Re:Zero Ex (NL)

Volumen 2: La Canción de Amor del Demonio de la Espada

Capítulo 1: Primera Estrofa

Parte 4

 

 

A pesar de los acontecimientos de la noche anterior, cuando llegó la mañana, Grimm volvió a sus deberes con una fachada exterior de calma. Este era, tal vez, un desafortunado talento suyo, siendo perfectamente capaz de mirar a Wilhelm a los ojos durante las tareas y el entrenamiento. Su comportamiento no había cambiado. Wilhelm, por su parte, también actuó como si se hubiera olvidado de todo lo ocurrido la noche anterior, molestando al escuadrón al mantenerse ajeno como siempre.

Por lo tanto, el escuadrón fue el hogar de dos bombas armadas, una visible y otra invisible.

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Y la prueba de que no eran inútiles llegó con un choque repentino y mayor con los demi-humanos. El escuadrón de Grimm fue arrojado dentro, junto con el resto del ejército real.

La mecha de este momento decisivo se encendió al ponerse el sol. Cuando la batalla comenzó en la llanura, el ejército real parecía tener la ventaja.

Aprovecharon su superioridad numérica para aplastar a las fuerzas de coalición de los demi-humanos y hacer retroceder el frente.

Grimm y los demás, asignados a la punta de la lanza, fueron empujados por la alegría de sus aliados por su éxito y siguieron adelante, matando a un demi- humano tras otro.

—No sé cuál fue el problema la última vez —, dijo Tholter vertiginosamente, disparando a un enemigo con su flecha y luego sacando otra—. ¡Pero esto es fácil!

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Grimm escuchó a Tholter a su espalda. Él mantuvo su espada y su escudo levantados, llevados por el impulso del ataque.

La moral era alta. El enemigo en retirada apenas podía resistirse. El ejército real tenía todas las ventajas, pero Grimm no podía moverse como deseaba.

—Maldita sea… ¿Entonces por qué estoy aquí…? —En un pequeño susurro, Grimm maldijo la debilidad de su propio espíritu. Su única salvación era el éxito de sus amigos; él mismo aún tenía que matar a un enemigo. Solamente usaba su escudo, defendiéndose desesperadamente de los ataques. Cierto, esto le hacía bien a sus fuerzas, pero eso era un frío consuelo para él.

— ¡¿Q-qué demonios?!

Gritos de asombro venían de las filas, mientras que todos buscaban ver qué estaba pasando.

Alguien corría a través el campo de batalla, cortando cabezas demi-humanas tan rápido como el viento. Era como una explosión de sangre y extremidades, resonando con los sonidos del acero cortando la carne y los gritos agonizantes.

— ¡Ruuuuahhhhhh! —La causa de todo esto era la oscura figura de un chico que volaba a través del campo como una flecha. Saltaba a las filas enemigas, con su postura baja, mientras que su espada trabajaba incansablemente, apuñalando y cortando a los demi-humanos, convirtiéndolos en una pila cada vez mayor de cadáveres sin vida. Amigos y enemigos lo miraban con asombro.

—Wilhelm…

El líder del escuadrón no les ordenó avanzar detrás de ese imperturbable asesino, como debería haber hecho cuando el ímpetu estaba de su lado. Él, como todos los demás, temía que cualquiera que se acercara demasiado a Wilhelm fuera cortado en pedazos, enemigo o no.

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Mientras los demás se quedaban paralizados ante el espectáculo de Wilhelm, Tholter dio un emocionado grito.

— ¡Comandante! Los hemos aplastado aquí, ¡vamos a movernos! —eso trajo al líder del escuadrón de vuelta a sí mismo, y ordenó a todos que avanzaran por la brecha que Wilhelm había abierto.

Tholter podía ser escuchado riendo salvajemente.

—Puede que no alcancemos a Wilhelm, ¡pero podemos hacer nuestra parte!

Pero su clara ventaja no logró excitar a Grimm. Sólo sintió un escalofrío corriendo por su espalda.

— ¿No te parece que algo anda mal? —, preguntó Grimm.

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— ¿Huh? ¿Cómo puede andar mal? ¡Estamos pateando traseros!

— ¡Piensa en cómo nos diezmaron la última vez! ¿Por qué es tan fácil ahora?

—Tal vez hemos aprendido cómo manejarlos. O tal vez nuestro comandante la última vez no sabía reconocer una estrategia de un agujero en el suelo. Pero eso los mató, y ahora tenemos a alguien que sabe más —. Tholter acompañó esta falta de respeto casual con una continua lluvia de flechas. Grimm, que aún tenía a la mano su escudo, miró a lo lejos por el rabillo del ojo. Todavía no podía librarse de la ansiedad.

Un momento más tarde, una ovación se elevó frente a él cuando Wilhelm cortó a un demi-humano especialmente grande. Otro comandante, tal vez. Otra distinción.

— ¡Bien hecho, Wilhelm! —aunque todo el mundo seguía manteniendo su distancia, Tholter vitoreaba con su habitual entusiasmo. Wilhelm, cubierto de la sangre de sus enemigos, no reaccionó a esta aclamación, pero de repente levantó la vista y dijo, —…Algo apesta.

—Bueno, sí. ¡Estás empapado de sangre!

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—Eso no es de lo que estoy hablando. Líder de escuadrón, tengo un mal presentimiento sobre esto. Ellos están planeando algo…

Se había dado la vuelta, a punto de dar su consejo, cuando la tierra tembló. Era tan poderoso que hizo que la visión de Grimm se nublara; perdió el equilibrio y se cayó. Varios de los otros soldados también se desplomaron. Sólo Wilhelm y algunos otros permanecieron de pie.

— ¿Qué…? ¿Qué acaba de…?

Nunca llegaron a suceder. Un segundo después del impacto, un viento caliente se precipitó sobre Grimm y los demás, levantando un polvo que entró en sus ojos y bocas; mientras tosían y ahogaban, trataron de pararse, sólo para ser recibidos por un coro de agitados gritos.

— ¡Retrocedan! ¡Retrocedan! ¡Retrocedaaaaan! ¡Es una trampa! ¡Emboscada demi-humana! ¡Tienen círculos mágicos en el suelo! ¡Vamos a ser destruidos!

— ¡Valga está aquí! ¡Valga Cromwell! Tráiganme su… ¡No, retrocedan!

— ¡Fuego! ¡Se acerca fuego enemigo! ¡Mis… mis pies! No, ¡espérenme!

Los horribles gritos vinieron de todas partes a la vez. Los soldados, cegados por el polvo y ahora en pánico, empezaron a empujarse unos a otros en la lucha para retirarse. En medio de esa situación caótica, Grimm se encontró en peligro de ser pisoteado.

— ¡Grimm!

Tholter le agarró del brazo, poniéndole a salvo en el momento justo. Pero el caos estaba empeorando por momentos. El ambiente de victoria se hizo añicos.

— ¡¿Una…una trampa?! ¿Cómo podemos estar rodeados? ¡¿Cuándo pasó eso?!

— ¡No puedo ver nada! ¡Maldita sea! ¡Líder de escuadrón! ¡¿Qué hacemos?!

En lugar de la cacofonía, los oídos de Grimm recogieron las palabras más peligrosas, y sus dientes castañeaban mientras su terror se construía. Tholter también parecía sombrío, mientras se volvían hacia su líder en busca de sus siguientes instrucciones.

El aterrorizado jefe de escuadrón respondió a la pregunta de Tholter con un grito tembloroso.

— ¡Re-retirada! ¡Retrocedamos, y juntémonos con las otras unidades…!

— ¡No! —gritó Wilhelm—. ¡No! ¡Avancen!

—¡¿…?!

Wilhelm rechinó los dientes y le rugió al líder del escuadrón, así como a todos sus subordinados que intentaban retirarse. Levantó su espada empapada de sangre y la apuntó a lo que había sido la vanguardia un momento antes.

—¡Retirarse es exactamente lo que el enemigo quiere que hagamos! ¡¿Por qué no puedes ver eso?! ¡Nuestra única esperanza es seguir adelante!

— ¡¿Estás loco?! Si todo lo que quieres es matar al enemigo, ¡entonces cállate y déjanos fuera de esto!

— ¡El enemigo nos tendió una trampa usando círculos mágicos! ¡Sólo fingieron retroceder para poder separar y destruir nuestro ejército! ¡Obviamente darían por hecho que un enemigo enloquecido por el miedo y emboscado se retiraría!

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El líder del escuadrón cerró la boca al no haber previsto una respuesta tan meditada. Wilhelm se acercó más al mudo comandante, con su ensangrentada cara tan retorcida como la de un demonio.

— ¡Adelante! —, aulló—. ¡La única salida es pasar a través! ¡Retrocedan, y estarán rodeados y morirán! ¡Tenemos que abrirnos paso antes de que la red se haga más estrecha, es nuestra única esperanza!

Pero el jefe de escuadrón se tambaleó y exclamó:

— ¡Eso… eso es imposible! ¡Retirada! ¡No hay salvación adelante! ¡Marchar solos hacia el territorio enemigo es un suicidio!

Wilhelm se mordió el labio con fiereza y, con la sangre saliendo del borde de su boca, le dio la espalda al comandante de escuadrón y comenzó a alejarse a grandes pasos mientras preparaba su espada.

— ¡Detente, Wilhelm! ¡No puedes simplemente…!

Pero Wilhelm no estaba escuchando.

—Si quieres correr, entonces corre. Corre y corre, y cuando termines con eso, muérete. En cuanto a mí, voy a luchar. Lucharé y lucharé, y cuando termine, voy a vivir. Cobardes insoportables.

Esta diatriba dejó a toda la unidad sin palabras salvo por Grimm, quien era el único que no lo escuchaba por primera vez.

— ¡Wilhelm!

El chico no se detuvo ante el sonido de su nombre, sino que se lanzó hacia delante. Se dirigía sólo al combate contra el enemigo, desafiando las órdenes del líder del escuadrón. Una elección inexcusable, seguramente.

Tan pronto Grimm se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, exigió a sus pies temblorosos que se movieran, que dieran un paso tras otro, y corrió tras Wilhelm.

— ¡Grimm! ¡¿Tú también?!

— ¡Lo estoy trayendo de vuelta! ¡Voy a traer a Wilhelm de vuelta! ¡Todavía no puede morir! ¡Este ejército todavía lo necesita!

Sus pies se hundieron en la tierra mientras que su cuerpo comenzaba a sentirse pesado mientras luchaba por mantenerse erguido y avanzar. Una mano se extendió para detenerlo, pero las yemas de los dedos solo le rozaron y se quedaron cortas.

— ¡Grimm! ¡No te mueras! ¡Maldito idiota! —la sentencia de Tholter también fue un estímulo audaz.

— ¿Crees que moriría? ¡Sólo soy un cobarde! —incluso Grimm apenas entendía lo que esto significaba, pero el grito de su amigo le dio fuerza. Una cálida emoción llenó su corazón mientras continuaba la persecución.

—…

Respirando dificultosamente, con polvo en los ojos y pisando los cuerpos de sus camaradas caídos, Grimm comenzó a arrepentirse de su decisión, como siempre lo hacía. Tanto si hubiera corrido detrás de Wilhelm como si no, estaba seguro de que se habría arrepentido de su elección. Pero ahora, por una vez, lo dejó a un lado y siguió corriendo.

Mientras levantaba el escudo, cayó en la cuenta de que había perdido su espada en alguna parte. Lo más probable es que hubiera sido cuando cayó después del primer impacto. No importaba. ¿Quién necesitaba una espada cuando el chico que tenía delante era diez veces más espadachín de lo que él alguna vez sería?

Un géiser de sangre fresca, un traqueteo de muerte. Grimm había perdido de vista a Wilhelm, pero sería fácil de encontrar, sólo tenía que seguir los ruidos de la batalla. Grimm subió una colina, saltó sobre una grieta en la tierra y zigzagueó alrededor de cadáveres que ni siquiera podía identificar como amigos o enemigos. Finalmente, tragando fuerte, vio un tenue resplandor.

Delante de él, unas líneas brillantes formaban un patrón geométrico, haciendo que el suelo emitiera un brillo apagado.

— ¿Así es como se ve un círculo mágico…?— A Grimm no le gustaban las artes místicas, ni estaba familiarizado con el resplandor del maná.

Incluso en la capital, los dispositivos mágicos como las luces de cristal no eran universales, y raramente había personas con talento para tales técnicas. Los demi-humanos como raza tenían una inclinación más mágica que la humanidad, y uno de los resultados de esa disparidad fue la trampa en la que los humanos habían caído en esta batalla, o de todos modos, así lo sugerían los trozos y fragmentos que había oído.

Al ver el tenue resplandor del círculo mágico, Grimm experimentó una ola del mayor miedo que había sentido hasta entonces.

— Err…Gh… ¿Qué…? ¿Qué es este sentimiento? ¡Lo odio! ¡Vete de aquí! ¡Vete de aquí! —exclamó, mientras se frotaba vigorosamente la parte de atrás de su propia cabeza, esperando expulsar el terror. Este era un hábito que había desarrollado desde que su primera batalla le había enseñado a temer. Pero también odiaba hacer eso, por lo que comenzó a patear el círculo mágico en un intento de borrar parte de él.

Casi inmediatamente, el resplandor se desvaneció hasta que la forma era sólo un garabato en el suelo.

— ¿Huh? ¿Es todo lo que hace falta…?

— Hey, Grimm.

Él volteó, con el corazón en la garganta, para hacer frente a la voz que provenía de atrás suyo. Wilhelm estaba parado allí, cubierto de una nueva capa de sangre. Miró a Grimm de arriba abajo y su boca se torció haciendo una mueca.

— ¿Qué haces aquí? —, preguntó—. Pensé que el escuadrón se dirigía a la retaguardia.

— ¡T-tú simplemente te fuiste por tu cuenta, y vine a detenerte! ¡Vamos, volvamos! No podemos quedarnos aquí solos, no importa lo bueno que seas…

—No necesito que te preocupes por mí… pero tienes la fuerza para sobrevivir. Como sólo un cobarde la tiene.

Era la misma acusación que le había hecho esa noche. Grimm descubrió que no podía decir nada. Wilhelm, sin embargo, miró los pies del otro chico con una expresión desconcertada.

— Grimm, ¿qué le pasó a este círculo mágico?

—…Estaba brillando y me dio un mal presentimiento, por lo que lo pateé hasta que se detuvo. ¿Se suponía que era una trampa?

—Sí, así es. Tal vez todavía lo sea. Lo detuviste mientras aún estaba en las etapas de preparación. Lo que significa…

La mirada de Wilhelm se endureció, y un segundo después, los ojos de Grimm se abrieron de par en par, su intuición de terror volvió con toda su fuerza. Un trazador rojo se dirigía hacia ellos desde la derecha, arrastrando una nube de polvo.

— ¡Al suelo!

Grimm fue empujado al suelo y aterrizó sobre su trasero, mientras que Wilhelm se colocó frente a él, con su espada lista. Desvió la bala que se les acercaba y se lanzó hacia la dirección de donde había venido la luz, oscilando su espada en un movimiento oblicuo, cortando la nube de polvo.

Un demi-humano de piel verdosa y apariencia de reptil emergió de la nube. Estaba cubierto de pies a cabeza con una túnica y su boca mostraba su lengua larga.

El pequeño demi-humano saltó hacia atrás, apuntando a Wilhelm con más balas trazadoras de tres dedos. Sin embargo, como había fallado en el efecto sorpresa, ciertamente no habrían servido de nada en un asalto frontal. Wilhelm serpenteó lado a lado, esquivando cada ronda por un pelo. En un suspiro, había cerrado distancia con el demi-humano y, con un movimiento de su espada, envió la cabeza del reptil a volar.

— ¡Wilhelm! ¡Ese demi-humano estaba…!

—Él era probablemente el que controlaba este círculo. Con él muerto, la trampa está desarmada. Ahora tenemos un marcador para juzgar, ¡presionemos hasta el otro lado!

Wilhelm pateó a un lado el cuerpo del enemigo, sacudió la sangre de su espada y miró hacia adelante una vez más, alejándose del escuadrón en retirada. Grimm agarró su hombro.

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—Sólo espera, ¿quieres? Si lo hemos desarmado, ¡vamos a llamar a todos!

— ¡No seas idiota! Si retrocedemos, nos veremos enfrascados en otra trampa. Ellos planearon la retirada del ejército real. Así es como está estructurado. No podemos salvarlos. Tú y yo seríamos dos inútiles cadáveres más. ¡¿Lo entiendes?!

Quitó la mano a Grimm de su hombro y dirigió la punta de su espada hacia la garganta del chico en retirada. Grimm se llenó de miedo cuando la inigualable destreza con la espada de Wilhelm se volvió contra de él.

— ¡Si quieres morir, entonces vuelve solo! ¡Si quieres vivir, tienes que esforzarte y luchar por cada aliento!

Con eso, Wilhelm salió corriendo de nuevo.

Al verlo desaparecer en la distancia por segunda vez, Grimm sólo tuvo un momento para tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Si regresaba, sería posible reunirse con su escuadrón, pero también podría caer en una trampa demi-humana, como había dicho Wilhelm. Pero su unidad se reuniría con el grueso del ejército, por lo que ciertamente tendrían la ventaja de los números. También estaba la posibilidad de que Wilhelm estuviera equivocado, y que el enemigo estuviese esperando adelante. Dividirse sólo podría hacer más difícil la supervivencia. Había hecho todo lo posible por persuadir a Wilhelm para que volviera. Si él no había querido escuchar, lo que le sucediera ahora sería su culpa.

Entonces la elección era entre la vida y la muerte. ¿Quería vivir? ¿O quería no morir?

— ¡Ahhhhhhhhh!

Gritando inarticuladamente, Grimm corrió hacia delante, lejos de donde Tholter y sus otros amigos habían retrocedido. Corría hacia donde Wilhelm avanzaba inexorablemente.

No sabía qué lo había llevado a tomar esa decisión. Simplemente había seguido su instinto. En ese momento, Grimm no pensaba en la amistad, ni en las órdenes, ni en el patriotismo, ni en la lealtad. Todo lo que sabía era que cuando consideró entre retroceder y avanzar, seguir adelante le daba menos miedo.

Corrió salvajemente a través del desvanecido círculo mágico, y luego siguió corriendo y gritando por el campo de batalla. Era estúpido y le hacía llamar la atención pero, por suerte, era solo un leve sonido dentro del rugido de la batalla.

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Finalmente, emergió de la nube de polvo y se encontró en una colina. Por suerte o milagro, no se había topado con ningún enemigo.

— ¡Shhaaaaaaaaa!

Oyó un terrible grito y vio a un demi-humano cortado en dos. Wilhelm se enfrentaba con un atacante tras otro, cortándolos y transformándolos en una fuente de sangre que lo cubría; alzó su tensa voz mientras los muertos se amontonaban.

Grimm pudo ver la cara de Wilhelm mientras aullaba, bañado en la sangre de sus enemigos. Lo que parecía ser una sonrisa en su rostro, dio a Grimm el peor escalofrío que había sentido hasta el momento. Pensó que había una palabra apropiada.

—Demonio…

Un demonio. Eso era lo que él era. Un demonio con una espada. Un demonio que se reía mientras mataba a sus enemigos. Un monstruo repartidor de muerte que amaba la espada.

Un demonio de la espada.

— ¡Vengan! ¡Enfréntenme, todos ustedes! ¡Vengan y sean destruidos para que yo pueda vivir! —con cada grito, el arma del demonio de la espada destellaba y quitaba la vida de otro demi-humano.

La horrible escena causó que Grimm se diera vuelta lentamente y observara la colina por la que había subido. El humo se elevaba sobre el campo de batalla, atravesado solamente por la tenue luz de los círculos mágicos, tantos de ellos que incluso no hubiese podido contarlos si hubiera usado los dedos de sus manos y pies. El campo rebosaba de un poder más allá del entendimiento humano, y pronto destruiría a un ejército real que estúpidamente se había dejado rodear.

El viento abrasador, el retumbe de la tierra y las voces agonizantes que se elevaban hacia el cielo rojo.

— ¿Esto es… lo que vino de mi elección?

Detrás de él, el demonio de la espada continuaba creando montañas de cadáveres y ríos de sangre. Delante de él, los gritos y lamentos de los amigos que había abandonado sonaban a maldiciones, Grimm descubrió que había caído de rodillas con ambas manos sobre su rostro y que lloraba lastimosamente.

— ¡Lo si-sie… lo siento, lo siento, lo siento…!

Cuando la batalla terminó, el ejército real se había hecho añicos, hasta que una fuerza amiga vino a recogerlos. Grimm sollozó y se disculpó, mientras que el demonio de la espada luchó y aulló de alegría.

El escuadrón de Grimm, incluyendo a Tholter Weasily, nunca regresó.

***

 

 

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En la Batalla de Castour Field, las fuerzas reales, que habían comenzado con la ventaja, cayeron en una nefasta trampa demi-humana que acabó con su vanguardia. Cuando intentaron retirarse, sus enemigos los asediaron usando círculos mágicos, y el ejército fue derrotado. Fue una derrota notable incluso en la larga historia de esta guerra civil.

Informes no confirmados afirmaban que el gran estratega demi-humano, Valga Cromwell, estaba presente en la batalla, y que su astuto uso de personal contribuyó a la derrota humana.

Las bajas fueron inmensas; no fue posible recuperar los cuerpos de la mayoría de los que murieron en acción. Se sugirió que a estos héroes se les concediera inmediatamente una distinción por su lealtad y patriotismo.

Además, en el tremendo historial de la batalla, se mencionó un nombre tanto en el lado humano como en el demi-humano: un niño de quince años llamado Wilhelm Trias, el Demonio de la Espada.

Esta batalla también marcó otra cosa: era el comienzo del fin de la Guerra Demi- humana, un conflicto civil que el reino había estado librando durante tanto tiempo.

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