Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 6: A Cada Uno su Propia Batalla

Parte 3

 

 

Poco después, los dos llegaron al edificio que serviría como centro administrativo del campo de entrenamiento cuando estuviera terminado.

Aunque iba a ser el edificio central, aún no estaba terminado y se sentía abandonado. Había muchos huecos en las paredes y el techo, y se podían ver las figuras de muchos aventureros que se habían reunido con su equipo a la mano.




Afortunadamente, parecía que más de unos cuantos aventureros habían logrado llegar hasta aquí a través de esta odisea.

«¡Hey, miren! ¡Pero si es Goblin Slayer! ¿Todo está bien?»

La primera persona que los saludó fue el aventurero que hacía guardia junto a la puerta… el Lancero. Dado a que siempre parecía dispuesto a saltar directamente a la acción, era realmente sorprendente verlo allí de pie.

«Sí», dijo Goblin Slayer asintiendo con la cabeza. Analizó correctamente la intención de la pregunta. «Los que estaba cuidando están todos a salvo.»

«¿Sí? La mayoría de los chicos volvieron a casa de todas formas, ya que era muy tarde y todo eso».




«Antes de… que oscurezca… ¿cierto?»

Había otra persona. Una voluptuosa Bruja apareció al lado del Lancero, deslizándose como una sombra; una pálida esfera de luz flotaba en el aire cerca de ella. ¿Un fuego fatuo? No, esto no era un espíritu. Tal vez el hechizo Luz.

Nadie quería arriesgarse a usar fuego, ni siquiera fuego mágico, en esta área. El viento esta noche de primavera era fuerte. Si el fuego prendiera algo aquí, sería una catástrofe.

«Los dos están a salvo…» Sacerdotisa, quizás aliviada de ver un par de caras familiares, dejó escapar un suave suspiro.

Ella por fin puso fin al temblor de sus rodillas, agarrando su sonoro bastón con ambas manos y logrando parecer adecuadamente decidida.

«¡Nosotros también estamos aquí!» La clara voz era como una palmada en la espalda, y trajo una sonrisa que floreció en la cara de la Sacerdotisa.

«¡Están todos aquí!»

«Ahh, y tú también. Aunque este sea un lugar para practicar batallas, no esperaba que se convirtiera en un campo de batalla real».

«¡Esos pequeños bastardos me hicieron perderme la cena!»

También apareció el Sacerdote Lagarto, que se veía igual que siempre, junto con el Chamán Enano, que se frotaba la barriga con calma.

La Sacerdotisa corría hacia ellos antes de saber lo que estaba haciendo, cuando la Arquera Elfa Superior la retuvo.

«¿De verdad estás bien? ¿No estás herida? Esos goblins no te hicieron nada, ¿verdad?»

«No pasa nada, estoy bien. Gracias al cielo que todos están a salvo…»

Gracias al cielo que no resultó como aquella vez.

Rodeada de sus amigos, la Sacerdotisa se dio cuenta de que sus ojos rebosaban de lagrimas. Nadie dijo nada al respecto. ¿Quién en el mundo podría soportar perder a sus amigos dos o incluso tres veces?

“…”

Goblin Slayer miró a sus camaradas durante varios segundos y luego giró lentamente su casco de acero.

La clave era siempre estar pensando… en lo que uno debería, y podría, hacer.

Este edificio aún estaba incompleto y era frágil. Ellos no serían capaces de atrincherarse en él por mucho tiempo.

Siendo ese el caso, necesitaban potencia de fuego. No eran un grupo de novatos acobardados en un rincón. En ese momento…

«Hey. Llegaste aquí de una pieza, huh, Goblin Slayer»

Sus ojos se encontraron con los de un guerrero fornido.

El Guerrero Pesado parecía haber pasado ya por una batalla; el tenue olor a sangre colgaba de él.

Presumiblemente, por supuesto, eran goblins los que había matado. ¿Qué más podría haber sido?

Goblin Slayer miró alrededor del edificio para ver si reconocía a alguien más.

«¿Estás solo hoy?»

«Puede que ella sea una caballera, pero sigue siendo una mujer. Hay veces que se siente indispuesta. Los mocosos le hacen compañía en la posada». La expresión del Guerrero Pesado contenía una profundidad indescriptible. Se encogió de hombros, haciendo que su armadura resonase. «El líder de un grupo tiene que pensar en la salud de su gente».

Había sido un golpe de suerte, en realidad. El que se sentiera indispuesta había mantenido a su grupo en casa y, por lo tanto, fuera de este problema.

«Pero escucha», dijo el Guerrero Pesado, sonriendo como un tiburón hambriento. «Cuando los tres más ‘lo que sea’ de la frontera están en el mismo lugar, las cosas definitivamente se pondrán interesantes.»

Por supuesto, no había margen de error en esta situación. Los traqueteos de los aventureros que no habían logrado llegar a la improvisada base se podían escuchar por todas partes. Cada vez que un goblin aullaba durante la noche, los novatos en el edificio se miraban unos a otros y temblaban.

Los aventureros estaban generalmente acostumbrados a ser los atacantes, no los atacados. Sí, ocasionalmente eran emboscados, y a veces tomaban misiones de escolta. Pero de alguna manera, en lo más profundo de sus corazones, continuaban creyendo que nunca serían realmente cazados.

Se podría decir que la Sacerdotisa tuvo la mala suerte de haber tenido esta suposición tan violentamente desmentida, pero también era su propia clase de buena fortuna.

En cualquier caso, si no salían de allí -o mejor dicho, mataban a los goblins- no vivirían para volver a ver el sol.

Todos los presentes compartieron este planteamiento. El Lancero miraba hacia afuera con una mirada amarga.

«¿Vamos a dejar que nos pongan bajo asedio? Aburrido. No quiero esconderme aquí y morir».

«En… cualquier… caso, sería, mejor… que todo el mundo se uniera, primero.»

«Sí», estuvo de acuerdo Goblin Slayer. «Mis pupilos están apostados en la plaza.»

«Necesitamos un mensajero, entonces», dijo rápidamente el Guerrero Pesado. «Situación evaluada: goblins. Vengan y únanse a nosotros. Ese tipo de cosas. Tenemos que avisar a todos los sobrevivientes y traerlos aquí tan pronto como podamos».

«¡Yo iré!» La Arquera Elfa Superior se puso en pie inmediatamente, levantando la mano. «¡Soy la corredora más rápida que tenemos!»

«Perfecto, adelante».

«¡Puedes contar conmigo!»

Y luego se fue como el viento en la noche.

El Guerrero Pesado la vio partir y luego miró a su alrededor. Goblin Slayer y su grupo eran cinco. Luego estaban el Lancero y la Bruja. Y él mismo.

Dependiendo del número de novatos con los que realmente se pudieran contar en batalla, tenían unas diez personas para luchar con ellos. No contó a los que trataban de acurrucarse en pequeñas bolas. El Guerrero Pesado tomó la decisión: no los involucraría.

«Así que, Goblin Slayer», dijo. «Estamos tratando con goblins. ¿Quién crees que los lidera?»




«Probablemente otro goblin», dijo sin dudarlo Goblin Slayer. «Uno superior, supongo, pero dudo que haya nacido otro lord. Tal vez un chamán inteligente…»

«¿Tienes alguna prueba?»

«Si alguien que no sea un goblin los dirigiera, los goblins serían tratados como soldados de infantería, no como la fuerza principal.»

Era verdad. Nadie más que un goblin pensaría en usar otros goblins para cavar un túnel y atacar los campos de entrenamiento.




El Guerrero Pesado asintió. «Tenemos que lidiar con los peces pequeños, pero también tenemos que asegurarnos de eliminar al pez más grande», concluyó. «¿Y dónde estaría ese pez más grande…?»

«En mi opinión, los pequeños demonios tendrán más de un agujero», dijo el Sacerdote Lagarto, con su mandíbula fija. Golpeó su cola contra el suelo y levantó un dedo escamoso. «Presumiblemente habrá uno en cada dirección. La solución más rápida sería entrar en uno de ellos y llegar hasta su origen».

«Sobre eso», dijo el Lancero, vigilando de cerca el exterior mientras hablaba. «¿Cómo sabremos cuál de ellos lleva a su cuartel general?»

«Tengo la misma pregunta. Más concretamente, lo más probable es que todos estén conectados por dentro».

En asuntos subterráneos, nadie podía igualar a un enano.

El Chamán Enano tomó un trago de la jarra de vino en su cadera y luego soltó un eructo con un olor fuerte a alcohol.

«Lo más probable es que sólo cavaran un túnel y luego lo dividieran justo antes del ataque. Eso sería lo más fácil, después de todo.»

«Suena bien, entonces. Bajamos por el agujero más cercano. ¿Estás de acuerdo con eso, Goblin Slayer?»

«No tengo ninguna objeción.»

«Entonces, el problema son esos niños.» La Bruja hizo un gesto significativo a los novatos. «Hay, otros, ¿no es así? ¿Qué haremos, con…. estos pequeños?»




«Dejarlos, traerlos o hacer que huyan», musitó el Guerrero Pesado.




El Lancero, sin embargo, le dio una sonrisa y un toque en el hombro. «Tengo la impresión de que una espada ancha no servirá de mucho en un túnel…»

«¡Aw, vete a la mierda!» El recordatorio del antiguo fracaso del Guerrero Pesado tocó un nervio. «Pero demonios. Siempre me ha gustado más estar en la superficie que debajo de ella. Me llevaré a los niños. Ustedes encárguense de la tierra».

«Claro», dijo el Lancero.

«No hay problema», añadió Goblin Slayer.

Los veteranos habían calculado todo esto en un abrir y cerrar de ojos. Aunque ella ya no era exactamente una principiante, la Sacerdotisa se dio cuenta de que no podría haber pronunciado ni una palabra. A diferencia de la Arquera Elfa Superior, que podría haber elegido abstenerse, la Sacerdotisa no podría haber hablado incluso si lo hubiera querido. (De todos modos, la elfa parecía ver las interrupciones insubordinadas como su papel).

Era la variedad de opiniones y perspectivas lo que conducía a una conclusión sólida. Las objeciones y el diálogo no eran lo mismo que negar lo que decía otra persona. Pero ahora mismo, la perspectiva -algo arraigado en la auténtica experiencia- era de lo que la Sacerdotisa carecía abrumadoramente.




Pero…

¿Qué era esto? ¿Esta inarticulada ansiedad?

Aunque no podía expresarlo con palabras, podía haber sido una especie de señal de los dioses.

Ella pensó en la preocupación que se había apoderado de ella cuando su grupo entró en la cueva en esa primera aventura. El creciente pánico que se acumulaba en su pequeño pecho… la sensación de que tenía que hacer algo.

Las cosas terminarían mal si ella dejaba que siguieran adelante. Ella tenía que hacer algo.

¿Pero qué?

«Oh.»

Ese sonido se le escapó de la boca en el momento en que se le ocurrió la posibilidad.

La mirada colectiva de los otros aventureros la atravesó, provocando que se sonrojara un poco.

«¿Qué pasa?» Goblin Slayer fue el primero en hablar. «¿Goblins?»

«…Uh-um!» Su voz era aguda. La concentración en ella se hizo aún más intensa. Era suficiente para hacer que quisiera huir. «Los otros nuevos aventureros ya se han ido a casa, ¿verdad?»

«Sí», asintió el Lancero. «Todos menos los que querían practicar combate nocturno. Se fueron en el momento en que se puso el sol.»

«¿Dónde supones… que están ahora?»

«¿Adónde quieres llegar?» Dijo el Guerrero Pesado, mirándola fijamente. Ciertamente no intentaba asustarla intencionadamente, pero las circunstancias eran como eran. Su misma seriedad, su intención de no pasar por alto ninguna idea o información, era en sí misma intimidante.

«Bueno, um…»

La Sacerdotisa se echó hacia atrás.

¿Realmente había algún valor en que ella diera su opinión?

¿Y si resultara no ser más que una mera fantasía?

¿Qué razón creía ella que podía tener…?

«Sólo dínoslo». La voz de Goblin Slayer era suave, desapasionada. Absolutamente igual que siempre. La Sacerdotisa tragó saliva; apretó con más fuerza su bastón para ocultar el temblor de sus manos.

Ella tomó un respiro y luego lo dejó salir.

«… Los goblins… Creo que también deben ir tras los novatos que van camino a casa.»

«¡¿Qué?!» Exclamó el Guerrero Pesado contra su voluntad. Su armadura se estremeció, haciendo que la Sacerdotisa se estremeciese por un segundo. Pero ella no dejó de hablar. No debía hacerlo.

«¿No es extraño? Sé que los goblins son criaturas cobardes y calculadoras.»

Porque alguien me lo enseñó.




Le enseñó a pensar como un goblin. Cómo vivían. El miedo que sentían.

«Si yo fuera un goblin, el último lugar que querría atacar es un edificio lleno de fuertes aventureros.»

Y también, cómo podrían usar un gran ejército como distracción….

Eso fue algo que él había dicho cuando pelearon con el goblin lord, ¿hace cuánto tiempo había sido eso?

Ella aún estaba aprendiendo. Ella aún tenía experiencias que adquirir. Pero ella tenía algo de experiencia.

Ella misma no se había dado cuenta.

«…Creo que ella tiene razón», Goblin Slayer gruñó en voz baja. «Pasé eso por alto.»

«Y yo… tengo una idea.»

Una vez que la Sacerdotisa comenzó a hablar, el resto fue fácil.

No es que fuera fácil expresar sus ideas de manera clara y sucinta, pero el hablar en sí mismo le resultaba fácil, y ella no dudó.

«Así que iré… iré ahora mismo».

Con todos a su alrededor enfocados completamente en ella, la Sacerdotisa trazó su plan.

«Nuestros amigos aventureros incluyen, um, dos guerreros, un clérigo, un mago…»

Ella contaba con sus dedos. El Guerrero Novato, la Luchadora Rhea. La Aprendiz de Clérigo y el Chico Mago.

«Creo que con sólo tenerme a mí, otra clérigo, podría cambiar la situación. Así que…»

Voy a ir a ayudarlos. Yo quiero ir.

Estas serias palabras hicieron que los aventureros de rango Plata se miraran unos a otros.

«…El tiempo, apremia… ¿no es así?» La Bruja miró hacia afuera y dio una sola risa seductora, pero habló alentadoramente.

«No tengo ni idea de lo que esta chica es o no es capaz de hacer. Así que me abstendré», añadió rápidamente el Lancero.

«…Tiene sentido», dijo el Guerrero Pesado. Luego miró a la Sacerdotisa con los ojos entrecerrados, mirándola de arriba a abajo. «Siempre existe la posibilidad de que dividir y conquistar sea el objetivo. ¿Crees que puedes encargarte de esto?»

«En cuanto a mí, tengo fe en ella», dijo el Sacerdote Lagarto con un gesto pensativo y un giro de sus ojos. Le hizo un guiño a la Sacerdotisa. «Debemos atacar el corazón del enemigo, pero de ninguna manera debemos abandonar a nuestros jóvenes aventureros para hacerlo. Creo que es una buena táctica».

«Perfecto para una prueba de promoción, diría yo», se rió el Chamán Enano, acariciando su larga barba blanca. «¿Estás de acuerdo, Corta-barbas? Algún día tendrás que empujarla fuera del nido, ¿eh?»

Sr. Goblin Slayer…

La Sacerdotisa miró al hombre de la sucia armadura suplicando.

Ahora que ella lo pensaba, se dio cuenta de que esta sería casi la primera vez que había ido a una aventura sin él desde la primera aventura en la que había estado.

¿Podría hacerlo? ¿Ella sola?

La Sacerdotisa no estaría sola, pero tendría que confiar en sus propias fuerzas.

¿Podría luchar contra los goblins?

Todos le dijeron amablemente que creían que podía hacerlo. Incluso la Arquera Elfa Superior, que no estaba allí, seguramente habría estado de acuerdo.

Eso la hizo muy feliz; ¿qué más podría desear que eso?

Y sin embargo…

Si esta persona dice que no debo o no puedo….

Entonces ella tendría que aceptarlo en silencio. Eso sería lo mejor para todos, estaba segura.

Pero lo que él dijo no era lo que ella temía.

«¿Puedes hacerlo?»

“Yo…”

Su pregunta fue tan sucinta, tan simple. Como siempre lo era.




Y sin embargo…

Le hizo desear aún más estar a la altura de las expectativas implícitas en ella. Tenía que estarlo.

La Sacerdotisa se tragó las palabras a medio decir, se mordió el labio, y luego contestó casi gritando: «…Lo haré!»

Goblin Slayer la miró intensamente. Lo que hubiera en sus ojos estaba escondido detrás de su casco; ella no podía ver su expresión, pero aun así….

«¿Es así?» Él asintió lentamente y luego pronunció su veredicto. «Entonces está decidido.»

5 1 voto
Calificación de este Capítulo
Mantente Enterado
Notificarme
guest
2 Comentarios
Mas Votados
Mas Recientes Mas Antiguos
Respuestas en el Interior del Texto
Ver todos los comentarios