Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 6: Sexta Estrofa

Parte 2

 

 

Cuando Bordeaux entró en la sala de audiencias, pudo sentir que el aire se espesaba. Era la sensación hormigueante de una gran batalla a punto de comenzar, una confrontación con un oponente absoluto. Hizo bien en venir aquí solo. Sospechaba que solo él entre sus hombres podía soportar esto.

—Nunca podré agradecerle lo suficiente a Wilhelm —, murmuró. Aunque ahora ellos rara vez luchaban, sus duelos con Wilhelm en el campo de entrenamiento lo habían acostumbrado a un aura de batalla tan abrumadora. Estaba asustado, sí, pero el miedo le era familiar.

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Había pocos rivales a los que Bordeaux reconociera como genuinamente más fuertes que él. No era sólo que odiara admitirlo. Bordeaux era, de hecho, un gran luchador. Había estado rodeado de armas desde que era un niño y había usado su físico natural y su intelecto para seguir el camino de un caballero. Entre la posición social de su familia y sus propios dones, la vida de Bordeaux transcurrió casi exactamente como él hubiera deseado. Acompañado por otros discípulos que parecían hermanos mayores molestos, el viento siempre parecía estar a su espalda a medida que avanzaba día a día. (NT: Expresión idiomática. Significa estar en una buena situación en la que puedes tener éxito.)

Un cambio había llegado a su vida cuando conoció a Wilhelm. Bordeaux pudo recordar la cantidad de veces que no sabía cómo tratar al impertinente y rebelde muchacho. Pero Bordeaux había salvado a Wilhelm, lo que era suficiente para justificar todo el trabajo.

Wilhelm había pasado de ser un niño a ser un joven, y su espada se había vuelto indispensable para el reino. Pivot había entendido eso. Por eso había dado su vida para salvarlo. Pivot había visto que Wilhelm sería esencial para determinar no sólo el futuro del reino, sino también el de su propio capitán de Escuadrón.

Y aquí, ahora, la presencia de Wilhelm marcó la diferencia entre la vida y la muerte en Bordeaux.

Una espada doble cargó hacia el corpulento hombre, tiñendo la alfombra roja de la sala de audiencias en una aún más oscura por la sangre. Los ojos de su enemigo no tenían vida, su pútrida respiración era desigual. Era el hombre- serpiente, Libre Fermi, pero sin ningún rastro de cómo había sido en vida. Sin embargo, incluso como guerrero no-muerto, su aura del mayor luchador demi- humano permanecía.

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—No es Shinpx, ¿eh? Pero al menos puedo vengar a Pivot. ¡Tú, sucio reptil! — Bordeaux avivó su propia lujuria de batalla burlándose de su contrincante. De lo contrario, podría haber sido arrastrado por el aura del enemigo y haber perdido la iniciativa.

La diferencia entre ellos, en el poder de sus espíritus como guerreros, era inconfundible. La razón por la que Bordeaux no sucumbió fue porque ya había perdido en docenas de ocasiones. Wilhelm Trias lo había familiarizado en perder más que bien.

—No voy a dejarme intimidar por un enemigo que está a la defensiva. ¡Ten esto, Libre Fermi!

Giró su hacha de guerra sobre su cabeza y aulló como un animal, atravesando la alfombra. Su enorme cuerpo saltó hacia delante, y el hombre-serpiente lo recibió con la espada doble. Saltaron chispas, y la habitación se llenó con el sonido del acero sobre el acero. La batalla entre la Víbora y el Perro Loco había comenzado.

***

 

 

Frente a la enorme puerta de la capilla yacían los cuerpos sin cabeza de varios guardias reales. Eran los pocos que quedaban para dar seguridad al castillo. Habían luchado de forma valiente, pero inútilmente, como lo evidenciaban las armas que yacían esparcidas por todas partes y la variedad de marcas de espadas. Por lo general, Wilhelm sentía que no tenía compasión por los muertos, es decir, por los débiles. Pero esta vez, encontró una extraña emoción brotando en su interior. Quizás fue porque sabía el por qué estos cadáveres habían estado luchando.

—…

Cortó el sentimiento, y con su amada espada en la mano, Wilhelm abrió la inmensa puerta. Se movió lentamente con un gran crujido, y una fresca brisa sopló desde la capilla hasta el pasillo.

Luces mágicas de color blanco azulado iluminaban la capilla en el sótano de la fortaleza. Era un lugar de grandeza y solemnidad. A ambos lados de la entrada había filas de bancos y el escudo del Santo Dragón, mientras que el escudo de la nación se encontraba esculpido en un muro lejano. Y en el altar, donde se rezaba por esa escultura, había dos figuras.

Las figuras, una enorme y otra pequeña, hablaban con voces roncas.

—En esta capilla, la gente del reino le reza al Dragón —, dijo la sombra más grande—. Los imperios adoran al poder, y los reinos sagrados adoran a los espíritus. No sé acerca de los estados de las ciudades occidentales, pero supongo que deben de tener a alguien a quien ofrecen sus oraciones.

—Entonces, ¿para qué rezan todos ustedes? —, preguntó la chica—. ¿Para qué oran los demi-humanos y a quién?

—Hmm. Si rezara, supongo que sería a las almas de mis camaradas y antepasados. Yo, al menos, no tengo otra razón para rezar.

Entonces las dos figuras se dieron la vuelta.

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La chica, por supuesto, fue reconocida fácilmente por Wilhelm. Se trataba de la bruja Sphinx. Y el gigante que estaba a su lado era el mayor enemigo en esta guerra, el líder de las tribus demi-humanas…

—Valga Cromwell.

El hombre asintió cuando Wilhelm pronunció su nombre, pero el chico no pudo ver su expresión. Valga se había envuelto completamente en una sábana blanca, como si estuviera tratando de ocultar su identidad en esta última etapa.

—Por supuesto que sí. Y tú debes ser el Demonio de la Espada. Sí, ya veo… La hostilidad en tu rostro irradia un espíritu excepcional. Ni siquiera yo soy inmune a ello, y la batalla lo es todo para mí. No es de extrañar que pudieras matar a Libre.

— ¿De qué estás hablando? —Tal descripción del resultado en Aihiya sólo podía tener la intención de humillarlo.

La bruja, que había tergiversado los hechos en su informe, ignoró la mirada del Demonio de la Espada y se centró en Roswaal.

—Si tú estás aquí… debe significar que el rey no va a venir —. Su voz no tenía emoción.

Roswaal, con sus manos revestidas en guantes de metal, respondió.

—No tenía ninguna razón especial para seguirlo. Y, además, simplemente odiaaaba la idea de darte lo que querías. Rechazo todo acerca de ti, y eventualmente aplastaré tu vida bajo mis talones.

Roswaal hizo un movimiento con su muñeca y asumió una postura de lucha, con más movimientos atractivos de los estrictamente necesarios. Detrás de ella, Carol desenvainó su espada, y Grimm preparó su escudo.

—Gente valiente, todos ustedes —, dijo Valga—. Para que ustedes cuatro traten de oponerse a nosotros…

—No, esos serían ustedes dos, entrando en el corazón del castillo —, respondió Wilhelm—. Lástima por ti, uno de tus amigos tiene los labios sueltos y regaló la sorpresa. Pondremos fin a esto, aquí y ahora.

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—…Pensé que había tenido mucho cuidado al contar mis planes, pero veo que alguien habló ante la perspectiva de la muerte. No importa. No le guardaré rencor a un compañero demi-humano. Hemos llegado hasta aquí. Nuestro plan va bastante bien.

—Cierto, a tal medida que fuiste capaz de colarte en el castillo. ¿Qué hacían esos estúpidos guardias?

—Tomamos un camino escondido a través de las alcantarillas. Ya nadie lo conoce, los humanos no viven lo suficiente como para recordar.

Valga estampó su talón contra el suelo, abriendo un túnel oculto. Tal vez fue tan franco al respecto porque Wilhelm le había explicado cómo conoció el plan de Valga. Alguien hizo un chasquido involuntario con la lengua.

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—Antes del pacto con el Dragón, los demi-humanos estaban entre los que ayudaron a construir este castillo. Tratar de especular sobre las relaciones entre los humanos y demi-humanos en esos días es una tarea estúpida, pero es bastante irónico. Fueron esos tiempos los que permitieron este momento de represalia.

—Buena charla, pero mala elección de tropa —, dijo Wilhelm—. Por lo que he oído, sólo eres bueno en una batalla de ingenio, no en una contienda de armas. Aparentemente, tu bruja es la única con verdadero poder de lucha.

—…Sí. Como estoy ahora, supongo que es verdad —. La voz de Valga se hizo más baja.

Wilhelm levantó una ceja ante este susurro portentoso, y el demi-humano rio estruendosamente.

—Si todo hubiera ido como yo quería, el rey estaría aquí ahora. Para llegar a él, no habría tenido más remedio que derrotar a la guardia real. ¿Crees que no estoy preparado para esa tarea?

—Nunca haces nada de la manera simple.

—Eres un hombre sin emociones, ¿no? —dijo secamente Valga. Luego se volvió hacia su compañero—. Sphinx, el hechizo.

Sphinx miró al enorme hombre que tenía a su lado y ladeó su cabeza.

— ¿Estás seguro? Una vez que empiece, será difícil parar. Imposible, de hecho.

—No me importa. Siempre supe que si quería vengar apropiadamente a mis camaradas, no volvería vivo.

Con un bramido, Valga arrancó la sábana que lo cubría. Debajo había un anciano con la cabeza calva y el rostro parecido al de un demonio. Pero sus músculos usados como armadura, un rasgo único de los gigantes, no mostraban edad. Su cuerpo era como un acantilado escarpado, y dibujado en él había un sello púrpura que comenzaba a brillar, un círculo mágico.

— ¡¿Un círculo mágico en un cuerpo vivo?! —, exclamó Carol—. ¿Qué clase de hechizo es este?

—Te lo dije —, dijo Valga seriamente—. Los humanos le rezan a su dragón. Yo le rezaré a mis ancestros y a mis compañeros demi-humanos.

El hechizo comenzó a hacer efecto en su carne envejecida, y a medida que el resplandor se intensificaba, Valga sacó algo de una bolsa, una pequeña caja.

— ¡Oh, huesos de mis antepasados, testimonio de los días en que los gigantes eran realmente temidos!

—El Sacramento del Rey Inmortal no puede construir un guerrero no-muerto a partir de una pila de huesos —, dijo Sphinx—. Pero con un descendiente vivo que comparte la misma sangre y una gran cantidad de maná, las cosas son diferentes.

— ¿Crees que vas a traer de vuelta a los antiguos gigantes usando el cuerpo de Valga Cromwell? —dijo Wilhelm.

— ¡Verán con sus ojos el orgullo y la ira de los demi-humanos, la sentirán con su carne, y penetrará en sus almas, malditos humanos! —, gritó Valga, y entonces empujó los huesos en su propio pecho. Inmediatamente, el ritual de Sphinx, amplificado por el círculo mágico dibujado en su cuerpo, hizo su horrible trabajo.

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— ¡Hrrraahh…! ¡Ahhh…! ¡Ahhhhhhh!

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La aullante voz de Valga se hacía cada vez más fuerte, y el cuerpo del que provenía se hacía cada vez más grande. Sus pulmones se expandieron a medida que su cuerpo se hinchaba hasta alcanzar el doble de su tamaño original, y luego dos veces más de nuevo. Segundos después, la luz del hechizo se desvaneció.

La voz temblorosa de Carol llenó la capilla mientras miraba fijamente la amenazante forma sobre ella.

— ¿Esto… esto es lo que los gigantes solían ser? ¡No eres más que un monstruo!

Sus palabras llevaban una gran cantidad de terror. Nadie podría haberla culpado por ello. La cabeza de Valga llegaba ahora al techo; medía fácilmente más de diez metros de altura. De hecho, había crecido tanto que tuvo que arrodillarse para caber en la capilla.

De repente, la enorme forma extendió su brazo. El movimiento fue despreocupado, pero ocurrió con una violenta rapidez.

— ¡Cuidado! —gritó Wilhelm, esquivando el puño entrante. Roswaal también pudo evitarlo, mientras que Grimm recibió golpe de frente y protegió a Carol. Tratando de juzgar dónde sostener su escudo, Grimm sufrió un impacto como el de un animal salvaje. Instantáneamente, él y Carol fueron lanzados hacia atrás, atravesando la puerta hasta el pasillo.

— ¡Oh, no!

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— ¡Ese idiota se arrojó hacia atrás para amortiguar el impacto! Pero eso no importa, ¡aquí viene Valga! —Wilhelm anunció a la preocupada Roswaal. Él se volvió a concentrar con su espada en la mano y miró a Valga, cuya aura de batalla había crecido con él, y a Sphinx, quien flotaba en el aire.

La bruja no le prestó atención, mirando el techo que el gigante había destrozado.

—Valga, ¿podría dejarte esto a ti? Creo que el siguiente paso requerirá ir a otra parte.

—Haz lo que quieras. En cuanto a mí, me vengaré por Libre.

—Que así sea, entonces. Valga, necesito tu buena fortuna en la batalla.

—Bien. Te agradezco tu ayuda. Aunque no estoy seguro de todos los detalles.

Sphinx, ladeó su cabeza ante las palabras de despedida de Valga. Y entonces, la bruja flotó a través del techo destruido sin decir nada más.

— ¡Sphinx…! —gritó enfadada Roswaal.

Wilhelm señaló al pasillo con su espada.

—Sigue a la bruja. Y lleva contigo a esos niños descansando en el pasillo.

Los ojos de Roswaal se abrieron de par en par al ver la enorme forma de Valga.

— ¿Quieres decir que te enfrentarás a Valga solo? ¿Así nada más? No creo que eso sea posible, ¿y tú?

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—No podemos dejar que la bruja escape. Y no vas a luchar contra Valga con los puños o con un escudo. Carol se especializa en desviar cosas con su espada, y eso tampoco ayudará. Uno tiene que acercársele y matarlo. Él es mío.

Wilhelm, con su espada ahora apuntando una vez más al gigante, irradiaba una inmensa aura de batalla.

—Realmente eres sorprendente. Si los dos volvemos a salvo, realmente podría besarte.

—Olvida la charla espeluznante y vete.

—Tan frío. Tal vez tu corazón pertenezca a otra persona —. Dijo Roswaal, ignorando el contexto el tiempo suficiente para burlarse de Wilhelm. Él sólo resopló. Ciertamente no iba a decirle que, por un instante, la imagen de una chica pelirroja había pasado por su mente.

—La mejor de las suertes —, dijo Roswaal.

—Sí. Asegúrate de matarla.

Con estas palabras mortíferas, los dos juraron luchar, y luego Roswaal se retiró rápidamente de la capilla. Wilhelm asumió que ella había tomado a sus dos compañeros del pasillo y fue escaleras arriba a luchar contra Sphinx. Si los tres podían o no superar a la bruja dependía de ellos.

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Wilhelm no se dio cuenta de que esto era, a su manera, una especie de confianza.

—De todos modos, no tengo tiempo para preocuparme por nadie más —, murmuró Wilhelm, sumergiéndose en una postura de lucha.

—No te sobreestimes, muchacho —, contestó Valga—. ¿Crees que alguien tan insignificante como tú puede impedir que consiga lo que quiero?

Valga hizo un barrido con un brazo gigante. El Demonio de la Espada lo esquivó, confiando en sus propias habilidades. Las comisuras de su boca se movieron.

—Si eres lo suficientemente fuerte, te las arreglarás conmigo. Si eres débil, te aplastaré. Eso es todo lo que hay. La fuerza de tus ideales no tiene nada que ver con eso.

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