Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 8: Estrofa Final

Parte 1

 

 

Pasaron los días. Luego meses. Luego dos años.

Mucha gente contaba esos dos años como el día del inicio de la primera batalla de la Santa de la Espada. Sólo unos pocos que habían estado involucrados sabían que el comienzo real databa de varias semanas antes de eso.

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El Demonio de la Espada había desaparecido y, en su lugar, la estrella de la Santa de la Espada comenzó a levantarse. Una chica, amada por el dios de la espada, logró lo que un ejército entero no había sido capaz de lograr: Ella puso fin a la Guerra Demi-humana en donde las fuerzas reales se habían consumido durante casi diez años, trayendo la paz al reino.

La Alianza Demi-humana había continuado con una resistencia popular, pero la hoja de la Santa de la Espada pudo arrancar de raíz incluso el deseo de vengar a Valga Cromwell. Al final, tal vez los demi-humanos se dieron cuenta de que habían levantado su puño, pero ya no tenían dónde derribarlo.

La Alianza Demi-humana, que había perdido a quienes la dirigieron al comienzo de la guerra, había seguido resistiendo por la inercia de las ideas de esos líderes. La Santa de la Espada simplemente eliminó cualquier razón por la que tuvieran que continuar con esa inercia.

Las conversaciones entre Jionis Lugunica, el actual rey, y Cragrel, el representante de la facción demi-humana, tuvieron lugar a continuación. Así, la Guerra Demi-humana, que había afligido al reino durante nueve largos años, terminó de manera terriblemente pacífica.

—Está usted preciosa, Lady Theresia.

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Carol no pudo evitar exclamar esto ante el traje formal que vestía Theresia van Astrea. El pelo rojo de Theresia le llegaba hasta sus caderas. Sus ojos seguían siendo azules como un cielo sin nubes, y su piel era casi translúcidamente pálida. Ella era la imagen de una belleza irresistible, la cual sólo encajaba con la ama de Carol.

—Gracias, Carol. Tu vestido te queda perfecto, también —. Ahí estaba esa leve sonrisa otra vez. Carol estaba vestida de la misma manera que Theresia, y tan agradecida como estaría por las palabras de alabanza de la mujer más joven, pero había una soledad en su corazón que la separaba de su ama.

Hoy iba a haber una ceremonia para marcar el fin de la guerra, con Theresia como invitada de honor. Ella había puesto fin al interminable conflicto entre humanos y demi-humanos. Theresia, la Santa de la Espada, sería presentada ante el mundo entero como la encarnación de la esperanza de la humanidad.

Fue un día que dejó a Carol con una ráfaga de emociones. Pero también estaba orgullosa, por supuesto, no podía haber habido mayor honor que el de servir al lado de Theresia como su ayudante.

La gente común estaba inmensamente enamorada de Theresia. Parecía como si todos los que pudieron llegar a la capital hubieran entrado en el castillo para intentar echarle un vistazo. Era una prueba inequívoca de que la ama de Carol había sido verdaderamente reconocida y acogida por el mundo.

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—…

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Y sin embargo, de perfil, la cara de Theresia, tan bien maquillada, sólo sugería lo frágil que era ese mundo. Carol sabía la razón, y por eso sus emociones estaban tan confundidas. Ella sabía por qué, y por quién, Theresia había luchado realmente. Ella sabía cuánto tiempo su ama había estado atormentada por su don y cómo había dejado de lado todo ese dolor para tomar su arma y luchar como la Santa de la Espada ante el hombre que había amado. Y Carol sabía que el corazón de Theresia se había roto después de eso, cuando ellos se separaron.

Qué maravilloso había sido ver a Theresia relajada entre esas flores y enamorarse. Carol estaba al tanto de todo esto. Y eso sólo aumentó su dolor.

—Te envidio, Trias.

Él tenía un lugar en lo más profundo de los corazones tanto de su preciosa ama como del hombre que ella quería. El hecho de que Wilhelm no estuviera hoy aquí entristeció muchísimo a Theresia.

***

 

 

Tal vez, Theresia se detuvo en su camino porque la presencia de la mujer era muy fuerte. Habían estado yendo del vestuario al salón de ceremonias, y una mujer con pelo color índigo y ojos disparejos las había estado esperando.

La mujer sonrió y caminó tranquilamente hacia Theresia. —Así que esta es la heroína de la que todos hablan, la que puso fin a la guerra civil… Ya veo. Eres de heeecho la imagen misma de una belleza floreciente. Pero me teeemo que parece que te falta algo.

—…

—El muuundo está a punto de conocer a la Santa de la Espada. Ciertamente ella debería llevar una espada.

Casi parecía que estaba bromeando, pero le ofreció una espada ceremonial en una vaina blanca.

—Tú eres…

—Alguien que no necesita ser presentada en este momento. Aunque confieso que sé muuucho de ti. Y sobre esa base, te aconsejo que tomes esto.

—…

—No te preocupes de si combinará con tu vestido. Hay cosas más importantes en el mundo. Y de todos modos… creo que tú de entre todas las personas siempre te verás mejor llevando una espada.

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Le guiñó con uno de los dos ojos de diferentes colores. Theresia dudó un momento, y luego tomó el arma que se le había ofrecido.

—Eso está bien —, dijo la mujer—. Ve ahora. Sólo soy un poooco entrometida.

Como para anunciar que su trabajo estaba hecho, no dijo nada más y se alejó, lejos del salón de ceremonias. Theresia pensó en llamarla, pero al final sólo la vio partir. El salón estaba repleto de gente que había venido de todo el país para ver a la Santa de la Espada. Ella no podía decepcionar a toda esa gente por un mero capricho personal.

—Esto es bastante virtuoso, pero también es un mal hábito. De vez en cuando, no estaría de más hacer algo egoísta como él.

Theresia pensó que había oído la voz de la mujer, aunque eso era imposible. Entonces empezó a caminar. Llegó al final del pasillo, donde el salón estaba a la vista. Un gran calor se apoderó de ella.

—Así que le di un poco de ayuda a mi rival romántico. Prácticamente puedo verlo fruncir el ceño ahooora mismo.

Theresia pensó que había vuelto a escuchar la voz de la mujer, sonando de alguna manera divertida y triste al mismo tiempo.

***

 

 

La ceremonia se desarrolló con mayor fluidez de la cualquiera hubiera esperado. Al principio, hubo un murmullo en la multitud cuando La Santa de la Espada apareció portando su arma ceremonial. Pero mientras Theresia caminaba a través del salón, la sorpresa desapareció, reemplazada por la completa adoración por la presencia doble de la chica y su espada. Incluso el propio rey fue atrapado por la elegante joven que ocultaba un poder excepcional, hasta el punto de que prácticamente olvidó que estaba allí para dar un premio, y sólo se quedó pasmado.

A medida que continuaba la noche, todo el mundo reflexionaba que cada movimiento que ella hacía tenía la belleza y elegancia de una flor. Vieron lo preciosa que era y cómo el ejército y el acero marcial no eran adecuados para ella. Esta chica no debería estar obligada a usarla. Su rostro de perfil parecía sugerir su naturaleza suave y gentil, y que todo lo que quería era admirar las hermosas flores.

—…

Entonces Theresia levantó la vista. Se había arrodillado para recibir su condecoración del rey, pero ahora se levantó y se dio la vuelta.

Una figura oscura entró lentamente en la sala, cortando a través del entusiasmo febril de la multitud. Otros en el salón siguieron la mirada de Theresia y se quedaron mudos cuando lo vieron. Estaba vestido de pies a cabeza con una ropa marrón fangosa, una vista patética. La suciedad y la sangre que se aferraba a su piel hacían que pareciera que ni siquiera se había bañado recientemente. Su apariencia parecía calculada para provocar el desprecio de quienes lo veían.

Pero esto no fue lo que llevó a la gente al silencio. Más bien, era el acero desnudo en su mano, y la abrumadora aura de batalla que exudaba.

—…

Los guardias apostados en el pasillo empezaron a moverse, pero Theresia los detuvo. Mientras la figura envuelta caminaba hacia ella, Theresia empezó a cerrar la distancia ella misma. Finalmente, ella lo estaba observando desde el estrado permitido solo a los participantes de la ceremonia, y él la miraba fijamente desde el pie de la plataforma.

—…

Una hermosa y blanca espada sagrada apareció. Paralelamente, una oxidada y roma espada se alzó. Y entonces, como a una señal y sin sonido, saltaron el uno al otro.

Muchos en la audiencia sintieron que ambos luchadores se volvieron invisibles en ese momento. Pero el sonido del acero sobre el acero retuvo su atención.

Esta danza con la espada se estaba llevando a cabo a una velocidad que el ojo de una persona promedio nunca podría seguir. Los destellos de las espadas se volvieron indistinguibles, sus choques eran como música, y eventualmente la gente comenzó a llorar. No podían ver la pelea y apenas podían oírla; simplemente estaban abrumados.

Entonces, cada uno de los presentes renunció a lo que había sentido antes, que la espada no era adecuada para Theresia van Astrea. En esta batalla, vieron la belleza del acero, que era digno de ser reverenciado, cómo la devoción a ello hacía brillar a una persona. ¿Quién iba a saber que la espada podía enseñar a otros acerca de la belleza?

—…

En cuanto a los pocos que podían seguir lo que estaba sucediendo, lo que vieron los asombró. Golpear y esquivar, espadas entrelazadas, posturas cambiando. Tanto Theresia como su asaltante estaban en la cúspide de la esgrima.

Tenía sentido que la Santa de la Espada fuese así. Muchos de ellos habían participado en la guerra civil y habían visto sus habilidades con sus propios ojos. Pero, ¿quién era el que la atacaba casi en igualdad de condiciones?

La Santa de la Espada había ordenado a los soldados que se mantuvieran atrás, y el rey también les ordenó que no intervinieran. Ellos obedecieron, observando en silencio, pero se preguntaron si no deberían estar haciendo más. ¿Quién era este enemigo? ¿Algún extremista demi-humano que se opuso al fin de la guerra? Por otra parte, los humanos no eran monolíticos. Tal vez se trataba de alguien insatisfecho con la conclusión de las hostilidades. (NT: Con monolíticos se refiere a que la sociedad humana es muy grande y lenta cuando quiere cambiar sus costumbres, en este caso la guerra.)

Si era de esta forma, tenían que parar esto. Pero, ¿era posible? Ninguno de los soldados podría haberse involucrado en un combate de tan alto nivel.

—…

Podían ver el rostro de la Santa de la Espada mientras trabajaba incesantemente con su espada ceremonial, sus ataques caían como una tormenta. Seamos totalmente claros: Nadie puede detener a esta chica enamorada. Sus ojos estaban húmedos, sus mejillas rojas, y cada intercambio traía felicidad a la Santa mientras luchaba.

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Su cabello era como una llama centelleante, sus ojos como un cielo sin nubes; la bella y gentil amada del dios de la espada brillaba de alegría. Esta batalla con el demoníaco espadachín ante ella brilló como nada más lo había hecho en este mundo. Fue el encuentro más peligroso de la historia, y ella lo estaba disfrutando al máximo.

—…

Entre los que eran cercanos a la Santa de la Espada, y los que también conocían al Demonio de la Espada sintieron temblar sus almas. Todo lo que ellos querían ver, todo lo que ellos querían saber, estaba aquí en este momento. El hombre que había luchado por ser una espada, que había sido llamado demonio, ¿qué había encontrado al final de su camino? ¿A qué se había resuelto ahora?

—…

Sus espadas brillaron hasta que los destellos se combinaron; muchos golpes se convirtieron en un solo golpe, creando un sonido que dejó atrás al mundo. Era casi como la música, una canción de espadas creada cuando la máxima técnica se encontraba con el acero más pulido, una canción que producía emociones ilimitadas. Todo el mundo estaba cautivado mientras la canción de amor de este tímido niño y niña se desarrollaba sin vergüenza ante ellos.

—…

Pero incluso la voz más bella debe finalmente tomar un descanso, y el final llegó. La batalla había terminado, aunque uno hubiera deseado que continuara para siempre.

—…

El sonido del acero haciendo añicos, incapaz de resistir los intensos golpes, resonó como un trueno en el salón. La hoja marrón-rojiza se partió por la mitad, la punta daba vueltas atravesando el aire. Aquí, en el final de su batalla, el final del encuentro de los dos espadachines, la espada sagrada de la Santa de la Espada…

—Yo…

—…

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—Yo gano.

Re Zero Ex Volumen 2 Capítulo 8 Parte 1 Novela Ligera

 

La Santa de la Espada bajó rápidamente del estrado, sus pasos eran audibles. La única espada que quedaba era la excepcional, medio rota y opaca espada en la mano del demonio. Su borde destrozado estaba en la pálida garganta de la Santa, y todos los presentes lo sabían…

La Santa de la Espada había perdido.

Ella había sido echada irrefutablemente de la cima de la espada.

Les tomó un momento notar algo más. La chica que aún estaba allí de pie, habiendo dejado caer su espada. Era nada más y nada menos que una hermosa joven enamorada.

—Eres más débil que yo. Ya no hay razón para que empuñes una espada.

¿Quién podría decirle algo así a la Santa de la Espada, la chica que había escalado las cumbres más altas de la esgrima?

Sólo alguien que pudiera mostrarle a ella un amor mayor que el propio dios de la espada.

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¿Cuán diligentemente debió haber trabajado él para llegar a ese punto?

—Si yo no voy a empuñar la espada… ¿entonces quién lo hará?

—Yo heredaré tu razón para portar la espada. Tú te convertirás en la razón por la que yo lo haga.

¿Cuántos cientos, cuántos miles o decenas de miles, cuántos incontables tropiezos y fracasos debió haber soportado ese espadachín? ¿Cuántas batallas debió haber librado para ganarse ese derecho?

Este extraño orador dejó caer su capucha. El joven que apareció tenía un semblante serio, pero su cabello estaba descuidado, su rostro cubierto de barro y sus ojos eran severos.

—Eres terrible. Enviando todas las decisiones y la resolución de una persona a la basura.

—Todas estas cosas que crees que estoy echando a la basura, las tomaré en tú lugar. En cuanto a ti, olvida que alguna vez sostuviste una espada, y vive una vida de paz. Podrías… Ah, sí. Tal vez podrías cultivar algunas flores. Pero sólo en paz, bajo mi protección.

— ¿Protegida por tu espada?

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—Así es.

— ¿Y serías tan amable de protegerme?

—Lo sería.

La declaración de él, fue sin compromiso ni vacilación. No cambiaría de parecer, aunque el mismísimo dios de la espada se enfrentase a él. Su resolución había sacado a esta encantadora joven del trono del Santo Espada a través de su propia fuerza.

—…

En silencio, Theresia puso una mano en la parte plana de la hoja extendida y dio un paso adelante. Estaban lo suficientemente cerca como para tocarse, como para sentir la respiración del otro. Los ojos de Theresia estaban llenos de emoción, y ella empezó a sonreír y a llorar al mismo tiempo. Y luego, a través de su sonrisa y sus lágrimas, dijo lo que siempre preguntaba en sus reuniones.

— ¿Te gustan las flores?

—He aprendido que no las odio.

Porque tú estás ahí con ellas. Porque ese campo de flores es donde te conocí.

Porque ellas son el mundo que amas, la belleza que deseas.

— ¿Por qué empuñas tu espada?

—Para protegerte.

Y porque eres la semilla de mi mundo.

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Poco a poco, se fueron acercando, la distancia entre ellos se fue reduciendo hasta que no fue nada en absoluto.

Podían sentir el fuego del otro, y el calor de su beso fue suficiente como para derretir acero sólido.

La primera pregunta que ella le hizo cuando sus labios se separaron, hizo que Wilhelm se sintiera tan tímido que apenas pudo responder.

— ¿Me amas?

— ¿No te das cuenta?

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