Re:Zero Ex (NL)

Volumen 1: El Sueño que Vio el Rey León

Capítulo 5: El Sueño Del Rey Lion

Parte 1

 

 

El colapso de Fourier Lugunica recibió relativamente poca atención en el Reino de Lugunica.

Un miembro de la familia real había caído enfermo, y fue tratado con ligereza. Normalmente, tal cosa no podría haber sido imaginada, pero en ese momento fue excusada por una circunstancia peculiar en el reino.

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Fourier no era el único miembro de la familia real que había sido derrotado por la enfermedad.

Más bien, todos y cada uno de los miembros de la familia real de Lugunica habían caído enfermos. El padre de Fourier, el actual rey, Randohal Lugunica, estaba, por supuesto, entre ellos. Había diferencias individuales en los síntomas de la enfermedad, pero no se podía permitir una simple conjetura con una enfermedad cuyo nombre y origen nadie conocía. En toda su historia, el reino nunca se había enfrentado a algo así, y se estremeció con la crisis invasora.

—Así que mi período de prueba ha terminado y puedo ser un miembro regular de la Guardia, ¡pero el capitán es de lo peor! ¡Está actuando totalmente diferente de antes! ¡Qué matón!

—Mm, me lo imaginaba. Justo cuando piensas que Marcus es tan serio como parece, resulta que tiene un lado travieso. Me imaginé que ustedes dos se llevarían bien.

—Su Alteza, ¿me está escuchando? Ferri está siendo acosado por un viejo de mayor rango en la Guardia Real. ¡Estoy buscando un poco de consuelo aquí!

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Sus ojos se humedecieron y su voz tembló, pero esto solo hizo que Fourier sonriera.

Ferris sacudió su cabeza desamparadamente ante la diversión de Fourier. Luego llevó un poco de agua a la cama del príncipe y se la llevó a los labios de Fourier. El joven se sentó con alguna dificultad, y Ferris pudo escuchar el agua del cántaro corriendo por su garganta.

—Siento haberte metido siempre en tantos problemas. Es casi como si fueras mi asistente personal estos días.

—¡No se preocupe, no se preocupe! Hoy en día no es nada-nyan, además personas de bajo estatus tratan de hacer que Ferri cure sus heridas de entrenamiento sólo porque piensan que soy lindo. Preferiría más bien estar con usted, Su Alteza. Lady Crusch no ha estado actuando muy amistosamente últimamente.

—Sí, debe estar muy ocupada. Hace días que no la veo y me siento solo. Tal vez eso tenga que ver con mi frustración por no poder moverme. Esta maldita enfermedad.

—…

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Fourier se limpió los labios húmedos con su manga, luego se acurrucó en su almohada y sonrió débilmente. Su sonrisa mostraba sus característicos caninos, como siempre, pero no tenía energía en ella. Era una sonrisa forzada para ocultar a Ferris el dolor agudo que atravesab su pecho.

Fourier estaba escuálido. Su brillante cabello dorado había perdido su brillo, y sus ojos, rojos como el sol del crepúsculo, parecían algo débiles. Hablaba sin vigor y a menudo sucumbía a ataques de tos. Sobre todo, ya no tenía ni siquiera la fuerza para caminar. Durante el último mes, había estado completamente postrado en cama.

Todo había empezado el día con el problema con la Casa Argyle. Después de que la mansión ardiese hasta los cimientos, Fourier se había bajado de su carruaje dragón, solo para colapsar. La vista había hecho que Ferris dejara de lado todas sus emociones y enfocara todo en curar al príncipe.

Fourier parecía tener dolor. Ferris le había transferido fuerza vital, lo había subido al carruaje y había regresado al castillo a toda prisa. Ahí fue donde se enteraron por primera vez de la triste verdad de que toda la familia real estaba enferma.

Después de eso, todos los pacientes, incluyendo a Fourier, fueron confinados al reposo en cama en los aposentos reales. La enfermedad continuó sin cambios significativos, pero su patología seguía siendo misteriosa; ni siquiera Ferris pudo averiguar qué la estaba causando. Incluso Ferris, que no tenía rival en el arte de usar maná para curar enfermedades.

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Había habido señales. El mismo Ferris había visto los ataques de tos de Fourier y ocasionales brotes de mala salud. En la mansión Karsten, había gemido de dolor, pero se había negado a que Ferris lo examinara.

En ese momento, Ferris había estado tan ocupado pensando en si mismo y en Crusch que había pasado por alto estas cosas. Y sólo ahora se mantenía cerca del príncipe, tratando de mejorar las cosas ahora que era más conveniente para él. Ferris se odiaba tanto a sí mismo que quería desaparecer de la existencia.

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—Ferris, ¿no deberías…? ¿No deberías estar con mi padre, y no conmigo? Eres el heredero del más grande sanador del reino. Es tu deber.

—Todo está bien. Me aseguro de haber hecho todo lo que se supone que debo hacer antes de venir a ver a Su Alteza. No cometa el error de pensar que lo pongo por delante del rey.

—Ya veo, fue simplemente mi malentendido. ¡Qué vergüenza…! Crusch se va a reír de mí.

La sonrisa de Fourier mientras decía el nombre de Crusch era solitaria. Las personas son más propensas a la soledad a medida que sus cuerpos se debilitan con la enfermedad. Incluso Fourier, la personificación del entusiasmo.

—Lady Crusch… –Ferris tomó la mano de Fourier con la suya, acariciándola suavemente, y susurró el nombre como una oración.

Sabía que Crusch estaba inmensamente ocupada. Era una de las nobles de más alto rango, y con toda la familia real incapacitada, no había momento en el que no tuviera las manos ocupadas. Y aún así, Ferris no pudo evitar pensar…

Desearía que ella viniera a consolar a esta dulce, solitaria y preciosa persona.

No podía hacerlo solo. No era un sustituto de Crusch. Ferris atesoraba tanto a Fourier, y una vez más, era incapaz de darle al príncipe la fuerza que necesitaba. La impotencia desgarraba siempre el corazón de Ferris, amenazando con romperlo.

—…La mirada de nostalgia no te sienta bien.

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La voz de Fourier encontró a Ferris bajo su auto-tormenta, y luego el auto- reproche lo golpeó como un rayo. Apretando mentalmente los dientes, reunió una sonrisa para Fourier.

—Aw, no estoy deprimido. Ferri se siente bien… ¡muy bien!

Arrepentido por empezar a llorar. No aquí, no ahora. Puede que sea impotente, pero tenía su orgullo. No podía curar la enfermedad de Fourier, pero se las arreglaba para sonreír.

Si eso fuera todo lo que podía hacer, entonces lo haría a toda costa.

—¡Dios, Su Alteza! Si sólo come y bebe y luego te duerme, ¡engordarás…!

—Y entonces… Crusch ya no… me querrá más…

Todo lo que podía hacer era recordarle al príncipe las actividades cotidianas, así que tal vez Fourier podía volver a visitarlas en sus sueños.

***

 

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En el salón real de asambleas, Crusch Karsten se había encontrado incapaz de pensar en nada durante mucho, mucho tiempo. Durante varios días, los poderosos y nobles del reino, junto con el Consejo de Ancianos, la organización que esencialmente actuaba como el cerebro del reino, habían estado discutiendo qué hacer con respecto a la confusión que enfrentaba su nación.

Crusch estaba harta de las reuniones a las que se veía obligada a asistir como duquesa. Ellos habían estado hablando durante tanto tiempo que ella conocía hasta el más mínimo detalle en los rostros de cada uno de los nobles asistentes.

Tenían que lidiar con ceremonias en los que se esperaba la presencia del rey, mientras trataban de impedir que cualquier palabra de la situación actual llegara a las tres principales potencias del mundo. Tenían que ocuparse de todas las tareas a las que cada miembro de la familia real habría tenido que hacer frente normalmente, mientras trataban de determinar qué hacer con una enfermedad cuyos orígenes seguían siendo oscuros. Y encima de todo eso, cada uno de los nobles tenía que lidiar con los asuntos habituales de sus dominios. Esto llevó a un nivel de confusión y agotamiento que pocos de ellos recordaban haber experimentado antes.

Pero ahora, un mes después de que todo esto había comenzado, la condición de la familia real finalmente parecía no estar empeorando. Esto es lo que acababan de empezar a discutir cuando…

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—¿Dices que el primer príncipe Zabinel está muerto?

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El triste informe que trajo el lanzador mágico de la Real Academia de Sanación fue más que suficiente para que la habitación volviera al pánico. El primer príncipe Zabinel Lugunica había sido el primero de los casos confirmados con la enfermedad en el castillo real. Por lo tanto, la condición que lo afligía podría haber sido la más rápida de actuar.

—¡Esto es demasiado repentino! ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede haberse puesto tan enfermo Su Alteza?

—¡Es imposible! Me reuní con él ayer, y él… no dio señales de estar tan cerca del final…

Los que habían sido especialmente cercanos a Zabinel lloraban la repentina noticia de su muerte. Pero no fueron los únicos que se quedaron boquiabiertos con el informe. Todos en el salón estaban conmocionados.

Una persona había muerto por la enfermedad que afligía a toda la familia real. Y todavía nadie sabía la causa o cómo tratarla.

—Alteza…

Crusch también sintió una punzada por las noticias. Por lo general era muy cuidadosa al pararse erguida, pero ahora sentía que podía partirse en dos por la ansiedad que le desgarraba las entrañas. Ella sólo podía pensar en Fourier, acostado en su lecho de enfermo y ofreciendo su débil sonrisa cuando ella fue a verlo.

—Debemos considerar la posibilidad de que Su Majestad también nos deje.

Mientras se mordía el labio, Crusch oyó una voz áspera. Levantó la vista y se dio cuenta de que todos los que la habían oído se habían concentrado en el centro del salón, donde estaba Miklotov, el representante del Consejo de Ancianos.

—¡Sir Miklotov, esa es una pobre broma! ¿Su Majestad? ¿Dejarnos?

—Mm. Lo inevitable no puede ser evitado, no importa cuán diligentemente apartemos la mirada de la realidad. No podemos permitirnos ser optimistas en este momento. O de lo contrario, no podremos cumplir con los deberes del asiento más preciado de nuestra nación. ¿Estoy equivocado?

—Ngh…

—Ahora vemos lo rápido que la condición puede cambiar, y eso significa que incluso mañana, podríamos enfrentarnos a lo peor. Cuando eso suceda, sacudirá al reino, y nuestro papel es apoyar a la nación durante ese tiempo. No debemos darle la espalda a la gente.

El agudo pronunciamiento de Miklotov puso a fin a aquellos que pensaban que estaba siendo irrespetuoso. Sus palabras pueden haber sido implacables con el líder del reino, pero esto sólo las hacía más necesarias.

Por lo tanto, Crusch fue la primera en dejar de lado sus sentimientos personales y hablar en defensa del sabio.

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—Sir Miklotov tiene razón. Si algo le pasara a Su Majestad, el reino no desaparecería. Nos corresponderá a nosotros hacer algo al respecto.

Crusch era una de las pocas presentes de rango ducal, pero tenía relativamente poca experiencia y aún no se había hecho renombre. Aún así, sus palabras ayudaron al resto de los nobles a empezar a sentir lo mismo.

—Le agradezco su apoyo. –Dijo Miklotov. —Naturalmente, aún espero y rezo para que Su Alteza y la familia de Su Alteza estén a salvo en este periodo. Por favor, no me malinterpretes en ese punto.

Él pidió que la asamblea comenzara a discutir qué hacer con el reino en caso de que no tuvieran rey, y por último, dio una mirada significativa a Crusch. Quizás estaba expresando su gratitud por ser ella la primera en apoyarlo. Pero ella no lo vio; el ya se había desplomado en su asiento.

Con las cosas como estaban, ella no podría ir donde Fourier. Se había vuelto tan restringida por sus nobles deberes que ni siquiera tuvo tiempo de verlo. No podía dejar que este precioso y limitado tiempo se perdiera. Eso fue lo que se dijo a sí misma cuando su deber la obligaba a permanecer en la reunión.

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