Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Interludio

Parte 1

 

 

Carol Remendes conoció a Theresia cuando tenía catorce años. La Casa Remendes había servido a la familia Astrea, la casa de los Santos de la Espada, durante generaciones. Carol también había aprendido a usar la espada desde que tenía memoria, perfeccionando sus habilidades y siendo entrenada en los deberes de su familia.

Cuando el Santo de la Espada Freibel van Astrea transmitió la bendición del Santo de la Espada a la siguiente generación, y una nueva Santa de la Espada nació, la responsabilidad de asistirla recayó en Carol.

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Carol todavía podía recordar su primer día de servicio, había estado tan nerviosa que pensó que podría desmayarse limpiamente. Era algo natural. Muchos de los grandes espadachines de la familia Remendes estuvieron presentes en ese momento. Carol era, por supuesto, una espadachina bastante competente en comparación con otros miembros de su propia generación, pero si la fuerza pura era la única condición para ser la asistente del Santo de la Espada, bueno, había muchos otros candidatos cualificados.

Y sin embargo, Carol, joven e inmadura, fue la elegida. Estaba confundida.

— ¿Eres tú el que estará conmigo de hoy en adelante?

En realidad, la desconcertó bastante el hecho de que la persona a la que asistiría era una chica más joven de lo que ella era.

— ¡S-sí, madame! ¡Soy Carol Remendes, de la Casa Remendes! Soy inexperta como espadachina, pero por usted, Lady Theresia Astrea, no escatimaré esfuerzos.

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—No tienes que estar tan nerviosa. ¿Puedo llamarte Carol? —Theresia sonrió. Carol estaba en cierto modo calmada por este comportamiento, pero también desconfiada. Era difícil para ella creer que esta niña era la Santa da la Espada, la que había recibido la bendición de la que hablaba la leyenda.

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¿Esta chica es una espadachina bastante más hábil incluso que yo?

Carol había pasado mucho tiempo dedicada diligentemente al arte de la espada, y tenía cierta vanidad sobre sus propias habilidades. No es de extrañar que un entrenamiento tan extenso le hiciera dudar de las verdaderas habilidades de la “Santa de la Espada”.

En verdad, ni la forma en que Theresia se comportó, ni la forma en que actuó dio la más mínima pista de que ella sabía algo acerca de la espada, ni de las artes marciales en absoluto. No era fácil aceptar simplemente la afirmación de que ella era la que había heredado la más poderosa de las bendiciones marciales.

—Lady Theresia, si le parece bien, ¿podría pedirle una lección de esgrima?

Fue una forma muy provocativa de hablar, pero así, reflexionó Carol, era como ella había sido en esos momentos. Carol había creído en ese entonces que ocultaba sus dudas, pero ahora estaba segura de que Theresia había visto a través de ella. La Santa de la Espada había puesto un dedo en sus labios, fingiendo pensar, y había mirado a Carol. Entonces ella dijo:

—Lo siento. Pero me temo que no puedo entretenerte con una lección.

Sin rodeos, había rechazado la petición de Carol.

Este encuentro no le dio a Carol una impresión favorable de Theresia. Por supuesto, esa no fue razón para abandonar sus deberes. En ese punto, Carol fue bastante firme consigo misma, y Theresia nunca se quejó de la forma en que su guardaespaldas se ocupaba de su trabajo. Fue otro evento lo que causó que la distancia entre ellas se cerrara y cambió la forma en que Carol pensaba de Theresia.

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Theresia y Carol habían estado representando los papeles de un buen amo y un buen sirviente durante unos dos meses. En ese entonces, Theresia pasaba muchos de sus días en casa; parecía que le importaba poco su condición de Santa de la Espada, lo que molestaba enormemente a Carol. De vez en cuando, Carol pedía una lección, pero siempre era rechazada. Esta fue una de las cosas que contribuyó a su molestia con el paso del tiempo.

—Voy a averiguar si Lady Theresia está cualificada para ser la Santa de la Espada.

Mirando hacia atrás, ahora sólo podía maravillarse de lo tonta que había sido ella. Pero en ese momento, le había parecido una idea excelente. Si Theresia no era lo suficientemente capaz, Carol tendría que entrenarla ella misma. Este sentido erróneo del deber no fue poca cosa como para empujarla a actuar como lo hizo.

Por lo tanto, Carol maquinó un incidente que le permitiría probar las habilidades de Theresia con la espada. No tenía intención de lastimar a la chica, pero tampoco quería ser particularmente amable. Sólo una pequeña prueba.

Y como resultado…

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— ¡Carol! ¡Carol! ¿Te encuentras bien? Tú… no estás herida, ¿verdad?

Carol yacía sobre la alfombra con sus extremidades extendidas, escuchando la frenética voz de Theresia. Su cabeza giraba demasiado rápido para que ella pudiera decir lo que había pasado. Ella había tratado de crear una oportunidad para probar a Theresia y se acercó sigilosamente por detrás de ella… y el resto era oscuridad.

— ¿L-Lady… T-Theresia…?

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— ¡¿Estás bien?! ¿No estás herida? Gr-Gracias a Dios.

Theresia miraba a la aturdida Carol, casi paralizada. Su ansiedad había ido más allá de las palabras; se cubrió el rostro y empezaron a correr lágrimas de sus ojos.

Pero la persona que había causado el dolor aquí, quien había estado en el lugar equivocado, era Carol.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento, Carol…!

Viendo a la llorosa Theresia, Carol entendió con terrible claridad. Debido a su propia estupidez e insensibilidad, ella fue la que le hizo tanto daño a esta chica.

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Fue más tarde cuando Carol se enteró de la bendición de Theresia. Estaba hablando con Freibel, el anterior Santo de la Espada y tío de Theresia. Él le pidió a Carol que cuidara bien de Theresia, y también habló del poder con el que ella había nacido.

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—Ella ha tenido la bendición de la parca desde que nació —, dijo él.

Esta fue una bendición innata, algo separado de la bendición del Santo de la Espada que le había sido concedida. Esto significaba que las heridas infligidas por la mano de Theresia nunca se cerrarían y no podrían ser sanadas, terminando inevitablemente en la muerte de la persona herida.

Carol tembló. Estas dos habilidades juntas demostraron que Theresia era verdaderamente útil en el campo de batalla, pero al mismo tiempo, entendió el significado detrás de las lágrimas que Theresia había derramado cuando la había atacado.

—…

Ella se levantó, sin palabras al darse cuenta de lo tonta y precipitada que había sido, y luego se sintió ahogada por el arrepentimiento. Sus pies estaban tan llenos de auto-recriminaciones que apenas podría volver a la habitación de Theresia. Había hecho algo impropio de un sirviente, y estaba segura que sería relevada de su deber.

—Me disculpo por lo que pasó. Comprenderé si no puedes perdonarme, pero lo siento mucho.

Sin embargo, esa certeza desapareció por la forma en que Theresia bajó la cabeza en el momento en que vio a Carol. Carol sabía que era ella quien necesitaba disculparse, sin embargo, fue Theresia quien pareció derrotada y se disculpó. Temblando, apenas se atrevía a mirar a su asistente.

Conmovida por la dulzura del corazón de Theresia, Carol se sintió sumamente avergonzada. Y eso empezó a hacerla cambiar.

—Lady Theresia, su baño está listo. ¿Me permite que la acompañe?

—Carol… de repente pareces tan amable.

—No, milady. No tan amable como usted.

Después de eso, Carol llegó a respetar sinceramente a Theresia como su ama. En esta nueva Santa de la Espada, ella encontró a una joven gentil y atenta, a pesar de los increíbles poderes que le habían sido dados.

Esa fue la razón por la que Carol Remendes cambió.

Una vez conoció los detalles de la situación de Theresia, Carol se convirtió en su confidente. Theresia tenía un extraordinario par de bendiciones, que juntas hacían parecer que su destino estaba en el campo de batalla. Sin embargo, ella odiaba dañar a los demás y prefería admirar las flores dondequiera que las encontrara.

Al principio, Carol se había sentido frustrada por el hecho de que un Santo de la Espada no mostrara interés en usar una espada. Pero una vez que conoció a Theresia, Carol se dio cuenta de que no había ningún problema con esto. Aunque fue favorecida por el dios de la espada, ella eligió una vida sin usar esa arma. Otros podrían criticarla por esto, pero Carol estaba decidida a tomar el lugar de su ama sin importar qué. Era una clase de penitencia por su anterior estupidez, pero también por su manera de servir a su preciada Theresia.

Carol estaría igual de contenta si Theresia pudiera seguir adelante en su forma plácida y contenta, sin tener que tomar un arma. Pero ese deseo estaba siendo traicionado lentamente.

La Guerra Demi-humana, el conflicto civil que amenazaba al reino, no permitió que Theresia escapara.

***

 

 

— ¡Hermano mayor! ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho…!

—Lady Theresia…

Carol sujetó a la llorosa chica con ambas manos, abrazando a su querida ama, tratando desesperadamente de consolarla. Pero no pudo encontrar las palabras tranquilizadoras que estaba buscando. Carol se encontró patética; se odiaba a sí misma.

La primera batalla de Theresia como la Santa de la Espada fue también la primera derrota del ejército real en la guerra civil. No era que Theresia no hubiera sido lo suficientemente poderosa. El problema era más profundo que eso.

Theresia había sido incapaz de luchar o incluso de levantar su espada. Se había atado su largo pelo rojo, se había vestido con una armadura ligera, y había tomado a Reid, la Espada Dragón que sólo el Santo de la Espada podía manejar, junto con su propia espada. Con las esperanzas del reino sobre sus hombros, se había puesto en camino a la batalla.

Y aun así, no había sido capaz de luchar. No se atrevía a hacer daño a los demás. En cambio, su hermano mayor, un modelo para ella hasta el final, se había sacrificado a sí mismo. Él se había unido a los que luchaban en una desesperada defensa por la petrificada Theresia, y había encontrado su fin en combate.

Después de que la incapacidad de Theresia para luchar hizo que mataran a su hermano, la espada se convirtió en una maldición para ella.

—Lo siento, Carol.

Estas se habían convertido en las palabras con las que una Theresia de rostro pálido despedía a Carol cada día.

Su fracaso a la hora de luchar en su primera batalla había causado una profunda decepción en las altas esferas del reino; seguía sin poder unirse al ejército en nada de lo que hacía, y parecía que no quedaba esperanza para la Santa de la Espada.

Las peticiones para enviar a la derrotada Santa a la batalla fueron atendidas por Carol, que fue en su lugar. Por supuesto, Carol no se estimaba tanto como para creer que estaba cumpliendo realmente con el deber de Theresia, pero Carol continuó lanzándose a la obra con la esperanza de hacer las cosas un poco más fáciles para su ama.

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Carol sabía muy bien que si Theresia luchaba, lograría diez veces, cien veces más. Pero también estaría feliz si esa oportunidad nunca llegara. Si su joven buen corazón nunca tuviera carga con el peso que usar su espada.

Pasaron los años y la guerra civil se prolongó. Mientras tanto, la mala suerte de Theresia continuó. Su segundo hermano mayor y su hermano menor murieron en batalla uno tras otro, y Freibel también perdió la vida en la guerra. Las llamas de este conflicto parecían perseguir a Theresia por todas partes, quemando cada rincón de su corazón.

Más de una vez, Carol había oído a Theresia llorando miserablemente en su habitación en la noche.

— ¡Lo siento… lo siento…!

Cada vez que escuchaba los lloriqueos lastimeros, el corazón de Carol se llenaba de una ira irracional e irrefrenable. ¿No era suficiente? ¿No terminaría esto? ¿Por qué el destino consideró apropiado acorralar a Theresia así?

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—…

¿Cuánto tiempo la atormentarían las miradas del dios de la espada?

Alguien, sálvela, Carol rezaría desde el fondo de su corazón. Cualquiera.

Carol no podía hacerlo sola. No tenía lo que se necesitaba. Que se burlen de ella como si fuera una desvergonzada; no importaba. Alguien, ayuda.

Sólo podía rezar para que la persona adecuada encontrara a Theresia. Sólo podía suplicar a los cielos.

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