Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 4: Cuarta Estrofa

Parte 3

 

 

Los gritos y los estruendos de la muerte llegaron a los oídos de Wilhelm desde todas partes del campo de batalla.

Sus rodillas temblaban, y su respiración era pesada; apenas podía mantenerse en pie. Su cabeza pesaba, y sus manos y pies parecían moverse muy lentamente. No importaba cuán codiciosamente tragara el aire, casi no podía conseguir suficiente oxígeno para llenar sus pulmones.

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El mismo fenómeno estaba afectando a Bordeaux y a los demás; presumiblemente, esto estaba ocurriendo en todo el campo de batalla, aunque solo parecía estar afectando al ejército real, las fuerzas humanas.

—Le dije a Valga que aunque él les infligiera diez veces más pérdidas de las que los humanos nos infligen, aun así perderíamos —, siseó Libre, moviendo su espada doble—. Supongo que ésta es su respuesta. Si él les daña cien, doscientas veces más que ustedes a nosotros, cantarán una melodía diferente.

— ¡No seas estúpido! —, bramó Bordeaux, soportando su peso con su hacha de guerra—. ¡Podrías masacrar a todos y cada uno de los soldados de este campo, y aun así no nos rendiríamos ante gente como tú!

Libre frunció el ceño ante el ruido y señaló a los soldados jadeantes con un movimiento de su lengua.

—El orgullo está muy bien, ¿pero no estarás satisfecho hasta que ambos lados sean completamente aniquilados? Por eso odio a los hombres brutos y bárbaros. Es imposible tener una conversación productiva.

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— ¿Estás tratando de sugerir que estás buscando una? —Esta observación vino de Pivot, cuya cara se estaba volviendo lentamente azul. Un sudor frío corría por sus mejillas—. ¿Qué es lo que quieres del resultado de esta batalla?

— ¿Qué más? Paz. No para ser tomado sin piedad, asesinado y pisoteado. Los demi-humanos queremos saber que podremos vivir nuestros días en paz. Es por eso que peleamos.

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—…Eso no es lo que hemos oído de Valga Cromwell.

— ¡Los discursos de ese tonto son demasiado extremos! …Pero él habla así por ustedes, los humanos. Y derramo toda mi simpatía sobre las llamas de su odio. Es una razón más por la que los veremos derrotados y les obligaremos a venir a la mesa de negociaciones.

En un nivel, Libre parecía dispuesto a llegar a un acuerdo entre ambos bandos, pero también deseaba la victoria de los demi-humanos. La serpiente se apartó de la mirada de Pivot y apuntó con su arma a Bordeaux.

—Aborrezco la idea de matar caballeros inmovilizados, pero voy a usarlos a ustedes, héroes, para romper la voluntad de la humanidad. Cuando sepan que el Escuadrón Zergev ha sido destruido, su moral morirá con ustedes.

—… ¡¿Crees…que nos iremos tan fácilmente?! —rugió Bordeaux.

—Les aseguro que me duele hacer esto. Pero yo soy Libre Fermi. ¡Yo encarno la ira de los demi-humanos, y les mostraré a los humanos mis colmillos sin importar mis deseos personales! ¡Bordeaux Zergev, aquí es donde morirás!

El fibroso cuerpo de Libre saltó hacia Bordeaux. Su espada doble giró sobre sí misma en una tormenta mortal y se acercó hacia el enorme humano con la intención de acabar con su vida. Sin querer, todos miraron hacia otro lado.

Fue entonces cuando el golpe del Demonio de la Espada vino por el costado.

— ¡Grrrahhhhhh!

— ¡¿Aún puedes moverte…?!

Consciente de las limitaciones de su cuerpo, el ataque de Wilhelm atravesó el aire con el mínimo movimiento posible. Libre rápidamente lo desvió con su espada gemela, pero el frenético ataque del Demonio de la Espada no podía ser negado. Golpeó con su espada a los pies de la serpiente cuando llegaron a la tierra y a su cabeza cuando lo esquivó retrocediendo, mientras que Wilhelm trató de evadir un golpe dirigido a su estómago. Chispas y el chillido del acero estaban por todas partes; la pareja se enfrascó en una danza asesina.

— ¡Puedes actuar fuerte, pero eres demasiado lento! ¡Demasiado flojo! ¡Demasiado débil! ¡Como estás ahora, no puedes derrotarme!

Wilhelm estaba siendo presionado. Por supuesto. Era un rival contra el que sólo tenía un cincuenta por ciento de posibilidades de ganar en igualdad de condiciones, y ahora tenía que luchar mientras forcejeaba en aguas invisibles. Ni siquiera debería haber sido capaz de dar batalla en este estado; ciertamente no tenía ninguna oportunidad de ganar.

Pero Wilhelm se negó a simplemente tumbarse y morir sin ofrecer resistencia alguna.

—Respeto la lealtad hacia a tu amigo, lanzándote para salvarlo, ¡pero aquí es donde termina! —gritó Libre.

Las palabras encendieron un fuego en el corazón de Wilhelm.

— ¡No me hagas reír! ¡No se trata de lealtad a nadie! —Pero los movimientos de su brazo no seguían los dictados de su ira. La espada doble desvió su arma, continuando con una puñalada en su estómago expuesto. Su sangre se congeló, él estaba seguro de que estaba a punto de ser cortado por la mitad.

Un instante después, sintió un suave impacto y un chorro de sangre caliente.

—Ahh. Santo Dios. Siempre me toca lo peor de la vida.

— ¡Pivot!

Pivot lanzó un grito espantoso, como si vomitara sangre. Entonces Wilhelm lo vio, justo frente a sus ojos, cortado profundamente y cayendo al suelo. Una larga diagonal corría desde su hombro izquierdo a través de su cuerpo.

Él se había lanzado a sí mismo a mitad del camino del ataque de Libre, salvando de esta manera a Wilhelm.

Cuando cayó de espaldas, Pivot gritó con una voz más fuerte de la que nunca habían oído de él.

— ¡…No…dejen que Wilhelm muera!

Re Zero Ex Volumen 2 Capítulo 4 Parte 3 Novela Ligera

 

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El grito inspiró a los otros miembros del escuadrón, que comenzaron a luchar contra sus cuerpos inmóviles para enfrentar a Libre y su espada doble.

Ellos no tenían esperanzas de victoria. Sus entorpecidos movimientos sucumbieron al arma danzante de Libre, y uno por uno derramaron su sangre sobre el campo de batalla.

—…Alto…

Wilhelm había caído de rodillas. Pivot lo había protegido, pero aun así estaba herido. El espadachín vio al Escuadrón Zergev ser eliminado uno por uno delante de sus ojos, y ni siquiera podía pararse.

— ¡ALLLTOOO!

Aulló con toda la emoción que se agitaba en su interior. ¿Era Libre su verdadero objetivo? ¿O le gritaba a sus compañeros, protegiéndolo a costa de sus propias vidas? Él mismo no lo sabía.

Su voz resonó cruelmente mientras la espada doble seguía desmembrando a su escuadrón. La pila de cuerpos creció.

—Todos son buenos hombres —, dijo Libre—. …¿Por qué se ha llegado a esto?

—Maldita sea, como si lo supiera. Pero estoy seguro de una cosa: no dejaremos que maten a Wilhelm. ¡Porque él es la espada del Reino de Lugunica! —Grimm tiró a un lado su propia espada y levantó su escudo, bloqueando los golpes de Libre. Este era el fruto de todo el tiempo que había pasado a la defensiva, y Grimm pudo resistir mucho más tiempo que cualquiera de los otros miembros del escuadrón.

Pero todo era relativo. Si Libre solo había necesitado un ataque para matar a los otros hombres, se necesitaron cinco para llegar a Grimm.

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—Ghhgh…

Grimm no pudo mover su escudo a tiempo, y la espada doble se clavó en su garganta. Los ojos de Grimm se abrieron de par en par ante el golpe crítico; dejó caer su escudo y cayó al suelo. Sangre brotó de la herida, y las extremidades del Defensor del Escudo temblaron impotentemente. Y entonces un golpe despiadado descendió directamente desde lo alto de él…

— ¡Hrraaaaahhh!!

Poseído por una furia asesina, Wilhelm se lanzó contra Libre. La serpiente tardó en responder a este inesperado contraataque, y los dos cayeron al suelo, se enmarañaron y cayeron dentro de un hueco.

A medida que intercambiaban lugares, se golpearon entre sí hasta llegar al fondo de la depresión. Escupiendo sangre y haciendo aullidos como un animal, el Demonio de la Espada y la serpiente rodaron hasta el lugar de su batalla final.

***

 

 

El rayo de luz voló hacia Roswaal casi más veloz de lo que el ojo podía ver. Se movió tan rápido que Carol no pudo hacer ningún movimiento para proteger a su ama; en algún lugar de su interior, ella se resignó a ver a Roswaal explotar. Pero su desesperación se convirtió en asombro.

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—…Vaya, vaya…

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— ¿No te lo dije? Yo soy la que te matará.

Sphinx estaba agarrando su abdomen, que había sido golpeado. Por primera vez, respiraba con dolor. La fuente de la lesión fue Roswaal, que había esquivado el rayo de luz y se adelantó para dar un puñetazo.

Roswaal agitó su pelo índigo, levantando sus manos como si estuviese lista para boxear.

—No todo el mundo se ve afectado por un círculo mágico de la misma manera. Es una diferencia en nuestros ciclos de maná. En pocas palabras, cuanto más hábil seas en hechicería, más susceptible serás a los efectos de un círculo. Esto hace las cosas simples. Cuanto peor hechicero seas, mejor podrás moverte.

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—Había oído que eras una especialista en magia, pero esto…

—Sé más que cualquiera. Sólo que no puedo ponerlo en práctica. Esta generación, Roswaal J. Mathers, es completa y totalmente incapaz de usar magia. Por eso puedo matarte.

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Mientras hablaba, Roswaal sacó un par de guanteletes de metal y se los puso en sus manos. Sus puños se convirtieron en armas de acero; estaba preparada para, literalmente, golpear al monstruo ante ella hasta la muerte.

—Desde mis días más tiernos, fui entrenada en artes de lucha, todo para este momento. Espero que tengas la oportunidad de admirar mi técnica antes de que te acabe.

Roswaal se acercó con intensidad, sus puños atravesaron el aire velozmente. Cualquiera de ellos, de haber aterrizado, habría sido lo suficientemente fuerte como para aplastar una roca, y Sphinx rápidamente se encontró a la defensiva.

Carol tragó, embelesada por la lucha de Roswaal. La forma en que usó sus puños y la forma en que se mantuvo firme, la marcaron inconfundiblemente como una practicante consumada, una genio cuyos talentos naturales habían sido perfeccionados a lo largo de veinte años para forjar a la tremenda boxeadora que Carol veía delante de ella. Roswaal no había estado alardeando ni exagerando cuando dijo que había entrenado desde que era niña. Era un hecho.

Una patada que podría haber partido un árbol grande por la mitad golpeó a Sphinx de lleno, haciendo que su ligero cuerpo volara oblicuamente. Su joven cara se estrelló contra el suelo y, poco después, el golpe de un guantelete intentó pulverizar su cráneo.

—…Esto está más allá de…lo que imaginé. Mi observación fue insuficiente —. En un abrir y cerrar de ojos, Sphinx se levantó del suelo mientras saltaba al espacio. Se limpió el borde de su boca. Quizás tenía alguna herida interna, porque sangre fresca goteaba constantemente por sus labios.

La cara de Roswaal se retorció despectivamente mientras veía a su oponente flotar en el aire.

— ¿Vas a huir?

—También podría dispararte desde aquí arriba, donde no puedes alcanzarme.

—…

Sphinx debió haber visto algo en el ojo reluciente de Roswaal, porque decidió dejar que la cautela prevaleciera.

—Pero dejemos esto. Supongo que tienes un plan preparado para derribarme del cielo.

La joven bruja danzó a través el aire, dejando a Roswaal y a Carol cada vez más abajo.

— ¡Lady Mathers! —, exclamó Carol—. ¡Esa villana, la bruja, se escapa!

—Ya lo veo —, dijo Roswaal, permaneciendo más tranquila que su guardaespaldas—. Pero no sirve de nada perseguirla. Y no la llames “la bruja”—. Ella se quitó los guanteletes. En vez de perseguir al enemigo que huía, pisó el círculo mágico, que brillaba con un exceso de poder mágico.

—Este complicado diseño no se centra en mejorar el efecto de la magia tanto como hacerla más difícil de disipar. Parecen pensar muy bieeen de mí. Y todavía me han subestimado —. Mientras murmuraba, Roswaal se arrodilló al lado del círculo resplandeciente y comenzó a rascar algo en la tierra. Apuntó con un dedo al círculo y cerró un ojo. Su iris amarillo parpadeó extrañamente, y un instante después, el diseño bajo sus pies se rompió con el sonido de un cristal roto.

Cuando la magia desapareció junto con el círculo, su respiración volvió, y sus miembros se aligeraron. El furioso cielo rojo recobró su color normal, haciendo que el mundo se tornara de color crepúsculo. Carol se puso de pie.

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— ¡Puedo moverme…! Espere, Lady Mathers. ¿Cuánto daño sufrimos por este círculo?

—En la batalla, sólo se necesitan cinco segundos para que la marea cambie, por no hablar de diez minutos… ¿Quién puede decir lo que ha pasado?

—Grimm… —Carol pensó inmediatamente en la persona que amaba y susurró su nombre.

A su lado, Roswaal observó cómo el cielo recuperaba su color.

—Pensé que no sería capaz de destruir esa cosa aquí en Aihiya. Así que la batalla final será en otro lugar…

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