enemigo, aullando.

“¡Krrraaaaaahaaaaahhhaaaaa!”

“¡¿GOORBGG?!”

Él era un clérigo, sí, pero uno luchador, del tipo que podría llamarse guerrero-sacerdote. Si hubiera nacido en otra raza, podría haber sido un excelente caballero.

En contraste con Goblin Slayer, quien hacía golpes rápidos y precisos en los puntos vitales, el Sacerdote Lagarto era un torbellino de violencia. La capilla, ya manchada con la sangre de las monjas y la inmundicia de los goblins, se ensució aún más con la sangre de los goblins.

“¡Okay…!”

La Sacerdotisa, por su parte, seguía aferrada a su bastón. Ella asintió con energía y se giró hacia su propio campo de batalla.

La respiración de la joven era irregular; la Sacerdotisa se arrodilló a su lado, sin importarle las entrañas y la suciedad que la manchaban en el proceso. La escena era más que espantosa, pero ella se tragó su disgusto, junto con lo que fuera que había querido salir de su estómago.

No importa cuántas veces vea cosas como esta, nunca me acostumbro a ellas. Pero…

Ella nunca debía acostumbrarse a ellas, pensó con fuerza. Y cada vez que se repetía esto a sí misma, su fe se hacía más fuerte.

“Oh Madre Tierra, abundante en misericordia, posa tu mano reverenciada sobre las heridas de esta tu hija.”




Ella agarró su bastón implorantemente, elevando su corazón a la Madre Tierra en el cielo.

Por favor, sea tan misericordiosa como para curar las heridas de esta persona. Salve su vida. Sálvela.

Y así, por fin, tuvo la oportunidad de lanzar Sanación Menor de nuevo.

Y la generosa Madre Tierra respondió a la sincera oración de su querida seguidora. Una pálida luz brotó, dirigiéndose hacia las lesiones de la joven, comenzando a detener el flujo de sangre.

El milagro, por supuesto, no restauraría la vitalidad perdida. Incluso un milagro divino no podría deshacer fácilmente las heridas del cuerpo y la mente.

Pero ella tampoco iba a morir de inmediato.

“Goblin Slayer, señor, ¡estamos bien por aquí…!”

“Bien.” Sin detenerse, Goblin Slayer metió la mano en la bolsa que llevaba en la cadera, sacó un huevo, y se lo arrojó a los goblins.

“¡¿GOOROOROB?!”

“¡¿¡¿GOOROBOROOB?!?!”

Un humo desagradable se manifestó, provocando un coro de gritos. Muchos de los goblins que, hasta ahora, habían estado disfrutando torturando a la mujer se agitaban de dolor, con lágrimas en sus pequeños ojos. El huevo había sido una cáscara llena de gas lacrimógeno casero hecho por Goblin Slayer. Al principio no lo había podido usar por miedo a que el gas se introdujera en las heridas de la rehén, pero eso ya no le preocupaba.

“¡Ocho… Nueve!”

Lanzó su garrote a un goblin, luego derribó a otro con una espada oxidada que había robado. Cortó la garganta de la criatura, sin importarle si destruía el arma en el proceso. Se oyó un silbido de la tráquea del monstruo junto con un géiser de sangre, y entonces cayeron uno sobre el otro.

“¡GBBB…!”

“¡GORB! ¡GGOOBBG!”

La mitad de los goblins habían sido aniquilados en un momento, y ahora los monstruos tenían miedo. Aunque, por muy asustados que estuvieran, odiaban dejar escapar una presa ganada con tanto esfuerzo. Sin mencionar la oscura parte de sus mentes que anhelaba agregar a la nueva joven y a la elfa en su colección.

Sin embargo, era difícil pasar a través del guerrero humano y el monje lagarto que estaban al frente.

Bien, entonces…




“¡GROOB!”

“¡GORB!”

Inmediatamente, varios goblins dejaron caer sus armas y cargaron a ciegas. ¿Estaban tratando de agruparse, de huir, o…? No.

“¡Van por los escudos!” Goblin Slayer evaluó la situación en un instante y emitió sus órdenes.

Las criaturas se dirigían hacia los portones caídos en el suelo. Iban a traer a las mujeres que habían capturado para que dieran a luz a sus crías. Las usarían como escudos de carne.

“Odio esto de los goblins. Si creen que voy a quedarme aquí parada… ¡Jaa!”

Las criaturas de repente se encontraron con flechas sobresaliendo de sus caderas. Desde la sombra de los bancos, la Arquera Elfa Superior había soltado una inmisericorde lluvia de flechas.

“¡GROB! ¡¿GROOORB?!”

“¡¿GOOROB?!

Tres tiros sin un solo momento de pausa. Tres goblins cayeron al suelo, chillando.

Era fácil apuntar a la cabeza, pero siempre existía la posibilidad de fallar. Por el momento, inmovilizar a los monstruos era lo más importante; podrían lidiar con ellos después de eso.

La Arquera Elfa Superior tomó tan solo un instante para apuntar, luego colocó la punta de una flecha en el globo ocular de un goblin.

“¡Orcbolg! ¡Tengo las cosas cubiertas por aquí!”

“Bien entonces, ¿debería tomar las escaleras?”

El trabajo como hechicero del Chamán Enano se completó, lo que quedaba era el trabajo físico. Con una sorprendente agilidad para un cuerpo tan grande, se dirigió hacia la escalera. Sacó su hacha de mano casi más rápido de lo que el ojo humano podría ver y adoptó una postura de batalla, claramente no era un amateur.

“¡GOOROOB!”

“¡GRRRRORB!!”

Fue aquí que el avance de los goblins se detuvo.

Las criaturas en un principio habían entrado a través de una grieta en el maltrecho muro defensivo, pero ahora eran ellos quienes estaban rodeados. Al igual que muchos nuevos aventureros, los goblins nunca imaginaron que esto podría suceder. Creían que lo suyo era asesinar, y no ser asesinados. Esto era algo absoluto; sin embargo, ahora estaban en la situación contraria.

Goblin Slayer entendía de esto muy bien. Él mismo había estado en esa situación una vez.

“¡Catorce… Quince!”

“¡Krrraahhhhh!”

Goblin Slayer aplasto la cabeza de una criatura con su garrote, luego agarró una lanza de mano y apuñaló a otro en la garganta.

El Sacerdote Lagarto se lanzó con garras, colmillos y cola, convirtiendo a los goblins en nubes de sangre.

Este era un grupo con cuatro aventureros de rango Plata y una aventurera rango Acero.

Más importante aún, uno de esos aventureros era Goblin Slayer.

Nunca se había cuestionado que derrotaría a una veintena de goblins alojados en una iglesia. Para él la pregunta siempre era cómo hacerlo rápido, cómo matarlos de modo preciso y cómo rescatar a los rehenes.

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