Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 6: A Cada Uno su Propia Batalla

Parte 5

 

 

Los aventureros del edificio de oficinas a medio construir comenzaron a relajarse a medida que el sonido de la batalla se hacía más lejano.

«…¿Crees que se fueron por ahí?»

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«Eso parece».

Quizá nos rescaten después de todo. Mamá, papá, quizá sobrevivamos.

Mientras se miraban unos a otros y susurraban, cada palabra era de miedo o de queja.

Esto no va a ayudar.

El Guerreo Pesado suspiró para sí mismo mientras estaba de pie en la puerta, mirando hacia afuera. Estaba perdiendo el ánimo, y lo odiaba.

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No es que no simpatizara con los novatos.

Cualquiera, cuando fracasaba, cuando se encontraba con algo difícil o doloroso, podía sentirse acobardado. Podría golpear el suelo en frustración.

Sobre todo, estos chiquillos no querían ser asesinados por los goblins. Ninguno quería.

Pero, ¿qué era un aventurero que nunca se aventuraba? Por mucho que se tambalearan, un verdadero aventurero nunca se rendía hasta el momento de su muerte.

Incluso si la siguiente tirada de los dados de los dioses pudiera ser crítica.

Justo en ese momento…

Fwump.

Se oyó un ruido de pisadas fuertes, lo que hizo que el suelo retumbara suavemente.

Los principiantes temblaron, tragando saliva nerviosamente; cerraron sus bocas y dejaron de hablar.

Una sombra oscura.

Pasó de largo sujetando un enorme garrote en su mano.

El Guerrero Pesado no tuvo que sondear las profundidades de su conocimiento sobre monstruos para saber lo que era.

«Tenemos un visitante grande y feo. Un nómada».

Un nómada. Un hobgoblin. (Nova: Aquí dice “hob”, por eso es un hobgoblin)

Una forma superior de goblin que aparecía intermitentemente. Carecían de inteligencia y no eran luchadores particularmente elegantes, pero tenían una fuerza sin fin. En muchos nidos, eran el jefe, o a veces eran contratados como matones.

«Hey, chicos. ¿Quieres ver algo genial?» El Guerrero Pesado escupió en su palma, untó la empuñadura de su espada ancha, y luego sujetó el arma con fuerza. «No sé qué les enseñaron los demás, pero sólo tengo una lección para ustedes.»

Luego, de manera casual, salió corriendo por la puerta.

«¡¡HHOOOOORRB!!»

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Un paso, dos, tres. Avanzó directamente hacia el gigantesco goblin.

Era sólo un goblin. Pero no cualquier goblin.

Ni siquiera se comparaba con el goblin campeón con el que había luchado antes.

Aun así, un golpe directo de esos músculos no sería muy divertido. Podría incluso ser fatal, dependiendo de las circunstancias.

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«No importa a lo que te enfrentes, si tienes suficiente información sobre él…»

¿Quién creería que un arma tan descomunal podría ser balanceada en un círculo?

Se acerco.

Dejó que el impulso de su cuerpo lo llevara. Si eras lo suficientemente fuerte, no era imposible.

Su cuerpo comenzó a doblarse.

La espada de acero a dos manos había costado mucho más que el resto de su equipo. El precio la ponía en un nivel diferente. Y el Guerrero Pesado—

«…entonces, niños y niñas, pueden matar cualquier cosa… ¡Incluso a un dios!»

—balanceo su espada.

***

 

 

Los goblins sólo piensan en hacer maldades.

Los cuentos de hadas nos cuentan eso, pero las oportunidades de verlo de primera mano son raras.

«¡GROB! ¡¡¡GROORB!!!»

«¡¡GORROOR!!»

¿Cómo había ocurrido esto?

Su mente trabajaba rápidamente mientras su armadura de cuero, lo suficientemente nueva como para estar rígida, crujiente y agrietada. Se suponía que él tenía una espada en la mano, pero debe haberla dejado caer en algún lugar mientras corría. Cada vez que daba un paso, la vaina golpeaba su pierna, recordándole que su cabeza estaba tan vacía como su vaina.

La oscuridad de la noche parecía estar completamente llena del murmullo de los goblins.

Las sombras de los árboles a la luz de las lunas gemelas se cernían inquietantemente, y una horda de ojos ardía como estrellas en la oscuridad.

Era algo que la mayoría sólo había visto en sus pesadillas. Tal vez los principiantes, principiantes que ni siquiera tendrían la oportunidad de terminar su entrenamiento, jamás lo hubieran imaginado.

Ninguno de ellos.

La mayoría de ellos, cuando se imaginaban a sí mismos en una crisis, también se imaginaban a sí mismos liberándose tranquilamente de ella. ¿En lo profundo de una cueva, rodeado de goblins? Pensarían en una forma inteligente de cambiar la situación.

Pero nunca imaginaron que podrían estar rodeados por goblins en un camino nocturno completamente abierto.

«…¡M-Maldita sea!»

«¡Por aquí, rápido!», gritó alguien, y se dirigieron al bosque.

Pensaron que les daría una ventaja frente a ser atrapados en el campo.

Había habido, tal vez, quince de ellos al principio. Habían estado deambulando por el camino después del entrenamiento, volviendo a la ciudad.

Mañana habría más entrenamiento. Pero querían tener aventuras pronto. Ese había sido el tema de su conversación.

¿Y qué con eso?

Un grito había venido desde la cola de su grupo. Se volvieron para ver a una chica envuelta en una masa oscura.

«¡Nooo! No, para, pa-ahhh! ¿¡Gghh…. Hrrgh…?!»

Todavía podían oír sus gritos mientras su vida terminaba, su voz densa mientras lloraba y clamaba por su madre.

Cuando él se lanzó y de alguna manera se las arregló para llevársela, ya había terminado. Ella estaba toda cortada y rasgada, con un hueso clavado en su carne desgarrada. Por supuesto que ella no estaba viva. ¿Cómo podría estarlo?

…Después de eso, todo había sido un caos.

«¡Goblins!»

Algunos habían gritado y corrido, tratando de huir; otros habían intentado enfrentarse a los monstruos, pero uno desapareció, luego otro se separó….

Ahora sólo quedaban cinco o seis de ellos.

«¡Pensé que se suponía que los goblins se quedaban en sus cuevas…!»

«¡Bueno, están aquí ahora, así que deja de quejarte!»  El guerrero que corría a su lado se quitó el casco, que se había calentado demasiado. «Sólo tenemos que volver a…»

Nunca llegó a terminar lo que estaba diciendo.

Una roca cayó sobre su cabeza desde arriba, aplastando su cráneo.

«¡¿Qu-qué…?!»

¡¿Arriba de nosotros?!

Otro aventurero limpió desesperadamente los trozos de cerebro que salpicaron su frente y luego miró hacia los árboles, donde los vio: los ojos ardientes y brillantes de los goblins.

«¡Nunca oí que pudieran trepar a los árboles!» Podía considerarse afortunado de no haberse echado a llorar en ese mismo instante.

Tenía sólo quince años. El chico más fuerte de su aldea. Eso había sido suficiente para convencerlo de abandonar su hogar.

Él sabía cómo blandir una espada. Exploración básica, cómo montar un campamento, y así sucesivamente. Había pensado que eso lo hacía un «conocedor». Se dio cuenta demasiado tarde de lo equivocado que estaba.

Los cinco aventureros sobrevivientes se reunieron, tratando de evitar que sus rodillas temblaran.

Sostenían sus armas en manos temblorosas, intentaban recitar hechizos con lenguas que no respondían, intentaban orar a pesar del miedo abrumador.

La aullante risa de los goblins volvió a producirse.

«¡¡¡GOORB!!!»

«¡GROORB! ¡¡¡GRORB!!!»

Señalaron a los aterrorizados aventureros, acercándose y parloteando en voz alta.

Si los aventureros hubieran sido capaces de entender el lenguaje de los goblins, su miedo sólo habría aumentado.

Dos puntos por un brazo. Tres puntos por una pierna. Diez por una cabeza. Y un torso, cinco.

No hay bonificación por un hombre, pero diez puntos extra por una mujer.

Una forma horrible de decidir a quién atacar.

Y todo esto a pesar de que las hondas y las lanzas no permitían decir quién había matado qué, y sin duda terminarían simplemente discutiendo sobre quién tenía más o menos puntos.

Los goblins pensaban que era un juego maravilloso el que se les había ocurrido. Levantaron sus armas alegremente.

¿Era este el final?

Los dientes de los aventureros castañeaban mientras veían avanzar a los goblins.

Se levantaron las espadas oxidadas, las puntas de las lanzas, las rocas crudas, ningún indicio de misericordia…

«¡Oh, Madre Tierra, abundante en misericordia, concédenos tu luz sagrada a los que estamos perdidos en las tinieblas!»

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Fue entonces cuando ocurrió un milagro.

Un destello como el sol, asaltando a los goblins con su poder.

“¡¿GROOROROB?!”

“¡¿GORRRB?!”

Los goblins gritaron y tropezaron hacia atrás; entonces entre ellos apareció una silueta, y luego otra.

«¡Toma… esto!»

«¡¡Yaaaaaaahhhh!!»

La Luchadora Rhea blandía una espada con una sola mano, mientras que el Guerrero Novato balanceaba su garrote de un lado a otro.

Su fuerza era poco elegante pero efectiva. Bash, bash, bash.

Eran como un torbellino descendiendo sobre los goblins.

«¡¿GORB?!»

«¡¿GOROORB?!»

Puede que no fueran capaces de cortar los goblins en dos, pero si cortas a una criatura desde el hombro hasta el torso, desgarrando hueso y carne en el camino, tu enemigo morirá.

No necesitaban golpes críticos contra los goblins.

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«E-ergh ¡Aún no me acostumbro a esta sensación!» Gimió la Luchadora Rhea mientras sacaba su espada de uno de los monstruos.

«¡Siguen viniendo!» El Guerrero Novato le gritó en respuesta, pateando hacia un lado el cadáver de un goblin.

Él estaba imitando a Goblin Slayer. Si él estuviera librando esta batalla, soltaría su espada y robaría otra arma.

Por otra parte, el Lancero habría actuado de forma más decisiva, escogiendo puntos vitales y apuñalándolos rápidamente antes de pasar al siguiente.

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¿Y el Guerrero Pesado? Él habría barrido a todos los goblins con un gran movimiento de su espada.

¡Pero supongo que no puedo hacer nada de eso, así que…!

Pensar en las cumbres que aún tenía que alcanzar envalentonó el espíritu de lucha del Guerrero Novato.

«¡Bien, monstruos, vengan…!»

«¡Oh, por…! ¡Si pierdes otra arma, no habrá mesada hasta que compremos una nueva!» La Aprendiz de Clérigo le gritó al Guerrero Novato, y luego corrió hacia los aventureros, levantando el dobladillo de sus vestiduras para poder correr. «¿Algún herido? ¡Hablen! ¡Acérquense, los trataré! ¡Milagros sólo para los gravemente heridos!»

Varios de los aventureros casi se arrastraron hacia ella. No vio a nadie que necesitara atención inmediata de emergencia. Tampoco parecía haber nadie envenenado.

Sin embargo, ¡este no era el momento para dar gracias a los dioses por haber llegado a tiempo!

Otros diez jóvenes aventureros yacían cruelmente asesinados en la calle.

La Aprendiz de Clérigo se mordió el labio y sacó unas vendas de su bolsa de objetos. Ella no tenía la libertad de lanzarle Curación Menor a todos.

«U-Ustedes…»

«¡Hemos venido a… a ayudarlos!»

Esta sonora voz provenía de la Sacerdotisa que sostenía el bastón desde el cual resplandecía la Luz Santa. Su delgada cara brillaba por el sudor, y ella miraba a la horda de goblins; era su fe inquebrantable la que mantenía el milagro en marcha.

«¡Todos júntense!», ordenó ella. «¡Vamos a salir al campo! ¡En un espacio confinado como este, estamos a merced de los goblins!»

«Pero… Pero si nos rodean allá afuera…»

«Nos mantendré a salvo con Protección…. ¡Andando!» Gritó la Sacerdotisa, pensando tranquilamente en cómo usar sus milagros.

Lo más probable es que tuviera que superponer dos milagros para evitar los ataques de los goblins mientras se retiraban. Sólo podía usar tres milagros al día, así que sería un fallo crítico desperdiciar siquiera uno de ellos.

Tampoco habrá Curación Menor hoy, ¿huh?

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Sintió angustia al pensarlo, pero esta era la mejor manera en que ella podía luchar. Si ella se mantenía firme en esa creencia, la misericordiosa Madre Tierra continuaría concediéndole luz.

“……”

Entre los aventureros que habían venido al rescate había un muchacho pelirrojo, que no decía ni una palabra.

El clamor de la batalla. Los gritos de sus dos luchadores de primera fila. Los gritos de los goblins. Las advertencias de las dos clérigos. Las respuestas de los aventureros.

El muchacho asimiló todo esto, con la boca bien cerrada, sujetando su bastón con tanta fuerza que sus dedos se volvieron blancos.

¿Por qué? Porque en este grupo de cinco personas, él tenía el mayor poder de fuego de entre todos ellos.

No puedo usar mi hechizo descuidadamente.

No cometería el mismo error que la última vez.

Había tantos goblins. Incluyéndolo a él, solo había tres aventureros que podían luchar adecuadamente, mientras que el enemigo era más de una docena.

¿Podría eliminarlos a todos con una sola bola de fuego? No, imposible. El enemigo estaba demasiado disperso para alcanzar a varios de ellos con un solo disparo.

Pero usar su hechizo para eliminar a un solo goblin no tenía sentido.

Sin embargo, no tenía tiempo para pensarlo. Había goblins por todas partes, y quedarse quieto te hacía un blanco fácil.

Justo como esa acólita a la que habían capturado. ¿Qué les pasaría a las chicas que están aquí?

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¿Qué le había pasado a su hermana…?

De repente, el Chico Mago sintió que su visión se calentaba como el fuego, pero él mismo estaba completamente tranquilo.

Ese extraño aventurero, Goblin Slayer… por mucho que el Chico Mago odiara admitirlo, siempre estaba calmado. Si él dejaba que su ira dictara cómo usaba su hechizo, esta vez verdaderamente sería menos hombre que ese aventurero.

No… no es que Goblin Slayer fuera a decirle algo. Pero él nunca sería capaz de perdonarse a sí mismo.

Entonces, ¿qué hago?

Un hechicero era más que lanzar bolas de fuego y arrojar relámpagos.

Entonces, ¿qué había que hacer…?

En ese momento, hubo un destello como un relámpago en su cerebro.

«¡Todos, tápense los oídos!»

«¡¿Qué?! ¡Estamos… un poco ocupados… peleando aquí…!»

«¡Deprisa!»

«¡Aw, hombre!»

El Guerrero Novato y la Luchadora Rhea no estaban contentos con las repentinas instrucciones, pero no discutieron.

No había tiempo que perder.

El chico pelirrojo miró a la Sacerdotisa, que le hizo un solemne asentimiento con la cabeza.

«¡Te dejaré esto a ti!»

Era lo mismo que Goblin Slayer había hecho por ella durante la batalla después del festival, y también en la montaña nevada.

El uso de hechizos, como tantas otras cosas, requería tanto las órdenes como la confianza del líder del grupo.

Y el muchacho en quien ella había confiado -el chico mago pelirrojo- asintió y levantó su bastón.

«¡Ustedes también! ¡Hagan lo que dice y tapen sus oídos!» La Aprendiz de Clérigo gritó a los aventureros a su cuidado.

El Guerrero Novato y la Luchadora Rhea rápidamente se ocuparon de los goblins que tenían ante ellos y luego se apresuraron a tomar distancia.

Sólo tendré una oportunidad.

De la boca del muchacho resonaron palabras de verdadero poder, su hechizo desatado sobre el mundo.

«¡Crescunt! ¡Crescunt! Crescunt!»

Fueron sólo tres palabras. Un poder invisible brotó, flotando en el aire, derramándose delante del muchacho.

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Lo que siguió fue un solo sonido.

 

¡¡¡¡¡HRRR RRRRRRRRRRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH HHHHH!!!!!

 

El aire tembló.

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