Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 6: Sexta Estrofa

Parte 5

 

 

— ¡Grimm! ¡Ahora!

—…rrrrr!

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Dos figuras se lanzaron entre él y el puño que se precipitaba hacia abajo. La punta de una espada encontró los espacios entre los dedos gigantes, y un escudo apareció para hacer frente al golpe. Y, poco después, un hacha de guerra giró y dio un tremendo impacto contra la mano del demi-humano.

— ¡Hrrrgh! —Bordeaux dio un leve gemido cuando el hacha conectó justo debajo de los nudillos del lento puño. La piel era demasiado dura para que el hacha la cortara, pero aun así no pudo disipar la fuerza del impacto. Hubo un sonido como el de un árbol cayendo, y los dedos medio e índice de la mano se doblaron hacia atrás.

—Guh… ¡Ahh! —Valga gritó de dolor al romperse los dedos. Tiró su puño hacia atrás, y Bordeaux se rio. Mostrando los dientes con locura, el gran hombre vio a Wilhelm abollado contra la pared, y su sonrisa se amplió.

— ¿Qué pasa, Wilhelm? ¿Hay algún problema? ¡Esto no es propio de ti! ¿Te has dado por vencido? ¿Crees que eso es convertirse en el Capitán Asesino del glorioso Escuadrón Zergev?

Wilhelm, tendido en el suelo, no dijo ni una palabra ante la burla, pero su mano se dobló en un puño. Tosió la sangre de su garganta y se apoyó contra la pared, tratando de ponerse de pie.

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—Guárdatelo… para ti mismo. Y no recuerdo… haberte pedido que me salvaras.

— ¡Bwa-ja-ja-ja! ¡Nunca fuiste un buen perdedor! Ahh, ahora estoy contento de no haber muerto. ¡Ojalá Pivot y los demás pudieran oír esto!

No había malicia en sus palabras, por lo que Wilhelm no encontró nada que decir. Bordeaux tenía razón. El chico había sido salvado una vez más de la muerte. Fue como con Pivot y el Escuadrón Zergev: Wilhelm había sido dejado con vida.

El joven no pudo decir nada, pero Valga miró a Bordeaux, Grimm y Carol y agitó su cabeza.

— ¿Refuerzos? No… si ustedes están aquí, debe significar que Libre y Sphinx están acabados.

—Libre Fermi se ha convertido en cenizas, y la bruja Sphinx pronto se encontrará en el infierno, cortesía de Lady Mathers —, dijo Carol, apuntando con su espada al gigante—. Valga Cromwell, tú eres el último de los líderes de la Alianza Demi-humana.

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Valga puso su ensangrentada mano en su cara, y durante varios segundos se quedó en silencio. Entonces comenzó un estruendo en su garganta. El sonido resonaba una y otra vez en el aire. Increíblemente, era una risa.

— ¿Por qué te ríes? —demandó Carol.

—Ustedes los humanos no entienden nada —, dijo Valga—. ¡Porque incluso ahora, después de toda esta matanza, no entienden nuestro propósito, nuestros principios!

Su grito, tan fuerte como una explosión, resonó por toda la capilla. El viento de su ira sacudió el aire del sótano. La ira cubría el rostro de Valga. Abrió bien sus brazos y apretó los dientes. —Esta guerra no se detendrá. Que Libre y Sphinx estén muertos, y que todos ustedes me maten aquí, no apagará la ira de los demi-humanos. El odio no se desaparecerá.

—…

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—Incluso si fracasamos en esta batalla hoy —, continuó Valga—, la furia de los demi-humanos quemará un día este reino hasta las cenizas, ¡siempre que ustedes los humanos se nieguen a entender mi ira, junto con la de mis compañeros demi-humanos y la de todos nuestros muertos!

Ante los furiosos pronunciamientos de Valga, Carol y Bordeaux se callaron. La emoción de sus palabras era más que suficiente para sugerir la verdad de lo que dijo, que la lucha no terminaría.

Muchos más serían heridos, el país estaría agotado, y aun así no se detendría. Precisamente porque Bordeaux y los demás tenían una perspectiva tan amplia, entendieron cuán seria era esta posibilidad.

Pero había una persona en la capilla que no compartía su opinión.

— ¿Nunca te callas? —La interrupción vino de Wilhelm, que ahora exudaba una intención asesina por todos los poros de su cuerpo. El Demonio de la Espada se limpió la sangre grotescamente de su cara y, con el aliento entrecortado, miró con ira al gigante—. Apuesta todo en este momento. ¿A quién le importa qué pasará después de que mueras o cómo irá esta guerra? ¡Lo que haces aquí y ahora es todo lo que eres!

— ¡Qué simplista…! De hecho, ¡qué estúpido! ¡Tú visión es demasiado estrecha! ¡Tú pensamiento es débil! ¡¿Dices que la pelea es todo?! Bueno, te has extralimitado en esta batalla, ¿qué harás cuando haya terminado?

La respuesta de Wilhelm fue simple.

—Seguiré corriendo y matando todo lo que pueda. Seguiré cortando y matando hasta que todo termine.

Valga Cromwell se encontró perdido ante una respuesta tan superficial, inmadura y tonta. Pero no fue el asombro lo que le impidió responder inmediatamente. Fue porque esto era un pronunciamiento. Las palabras de Wilhelm Trias fueron lo más serias posibles.

—No hay nada más —, continuó Wilhelm—. No conozco otra forma. Así que seguiré matando.

No había nada, nunca había habido nada más que Wilhelm pudiera haber hecho. Lo habían dejado con vida, primero Pivot y sus compañeros, y ahora Bordeaux y sus camaradas. Si había algún significado en haber sobrevivido, si alguien esperaba algo de Wilhelm; la única manera que él supo cómo responder, era peleando.

Valga le hizo a Wilhelm un cansado movimiento de cabeza.

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—…No hay más valor en hablar. No hay necesidad de hablar aquí. No hace falta que lo diga.

Ahora el gigante y el Demonio de la Espada simbolizan la ruptura total entre los humanos y los demi-humanos. Ninguno de los dos esperaba que el otro le entendiese, por lo que su batalla reanudó.

La preciada espada de Wilhelm aún estaba alojada en el labio de Valga. El Demonio de la Espada tendría que esquivar los ataques de Valga lo suficiente como para tomar devuelta su espada antes de poder unirse a la batalla de lleno.

— ¿Realmente crees que puedes ganar, humano? —Valga Cromwell, el gigante, aulló.

—Ganar, perder, no me importa —, respondió Wilhelm, el Demonio de la Espada—. Siempre y cuando pueda cortarte en pedazos.

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Y entonces comenzó la batalla final.

***

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Se retorció para esquivar los dedos. Estaba exhausto, cada centímetro de su cuerpo herido. Su resistencia y fuerza estaban cerca de sus límites, pero parecía más ágil que cuando estaba en perfecto estado de salud. Como una vela que arde más antes de apagarse, todo lo que no era necesario para su vida había sido removido, y se sentía pulido, limpio.

Su duda había sido disipada. Se había encogido de hombros ante todas esas pesas invisibles, y tanto el corazón como el cuerpo de Wilhelm se sentían ligeros.

— ¡Ja-ja!

Era una buena sensación. Una buena forma de ser. Su corazón y su mente estaban más concentrados que nunca en el combate. Aquí, en la cúspide de la vida y la muerte, sólo existía él y Valga.

Bordeaux y Grimm, aunque habían venido a la capilla por este combate, no mostraron signos de intervenir. Wilhelm estaba agradecido de saber que la pureza de su batalla no se mancharía, pero también sabía que el campo de batalla era suyo y sólo suyo.

Los dedos rompieron el suelo, y una mano buscó golpear al espadachín, pero él pateó la pared y saltó para esquivarla. En el instante en que impactó el suelo, se agachó y empezó a correr, dejando atrás la serie de ataques mientras cerraba la distancia. También dejó atrás pensamientos inútiles, lanzándose a sí mismo completamente a una contienda de vida o muerte.

— ¡Quédate quieto, apestoso humano! —, gritó Valga, incapaz de apuntar con precisión a su enemigo en constante movimiento.

La sala del sótano fue construida de forma resistente, pero ya no quedaba ningún rastro de su antigua elegancia. Reconstruirlo sin duda requeriría tiempo y esfuerzo. La única parte de la sala que permanecía intacta era la pared detrás de Valga, en la que estaba esculpido el sello del dragón.

No era sólo la capilla la que había sufrido. La batalla contra Sphinx y el no- muerto Libre habría causado destrucción en todo el castillo. Wilhelm había querido hacerles pagar personalmente a ambos, y no estaba contento de que los intrusos le arrebataran la venganza. Pero si Bordeaux y Grimm estaban a salvo, quizás podría vivir con ello.

La voz de Valga tembló.

— ¿Crees que tienes tiempo para mirar a tus amigos, mocoso?

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—Sólo me aseguraba de que estuvieran fuera del camino. No te pongas así.

Wilhelm eliminó la última cosa impura dentro de él. Ahora, el despertar del Demonio de la Espada estaba completo.

— ¡Es hora de que pagues! —, gritó Wilhelm, girando para esquivar un revés enfurecido. El movimiento lo llevó más cerca del gigante. La mano del monstruo se extendió para agarrar a Wilhelm mientras este se dirigía al pecho de la criatura, pero el Demonio de la Espada usó los enormes dedos como trampolines para saltar y acercarse aún más. Finalmente, su mano extendida alcanzó el labio de Valga, agarró la espada atrapada e hizo un corte lateral.

El Demonio de la Espada cayó al suelo en medio de una lluvia de sangre. Valga aulló de dolor y trató de golpear a su enemigo. Consciente de la llegada del puño, Wilhelm cambió su postura e hizo otra oscilación.

El corte horizontal se hundió en tres de las uñas de la mano derecha de Valga. Cada uña era casi del tamaño de la cabeza de una persona. Con su espada alojada en la mano de su oponente, Wilhelm empujó, rompiendo las yemas de los dedos y arrancando las uñas. Valga apenas podía hacer ruido, su garganta era constreñida por la agonía, pero mientras su cuerpo se inclinaba hacia atrás, el Demonio de la Espada saltó.

Su objetivo no era ninguno de los puntos vitales por encima del cuello, apuntaba al pecho expuesto de Valga. Enterrado en ese pecho, en el centro del brillante símbolo púrpura, estaban los huesos que habían permitido que Valga creciera tanto.

— ¡Ru… ahhhhhhhh!

Sosteniendo su espada en un agarre inverso, bajó la espada con todas sus fuerzas. El golpe rompió la clavícula de Valga, perforando la carne por debajo, y un segundo después, la espada llegó a los huesos esparcidos.

Tan pronto como sintió que la espada golpeaba algo duro, Wilhelm le dio una patada en la barbilla a Valga, bajando el arma con su peso corporal. La espada actuó como una palanca, atravesando la carne, aunque aún estaba atrapada en los huesos.

— ¡Maldiiiiiitooo seeeeaaas!

Finalmente, al darse cuenta de la intención de Wilhelm, Valga llevó ambas manos ciegamente a su pecho, tan fuerte como pudo. Pero el Demonio de la Espada pateó el abdomen de Valga, volteando completamente boca abajo y ejecutando un giro que finalmente desalojó los huesos. Una luz cegadora llenó la capilla.

— ¡Hrrraaghhh!

Sin los huesos de sus antepasados, Valga perdió la fuente de su inmenso tamaño. Inmediatamente, su fuerza comenzó a disminuir. El símbolo en su pecho seguía brillando, pero el poder que eso emanaba era demasiado para su cuerpo normal. Valga estaba atrapado entre su carne debilitada y el círculo mágico cada vez más poderoso, y su cuerpo no podía resistirlo.

— ¡Ah…ahhhhh!

Re Zero Ex Volumen 2 Capítulo 6 Parte 5 Novela Ligera

 

La sangre empezó a brotar de todo su organismo, y Valga cayó de rodillas. Su cuerpo de treinta pies de alto estaba audiblemente encogiéndose.

—…

Valga miró con ira a Wilhelm, mientras lágrimas de sangre salían de sus ojos. Wilhelm, cuya espada había permanecido en alerta todo el tiempo, inquebrantablemente le devolvió la mirada.

Valga sacó sus manos de sus heridas y las transformó en puños.

—…La victoria depende de este momento.

—…Maldita sea, claro que sí —. El enemigo no había perdido su voluntad de luchar, sino que vio una confrontación final, y eso fue lo que el Demonio de la Espada respondió.

—Toma esto, humano.

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—Ven a mí, demi-humano.

Con estas calmadas declaraciones, comenzó el último intercambio entre el gigante y el Demonio de la Espada.

Valga no escatimó ni siquiera en el esfuerzo de dar un grito de guerra; bajó sus dos brazos, tan grandes como los árboles, con todas sus fuerzas. El golpe hizo añicos el suelo e hizo temblar no sólo a la capilla, sino a todo el castillo sobre sus cimientos.

Pero el golpe no había caído sobre Wilhelm.

— ¡Shhhhhyaa!

Wilhelm apenas esquivó el ataque de Valga, moviéndose hacia los pies del gigante. Su ferviente grito fue acompañado por un golpe de su espada, que cortó las espinillas de Valga. Wilhelm pudo sentir la resistencia cuando el arma cortó carne y hueso, pero fue capaz de herir el cuerpo debilitado. Cuando trajo la espada de vuelta, ésta cortó a través de los fémures.

— ¡Hrrraaaghhh!

El ataque llegó a través de los muslos, continuó a través de las caderas, y luego Wilhelm giró para cortar con su espada a lo largo del abdomen de Valga. Finalmente, llegó al pecho y, lanzándose a sí mismo al aire, los hombros, y luego la multitud de laceraciones explotó con sangre.

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El relámpago plateado devastó el cuerpo del gigante y finalmente le hizo un corte en el cuello, todo en un sólo movimiento ininterrumpido.

—Recuerda esto, humano —. Mientras golpeaba el suelo, Valga habló en voz baja a Wilhelm. No hizo ningún esfuerzo por atender su plétora de heridas. El Demonio de la Espada se encontraba de espaldas al gigante—. Recuerda que esto no pondrá fin a la rabia de los demi-humanos.

Luego, su inmenso cuerpo perdió toda su fuerza, desplomándose al suelo antes de caer de bruces al suelo. El impacto fue la gota que colmó el vaso, y el suelo agrietado de la capilla, que estaba debajo de él, cedió. El sótano del castillo se abrió en una oscuridad aún más profunda, y el cuerpo de Valga fue tragado por el agujero.

—…Bueno, entonces que vengan a mí —, dijo Wilhelm, acercándose hasta el borde del agujero y mirando hacia oscuridad total. El chico estaba cubierto de sangre. Detrás de él, en la pared de la capilla, estaba el escudo del reino —. Mientras tenga mi espada, lucharé contra ellos. Los cortaré hasta que no quede ninguno.

Esas palabras marcaron el final de la contienda entre el Demonio de la Espada y el gigante, Wilhelm y Valga. (NT: Valga en realidad sigue vivo, y en el futuro será conocido como Rom, el viejo Rom.)

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