Re:Zero Ex (NL)

Volumen 1: El Sueño que Vio el Rey León

Capítulo 4: La Maldición De Felix Argyle

Parte 7

 

 

—Bienvenido a casa, amo Felix.

Ferris se sintió fuera de lugar cuando la sirvienta salió a saludarlo. No sabía si recordaba a la mujer de mediana edad o no. Pero ella pareció reconocerlo. Le impresionó especialmente la forma en que ella entrecerraba los ojos como si tratara de recordar algo.

Nada de esto le daba afecto a una persona que se alineaba con los Argyles.

—Ahórrame la pequeña charla. ¿Dónde está Lady Crusch?

—…El amo está esperando. Si me sigue…

Por un instante, la sirvienta pareció como si estuviera ocultando algo antes de contestar. Ella no había respondido a su pregunta, pero cuando ella se volvió y entró en la casa, él la siguió, sabiendo que no tenía otra opción.

Un hedor podrido se deslizaba por el oscuro pasillo. Guerreros no-muertos también estaban apostados dentro de la mansión; producían una variedad de sonidos de arañazos. Sin nadie a quien atacar, Ferris y la sirvienta no eran sus objetivos, se paraban estúpidamente o se desplomaban contra la pared, sin dar una sensación real de estar vivos.

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Los ojos de Ferris se movían de aquí a allá mientras atravesaban la casa.

—¿Sientes nostalgia? Le preguntó la sirvienta. Ella parecía haber malinterpretado lo que él estaba buscando.

Con gran ironía respondió…

—No especialmente. –Y se encogió de hombros. —No recuerdo este lugar lo suficientemente bien como para sentir nostalgia de él. Y aunque lo hiciera, no había cadáveres caminando la última vez que estuve aquí.

Mientras hablaba, Ferris dio un empujón experimental en el hombro de uno de los zombis que estaba inmóvil en el pasillo. Casi esperaba que no respondiera sin importar lo que hiciera, pero cuando se dio cuenta de que lo había tocado, sus ojos se volvieron hacia él.

—Me sorprende que te atrevas a tocarlos. Dijo la sirvienta.

—Los cadáveres no son nada nuevo para mí. También he visto muchos heridos graves. Pero no he venido aquí a charlar.

—…

La sirvienta no respondió. Ferris le había contestado porque no quería simplemente ignorar a la mujer, pero no estaba de humor para hablar. Había sentido un retorcimiento en la parte superior de su estómago desde el momento en que entró en esta casa. Lo reconoció por el fenómeno psicológico que era, un testimonio de cuán profundamente despreciaba este lugar.

Después de que Ferris directamente terminara la conversación, la sirvienta lo llevó en silencio al segundo piso. Llamó a la puerta de la sala de recepción, exclamando…

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—Señor, lo he traído.

Un hombre contestó en voz baja desde adentro. Ferris no recordaba la voz, pero le daba escalofríos a su espina. Ni su mente ni su cuerpo lo reconocieron, pero su alma lo hizo.

—…Has vuelto, Felix.

Cuando Ferris entró en la habitación, confrontó a un hombre grande y barbudo. Ferris miró a la cara del hombre, y finalmente algo centelló en su memoria. El hombre tenía el mismo pelo castaño y los mismos ojos amarillos que los de Ferris, esas eran casi las únicas cosas que los marcaban como padre e hijo, pero estaba cada vez estaba más seguro de que era el mismo rostro que se había alzado sobre él nueve años antes.

—Sí… supongo que así es como se veía. –Susurró Ferris mientras finalmente conseguía alinear sus recuerdos con la cara de su padre, Bean Argyle. Palabras nada emotivas para un reencuentro con su propio padre. La sirvienta, al escucharlos, frunció el ceño, pero su reacción se vio ensombrecida por la mucho más grandiosa de Bean.

Él tomó a Ferris por los hombros con sus grandes manos y dijo…

—Me gustaría saber cómo has estado… pero primero tengo que preguntarte qué llevas puesto. Eres tan delgado… ¿y llevas ropa de mujer? Espero que la perversa opinión de la Duquesa de Karsten sobre el género no se te haya pegado.

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—…

—Tu complexión es lo suficientemente buena, pero tus brazos y piernas son tan delgados… ¡Qué vista tan cruel!

Bean contorsionó su cara de dolor, levantando un grito sobre su hijo crecido. Ferris lo miró sin expresión alguna, aunque con una tremenda frialdad en sus ojos.

Este atuendo es una señal de mi vínculo con Crusch, y soy flaco debido a casi diez años de abuso en esta casa. Es cruel, de acuerdo, ¿pero de quién es la crueldad?

—¡Pero muy bien! ¡Dejemos esto de lado! Has vuelto a casa. Como tu padre, eso me trae alegría.

Aparentemente ajeno a la fría expresión de Ferris, Bean sonrió e intentó abrazar a su hijo. Ferris evitó ágilmente su abrazo, deslizándose hacia un lado mientras Bean tropezaba hacia delante.

Ferris rápidamente escaneó la habitación, pero dejó escapar un suspiro cuando no pudo encontrar rastro de Crusch.

—Suficiente charla. Devuélveme a Lady Crusch. Entonces espero que tú y esta casa simplemente desaparezcan.

—¡Qué manera de saludar a tu padre! No me confundas, Felix. Estoy encantado de que estés a salvo, pero no soy tan generoso como para complacer tu impertinencia. Si crees que estás en igualdad de condiciones conmigo por lo que pasó en el pasado, te equivocas.

—¡…! ¡Como si yo pensara eso!

Conocía el arrebato de ira de Bean de primera mano. Lo que se le había hecho a Ferris en esta casa, nunca se lo tomaría tan a la ligera como para usarlo en su beneficio.

Ferris había poseído sus orejas de animal desde su nacimiento, y casi inmediatamente después de que llegó al mundo, estaba encerrado en esa habitación del sótano. Su madre y su padre habían sido humanos regulares, por lo que la presencia de sus orejas de gato se interpretó como una infidelidad por parte de su madre.

A pesar de estar confinado en la oscura cámara subterránea, a Ferris se le había proporcionado una educación mínima. Pero una vez salió de la infancia, su tratamiento empeoró cada vez más. Después de la edad de cinco años, fue forzado a entrar en otra habitación subterránea aún más pequeña que la primera, y pasó cinco años allí sin hacer nada más que despertarse y dormir. Pasó su vida en las tinieblas sin razón para estar vivo ni significado alguno para la vida que tenía.

Fue Crusch quien lo había sacado de ese lugar, Crusch, que había sido valiente desde su infancia. Ella llevó a Ferris al sol, y él se hizo humano.

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Fue gracias a Crusch que Ferris ganó humanidad por primera vez.

—¡Sin Lady Crusch, no sería quien soy! Así que devuélvemela, ¡ahora! ¡No me importa confundirte! ¡No me importan los padres! ¡No estoy bromeando!

La dulce cara de Ferris estaba retorcida de rabia; mostró sus dientes y pisoteó el piso. Blandió sus propios brazos frente a Bean.

—¡Mira estos flacuchos brazos! ¡No puedo empuñar una espada! ¡No puedo sostener un escudo! ¡Soy su caballero, y estos brazos sin valor ni siquiera pueden luchar por ella! ¡Y mis piernas no están mejor! No puedo correr rápido o saltar alto… ¡No puedo hacer nada! Todo lo que quiero es protegerla, ¡y ni siquiera puedo hacer eso!

Una vez que Crusch lo había sacado de esta casa, y se le había dado su papel como su ayudante, Ferris había hecho todo lo posible para ser un activo para ella. Había intentado tomar la espada y ser un caballero. Pero se había quedado sin el cuerpo para cumplir con ese deber.

—¡Tú me lo robaste! Me lo robaste y me dejaste vacío… ¡Lady Crusch me dio mi forma de vivir, mi forma de ser!

Se había quedado sin nada, pero Crusch le había animado a vivir como ahora. Había sido ridiculizado como un caso perdido, ridiculizado por tener “extrañas tendencias”, pero lo único que significaba algo para Ferris era lo que Crusch le había pedido. Y aquí, de todos los lugares, ¿rechazaría eso?

—Y después de todo lo que has hecho, ¡todavía quieres seguir arrebatándomela! ¿Me volverás a robar otra vez algo que valoro más que mi propia vida? ¡No lo harás, maldito seas…! ¡¡Maldito seas!!!

Si hubiera podido, Ferris habría eliminado al diablo que se hacía llamar su padre en ese momento. Si hubiera podido, lo habría quemado con magia y tirado las cenizas a un río.

Pero Ferris no podía hacer ninguna de estas cosas. No tenía el poder.

—…

Bean se quedó en silencio mientras Ferris le criticaba. Las emociones del chico lo bañaron, y miró a su hijo como si usara una máscara, sin emoción. Sus ojos no eran del todo humanos; no parecían estar enfocados en ninguna parte.

—… ¿Has dicho todo lo que tenías que decir? Preguntó finalmente.

—¿H-huh?

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—Si tienes algo que decir, entonces déjalo salir. Yo soy tu padre. Puedo pasar por alto una rabieta infantil. Debe haber mucho de que desahogarse después de tantos años separados.

—…

Ferris se sorprendió en silencio.

Había desnudado su corazón y su alma, ¿y Bean lo consideraba nada más que un arrebato de mal genio?

Pero al mismo tiempo, él entendió. Tenía demasiado sentido para él.

No había nada que ganar buscando un diálogo con este hombre. Debería haberlo sabido desde el principio.

Debería haber sabido que no había dejado nada en esta casa.

Dejó escapar un suspiro. No fue desesperación o incluso decepción lo que sintió. Simplemente se había dado cuenta de cómo eran las cosas.

—¿Podrías dejar de llamarte a ti mismo mi padre? Me está enfermando.

—Incluso perdonaré tu actitud desafiante. Un padre y un hijo no necesitan ser tan formales en su reunión.

Ferris vio que Bean no tenía intención de escucharlo. No podía recordar haber conversado con su padre antes, y esto casi lo hizo reír al darse cuenta de que éste era el hombre que era Bean. Su propio padre estaba más profundamente defectuoso de lo que jamás podría haber imaginado.

—¿O es esta rebeldía una señal de que quieres que te traten como a un hombre? Podría aceptar esa idea. Si ambos somos adultos iguales, entonces hay otra manera de manejar esta discusión.

—… ¿Y cuál es?

—Trabajando en nuestros respectivos puntos de vista para conseguir lo que queremos.

Bean pasó una mano a lo largo de su barba de forma importante mientras daba vueltas alrededor del sofá en el lado opuesto. Puso sus manos sobre el respaldo, se inclinó hacia adelante y miró a Ferris.

—Te he llamado aquí porque tengo negocios contigo.

—Podrías haber enviado una carta. Aunque la habría roto.

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—Admito que esta fue una forma indirecta de hacer las cosas. Pero era necesario. ¡Tuve que probar el Sacramento del Rey Inmortal… y tus poderes!

Prácticamente estaba escupiendo cuando terminó.

—Así que eso es todo…

Ferris finalmente entendió por qué había sido convocado. A Bean no le interesaban las capacidades físicas de Ferris.

—Necesitas mi magia…

—Exactamente. Pero no te decepciones. La aptitud para la magia de agua que yace dormida dentro de ti, es la prueba más grande de que tú y yo estamos conectados por la sangre. El dominio de la magia de agua se ha transmitido a través de las generaciones de Argyles. ¡Ningún hijo ilegítimo podría poseerlo!

—Bueno. Qué suerte tienes. Felicitaciones.

Ferris aplaudió lentamente. Bean podía probar todas las conexiones familiares que quería. Ferris estaba demasiado alienado como para importarle.

Pero Bean se acercó a Ferris, como si esto fuera lo más importante de todo.

—Aquí es donde empieza nuestra conversación como adultos iguales. Si quieres algo de alguien, debes estar preparado para ofrecer algo de valor similar a cambio. ¿Sí?

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—…

—¿Pero qué sabes tú de eso? Nada. Así que me he tomado la libertad de averiguar el precio por ti. Si me das lo que quiero, te devolveré a tu preciosa duquesa. Ese es el trato.

—¿No crees que todo eso es ilógico?

—La lógica es impecable. No hay nada extraño en ello.

Así que Bean había llegado a estos ridículos extremos sólo para hacer de tirano. Había tomado a Crusch como rehén, no para que Ferris lo escuchara, sino simplemente para negociar con él.

—Es tan estúpido que se rompe por el otro lado y se vuelve lógico de nuevo, supongo… Entonces, ¿qué es lo que quieres que haga? ¿Quieres que te llame papi?

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—Lo que quiero es simple. Y con tus habilidades, debería ser bastante fácil ¡Tú!

Bean ignoró el ataque con una mirada triunfante y le gritó a la sirvienta, que había estado parada tranquilamente en el rincón.

Ella le asintió.

—¿Debería llevármelo? ¿O le gustaría que les guiara?

—Hmm… Muy bien. Muéstranos a los dos el camino. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que Félix dio un paseo con su padre. Estoy seguro de que le gustará. ¿No es así?

—Ha-ha-ha. Eres gracioso. Fue un buen chiste. Ferris y su padre nunca habían dado un paseo juntos.

En ese momento, Ferris reconoció que Bean estaba mentalmente inestable. Era natural que su conversación no pareciera tener sentido. Si Ferris lo rechaza, Bean probablemente lo destruirá. Es mejor seguirle el juego y esperar su oportunidad.

Pero seguía preocupado por la seguridad de Crusch. Con Bean como estaba, no había garantías de que Crusch estuviera bien, incluso si él decía que lo estaba.

—…Por lo menos, tu amiga no ha sido lastimada.

—¿Huh?

El susurro vino como una respuesta a sus propios pensamientos. La sirvienta, que había dicho las palabras, no contestó más, pero salió de la habitación para mostrarles el camino. Bean la apresuró por detrás, y Ferris, el último en salir de la sala de recepción, quedó perplejo.

Estaba seguro de que esa sirvienta estaba aliada con Bean. Ella no tenía ninguna razón para brindarle ayuda o esperanza. Pero tampoco parecía estar loca.

Lo más extraño de todo es que sus palabras le dieron una genuina sensación de alivio.

—…Raro.

Ferris dejó a un lado el sentimiento perturbador, pensando que era extraño. Junto a él, Bean continuó en un tono optimista. Ferris asintió y gruñó, pero por lo demás ignoró todo lo que dijo el hombre.

Por fin, el trío mal emparejado llegó a la habitación más profunda del tercer piso.

Bean estaba en la puerta.

—¿Sabes dónde estamos?

Obviamente, Ferris no tenía ningún recuerdo real del lugar, pero esta era la habitación más profunda en el piso más alto de la mansión de un noble. Tenía una idea bastante buena.

—¿El dormitorio principal?

—Niño precoz. Resulta que estas en lo correcto.

Bean ofreció palabras de elogio sin emoción y luego abrió la puerta. Un abrumador hedor a muerte salió disparado. Era similar al olor que impregnaba toda la casa, pero aquí era un orden de magnitud peor. Este no era un cadáver fresco.

La fuente del olor estaba justo dentro de la habitación.

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—…Mi esposa. –Dijo Bean. —¿Entiendes, Felix?

Acostado en la cama estaba el cadáver de una mujer, el sufrimiento aún evidente en su rostro. Tenía el pelo lino, y su cara había sido maquillada estando muerta. Como ropas funerarias usaba un hermoso vestido. Parecía como si se hubiera quedado dormida, sin despertar nunca.

Bean la había presentado como su esposa. Lo que significa que para Ferris, ella era…

—¿Mi… mi madre…?

No pudo ignorar el dolor que sintió en su corazón al darse cuenta de quién debía ser el cadáver.

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