Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 4: Cuarta Estrofa

Parte 4

 

 

Wilhelm estaba encima de Libre cuando aterrizaron en el fondo de la depresión.

Su cara golpeó el suelo húmedo, y escupió barro y tierra de su boca, mostrando sus dientes al mismo tiempo. Libre estaba extendiendo su mano como si fuera a tirar de él, y Wilhelm le arrancó los dedos. Luego, plantó una rodilla en el estómago de la serpiente mientras dejaba su posición elevada.

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De repente sintió que su cuerpo había vuelto a la normalidad. Ajustó su agarre en su amada espada y la apuntó hacia Libre. El hombre-serpiente se levantó, preparando su espada doble. Los dos se miraron fijamente.

—Supongo que esto significa que nuestro círculo mágico está destruido —, dijo Libre—. Mejor así. Como dije, ¡no tengo ningún deseo de asesinar a un oponente indefenso!

— ¡Cierra la boca, hijo de puta! ¡Nunca te perdonaré por lo que hiciste!

— ¿Estás enojado porque maté a tus amigos? Así que parece que el Demonio de la Espada tiene sentimientos humanos después de todo.

Por un segundo, Wilhelm descubrió que no podía decir nada en respuesta a las burlas de Libre. Una ira extremadamente caliente se elevó en su pecho, como si lo que corriese por sus venas se tratara de magma en vez de sangre. Pero ni siquiera él sabía de dónde venía esta tremenda ira. Sólo podía negarlo.

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— ¡Tienes algo de coraje! ¡Yo sólo soy una espada! ¡Sólo una espada! La lealtad y la amistad son nada para mí.

El acero era hermoso. Nunca enojado. Nunca quejándose. Completo en sí mismo. Por eso Wilhelm quería…

—Ya veo. Creo que esto tiene sentido para mí ahora. Tú, en este mismo momento, estás renaciendo.

Wilhelm recuperó el aliento.

—Ven a mí, inmaduro. Te enseñaré cómo llora un recién nacido.

Wilhelm descaradamente saltó hacia Libre con todo lo que tenía. Y en respuesta, el guerrero más fuerte de la Alianza Demi-humana levantó su espada doble.

***

 

 

— ¡Pivot! ¡Pivot, despierta! ¡No te me mueras!

Pivot respiraba con pequeños jadeos. Bordeaux lo tenía en sus brazos, gritando desesperadamente. El hombre delgado abrió los ojos y miró a Bordeaux, con las pupilas nubladas. Una débil sonrisa apareció en su rostro.

—J-Joven… señor… qué cara tan in…decorosa está poniendo.

— ¡No intentes hablar! No, espera, ¡sigue hablando! ¡No te mueras! Si te quedas inconsciente, ¡es todo!

Pivot se aferró al cuello de Bordeaux, su respiración se acortaba. Su rostro estaba incoloro, y el flujo de sangre de sus heridas estaba disminuyendo. Cualquiera podía ver que su condición era fatal. La única persona que se negaba a admitirlo era Bordeaux.

—Joven… joven señor, debe esmerarse… en corregir… sus defectos.

— ¡Se supone que es tu trabajo encargarte de lo que me falta! ¡Esto es una negligencia del deber, y no lo permitiré!

La dificultad colectiva de respirar había cesado por fin, pero muchos habían caído además de Pivot. ¿Cuántos de ellos volvieron a disfrutar del aire libre?

—J…en…ñor Ha sido… un hon…or… —El vice capitán dio un largo suspiro, y la fuerza abandonó su cuerpo.

— ¿Pivot? ¡Pivot, vamos! ¡Deja de ser estúpido! ¡Abre los ojos! ¡Pivot! — Bordeaux abofeteó al hombre, e intentó forzarle a abrir los ojos. Pero el cuerpo de Pivot no se movió. Su vida se había ido. Incluso Bordeaux podía verlo. El campo de batalla le había enseñado cómo se veían los cadáveres, y ahora Pivot era uno de ellos.

Sin embargo, sin importar cuánto tiempo pasara, no podía admitirlo.

De repente, los restos de Pivot dieron una gran sacudida.

—….

— ¿Pivot? —El asombrado Bordeaux miró el cuerpo como si no pudiera creerlo. Los ojos del cadáver se abrieron sin rumbo. Las pupilas se centraron en Bordeaux.

— ¡Pivot…!

El capitán estaba exclamando este milagro cuando dos manos le rodearon el cuello. Su cabeza fue tirada hacia atrás con dolor y sorpresa, luego dos brazos se alzaron y rodearon su torso en un intento de romperle la columna vertebral. Era como si el difunto Pivot estuviera tratando de llevarse a Bordeaux con él.

—Hrggh… Gah…

Mientras el cadáver lo estrangulaba, Bordeaux sintió como su conciencia se desvanecía. Era inconcebible que Pivot lo traicionara. Él, más que nadie, nunca haría eso. ¿Qué había pasado? Un instante antes de que el mundo desapareciera de su vista…

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— ¡Hrrr!

Grimm golpeó lejos el cuerpo de Pivot, tenía su escudo en la mano. Los dos cayeron al suelo, prácticamente uno encima del otro. Grimm no se levantó. Pero Pivot sí, y se acercó al inconsciente chico con un aullido como el de un animal salvaje. Los dedos despiadados buscaron la debilidad de Grimm, se extendieron para quitarle la vida…

— ¡Yaaaaahhhhh!

Con una ráfaga de aire, el hacha de combate de Bordeaux atrapó la indefensa posición de Pivot en el centro de la espalda. Esta era un arma que podía cortar incluso armaduras como papel. Cortó a su enemigo casi en dos; cayó al suelo y se quedó quieto finalmente.

Un cadáver. Esta vez realmente era un cadáver.

—…

Bordeaux permaneció sereno con su hacha de guerra, y a su alrededor estaban los miembros fallecidos del Escuadrón Zergev. Los rostros que conocía, ahora desprovistos de vida, atravesaron a Bordeaux con sus miradas vacías. El ex comandante de los cadáveres comenzó a reírse.

—Ja… ¡ja-ja…ja-ja-ja! ¡Ahhh-ja-ja-ja-ja-ja!

Eran marionetas no-muertas. Un pequeño truco de magia de la bruja Sphinx. Bordeaux lo sabía, el momento en que su maldad entró en estos una vez orgullosos guerreros, en un intento de profanarlos en la muerte.

— ¡Esa bruja…! ¡Esa bruja, esabrujaesabrujaesabrujaesabrujaesabrujaesabrujaesabrujaesabruja!!

Gritando las palabras casi como un encantamiento, Bordeaux juró venganza contra el verdadero mal, la que estaba haciendo todo esto a pesar de no estar presente. Y luego él y su hacha de batalla se pusieron a trabajar masacrando a todos sus subordinados recién fallecidos. Mientras cortaba a los zombis invasores, devolviéndolos a la muerte, Bordeaux rió. Él rió y rió.

Los aullidos continuaron y continuaron, hasta que se mezclaron con sollozos. Los ecos llegaron a cada rincón del campo de batalla.

***

 

 

La danza de la muerte y el acero estaba llegando a su clímax. Wilhelm empuñó su espada con una escalofriante precisión, haciéndose cada vez más rápido y más ágil. Las respuestas de Libre con su espada doble fueron agraciadas, pero sus heridas iban en aumento a medida que le resultaba cada vez más difícil evitar los golpes de Wilhelm.

Esta sorprendente demostración de destreza con la espada era el resultado de un talento alucinante combinado con el sudor y las lágrimas de Wilhelm. Libre había vivido una larga vida y conocía a pocos que pudieran desafiarlo en combate. Sólo podía sentir admiración por haber encontrado un retador en un chico tan joven.

Esto es preocupante, pensó. Sentía que no sólo la técnica de la espada del chico era un mal presagio, sino también la calidad de su humanidad. Él estaba incompleto, imperfecto. Inmaduro. Aún era joven, y aún no se había dominado a sí mismo.

Él dijo que quería ser acero. Para ser el golpe de una espada.

Quizás esa era la tarea que él se había propuesto y la motivación que lo había impulsado. El peso y la rapidez de sus golpes pudo haberse conseguido con un esfuerzo a medias. Pero al esquivar y desviar los golpes con su espada doble, Libre pudo sentir que el torrente de emociones contenido en la espada atacante no era el del acero.

Las emociones ardían, y el acero no se calentaba solo. Este era el camino del corazón humano al ser influenciado por los sentimientos, pero eran esas mismas emociones las que daban intensidad a su lucha. Este demonio que deseaba ser una espada, seguía siendo humano.

—Je-je.

— ¡¿Qué es tan gracioso?! — le exigió Wilhelm, con la cara cubierta de sangre, al sonriente Libre.

—Oh, nada —, dijo Libre—. Es simplemente que mientras tratamos de matarnos unos a otros, yo sencillamente no puedo emocionarme por pelear contra un oponente de madera. ¡Si voy a enfrentar mi forma de vida con la de otros, quiero que sea alguien que sangra, alguien que llore!

La conmoción fue inmensa. El destello de las chispas, el estruendo de las hojas que chocaban, sus pisadas por toda la tierra, todo ello contribuyó a la cacofonía. La vida florecía con cada golpe, las emociones se expresaban en cada ataque, y todo el ruido clamaba por más combate.

Él no era acero. No era un demonio. Aquí, sólo era un chico llamado Wilhelm. El oponente de Libre era solamente un ser humano, y el propio Libre era sólo un demi-humano; toda la guerra estaba encapsulada en los dos.

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Wilhelm se las arregló para encontrar una abertura desde arriba, zigzagueando para llevar su espada hacia el cuello de Libre. La serpiente levantó su arma y la interceptó, pero entonces la hoja se rompió, y el golpe de Wilhelm dejó su marca.

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La visión de Libre se volvió roja. Pero el poder del golpe había sido atenuado, y la espada fue incapaz de perforar las escamas de Libre. Con la espada medio enterrada en el cuello, Libre levantó el extremo restante de su espada doble para barrer a Wilhelm.

La diferencia entre ellos como especies, la diferencia en las habilidades con las que nacieron, determinaba esta batalla. Esto fue, de hecho, la razón de toda esta guerra civil.

—Al final… quizás somos diferentes —, musitó Libre—. Tal vez no podemos entendernos. Por un momento, casi pensé que había llegado a ti, aunque fuera un poco. ¿Acaso lo imaginé?

Wilhelm cayó hacia atrás, agarrando la herida en su pecho. Libre empujó con su espada. Pero incluso cuando la muerte se acercaba, los ojos asesinos del chico se negaron a admitir la derrota. La tristeza inundó el corazón de Libre. Una vitalidad tan intensa no merecía este destino.

—Tú realmente eres humano, ¿no? Tan enteramente humano que me entristece. Pero eso no cambia el hecho de que eres una amenaza para mí y para los míos. Lamento decir que esto es un adiós.

Al chico no se le podía permitir vivir. Libre podría ser objeto de burla; podría decirse que su propia humanidad había salido a la luz en el combate. Pero su afecto por un individuo dado y su orgullo como demi-humano eran cosas diferentes.

Libre Fermi no estaba en condiciones de dar prioridad a sus sentimientos personales. Sabía que todas sus acciones debían hacer que progresara la causa demi-humana. Así que…

—Cuando todo esto termine, pondré una flor en tu tumba. Una roja sangre, lleno del calor de la pasión.

Luego levantó su rota espada doble, esperando ofrecer al Demonio de la Espada al menos una muerte indolora.

Al instante siguiente, un rayo de luz atravesó el pecho de Libre por detrás.

***

 

 

Un momento antes de que la muerte llegara a él, la vida de Wilhelm realmente pasó ante sus ojos.

— ¡Hrrk! ¡Haah!

La sangre acompañó a la larga lengua de Libre mientras esta se deslizaba por su boca; temblando, Libre miró hacia atrás con asombro. Allí estaba la bruja Sphinx, que había aparecido repentinamente, su brillante dedo señalaba en su dirección.

— ¿Qué… crees… que estás haciendo?

—Correcto. He sido herida más severamente de lo que planeé y actualmente me estoy retirando. Mientras lo hago, deseaba pedir la protección de la persona más capaz que pudiera, y tú estabas cerca, así que te he elegido.

Libre miró el agujero en su pecho, tocó la herida sin sangre, y sonrió.

— ¿Es eso tan…? Debo decir que esto no me parece una petición.

—No tengo tiempo para negociar, así que he decidido simplemente matarte y hacerte mi marioneta inmediatamente. No temas. Valga me ha dicho lo mucho que te necesita. Así que, aunque te convierta en un guerrero no-muerto, planeo tomar todas las medidas para evitar que te pudras. Esto requiere una minuciosa reflexión.

—Valga… Ese estúpido. Le dije… que no podíamos controlarte.

Blandiendo su espada rota, Libre se volvió hacia Sphinx. Ella ladeó la cabeza ante este comportamiento. —Basado en tus heridas y tu nivel de fatiga, concluyo que la resistencia es inútil.

—La inutilidad no es razón para la inacción. Yo… soy el orgullo de la raza demi- humana. ¡Libre Fermi! ¡No me subestimes, pequeña perra!

Con sus colmillos desnudos, Libre saltó hacia adelante. Su movimiento y velocidad contradecía que estaba al borde de la muerte.

—No quería hacerte mucho daño, pero no me dejas otra opción —. Una tormenta de luz blanca atacó al cada vez más cercano Libre, atravesándole el pecho, las rodillas y el cuello. Sangre se roció por todas partes; innumerables agujeros del tamaño de monedas se abrieron en el cuerpo de Libre, y cayó al suelo.

—Maldita… bruja… Tú nun…nunca m-m…

—…

—V…Valga… El resto… depen…de de t…

Estas dos imprecaciones inacabadas fueron las últimas palabras de Libre cuando un rayo de luz le cayó en la cabeza. Y así, el más fuerte de los guerreros demi-humanos cayó muerto, con un gran agujero en medio de su cara.

Cuando le robaron su oportunidad de arreglar las cosas con un oponente tan bueno, Wilhelm no dijo nada. Vio cómo Sphinx colocaba una palma en los restos de Libre.

—Le diré a Valga que moriste honorablemente en batalla. Mi estudio sugiere que ese informe te haría feliz. Ahora, entonces…

—Es-Espera…

Cuando Sphinx comenzó a elevarse, Wilhelm la detuvo, tenía una mirada asesina. Pero la forma en que ella lo miraba le sugería que, para ella, su odio no era más que una suave brisa.

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—No temas, estás a salvo. No tengo intención de hacerte daño. Deseo abandonar este lugar rápidamente y prepararme para lo que viene. Esto requiere preparación.

— ¡No te burles de mí! ¿Me estás… dejando vivir? ¿Por qué? ¡Pelea contra mí…! ¡P-Pelea…mí…!

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Los antes inexpresivos ojos de Sphinx se abrieron de par en par.

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—Me sorprende mucho oírte decir tal cosa, en tu estado actual —. Luego asintió varias veces, observando a Wilhelm con interés—. Claramente eres incapaz de luchar. Sin embargo, buscas combate. No lo comprendo. Tal vez porque mis emociones están incompletas. Veo que tú también requieres observación.

— ¿Observación…?

—Valga, que arde en odio, y Libre, que empuñaba su espada con tristeza, ambos fueron objetos de estudio. Tú, el recipiente de una ira que excede a la muerte, también eres uno… Estoy ansiosa de tener una próxima oportunidad para observarte.

Con eso, Sphinx se dio la vuelta. Wilhelm quería gritarle, detenerla; intentó levantarse, pero sus miembros no se movían. En cambio…

—…Libre.

El cadáver de Libre Fermi, sin luz en sus ojos, se levantó. Libre llevaba ahora la expresión vacía de un guerrero no-muerto, y no prestó atención a Wilhelm mientras seguía a Sphinx que se alejaba. La alta serpiente y la diminuta niña desaparecieron en la distancia, dejando solo a Wilhelm.

—Maldita sea —, gruñó Wilhelm, apretando sus dientes tan fuerte que pensó que podrían romperse y maldecir su inmóvil cuerpo. Tenía los ojos bien abiertos, y yacía acurrucado en un rincón de un campo de batalla abrasado por las llamas de la guerra, manifestando su odio a sí mismo como un hechizo.

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—Pagarás… ¡Pagarás! Haré que te arrepientas de esto… ¡Te arrepentirás de dejarme con vida! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea todo este infiernoooo!

Su última palabra se convirtió en un aullido desgarrador de desesperación, y la derrota personal del Demonio de la Espada enfatizó todo lo que había ocurrido ese día. El arrepentimiento y la ira de Wilhelm ardieron hasta que el ejército real lo encontró, y mucho después. Estaba claro para todos que las llamas no se apagarían hasta que él cortara la cabeza de la bruja.

***

 

 

La batalla de Aihiya Swamp fue la peor derrota desde Castour Field.

El golpe no fue tan unilateral como el de Castour, pero el ejército real había sacrificado casi el doble de hombres, la mayor pérdida de vidas en una sola batalla desde el comienzo de la guerra civil. Todas las tropas reales involucradas, habían sido debilitadas simultáneamente por los efectos del círculo mágico alrededor del campo de batalla, y las bajas se calculaban en más del 60 por ciento.

El peso de esta derrota se sintió profundamente en el cuartel general, y la responsabilidad recaía en los erradicadores de rango medio de los círculos mágicos, en otras palabras, en cualquiera que hubiera anulado la mayoría de círculos mágicos en el campo. Como resultado, Lyp Bariel, vizconde del sur, encontró su nombre manchado como criminal de guerra.

Lyp protestó enérgicamente, demandando un nuevo juicio al cuartel general. No sólo fue sospechoso de la muerte de su predecesor, sino que también de Lord Crumère, su antiguo oficial al mando, que estaba encantado de denunciar sus ataques de violencia e irracionalidad. Al final, fue incapaz de recuperar su honor, y su demanda fue denegada.

El vizconde fue sólo el primero de muchos oficiales que se convirtieron en chivos expiatorios; la mayoría de las unidades del ejército real habían sufrido pérdidas, y las malas noticias continuaron sin piedad. Entre aquellos a quienes la batalla había afectado gravemente se encontraba el Escuadrón Zergev, una unidad conocida por su heroísmo. Sus supervivientes ascendieron a sólo once.

Entre ellos se encontraban Bordeaux Zergev y Grimm Fauzen; Wilhelm Trias pronto se añadió a la lista. Las bajas del Escuadrón Zergev, incluyendo al Vice Capitán Pivot Anansi, ascendieron a sesenta y nueve. Todos y cada uno de ellos se habían convertido en guerreros no-muertos y habían sido eliminados por Bordeaux.

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Más tarde, la historia vería esto como un punto conveniente para marcar el comienzo de la fase final de la guerra civil. Esto cambiaría no sólo el curso de la historia, sino a todos los que participaron en el conflicto.

Bordeaux Zergev estaba ahora firmemente del lado del exterminio demi- humano, movido por su profundo odio hacia la bruja.

Las heridas de Grimm Fauzen le costaron la voz y dejaron a su amante de buen corazón a la deriva en un mar de dolor.

En cuanto a Wilhelm Trias, esa batalla fue el día en que comenzó a preguntarse sobre el camino de la espada y a cuestionar su forma de vida.

Él no podría encontrar la solución a esa pregunta solo. Pero el día que encontrara la respuesta no tardaría en llegar.

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