Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 3: Tercera Estrofa

Parte 3

 

 

En la silenciosa mañana, Wilhelm abrió sus ojos. Yacía en su cama en su habitación personal en el cuartel.

Normalmente, un soldado ordinario como él no tendría derecho a alojamiento individual, pero él era una excepción; ésta era una de las libertades que le otorgaba el reino a la luz de su asombroso historial en batalla. También había sido una medida desesperada; el Demonio de la Espada no estaba especialmente interesado en premios u honores, dejando al reino con una cierta pérdida en cuanto a cómo compensarle.

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—…

Wilhelm bostezó una vez, y luego se lavó la cara con agua fría. Expulsando los últimos vestigios de sueño, rápidamente se puso su uniforme. No fue hasta que había terminado de vestirse, que se dio cuenta de que hoy era un día libre para él, por lo que no necesitaba ponerse el uniforme.

—…Exceso de trabajo, mi trasero.

Este “día libre” era algo que Bordeaux y Pivot le habían impuesto. Él rara vez tomaba sus días libres, prefiriendo continuar su entrenamiento, y luego, por supuesto, estaban los días en que participaban en alguna batalla. Los comandantes habían alegado que cuando el Demonio de la Espada, uno de los miembros más antiguos del escuadrón, se negaba a descansar, nadie más podía tomarse un descanso.

Con un suspiro de enfado, Wilhelm salió de su habitación aún con su uniforme. Sería muy problemático volverse a cambiar.

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Pensó en dirigirse al campo de entrenamiento, y luego se dio cuenta de que no podía. El objetivo de este día libre era mantenerlo alejado de allí. Pero incluso si se quedaba en su habitación, no había garantía de que el cada vez más molesto Grimm no viniera y lo encontrara.

Así que Wilhelm abandonó el cuartel en medio del frío matutino que aún permanecía en el aire, mientras se dirigía a la ciudad castillo. Devolvió los saludos de los guardias con un breve asentimiento, y luego caminó solo hacia la capital, donde los signos de la presencia humana se habían hecho escasos.

La capital gradualmente se había vuelto menos bulliciosa en los últimos tres años. Eso le venía bien a Wilhelm, pero era una señal de que la guerra civil cada día se profundizaba más. Las batallas estaban ocurriendo en más lugares, y los efectos de las pérdidas del reino se estaban sintiendo más ampliamente. Lugunica estaba entrando en una época oscura.

El dragón que se esperaba que tomara parte en el caso de una epidemia o una invasión de otro país, aparentemente había decidido que era un problema del que Lugunica debía ocuparse por sí misma y se negó a escuchar las súplicas de los gobernantes de la nación.

A medida que la guerra se prolongaba sin señales de que mejore la fortuna, la gente se fatigaba cada vez más.

El área al que había llegado Wilhelm era una de aquellas afectadas por la guerra civil. Al salir de la ciudad campesina en el distrito central de la capital, pudo ver proyectos de desarrollo abandonados. Supuestamente, el trabajo se reanudaría cuando terminara la guerra, pero eso sólo significaba que nadie sabía cuándo.

Ahora el área era el hogar de vagabundos y obreros desempleados; incluso Wilhelm comprendió que era un barrio pobre. Eso era exactamente el por qué lo llamaba cuando estaba solo.

—Piérdanse —, le dijo a un grupo que se había instalado en una de las construcciones abandonadas. Parecían problemáticos, pero reconocieron claramente que Wilhelm sería aún más problemático y se esfumaron. Wilhelm resopló, y luego se dirigió a la plaza que usaba normalmente.

Esta plaza pública ubicada en las zonas más alejadas del distrito pobre era lo suficientemente grande y tranquila como para ser perfecta para su entrenamiento personal. Todo el mundo en el campo de entrenamiento militar no estaba a su nivel, así que en estos días prefería usar este lugar casi exclusivamente.

Wilhelm nunca había necesitado a otros para su práctica. Encontraba la idea de cruzar espadas con el mismo oponente una y otra vez, prácticamente vergonzosa ante una batalla real, donde cualquier pelea se resolvería sólo una vez.

Por lo tanto, para Wilhelm, el entrenamiento con la espada era una batalla contra sí mismo. Esto no era un código para el sacrificio, sino una lucha literal hasta la muerte con su propio yo. Fue en este tipo de entrenamiento que el Demonio de la Espada, Wilhelm, encontraba el mayor grado de paz.

—Oh, lo siento.

Alguien se dirigió a él de repente cuando pasaba por las obras abandonadas y llegó a la plaza. Se suponía que este era el momento en que él se estaba asentando en su propio mundo, perdiéndose en la espada. Tener una presencia extraña allí interrumpió el proceso. Wilhelm chasqueó su lengua con pesar y se volvió molesto hacia la fuente de la voz.

Su mirada se topó con una chica de un largo pelo rojo, su perfil era lo suficientemente bello como para enviar escalofríos a su columna vertebral.

Re Zero Ex Volumen 2 Capítulo 3 Parte 3 Novela Ligera

 

Su cabello parecía llamas encendidas, y sus ojos eran del color de un cielo despejado. Sus rasgos limpios le daban dulzura y gracia; Wilhelm dudaba de que fuera humana.

Pero un instante más tarde, sólo era una chica de pueblo con una belleza notable, aunque no impresionante.

Ella le miraba sentada desde en uno de los edificios abandonados en una esquina de la plaza.

—No sabía que alguien más venía aquí tan temprano en la mañana —, dijo ella con una sonrisa.

La respuesta de Wilhelm fue simple, él inmediatamente dirigió toda la fuerza de su mirada de guerrero hacia ella. Era lo mismo que había hecho antes para ahuyentar a los vagabundos. Eso enviaría a un amateur corriendo a las colinas y era suficiente para que incluso un oponente experimentado se detuviera.

Pero fue un mal movimiento en contra de esta chica.

— ¿Qué pasa…? Estás poniendo una cara atemorizante —, preguntó, como si toda la fuerza de su espíritu no fuera más que una brisa pasajera.

Wilhelm se dio cuenta de que su intento de alejar a la chica no había funcionado, y miró torpemente hacia otro lado. Si el despliegue de su espíritu como soldado no la afectaba, eso significaba que ella estaba para nada familiarizada con las artes de la guerra, por lo que ni siquiera sentía lo que él estaba haciendo.

Para aquellos que nunca vivieron en el mundo de la violencia, el comportamiento de Wilhelm parecería nada más que intimidación. Algunos podrían incluso tomarlo como una simple mirada de enojo. Esta chica, al parecer, era una de esas personas.

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—De todos modos, ¿qué hace una chica tan temprano por la mañana en un lugar como este? —preguntó Wilhelm.

Con esto, quiso que entendiera que ella estaba en su camino, pero ella sólo contestó:

—Hmm —, e hizo un gran estiramiento—. Me gustaría hacerte la misma pregunta, pero tal vez no sería muy educado. No parece que te gusten mucho las bromas.

—Hay mucha gente peligrosa por aquí. No es un lugar donde una mujer debería estar caminando sola.

—Dios mío, ¿estás preocupado por mí?

—Yo podría ser una de esas personas peligrosas.

—No lo eres. Conozco ese uniforme, eres uno de los soldados del castillo, ¿no? No harás nada malo.

Esto fue lo que obtuvo por ponerse el uniforme sin pensar y no molestarse en cambiarse antes de salir. Su estrategia habitual no estaba funcionando. Viendo que él estaba desorientado, la chica se rio.

—Para ser honesta, estoy un poco sorprendida. Pensé que este era mi lugar privado. Es bonito, ¿verdad? Tienes que caminar más, pero puedes estar solo.

—Hasta que alguien aparece y te molesta.

—Supongo que cada uno molesta al otro, así que está bien. ¿Escapando del deber, Sr. Soldado Malo?

—Estoy seguro de que no —, dijo Wilhelm.

—Por supuesto que no. Guardaré tu secreto —, dijo la chica, ignorando su excusa—. Oh, es cierto —. Ella señaló algo al otro lado de donde estaba sentada, en el edificio abandonado—. Mira aquí.

Wilhelm frunció el ceño, incapaz de ver nada desde donde estaba. Esto hizo que la chica sonriera y lo llamara con un gesto como si fuera un animal pequeño.

—No estoy tan ansioso por verlo —, él gruñó.

—Vale, vale, sólo ven aquí.

Sonaba como si estuviera hablando con un niño, por lo que Wilhelm hizo una mueca, pero él debidamente se acercó a ella. Subió a los escalones del edificio abandonado y miró hacia donde ella estaba señalando.

Tomó aliento. Un campo de flores amarillas se extendía ante él, iluminado por el resplandor del sol de la mañana.

Ella

Ella habló a Wilhelm como si estuviera confesando un secreto.

—Dejaron de trabajar aquí, ¿verdad? No pensé que vendría nadie más, así que planté algunas semillas. Volví hoy para ver cómo iban las cosas.

No fue el aprecio por las hermosas flores lo que causó que la vista inesperada dejara mudo al chico, sino que simplemente no podía creer su propia falta de atención. Había estado aquí tantas veces, pero no se había dado cuenta de esta característica única. Era un mundo que podría haber notado, si tan sólo se hubiera estirado, ampliado un poco su perspectiva…

— ¿Te gustan las flores? —, le preguntó la chica al aún silencioso Wilhelm.

Él se volvió para evaluar su amable sonrisa, diciendo…

—No. No las soporto.

Y vio como la felicidad se despojaba por completo de su rostro.

***

 

 

—Parece que te mantienes ocupado en tus días libres, Wilhelm. Nunca estás en tu habitación cuando paso por ahí. ¿Lejos matando personas en alguna parte?

—No estoy ocupado… Y tampoco estoy matando personas.

—Claro. Te ves tan infeliz que creo que estás diciendo la verdad. Suena como si estuvieras teniendo unos días libres agradables y tranquilos —, bromeó Grimm con facilidad, usando su uniforme de soldado mientras bajaba del carruaje dragón. Wilhelm levantó su nariz en un intento de hacer aparente su molestia, pero Grimm apenas se dio cuenta, y aun así sonrió. De alguna manera eso irritó aún más a Wilhelm.

Las filas del Escuadrón Zergev habían crecido, pero Wilhelm era tratado con tanto temor como siempre. Sin embargo, Bordeaux y Grimm lo conocían desde hacía tanto tiempo que estos episodios de charla personal eran cada vez más frecuentes.

Silencioso, Wilhelm pensó en los “días libres” que Grimm había mencionado. Habían pasado varias semanas desde que Bordeaux y Pivot le habían impuesto unas vacaciones y había encontrado a la chica por primera vez. Todavía no sabía su nombre, pensaba en ella como la Chica de las Flores, pero se habían encontrado varias veces más desde ese día.

Wilhelm se sorprendió al ver que, aunque él no iba a la plaza sin seguir ningún tipo de horario regular, cada vez que iba allí, la chica estaría sentada frente a sus flores como si fuera la cosa más natural del mundo. Ella continuaría sentada allí, mirando sin hacer nada mientras Wilhelm practicaba con su espada. Era frustrante tenerla mirándolo fijamente, pero mucho mejor que si ella lo expulsara.

Cuando ella le preguntó por primera vez lo que pensaba de su jardín de flores, y él le había dado una cruel respuesta, ella lo había expulsado con suficiente ira como para rivalizar con una tormenta. Incluso ahora, Wilhelm no podía creer que había perdido ese encuentro.

Pero había algo que encontró aún más desconcertante. Cada vez que terminaba su práctica, ella le preguntaba con una sonrisa:

— ¿Te gustan las flores?

Ella sabía que la respuesta no cambiaría, pero siempre la hacía de todas formas.

—No. No las soporto —, él respondía con una mirada de completo disgusto. Eso prácticamente se había convertido en un ritual.

— ¡Muy bien, nos dirigimos al sur! ¡Ahí es donde la batalla es más intensa ahora mismo! Libre Fermi y Valga Cromwell están allí. Es la oportunidad perfecta para que logremos grandes avances.

Este grito entusiasta lo trajo de vuelta de sus pensamientos.

Al frente estaba Bordeaux, con un hacha de guerra levantada, levantando la moral de sus tropas como un verdadero comandante. A medida que aumentaba el tamaño de su unidad, se había vuelto cada vez menos capaz de hacer las cosas por instinto como lo hacía antes, pero esto también reveló en él un talento inesperado para el liderazgo. El Escuadrón Zergev se había vuelto más y más efectivo en la batalla.

Por otra parte, más triunfos significaban más ansiedad para el vicecomandante Pivot.

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—Sin embargo, nuestro papel hoy no es atacar el campamento enemigo principal. Seremos una unidad flotante que vigilará la situación y se desplazará para ayudar cuando sea necesario. Tengan cuidado de no emocionarse demasiado y terminar actuando solos en alguna parte.

El campo de batalla esta vez iba a ser Aihiya Swamp (NT: Pantano Aihiya) al sur de Lugunica. La guerra civil se había apoderado de todo el reino, pero se decía que la resistencia demi-humana era más fuerte en el sur. Se había informado que los líderes de la Alianza Demi-humana habían ido allí para apoyar el esfuerzo de resistencia, por lo que las fuerzas del reino concibieron una estrategia a gran escala, una de la que el Escuadrón Zergev iba a formar parte.

—Tenemos una gran fuerza de ataque —, dijo Grimm—. Tal vez finalmente podamos terminar esta guerra…

—Siempre optimista, ¿no? —dijo Wilhelm despectivamente—. Creo que enviar una gran fuerza cuando sabemos que los líderes enemigos están ahí es pedir problemas.

Grimm parecía algo molesto, pero pronto comprendió lo que Wilhelm estaba diciendo. Se rascó la parte trasera de su propia cabeza.

— ¿Estás… pensando en Castour Field?

—Valga Cromwell también estuvo allí ese día. Y dada la presencia de los círculos mágicos, asumo que la bruja también lo estaba. Ellos nos están esperando, y vamos a lanzarles más hombres aquí que en Castour. ¿Qué crees que va a pasar?

Grimm tragó, y pensó que hablaba muy fuerte. Ninguno de los soldados que les rodeaban parecía ansioso mientras esperaban la orden de salir. Tal vez tenían razón en mantener su confianza, su lujuria por la batalla.

Pero si ellos murieran en vano, sería… bueno, sin sentido.

—Tengo que asumir que nuestros comandantes al menos han pensado en esa posibilidad —, dijo Wilhelm.

— ¿Qué…?

—Ciertamente eso creeeo. Tu cara ahora mismo, Grimm, era una obra de aaarte.

Una voz familiar contestó la estúpida media pregunta de Grimm. Los dos hombres se volvieron y vieron a Roswaal, una mujer cuya disposición alegre nunca cambiaba, ni siquiera en el campo de batalla. Lanzó hacia atrás la capa que llevaba sobre su uniforme militar y se estiró como para lucir su proporcionado pecho.

—Los VIPs están tan seguros como tú de que Sphinx probablemente está operando aquí. Hemos tomado tantos de ellos con la espada, como ellos de los nuestros con la magia. Creemos que tarde o temprano tendrán que llegar a su límite.

—S-siempre parece tan tranquila, Lady Mathers —, dijo Grimm.

—Oh, me estás haciendo sonrojar. Y si yo estoy aquí, signifiiica que también lo está tu princesita.

Ella le hizo a él una sonrisa significativa. La guardaespaldas de Roswaal, Carol, vino caminando detrás de ella. Como siempre, llevaba una armadura de caballero y una espada en su cadera, ninguna de las cuales la favorecía como mujer. Su pelo dorado sólo había crecido un poco en los últimos tres años. Pero hubo algunos cambios notables en ella y en el sonriente Grimm.

—Grimm —, dijo Carol—, me alegro de haber tenido la oportunidad de hablar contigo antes de que empiece la batalla. Me preocupaba que Lady Roswaal se viera amenazada si la lucha se intensificaba…

— ¡Y-yoo también me alegro! — Grimm contestó—. Contigo detrás de mí, uh… ¡claro! ¡Sé que no tendré que preocuparme de que el enemigo me ataque por la espalda!

—Soy más fuerte que tú, sabes. No me gusta la gente que me menosprecia…

— ¡Yo… yo… yo… yo n-n-no quería decir…!

—Estoy bromeando. Que te alegres me hace sentir feliz.

Grimm y Carol se perdieron poco a poco en su propio mundo, ignorando por completo a los otros dos. Cuando se cansó de verlos, Roswaal tocó a Wilhelm con su codo.

— ¿Cómo te sientes? ¿Cóóómo te sientes ahora? Tu amigo sintiéndose a gusto con una chica, un amor forjado en el calor de la batalla…

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—Creo que es estúpido. Y no actúes como si él y yo fuéramos tan unidos. No necesito amigos.

—Ya veo. Qué pensamiento tan solitario. ¿Interesado en coquetear conmigo, entonces?

—Te cortaré por la mitad.

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Prácticamente antes de que Wilhelm terminara de hablar, Roswaal había dado un gran paso atrás a una distancia segura.

Ellos estaban esperando para ir a la batalla, pero Wilhelm ni siquiera pudo conseguir que lo dejaran sólo el tiempo suficiente para que se concentrara y se preparara. Ni siquiera se las arregló para suspirar cuando Carol le dio a Grimm algún tipo de amuleto protector.

—En cualquier caso, preocupémonos por Sphinx —, dijo Roswaal—. Tú sólo diviértete cortando en pedazos a todos los tipos malos que puedas ver.

—Ese es mi plan. Trata de no arruinar tu parte.

—Aww, ¿estás preocupaaado por mí?

—Me preocupa que te interpongas en mi camino.

Roswaal parecía que podría hacer pucheros por la fría respuesta, pero Wilhelm sacudió la vaina de su espada y la obligó a escabullirse hacia atrás.

En una pausa de la conversación, una voz dijo:

— ¿Está aquí Lady Mathers? El comandante quiere hablar con ella.

— ¡C-comandante! La, uh, la dama está por allí, señor.

El muro de soldados se abrió, y se pudo ver la forma corpulenta de Bordeaux. Grimm rápidamente suspendió todo lo que le estaba diciendo a Carol y señaló a Roswaal, quien saludó afablemente. Bordeaux asintió.

— ¡Lord Lyp, señor! —, exclamó el capitán—. ¡Lady Mathers está aquí! ¡Si viene por aquí, señor!

Un hombre que sonaba sombrío contestó.

—…No tienes que gritar, te oigo. Si insistes en decir todo a pleno pulmón, la gente pensará que no tienes otros talentos —. El recién llegado era un caballero de unos treinta años, aunque parecía demacrado.

El caballero se paró ante Roswaal e hizo una fluida reverencia. —Lyp Bariel, a su servicio. Vizconde del sur y comandante de la línea de batalla en esta ocasión.

— ¿Oh? Por lo que había oído, Lord Crumère iba a comandar.

—Lord Crumère fue alcanzado por una flecha perdida en una batalla reciente. La herida se infectó, y murió. Me disculpo por no haber podido notificarle antes. Ahora soy comandante por virtud de mi rango y mis logros militares.

Su voz era plana, y no había ningún cambio en su expresión. Pero algo en su voz indicaba que había más bajo la superficie.

Lyp Bariel era el superior de su superior, pero a Wilhelm no le gustaba la sensación que recibía de él. Wilhelm apartó la vista de Lyp y miró hacia las líneas enemigas.

—Tú, soldado, enderézate.

—… ¿Quién, yo? —preguntó Wilhelm.

—No lo diré de nuevo —. Lyp se acercó a Wilhelm y comenzó a sacudir su puño en el rostro de Wilhelm. En el instante en él que hizo el gesto, Wilhelm comenzó a alcanzar su espada, pero se detuvo.

Al mismo tiempo, sintió un impacto en su mejilla; la parte superior de su cuerpo giró por la fuerza.

—Es su deber estar atento y prestar atención cuando su comandante está presente, por no hablar de un general. Tal vez todos los elogios que esta unidad ha recibido se te hayan subido a la cabeza, pero no recibirás ningún trato especial de mi parte. No me importa si eres el mismísimo Demonio de la Espada.

—…

—Tienes una mirada rebelde en tus ojos, chico. Será mejor que imponga un poco de disciplina antes de que comience la batalla.

Wilhelm escupió la sangre que se había acumulado en su boca y miró con ira a Lyp, quien sólo sonrió sádicamente.

Eso significaba más castigos corporales, y como la persona de más alto rango allí, nadie podría detenerlo.

— ¿No crees que eso es suficiente? No es momento de jugaaar con los niños.

Nadie excepto Roswaal J. Mathers, que estaba fuera del sistema de rangos y reglas militares.

Roswaal sonrió a Lyp, empujando suavemente su puño hacia abajo, el cual había levantado para golpearlo de nuevo. Lyp hizo un resoplido silencioso, alejándose de Wilhelm.

—Bordeaux, enseñe a sus hombres un poco de respeto, o tendré que desquitarme con usted. El frente sur no es un patio de juegos para niños.

—…Sí, señor. Mis disculpas, señor.

— ¡Lady Mathers! Deseo consultar con usted antes de que empiece la batalla. ¿Podría venir conmigo?

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Después de haber reprendido a Bordeaux, Lyp pareció perder interés en la unidad. Roswaal respondió a su llamada con una obediente

—Voy —. Carol no paraba de lanzar miradas de preocupación por encima de su hombro mientras se iban.

Cuando Lyp desapareció de la vista, los soldados se relajaron.

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— ¿E-estás bien, Wilhelm? —preguntó Grimm, acercándose y examinando la mejilla de Wilhelm donde había sido golpeado.

—No es gran cosa. Él solamente me golpeo. No te preocupes tanto.

—No me preocupa que te pegue. Me sorprende que no le cortaras la cabeza cuando lo hizo. ¿Te encuentras bien? Tal vez deberías tomarte el día libre hoy… ¡Cielos! ¡Lo siento! —El tono despreocupado de Grimm cambió rápidamente cuando encontró la espada de Wilhelm en su cuello.

Mientras Wilhelm envainaba su espada, Bordeaux asintió con una mirada de lástima.

—Lo siento por eso, Wilhelm. Sólo tuviste mala suerte.

—No se apiñen todos. Se los sigo diciendo, no es gran cosa —. Wilhelm hizo un gesto con una mano para alejar a sus compañeros que se abalanzaban sobre él, mientras se limpiaba vigorosamente con su manga el moretón de la mejilla.

— ¿Estamos seguros de que ese tipo debería guiarnos? —, dijo Grimm—. Es como la pesadilla de un soldado acerca de un mal comandante.

—Lo creas o no, Lyp Bariel en realidad tiene una buena cantidad de éxitos militares a su nombre —, contestó Bordeaux—. Puede que no sea el tipo más fácil con el que llevarse bien, pero… Bueno, ¿quién no quiere seguir a un ganador?

Grimm parecía dudoso sobre esto, y Wilhelm decidió que su juicio inicial sobre Lyp había sido correcto. La forma en que se había movido el comandante cuando golpeó a Wilhelm, mostraba claramente que se trataba de un poderoso hombre de guerra. Tenía la fuerza distintiva de alguien que se había entrenado exhaustivamente, complementado con su repetida supervivencia en el campo de batalla.

Podría rivalizar con Bordeaux en una pelea cuerpo a cuerpo mientras que a Grimm lo aplastaría, sin duda.

—Hay un sinfín de rumores desagradables sobre él —, decía Bordeaux—, y no dudará en luchar sucio. Pero no hay duda de que es un comandante capaz. Tanto es así que le dieron el mando del primero de los cuatro ejércitos formados por la reciente reorganización. ¡Así que relájate! Estás en buenas manos —. Luego de decir esto, lanzó una gran carcajada, volviendo a su humor habitual.

—S-sí, señor —, dijo Grimm, y luego murmuró—, mejor le pido a Carol que este amuleto que me dio me dé más suerte… —, con el amuleto del que hablaba en su mano, murmuró una plegaria.

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Una mirada mostró que Carol le había dado un colgante, un relicario con algo dentro.

—Un regalo de una chica, ¿eh? Me has impresionado, niño. ¿Qué hay dentro?

—Um, entiendo que Carol lo heredó de quien sea la persona a la que está sirviendo. Dentro hay… una flor, ¿creo? Una flor prensada. Es tan amarilla y elegante, que parece que a ella le quedaría bien…

Grimm se puso sentimental mientras mostraba el relicario a Bordeaux. Al hacerlo, Wilhelm se sorprendió al ver la flor que había dentro.

Era, sin duda alguna, la misma flor amarilla como las que eran atendidas por la chica del barrio pobre.

—Estamos a punto de entrar en combate, aquí. ¿Qué le pasa a todo el mundo…?

Su concentración se arruinó. ¿Estaban tratando específicamente de despistarlo? Calmó su rabia explosiva y trató una vez más de recuperarse, cuando…

—Escuadrón Zergev, fórmense. Vamos a reunirnos con los otros escuadrones para discutir la posición, así que… ¿Algo va mal, Wilhelm?

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— ¡Nada en absoluto!

Para colmo, Pivot apareció, forzándolo a posponer sus meditaciones una vez más.

—Maldita sea —, murmuró—. ¡Si esto sale mal, no me culpen…!

Arrastrado por el flujo de soldados marchando, Wilhelm miró al cielo con desagrado. La noche estaba terminando; pronto llegaría el amanecer. La operación comenzaría a primera hora de la mañana, apenas dentro de unas pocas horas. Wilhelm siempre se esforzaba por ser uno con su espada y no dejar que las cosas innecesarias interfieran. Pero ahora estaba caminando hacia las fauces del combate sin su concentración.

Muchos destinos se decidirían en Aihiya Swamp. La batalla se cernía sobre todos ellos mientras marchaban.

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