Re:Zero Ex (NL)

Volumen 1: El Sueño que Vio el Rey León

Capítulo 4: La Maldición De Felix Argyle

Parte 1

 

 

Los guardias reales eran los ídolos de todos los caballeros del reino, lo mejor de lo mejor. Sólo los más selectos de los dos mil caballeros del reino se les permitía unírseles, los miembros de la Guardia Real juraron proteger al rey y a la familia real; en esencia, eran la espada y el escudo que salvaguardaban el corazón del reino. Se decía que en el pasado, el estatus familiar y el apoyo personal habían jugado un papel importante en quién se podía unir a la Guardia, pero hoy en día ese no era el caso. Ellos representaban los espíritus más fuertes entre los caballeros del reino.

—¿No crees-nyan que es demasiado pedirle a Ferri que se una a un grupo tan renombrado?

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Ferris se extendió sobre la mesa, haciendo pucheros.

Era mediodía, y el comedor del cuartel de los caballeros estaba abarrotado. La mayoría de ellos eran, obviamente, caballeros, lo que hacía que el lugar fuera todo un espectáculo.

Aquellos que servían al reino, no trabajaban independientemente, y eran distinguidos por el color de sus capas. Había cuatro ejércitos, que vestían de rojo, azul, verde y negro, respectivamente. Grupos del mismo color se movían juntos, en su mayoría; parecía haber una gran camaradería entre los hombres que pertenecían al mismo ejército.

También parecía haber un entendimiento tácito sobre los asientos en el comedor, con el primer ejército sentado más cerca de la entrada y el cuarto sentado más lejos. En general, los asientos más alejados de la puerta eran cedidos a los caballeros de mayor rango. Y, también de acuerdo con la costumbre, los asientos más alejados de todos eran dados a aquellos a quienes se les había permitido prepararse para vestir el manto blanco de la Guardia Real, en otras palabras, a Ferris y sus compañeros.

Alguien repentinamente le habló sin vacilación a Ferris mientras él miraba desinteresadamente alrededor del comedor.

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—No te servirá de nada parecer tan aburrido, amigo mío.

—¿Hmm?

El orador se sentó frente a él, estudiando a Ferris a través de ojos entrecerrados en forma de almendra. Su cabello era de color púrpura claro, y su cara estaba hecha a medida para que se cultivara cuidadosamente el refinamiento y la masculinidad. No se podía comparar con la cara que más le gustaba a Ferris en el mundo, pero era ciertamente hermosa.

—Julius Juukulius… ¿cierto?

—Me honra que me conozcas. Y yo también he oído hablar de ti, Felix Argyle. Tu… ascenso poco ortodoxo ha provocado muchos rumores.

—¿Huh…?

El indicio de una sonrisa flotaba en la cara del joven Julius. Estaba mirando las orejas de gato en la cabeza de Ferris. Ferris no dejaba que sus emociones llegaran a sus ojos amarillos; estaba acostumbrado a que lo miraran embobado.

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Los prejuicios contra los demi-humanos eran comunes en el Reino de Lugunica, por lo que la promoción de un evidente demi-humano a la Guardia Real, la élite de la élite, obligaba a hacer susurrar a los descontentos, incluso si estaban equivocados acerca de sus antecedentes.

Quizás los sentimientos de Ferris se habían deslizado por su mirada, porque Julius frunció el ceño, tosió y luego le hizo un educado asentimiento con la cabeza.

—Mis disculpas. No quise mirar fijamente. Había oído la charla, pero no podía creerlo sin verlo por mí mismo.

—Tal vez lo olvide-nyan si me dices-nyan qué tipo de conversación has oído. Déjame adivinar. ¿Un monstruo con músculos abultados y pelo por todas partes? ¡Sería muy frustrante si la gente estuviera difundiendo rumores como ese sobre el lindo y pequeño Ferri!

—El capitán me dijo que eran un reflejo de la sangre demi-humana de tus ancestros. Y son excelentes orejas. Ya veo por qué tratas de darle un mordisco a cualquiera por encima de ellos.

—… ¿Intentas pelearte con Ferri?

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Era una persona rara que hablaba de las orejas de Ferris con algo más que un abierto desdén. Y Julius había evidentemente escuchado los detalles de los antecedentes de Ferris de su comandante. Tal vez este era su bautismo en los caminos de la clase privilegiada, Ferris había dejado su condición de heredero de una familia noble demasiado pronto para aprenderlos.

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A diferencia de Ferris, Julius era un caballero que obviamente era un experto en esgrima. Si esto continuaba y las cosas se ponían feas, el chico-gato no tenía ninguna esperanza de ganar.

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—¡Pero no creas que saldrás sin un rasguño! ¡Ferri es lindo, pero no tan lindo!

—Odio interrumpirte cuando estás haciendo un trabajo tan bueno, pero creo que podemos tener un malentendido entre manos. ¿Quizás podríamos hablar de ello?

—¿Qué-nyan?

Julius no cogió el guantelete, y su reacción fue tan inesperada que Ferris sólo pudo parpadear sorprendido. En ese momento, alguien tiró de la silla inmediatamente a su lado. (NT: Coger el guantelete es aceptar un desafío, como pelear, discutir o competir.)

—¿No te lo dije, Julius? Déjame empezar la conversación, como te dije. Eres demasiado propenso a los malentendidos. Especialmente con personas que acabas de conocer.

—Aprecio tu preocupación. Pero no creo que mi juicio estuviera equivocado. No creo que pudiéramos haber evitado una cierta confusión sin importar quién hablara primero. Míralo ahora.

El joven que había hablado tan tranquilamente con Julius miró a Ferris. Tenía los ojos azules, y el pelo tan rojo que podría haber sido una llama ardiente. Ferris inconscientemente se puso rígido.

—¿Podría ser… Reinhard van Astrea?

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Su apariencia era demasiado distintiva para que fuera otra persona. A la pregunta de Ferris, el joven pelirrojo sonrió afablemente y dijo, —Ah, ya veo que no hace falta que me presente. Ese es en verdad mi nombre. Para explicarme, yo, como tú, soy un miembro de la Guardia Real. Al igual que Julius.

—Ya que eres nuevo, es natural tener algunas reservas sobre lo que escuchas de tus compañeros caballeros. –Dijo Julius. —Pero tenemos la palabra de nuestro capitán para continuar. Estoy dispuesto a aceptar su evaluación tal como está.

—Um. Me temo que no estoy seguro de lo que eso significa-nyan.

Reinhard y Julius parecían ser amigos, y había una intimidad sin trabas en su conversación. Aún así, Julius parecía estar ocultando algo. No es que a Ferris, totalmente excluido, le importara lo más mínimo.

Más importante para él era la pregunta de por qué estos dos le prestaban atención. Especialmente el Santo de la Espada, Reinhard. Por lo que había oído de la personalidad de Reinhard, Ferris quería creer que no era el tipo de persona que expulsaría a un recién llegado.

—¿Qué quieres de Ferri como para que te haga salir de tu camino y que vengas aquí? No estás aquí para… para intimidarme, ¿verdad?

—Oh, difícilmente. ¿Podríamos llevar el blanco de la Guardia Real mientras participamos en actividades tan nefastas? Sólo cumplimos las órdenes de nuestro capitán.

—¿Te refieres al capitán Marcus?

Re Zero Ex Volumen 1 Capítulo 4 Parte 1 Novela Ligera

 

Las indirectas palabras de Julius hicieron que Ferris pensara en el capitán, un hombre con la cara como una roca. ¿Qué podrían haber venido a hacer esos dos con él por orden de ese hombre?

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—Bueno, para ser breve. –Dijo Reinhard. —Queremos estar seguros de que lo que acabas de temer no te suceda. Julius y yo tenemos tu edad, y pensamos que podrías pedirnos consejo, ya que hemos estado en la Guardia Real por un buen tiempo.

—Oh, ya veo. –Dijo Ferris, apoyando su barbilla en sus manos.

El capitán le había encargado a los dos caballeros que lo cuidaran. El chico tenía una mezcla volátil de factores en su pasado: sus orejas de gato, su habilidad menos que estupenda con la espada, y el hecho de que había entrado en la Guardia a través de sus conexiones. Sin duda había pesado sobre el capitán que se le confiara tal caballero.

Él sólo estaría allí por un año, y había un período de prueba adjunto, pero de todos modos, era una carga tremenda.

—A juzgar por tu reacción, parece que entiendes la posición en la que te encuentras. –Dijo Julius.

—Si le pasara a otra persona, todo parecería una broma, pero es mucho más difícil cuando me está pasando a mí. –Dijo Ferris. —Por cierto, ¿qué les dijo exactamente el capitán sobre Ferri?

Esto hizo que Reinhard y Julius abrieran sus ojos sus ojos, luego se miraron el uno al otro y se pusieron a pensar por un momento.

—Que eres el favorito del cuarto príncipe, y que te aceptaron en la Guardia porque él forzó el asunto. –Dijo Julius

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—También escuché que recibiste una recomendación muy favorable por parte los sanadores del castillo real, así como de la Real Academia de Sanación. – Añadió Reinhard. —Espero que tus habilidades no hayan sido exageradas como para justificar que el capitán acepte tu inusual ascenso.

Sus respuestas le dijeron a Ferris, para su decepción, que la reputación que le había precedido era más o menos la que él esperaba.

Al mismo tiempo, estaba seguro de que podía sentir más ojos que antes fijos en su pequeño grupo desde todos los alrededores del comedor. Él no parecía ser la única razón por la que la gente miraba a su alrededor. Incluso el Santo de la Espada Reinhard no acaparaba todas las miradas. Debían haber algunas sobre Julius también.

—¿Seguramente el capitán no está solamente tratando de mantener todos sus más grandes problemas en un solo lugar…? –Murmuró Ferris.

Pero no podía sacudirse el mal presentimiento que tenía cuando sus pensamientos se dirigían hacia el período de prueba en la Guardia Real que estaba a punto de comenzar.

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