Re:Zero Ex (NL)

Volumen 1: El Sueño que Vio el Rey León

Capítulo 4: La Maldición De Felix Argyle

Parte 5

 

 

—¡¿Dejó que Lady Crusch fuera sola?! ¿Cómo pudo…? ¿Cómo planea asumir la responsabilidad si algo le ha pasado?

La voz, casi un grito, resonó por la oficina de Karsten. El dueño de la voz que gritaba y de la mano que golpeaba el escritorio negro era Ferris. Llevaba el uniforme de la guardia real, y había vuelto a la mansión mucho antes de lo esperado. El lugar estaba en un alboroto.

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¿Realmente había renunciado a ser caballero después de sólo diez días?

Nadie se atrevió a hacer una broma mientras Ferris acechaba por el pasillo con una expresión de ira que nunca antes habían visto claramente en su cara. Todo el mundo se había apartado de su camino hasta que llegó a la oficina de secretaría, donde le gritó al oficial principal.

—Es-espera un momento, Ferris. Sé que estás molesto. Y lo entiendo, pero fue decisión de Lady Crusch. Había circunstancias que considerar…

—¡¿Circunstancias?! ¿Te refieres a lo que podría pasarme a mí? ¡Sé lo que podría pasar! ¡Y no me importa! Si eso significara mantener a Lady Crusch fuera de peligro, con gusto habría dado mi corazón, mi cuerpo y mi nombre.

Su voz había subido una octava. A pesar de toda su ira, su pensamiento era lo suficientemente racional. En el castillo, Fourier había explicado lo que estaba haciendo Crusch. Y mientras Ferris entendía que lo estaba haciendo por él, Crusch al ponerse en peligro por él, contradecía el objetivo de su servicio como su caballero.

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La Casa Argyle estaba tan impregnada de villanía que las personas de allí no pensaba en otras personas como seres humanos.

—¡Y aún así ninguno de ustedes puso a Lady Crusch primero…!

—Debes calmarte, Ferris. Sólo aterrorizarás a todos a tu alrededor, y entonces no podremos hablar con ellos.

—¡Pero…―!

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Los ojos de Ferris comenzaron a llenarse de lágrimas. Alguien envolvió un brazo alrededor del hombro, el mismo que acababa de hablar con una voz tan poderosa. Un joven con el pelo dorado. El oficial que Ferris había estado regañando y se quedó sin aliento al ver al hombre.

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—¡Su Alteza Fourier! No sabía que estaría con Ferris.

—Sí, porque fui yo quien le reveló el asunto, aunque me pidieron que no hablara de ello. Y Crusch me dijo de antemano que, si las cosas iban mal, yo debía usar mi propio juicio. No tengo pruebas, pero… tengo un mal presentimiento que no desaparecerá. Se arremolina dentro de mí.

Fourier se puso una mano en el pecho. Si el príncipe hubiera querido todo esto, entonces el oficial ciertamente no podría estar molesto con Ferris por ello.

—Pase lo que pase, el castillo real está demasiado lejos para que yo pueda ocuparme de eso con eficacia. Así que sólo tiene sentido que me mueva más cerca del centro de la acción. Y sólo tiene más sentido que un miembro de la guardia real me acompañe.

—¿Eso tiene sentido, Su Alteza? Me estremezco al pensar lo que dirá el capitán cuando volvamos.

Fourier estaba felizmente jugando su pequeño truco, pero Julius, que había quedado atrapado en todo el asunto, desplomó sus hombros. Sin embargo, no parecía específicamente molesto por haber sido arrastrado.

—Si Su Alteza fuera tan magnánimo como para hablar en nuestro nombre… –Añadió Julius.

—Ya que todo esto fue obra mía, ¡puedes dejármelo a mí! Um, bueno… no es que esté seguro de que mis excusas tendrán mucho poder contra Marcus, pero al menos, ustedes dos no estarán solos cuando los regañe. Si ustedes son sermoneados por él, yo también.

—Palabras tranquilizadoras, Su Alteza. Ahora entonces, ¿qué hay de la Duquesa de Karsten?

Cuando un semblante de calma volvió a la habitación, Julius los guio de vuelta a la pregunta que tenían entre manos. Esto hizo que el oficial, que ya no podía distraer a sus visitantes, se hundiera un poco y mirara incómodo a Ferris.

—Es cierto que Lady Crusch fue sola a inspeccionar la Casa Argyle. Pero Bardok tiene la zona de la mansión rodeada con casi cincuenta soldados. Los Argyles carecen de recursos para contratar mercenarios en este momento. Aunque armaran a sus esclavos y los enviaran, sería fácil someterlos.

—¿Pero qué pasa si toman a Lady Crusch como rehén…?

—Admito que pueden sentirse tan acorralados como para recurrir a la violencia, pero se enfrentarían a Lady Crusch. Una vez partió a un Conejo Gigante con un solo golpe de su espada. Dudo que puedan vencerla. Y ha hecho todo lo que ha podido para prepararse de antemano.

El oficial ofreció todas las razones por las que ellos podían estar en paz mental, con la esperanza de apaciguar a Ferris. Ciertamente, objetivamente hablando, no parecía que hubiera ninguna manera de que Crusch pudiera estar en desventaja. Ferris habría confiado en su diligencia si la participación de la Casa Argyle no hubiera confundido sus emociones. Sin embargo, un malestar permaneció dentro de él. ¿Era simplemente una ilusión nacida de sus propias dificultades con su familia de sangre?

—…Espera, Ferris. Nada de eso pondrá mi persistente ansiedad a descansar.

—¿Su Alteza? –Fourier había hablado justo cuando Ferris empezaba a calmarse y a confiar en Crusch.

Fourier parecía una persona diferente. Ferris, al mirar sus ojos, tenía la sensación de que podía ver el alma misma del príncipe. Todos en la habitación se dieron cuenta del cambio en Fourier.

Fourier miró alrededor de la habitación, que contenía la ansiedad colectiva, y puso una mano sobre su pecho antes de continuar.…

—Una preocupación, no puedo explicar qué, se agita dentro de mí. No es bueno que tú y Crusch sigan separados. De hecho, debemos ir lo antes posible… ¡Toser, t-toser!

—¡¿Su Alteza?!

Las palabras de Fourier se disolvieron en una oleada de tos, con su cara roja. Ferris se apresuró a tomar sus hombros, centrando su atención en el flujo de maná a través del cuerpo del príncipe. La Real Academia de Sanación había reconocido a Ferris como su alumno más sobresaliente. Si quisiera, podría traer a alguien en el borde de la muerte a una salud perfecta. Así que cuando alguien se quejaba de sentirse mal, tenía el hábito de evaluarlos tan pronto como les ponía las manos encima.

—¿Qué…?

Fourier inmediatamente se alejó de las manos de Ferris. Antes de que sus dedos y el maná que fluía a través de ellos pudieran hacer su trabajo, el príncipe se puso de pie, aun sudando y respirando con dificultad.

—¡¿Está bien, Su Alteza?! –Preguntó Julius.

Fourier trató de actuar como si nada hubiera pasado.

—No es nada importante. Mis disculpas por asustarlos. Me siento mucho mejor ahora, gracias a Ferris.

Esto parecía satisfacer a todos los demás, pero Ferris no podía dejar escapar su sorpresa.

—Um, Su Alteza, Ferri… quiero decir, yo no…

La preocupación lo atravesó mientras veía a Fourier limpiarse el sudor mientras intentaba decir que todo estaba bien. Pero la pequeña y vacilante voz de Ferris se vio repentinamente abrumada por un grito desde fuera de la oficina.

—¡Es terrible! Lady Crusch no ha salido de la mansión Argyle, ¡y ha empezado una batalla alrededor de la mansión! ¡Los soldados… ellos afirman estar luchando contra cadáveres vivientes!

***

 

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Lo primero que Crusch notó cuando despertó fue un terrible hedor.

—Nnhn…–Gimió. Su garganta estaba seca. Se irguió del suelo. Y entonces el olor llenó su nariz, una fetidez tan horrible que era casi físicamente doloroso. Era como un desecho animal mezclado con algo podrido; en el momento en que captó un poco de eso, Crusch supo que no estaba en ningún lugar bueno.

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De alguna manera fue capaz sentarse, pero sus manos estaban esposadas. También lo estaban sus pies, y encima de eso, tenía los ojos vendados. Fue una pequeña bendición que sus ojos simplemente hubieran sido tapados en vez de arrancados, pero Crusch no estaba pensando en esas cosas en ese momento.

—Parece que no tengo ninguna lesión grave. ¿Es eso porque tienen espacio para negociar conmigo…?

Recordó los momentos justo antes de perdiera el conocimiento. Bean y Miles habían usado algún tipo de brebaje para dormirla. Había algo en el té, pero era un antídoto, no una toxina. La droga estaba en la misma habitación, y sólo había afectado a Crusch, que había sospechado demasiado como para beber. Pero le molestaba que hubiera tantos agujeros potenciales en el plan.

—Si hubiera sido descuidada y bebido el té, no habría funcionado.

—…Si hubieras hecho eso, habríamos hecho algo mucho más aterrador.

Ella no esperaba una respuesta, pero llegó una. La inolvidable voz no era otra que la de Bean. Ella había sentido a alguien cerca, pero nunca habría adivinado que era el mismo perpetrador. Crusch no dejó que se le notara el shock en la cara. En vez de eso, hizo una risa incongruente.

—Nunca dejas de sorprenderme. Eso, al menos, me hace pensar que estas emparentado con Felix.

—No sabes lo agradecido que estoy de escuchar eso de alguien que está más cerca de ese chico que de cualquier otro. Me da la confianza de que él y yo realmente compartimos una conexión de sangre.

—Pareces muy interesado en el hijo al que renunciaste hace casi diez años.

Ella no podía ver a Bean, pero su tono era tranquilo, pero esto sólo hablaba de la profundidad de su locura. Crusch lo consideraba más peligroso que si hubiera estado histérico.

—Te lo dije. Lo necesito. Y tú me lo vas a traer.

—Tienes razón, cuando Felix se entere de lo que me ha pasado, es probable que venga corriendo. Pero tendrás otro problema con el que lidiar primero. Mis subordinados saben que estoy aquí, y no tardarán en darse cuenta de que no he vuelto, y caerán sobre este lugar como una avalancha.

La contienda sería entre una duquesa y un noble secundario sin puesto. La diferencia en la fuerza militar era incuestionable. El resultado era una conclusión predecible.

El escapar sería igualmente inútil. Si quisieran, Bean y Miles podrían tomar la cabeza de Crusch, pero eso sólo firmaría doblemente la autorización de su ejecución.

—No intentaré convencerte de que te entregues. Pero, ¿qué estás planeando? No puedo entender qué tienes para ganar poniéndome en esta posición.

—Veo que tener los ojos vendados y encadenados no te ha hecho más mansa. Supongo que la familia ducal realmente está hecha de cosas más duras que el resto de nosotros. Bueno, eso sólo hace las cosas más fáciles para mí.

—Supongo que no tienes intención de responderme.

A esta pregunta, Bean no dio alguna respuesta; Crusch oyó sus pasos distanciarse. Se escuchó el sonido de un húmedo y pegajoso ensuciando las suelas de sus zapatos. Aparentemente había algo antihigiénico además del mal olor.

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—Ah, sí. –Dijo Bean a Crusch, como si acabara de recordar algo. —Aquí es donde Felix solía pasar sus días, aquellos de hace muchos años. La habitación que te movió a alejarlo de nosotros. Tal vez ahora lo entiendas aún más íntimamente.

—… ¿Es así? Qué considerado de tu parte. –Respondió ella, con su voz llena de sarcasmo. ―Me aseguraré de poner esta experiencia en buen uso.

Bean sólo dio un resoplido de enojo. Esta vez los pasos disminuyeron hasta que ya no pudo oírlos, y la vendada Crusch se quedó sola.

—Así que esta era la habitación de Ferris… Se murmuró a sí misma.

Crusch pensó en cuando conoció a Ferris. Si Bean estaba diciendo la verdad, entonces ella estaba bajo tierra. La habitación donde el chico-gato había estado confinado de niño estaba debajo de la casa.

Las esposas de sus manos y piernas eran de metal, no eran fáciles de quitar. La actitud de Bean sugirió que tenía un plan en mente para tratar con los guardias que acompañaban a Crusch. Ella lo vio ahora: Estaba en una situación desesperada. Pero nada más.

—Esto no es lo que esperaba, pero es demasiado pronto para rendirse.

Ser drogada y secuestrada ciertamente no había sido parte de su plan. Pero si esto le dio una manera de descubrir los secretos de la casa, entonces podría haber valido la pena. Sólo tenía una preocupación real…

—Supongo que era pedir demasiado pensar que podría terminar esto antes de que Ferris o Su Alteza se preocuparan.

Sin duda, ambos estarían tremendamente ansiosos cuando oyeran lo que le había sucedido. Ese pensamiento la atormentaba mucho más que cualquier cuestionamiento de su propia seguridad.

***

 

 

Había un conjuro secreto llamado el Sacramento del Rey Inmortal.

Era una de las magias excepcionales, supuestamente creada por una bruja que mantuvo al mundo en esclavitud antes de que el conocimiento se perdiera. En pocas palabras, este conjuro permitía al usuario controlar los cadáveres según su voluntad. Se había dicho que la bruja que había creado el conjuro era capaz de traer a los muertos devuelta a la vida, y con el mismo aspecto que tenían en vida, pero esa parte del conjuro no se había transmitido.

La mayor parte del ritual se había desvanecido en la historia; era imposible replicar ninguno de los efectos del conjuro excepto animar cadáveres. E incluso esa manifestación más básica era casi imposible de lograr sin un lanzador que tuviera una afinidad natural por el conjuro.

Era una afinidad muy rara, nadie había se conocía a nadie que lo poseyera en más de cien años.

—Estoy impresionado de que hayamos podido llegar tan lejos en replicar los efectos.

Miles se encogió de hombros felizmente mientras veía al cadáver vagar por ahí, con un aroma repugnante que se desprendía de él.

Una sonrisa oscura apareció en su cara. No sentía repugnancia por el cuerpo caminando. Los muertos le eran familiares. Era simplemente que aquellos que usualmente estaban dormidos, estaban ahora despiertos.

—Un nombre terriblemente intimidante para un poder tan útil. –Él continuó. — Qué buenos trabajadores hace la muerte. No puedo creer que hayamos olvidado esta habilidad.

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—A la gente normal no se le ocurriría someter a los muertos a trabajos manuales.

—Ah, amo, bienvenido de vuelta.

De entre los muertos apareció un hombre que estaba vivo, pero cuyo rostro no era diferente al de los zombis. Un hombre muerto viviente que controlaba la muerte a través de magia secreta, mientras que Miles era el villano que trabajaba con él. Este era un lugar inundado en una marea interminable de pecado.

—De todas formas, hace tiempo que perdí el buen juicio de preocuparme por esas cosas. ¿Y cómo está nuestra pequeña princesa en su habitación subterránea?

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—Aún desafiante. Los que nacen de la nobleza son de una raza diferente.

—Bien. Eso lo hará mucho mejor cuando finalmente la rompa. No le has… hecho nada, ¿verdad?

—No tengo ningún interés en esas cosas. Ella sólo es un cebo, para traer a mi hijo aquí.

La pregunta no había sido realmente necesaria, pero Bean la contestó desapasionadamente de todos modos.

—¿Cómo se ven las cosas afuera?

—Oh, muy ajetreado. Los jactanciosos soldados de la lady parecen estar fuera de sí a la vista de nuestros combatientes no-muertos. Supongo que sería menos humano no asustarse por esas caras podridas.

Desde el segundo piso de la mansión, era posible ver el tumulto desde el exterior. Los soldados que Crusch había traído con ella estaban en una batalla campal con los enloquecidos no-muertos. Tan pronto como los zombis eran asesinados, volvían a levantarse, una y otra vez. Eso era suficiente para que el héroe más valiente se detuviera.

—Les dijimos nuestras demandas. ¿Cuál es su respuesta? ¿Has visto a mi hijo?

—Me temo que no puedo decírtelo. Ni siquiera sé cómo luce. Vi salir algunos dragones de tierra, así que supongo que su cuartel general ha sido informado, pero no veo ningún demi-humano.

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—…No hables de ese chico como si fuera un animal. Ese es mi hijo, que comparte mi sangre.

Miles había dicho la palabra prohibida; Bean lo miró agudamente. No parecía del todo cuerdo, así que Miles levantó las manos y retrocedió.

La palabra hijo estaba muy a menudo en los labios de Bean. Parecía obsesionado con eso. Tal vez era lo único que tenía sentido, ya que no llamaba al niño para que volviera por amor. Incluso Miles sintió cierta simpatía por el chico. Tener la vida arruinada a causa de las convicciones fervientes pero equivocadas del padre era una pesadilla.

—Bueno, no es que eso signifique que me contendré o tendré piedad.

Bean miró hacia el campo de batalla con ojos brillantes, esperando el regreso a casa de su hijo. Detrás de él, Miles se sentó en un sofá que no había sido ensuciado por los cadáveres y esperó por el momento adecuado. La casa rebosaba de malas intenciones y de carne podrida. Pero sólo tenía que esperar hasta que llegara el momento.

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