Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 7: Séptima Estrofa

Parte 2

 

 

Después de visitar Theresia, con el sol ahora en lo alto del cielo, Wilhelm se dirigió al barrio de los mercaderes. El reino pudo haber sido agotado por la guerra civil en curso, pero no parecía hacer mella en la avaricia de los mercaderes que entraban y salían de la ciudad. En toda la capital, sólo el barrio comercial seguía teniendo la misma bulliciosa actividad que antes. El pequeño restaurante familiar no fue una excepción.

—Lo de siempre —, le dijo a la chica en la puerta, y luego se fue a un asiento de una esquina, muy atrás. La persona que había venido a encontrar ya estaba sentada allí, sirviéndose un trago.

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— ¿Bebiendo a esta hora? Bastante valiente, incluso para un día libre.

Wilhelm se sentó frente al hombre. A pesar de las duras palabras de Wilhelm, el hombre rio sordamente y comenzó a servirle un trago al recién llegado. Wilhelm sacudió su cabeza y la muchacha que atendía le trajo agua. El hombre que estaba frente a Wilhelm levantó su jarra insistentemente. Frunciendo el ceño, Wilhelm se dio el gusto de chocar sus jarras.

—Nunca pensé que llegaría el día en que tú y yo nos sentáramos a beber juntos.

Una vez que Wilhelm mojó sus labios con ese primer sorbo de agua, el otro hombre le empujó un papel con esas palabras escritas. Wilhelm se había acostumbrado a esto, pero no se podía negar que era un inconveniente. Golpeó el papel con un dedo.

—Yo tampoco. Pero no estoy bebiendo. ¿Quién querría beber esa bazofia, de todos modos?

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—Es bueno saber que algunas cosas sobre ti no han cambiado.

Grimm ofreció esta breve frase y una sonrisa. Wilhelm sintió una punzada de culpa al darse cuenta de que lo había hecho de nuevo. Era tan rápido para hablar maliciosamente y realizar acciones agresivas… Era un mal hábito suyo. A pesar de un deseo y un esfuerzo por cambiar, una parte antigua de su personalidad no podía ser tan fácilmente transformada.

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Al final, se quedó callado, viendo como Grimm se servía en silencio otro trago. Wilhelm se dejó atrapar por la amabilidad de Grimm. Se dio cuenta, ahora, de cómo había sido beneficiario de tanta amabilidad.

Inconscientemente, Wilhelm tocó la espada en su cadera, sacando alivio del sentimiento familiar. De repente, Grimm puso la botella de alcohol sobre la mesa, y con su mano libre señaló el pecho de Wilhelm.

— ¿…? Oh, el escudo. Supongo que es porque ahora soy un caballero.

Grimm estaba mirando el emblema del dragón en el lado izquierdo del pecho de Wilhelm. Era una prueba del estatus que se le había concedido al ser promovido a caballero; el escudo llevaba una Joya del Dragón.

—Supongo que es bastante inusual para alguien pasar de plebeyo a caballero, pero… bueno, cuando se enteraron de mis antecedentes, no pasó mucho tiempo antes de que esa charla se detuviera.

Wilhelm había sido visto una vez como un símbolo de algo a lo que aspirar, un plebeyo que había ascendido como una estrella a las más altas esferas. Pero cuando se supo que su linaje estaba relacionado con la nobleza luguniana, mucha gente se sorprendió aún más que cuando había sido conocido como el Demonio de la Espada. El nacimiento de una persona tiene un impacto mínimo en sus habilidades con la espada, pero los humanos son simplemente más felices si creen que ven una razón de cómo son las cosas.

—Resulta que no cambia mucho cuando te conviertes en caballero. ¿Qué hay de ti? Si Carol y tú se juntan, serás parte de una casa famosa. Esa es una ruta más rápida hacia la cima, si me preguntas.

Cansado de ser interrogado, Wilhelm hizo su propia pregunta directa. Grimm se puso tan rojo que no necesitó decir nada para comunicar su vergüenza. Se llevó la jarra a los labios como para indicar que no haría ningún comentario. La habilidad de Wilhelm para adivinar más o menos lo que Grimm estaba pensando a partir de sus expresiones y gestos era otra característica reciente.

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Una vez que empezó a prestar más atención a lo que sucedía a su alrededor, se sorprendió al darse cuenta de lo mucho que los humanos se comunicaban sin usar palabras. Eso era lo que sucedía cuando uno tomaba sus habilidades de observación perfeccionadas en el campo de batalla y las aplicaba a la vida diaria.

— ¿Le has dicho a tu familia que te convertiste en caballero?

— ¿Contactar a mi familia? No, ni una palabra. Francamente, ni siquiera sé cómo enfrentarme a ellos. Pero también… aparecer en cuanto me dan un ascenso no se vería bien. Quiero al menos esperar hasta que la guerra civil haya terminado.

La relación de Wilhelm con su familia biológica había salido a la luz como resultado de su ascenso. Seguramente su familia estaba al tanto de su ascenso en las filas, pero esa era una razón más para tener cuidado.

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— ¿Quizás quieres decir, una vez que estés listo para traer a casa a una chica para casarte?

— ¡Hrrrft!

Wilhelm escupió su agua ante las palabras que tenía delante. Lanzó una mirada a Grimm que decía: “Nunca sé lo que vas a decir a continuación”, pero Grimm estaba intentando reprimir una sonrisa. Se había vengado de Wilhelm por lo de antes, y cómo. Wilhelm se castigó a sí mismo por permitirse reaccionar.

—Todo el mundo se ha dado cuenta de lo mucho que has cambiado. Todo el escuadrón está tratando de averiguar quién está detrás de esto.

—… ¿No puedes encontrar nada más productivo de qué hablar?

—Probablemente tú lo sabes mejor que nadie, pero todos nos sorprendimos. ¿Quién se las arregló para hacerte esto?

Grimm estaba completamente convencido de que la causa del cambio de opinión de Wilhelm era una chica. Y no estaba equivocado, pero si Wilhelm lo confirmaba aquí, no podría esconderlo de Theresia.

—No seas idiota. Ya he tenido suficiente de esta estúpida…

—Sería muy dulce si te convirtieras en caballero por ella… No es Lady Mathers, ¿verdad?

— ¡Al diablo! No tendría nada con esa mujer, incluso si Pristela se hundiera en el mar.

—No tienes que enfadarte tanto.

Grimm sonreía, pero Wilhelm tenía la piel de gallina. Deseaba que Grimm dejara de bromear.

Por cierto, Pristela era una ciudad importante en la parte occidental de Lugunica. Estaba en la confluencia de varios ríos prominentes, una ciudad de compuertas que aún no había sufrido daños por el agua en todos los siglos transcurridos desde su construcción.

—De todos modos, no la hemos visto en el campo de batalla últimamente. Sólo nos encontramos con ella de vez en cuando.

—Creo que “de vez en cuando” es porque ella quiere ver tu cara. Es lindo.

Después de haber tenido éxito en eliminar a la bruja Sphinx, las ofensivas mágicas de la Alianza Demi-humana se habían vuelto considerablemente menos potentes. Eso también significó muchas menos ocasiones en las que se encontrarse con Roswaal, la asesora especial de magia. Pero ella, en efecto, venía fielmente a ver a Wilhelm, aunque raramente.

—Carol anda con Lady Mathers, así que tampoco la hemos visto mucho en el campo de batalla. Me alegro de ello. Sé que ella es más fuerte que yo, pero no la quiero ahí afuera mucho tiempo, por las batallas como están hoy en día.

Wilhelm dio un corto asentimiento.

—Bastante cierto.

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Wilhelm no pudo soportarlo más y dio un gran estiramiento de su espalda. Aunque la Alianza Demi-humana había perdido a Valga y sus otros pilares, sus ataques no habían terminado. En todo caso, la alianza se había vuelto más violenta que antes, sin tener en cuenta las consecuencias.

—Supongo que sin un estratega que los controle, no hay nadie que los detenga. Creo que morir antes de rendirse es estúpido, pero eso ha causado muchas bajas.

—Ellos no tienen manera de retirarse, no importa lo terrible que sea la batalla.

El baño de sangre en el castillo había sido el último esfuerzo desesperado de los líderes demi-humanos. Como resultado, fue inesperado que las llamas de la guerra no sólo no disminuyeran, sino que se avivaran más. O mejor dicho, una persona lo había previsto, Valga. Incluso lo había esperado.

—Tal vez él sabía que su muerte avivaría las llamas de la ira demi-humana y convertiría esto en una guerra de destrucción mutua.

—Aun así, los demi-humanos están en desventaja. No tienen los números. Valga debe haber sabido eso.

Grimm parecía decir que no tenía sentido, pero Wilhelm pensó que lo entendía. Valga Cromwell quería poner fin al mundo. El mundo está lleno de atrocidades y asesinatos injustificados, y Valga quería hacerle tanto daño que eso lo cambió. Si ese era su objetivo, entonces la situación actual está en consonancia con él.

—Las llamas de la ira de los demi-humanos no se están apagando. Me pregunto si hay alguna manera de terminar esta lucha.

—Le dije que seguiría matando hasta que no hubiera más enemigos que matar. Pero… ya no estoy seguro de que eso sea realista. Si hay alguna otra forma, creo que tiene que ser algo más positivo.

— ¿Positivo?

—Algo que apague las llamas del odio y elimine el combustible.

Se sintió como si se estuviera agarrando a un clavo. Si alguna vez hubiera existido tal posibilidad, la Guerra Demi-humana había cambiado las cosas dramáticamente. Lo que realmente necesitaban era fuerza para igualar la rabia.

—Algo aún más imponente que los ideales de Valga y el odio de los demi- humanos.

—Si tuviéramos a alguien o algo así… me pregunto cómo se llamaría.

—…

El susurro de Wilhelm hizo que Grimm cayera en lo que parecía ser un silencio pensativo. Luego pareció pensar en algo y escribió lentamente en su papel.

—Un héroe.

Sólo había escrito esas dos palabras. Wilhelm asintió.

Un héroe, pensó Wilhelm. Sí, un héroe.

Alguien que no era sólo un héroe de nombre, sino uno de verdad, como en las historias. Alguien con más poder que Wilhelm, el Demonio de la Espada, o que el renombrado Escuadrón Zergev del campo de batalla, o la incomparable guardia real.

Alguien como el Santo de la Espada, que una vez había disipado el terror que se extendía por todo el mundo.

Si había que poner fin a esta lucha, yacía en esperanzas imposibles.

***

 

 

—Dios mííío. Has vuelto muuuy tarde.

—…

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Cuando Wilhelm regresó a su habitación, encontró a una mujer descansando elegantemente en su cama, Roswaal. Sin decir una palabra, la miró fijamente. Los ojos de ella estaban libres de malicia mientras le sonreía; parecía estar disfrutando.

—Has estado en los campos de entrenamiento, sudando una tormenta, y ahora quieres poner todo ese calor sobre un miembro del sexo opuesto… ¿Es así como te sientes?

—Me siento terriblemente cansado de verte colarte en mi habitación. ¿Qué diablos está haciendo el capitán del cuartel? ¿No se da cuenta de que se supone que tiene que mantener a la gente sospechosa fuera de aquí?

—Solía dejarme entrar porque me tenía miedo. Pero ahora lo hace como un favor a un viejo amigo… ¿o aaalgo así?

—Tienes que meterte en tus propios asuntos.

Recordó el saludo que el rechoncho capitán del cuartel le había ofrecido al entrar en el inmueble. Wilhelm había mejorado dramáticamente sus relaciones no sólo con el Escuadrón Zergev sino también con los otros soldados. Aun así, esto no iba a ayudar en nada. Si el capitán dejara entrar en su habitación a todos los visitantes, bien intencionados y presuntos amigos, tal vez nunca tendría otra oportunidad de relajarse.

— ¿Y bien? —, preguntó Wilhelm—. ¿A qué debo el disgusto?

—Seguuuramente sabes que sólo hay una razón por la que una mujer abandona su vergüenza por la noche para colarse en la habitación del hombre que desea. Un instintivo primitivo… vale, vale, no te enfades tanto.

La mirada de Wilhelm había empezado a volverse agresiva, y Roswaal abandonó inmediatamente cualquier coqueteo. Dejó escapar un bufido, observando a Wilhelm con sus ojos de color asimétrico.

—Difííícilmente podría hacer más obvio mi afecto, y sin embargo tienes toda la reacción de una pared de acero. A este ritmo, perderé la confianza en mí misma como mujer.

—Estoy feliz de responder seriamente a la gente que me tiene un afecto sincero. Pero si no es así, entonces no pierdo el tiempo con ellos.

—Hmm —. Roswaal cerró un ojo y se puso a pensar. Wilhelm la ignoró y agarró algo para limpiarse. Después de separarse de Grimm, Wilhelm se había dirigido al campo de entrenamiento y estaba de hecho muy sudoroso. Sin embargo, al menos poseía suficiente discreción para no empezar a cambiarse de ropa delante de una mujer.

—Entonces hablemos con un espíritu de afecto sincero. No como hombre y mujer, desafortunadamente, sino como amigos —, dijo Roswaal. El tono de su voz había cambiado repentinamente, y Wilhelm la miró. Roswaal seguía sentada igual que antes, pero su comportamiento era completamente diferente. Era un lado de ella que había visto muy pocas veces, en el campo de batalla, cuando ella había estado mostrando todo su deseo de atrapar a Sphinx.

En otras palabras, Roswaal estaba ahora real y verdaderamente seria.

—Con tu ayuda y la de tus amigos —, dijo ella —, pude lograr mi objetivo. Considera esto como una expresión de gratitud por tu ayuda.

—…Continua.

—La guerra civil está amenazando con llegar al territorio de la Casa Trias. Tu familia.

— ¡¿Qué…?!

Los ojos de Wilhelm se abrieron de par en par ante esta noticia inesperada. Roswaal dobló sus largas piernas y asintió gravemente.

—Sí. Tengo algunos conocidos por ahí. Estoy segura de que esto no es fácil para ti de escuchar. Vine a decírtelo yo misma, temiendo que de lo contrario sea demasiado taaarde.

— ¿Por qué estarías tú…? Para el caso, ¿por qué ellos…?

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—Por supuesto, no hay nada en las tierras de los Trias que valga la pena atacar. El señor local y el ejército real lo encuentran extraño. Pero los demi-humanos no son tan lógicos hoy en día. ¿Tú entiendes?

Los demi-humanos que ardían con los restos del odio de Valga no tenían nada más que los detenga, ni siquiera nada que les hiciera distinguir un objetivo de otro. Sus acciones podrían no llevar a ninguna parte, pero las llamas de esta guerra civil no podían apagarse.

—Por otra parte, supongo que podría ser una venganza contra ti por matar a sus líderes, mi querido Wilhelm Trias.

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—…

Cuando uno hiere a otro, crea una razón para vengarse. El comienzo de esta guerra civil, así como su continuación, giraba en torno a estas razones. Y Wilhelm no estaba en posición de condenar estas acciones.

—Creo que tu mejor esperanza es hablar con tus superiores. Creo que nuestro amigo Bordeaux no haría nada maaalo en tu contra. Aunque puede llevar algún tiempo.

Entonces Roswaal se levantó de la cama como para indicar que su conversación había terminado. Pasó junto a Wilhelm, que estaba parado tensamente y se dirigió a la puerta.

Antes de que ella pudiera irse, sin embargo, Wilhelm demandó:

—… ¿Qué es lo que quieres aquí? ¿Qué crees que vas a conseguir?

Roswaal se detuvo.

—No tengo motivos oscuros. Es inusual para mí sentir tanto afecto por alguien. Si puedo ayudar a las pocas personas que me importan a ser felices, mucho mejor. Te prometo que mis motivos no son más siniestros que eso.

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Ella no se dio la vuelta mientras hablaba, y él no pudo ver su cara. Wilhelm tragó pesadamente por el peso de sus palabras. Pero entonces ella se encogió de hombros y volteó su cabeza para poder verlo por el rabillo del ojo. Ella estaba sonriendo.

—Lo que harás es tu elección. Asegúrate de que no te arrepientas.

Y con eso, Roswaal J. Mathers dejó la habitación.

Wilhelm miró fijamente como se iba. Después de un momento de silencio, volvió en sí mismo. Se apresuró a coger la camisa que se acababa de quitar y casi sale volando de la habitación para ir a ver a Bordeaux.

Cuando salió al pasillo, Roswaal ya se había ido.

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