Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 5: El Campo de Entrenamiento a las Afueras de la Ciudad

Parte 5

 

 

Chirp, chirp. Chirp, chirp, chirp, chirp.

La Vaquera fue despertada de su profundo sueño gracias al canto del canario.

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«Hrn…. ¿Hmm? ¿Hmm?»

Ella se frotó los ojos y parpadeó varias veces. Ella se estiró mucho y se dio cuenta de que estaba sentada en una silla en el comedor. Debe haberse estirado sobre la mesa y luego se quedó dormida en algún momento.

El sol ya estaba verdaderamente oculto, dejando el interior de la habitación oscuro; la única luz era el tenue resplandor de las lunas gemelas.

Sobre la mesa había una taza de té negro, que se había enfriado por completo.

Ella debe haberse quedado dormida esperándolo.

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«Hmm… Al menos no tengo marcas de almohadas», dijo ella, masajeando sus rígidas mejillas. Mientras lo hacía, una manta cayó de sus hombros.

Su tío debe haberla puesto ahí. Aunque era el principio de la primavera, las noches todavía eran frías. La Vaquera la recogió y la dobló.

«Tendré que agradecerle…»

Mientras lo hacía, el canario continuó cantando ruidosamente, revoloteando alrededor de su jaula. La Vaquera encendió rápidamente una vela, la colocó en un candelabro y se dirigió a la jaula.

«¿Qué pasa? ¿Tienes frío? ¿O tal vez tienes hambre?»

El tono que ella adoptó, como si estuviera hablando con un niño pequeño, probablemente era natural. Ella se inclinó hacia adelante, mirando la jaula; el canario ladeó la cabeza y la miró.

Ella podía ver la silueta de sí misma en su ropa de dormir ondeando en el reflejo de la ventana.

Quizá debería ir a dormir en mi cama.

La idea tenía sentido, pero no le apetecía.

Tal vez debería empezar a ir con él….

Se acercó a la ventana, puso su barbilla en su mano y suspiró.

No, imposible. Una fantasía que flaqueaba en todo momento.

Es cierto que era bastante musculosa, aunque odiaba admitirlo, su cuerpo estaba mejor formado que el de la mayoría de las chicas de su edad. Pero aun así, eso no significaba que ella pudiera usar un arma o enfrentar monstruos.

Y sobre todo, si ella también empezara a ir a otros lugares, tal vez él ya no volvería a casa….

«…Whoa, no te pongas así.» La Vaquera no podría resistir emitir una risita.

Fue entonces cuando ocurrió: con un traqueteo y un estruendo, la puerta se abrió. El aire de la noche entró a la deriva, junto con un olor extraño. Un hedor a hierro. Barro y sudor y polvo, junto con sangre.

Incluso sin mirar, la Vaquera lo supo inmediatamente: era su olor.

«¡Bienvenido a casa!»

«…He regresado.»

La respuesta a su gentil voz fue silenciosa, desapasionada y contundente.

Él cerró la puerta tras de sí al entrar, intentando con todas sus fuerzas no hacer ruido, pero el ruido seguía siendo un poco fuerte. La Vaquera se giró, sonriendo suavemente, y su casco se sacudió, dudosamente.

«¿Has estado despierta todo este tiempo?»

«No. Acabo de despertarme.»

«¿Te desperté?»

«No, no. No te preocupes por eso. Alguien me despertó en el momento justo». Ella señaló la jaula y agregó: «¿Eh, amiguito?» a lo que el canario respondió: ¡Chirp!

«Esta ave es increíble. Sabía que estabas en casa antes de entrar».

«Hmm,» gruñó él suavemente, sacando una silla y sentándose pesadamente. La Vaquera pensó que al menos podía permitirse quitarse las armas y la armadura, pero no dijo nada. Ella se alejó de la ventana, agarró un delantal que colgaba en la cocina y se lo puso sobre su ropa de dormir.

«¿Cenas?», preguntó ella, mirando por encima de su hombro mientras ataba el cordón del delantal detrás de ella.

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«Déjame ver», contestó él, y luego «Sí, por favor». Finalmente, añadió en voz baja: «Cualquier cosa estaría bien».

«Tengo estofado listo para comer».

Después de un momento de pausa, «… ¿Es así?» contestó él con una inclinación de cabeza predecible.

Tomó algo de tiempo volver a encender el fuego del horno y calentar el estofado.

«Oh, tal vez quieras limpiar un poco tu armadura».

«¿Es así?»

«Sí. Hay una toalla de mano por ahí que puedes usar».

«Ah.»

Él obedientemente empezó a limpiar la suciedad de su casco y armadura, aunque sus movimientos eran bastante bruscos. Por supuesto, estas no eran manchas que se iban a desprender con un poco de frotamiento, pero era suficiente para satisfacer a la Vaquera.

Cuando ella dejó el estofado frente a él, él comenzó a empujarlo a través de su visera como un hombre hambriento.

Ya era primavera, y ya no había necesidad de alimentos tan calientes, pero aún así ella hacía estofado. Sí, muy poco sofisticado.

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«Es todo el tiempo en estos días, ¿no?»

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Ella se sentó frente a él, sosteniendo su cabeza poniendo sus manos contra ambas mejillas.

«¿Qué es?»

«Que salgas.» La Vaquera agarró una servilleta y se inclinó sobre la mesa, limpiando un poco de estofado de su casco. «Son todos esos goblins, o, bueno, supongo que ahora también tienes esa área de entrenamiento.»

«Sí.»

«¿Estás ocupado?»

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«…No,» contestó Goblin Slayer tras pensarlo un momento. El casco se inclinó como si no estuviera seguro. «…me pregunto.»

Hmmm. La Vaquera se reclinó en su asiento, con la barbilla en la mano, y lo observó. Obviamente, ella no podía ver el color de sus ojos, que estaban escondidos detrás de su visera.

«Lo sabía», dijo la Vaquera, riéndose un poco. «No quieres que construyan algo allí, ¿verdad?»

Dio en el blanco. Su cuchara se detuvo a medio camino de su boca.

«No es… exactamente que no quiera que lo hagan.»

Hrrrm. Él trató de actuar como si estuviera pensando.

Su lenguaje corporal no había cambiado nada desde que eran pequeños. A él siempre le había costado ocultar cuando estaba molesto.

«Es un sentimiento solitario, ¿no es así?»

“…”

«Y tú estás preocupado por esa chica, ¿verdad?»

“……”

«Estás preocupado, pero no se te ocurre una buena manera de ayudarla».

“………”

«Y mientras tanto, los goblins estarán haciendo de las suyas…»

“…………”

«Te pones ansioso cuando no estás haciendo nada.»

Soltó la cuchara que tenía en la mano, aún en silencio. Luego suspiró profundamente y finalmente habló.

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«…Me conoces bien.»

«Debería hacerlo. Hemos estado juntos durante años.» Finalmente, ella no pudo contener la risa, y le guiñó un ojo.

Desde el interior del casco, su mirada estaba fija en ella. Eso hizo que la Vaquera se sentara derecha en su silla.

«¿No te molesta en absoluto?»

La pregunta fue breve, pero ella era probablemente la única que podía entender lo que él estaba pensando cuando se lo preguntó. De hecho, ella no estaba completamente segura de poder entenderlo.

Su tío, sin embargo, no era residente de esa pequeña aldea. Los únicos dos que quedaban eran él… y ella.

«No estoy… diciendo que nunca me moleste.»

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“…”

«Recuerdo… estar chapoteando en el lago y muchas otras cosas.»

Ella lo recordaba.

Las voces de sus padres, con su pequeña casa de ladrillos.

El agradable calor de la pared de piedra cuando estuvo todo el día al sol.

El viento en su cara mientras corría por el pequeño sendero que atravesaba la aldea. El sonido de las azadas y arados de los adultos mientras trabajaban en el campo.

El crujido de la cubeta mal hecha al salir del pozo llena de agua fría.

Ese pequeño árbol que estaba en la cima de la colina, y cómo le latía el corazón cuando escondía un tesoro en su interior.

Los sentimientos que ella tuvo cuando los dos vieron la roja y brillante puesta de sol esparcirse desde el extremo más lejano del horizonte hacia el mundo entero.

Cómo la hierba le hacía cosquillas en la espalda cuando se acostaba en las llanuras, mirando hacia las dos lunas hasta altas horas de la noche.

El dolor de la bofetada que le dio su padre, enojado con ella por llegar tan tarde a casa. La soledad del ático donde ella se había encerrado con rabia.

Cómo olían los desayunos caseros de su madre, el olor que le llegaba después de haberse quedado dormida en el piso de arriba.

Ella lo recordaba todo.

Era un mundo que ya no existía en ninguna parte, excepto en su corazón y en el de él.

«Pero he empezado a pensar que tal vez es lo que es.» La Vaquera sonrió débilmente. «Así es como funciona todo, ¿verdad? El mundo sigue girando, nosotros seguimos viviendo. El viento sigue soplando y el sol sigue saliendo y ocultándose».

Fwip, fwip. Ella hizo círculos en el aire con su dedo índice.

Había pasado tanto tiempo desde ese día, y sin embargo no había pasado mucho tiempo.

Diez años, once. Tiempo suficiente para que un niño creciera. Para que el aspecto de un lugar cambiara. Y los pueblos también, y la gente, y todo lo demás.

Todo en el mundo continuaba, cambiando, nunca se detenía. Incluso los pensamientos y los recuerdos.

¿Había algo que no cambiara? Tal vez el cambio en sí mismo era lo único que no cambiaba.

Ni siquiera estoy segura de sí el cambio es bueno o malo.

«Todo lo que eso significa es que tenemos que aceptar el cambio.»

«…¿Es así?»

«Sí, lo es.» La Vaquera asintió como para enfatizar su propio punto. «Estoy segura de ello.»

«Ya veo.»

Eso fue todo lo que él dijo; luego se quedó en silencio.

Han pasado muchas cosas, pensó.

Un año… hacía un año que había ido a esa aventura para salvar a esa sacerdotisa o, más exactamente, para matar goblins.

Él había conocido a la Arquera Elfa Superior, al Chamán Enano y al Sacerdote Lagarto. Había luchado contra ese monstruo cuyo nombre nunca podía recordar.

Había luchado contra un ejército de goblins que atacó la granja. El Lancero, el Guerrero Pesado, y muchos otros le habían ayudado a salir victorioso.

Luego estaban los goblins que habían aparecido en las alcantarillas bajo la ciudad del agua. La pelea con el campeón. La Doncella de la Espada.

El festival de otoño fue otra ocasión que le mostró cuántos amigos había hecho.

Y en invierno, habían ido a la montaña nevada y luchado contra el goblin paladín.

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Había una diferencia incuestionable entre su yo anterior y la forma en que era ahora. De lo contrario, ¿habría pensado en cuidar de ese chico?

El camino de la vida estaba lleno de encrucijadas y bifurcaciones. Ahora él podía elegir la dirección que quisiera.

“…”

Aun así.

Aun así, todavía…

¡¡Y yo todavía la tendría, si no hubiera muerto después de que un goblin la apuñalara con una hoja envenenada!!

«…Todavía no es posible», dijo Goblin Slayer en voz baja.

«…Mm,» dijo la Vaquera. Ella asintió, algo triste. «…ya veo.»

«No tengo pruebas, pero creo que los goblins se están moviendo de nuevo.»

Goblin Slayer eligió cuidadosamente sus palabras, pensando mucho mientras hablaba.

Goblins había robado herramientas de construcción. Aparecían impunemente cerca del campo de entrenamiento.

¿Estaban simplemente interesados en el espectáculo inusual de la construcción del área de entrenamiento?

No es posible.

Era una advertencia, una señal.

El pensamiento podría parecer alarmista, pero en su mente, estas cosas estaban conectadas.

No estaba claro si se trataba del destino o de la casualidad.

De lo único de lo que estaba seguro era de que tendría que luchar contra los goblins.

«Por eso creo que tengo que hacer esto.»

«Sí. Sí…. lo sé».

Sus ojos se encontraron. La mirada de la Vaquera vacilaba con ansiedad. La suya, desde el interior del casco, nunca se inmutó.

Su garganta se contrajo.  ¿Qué debería decir ella y cómo debería decirlo? Varias veces, ella abrió la boca y la volvió a cerrar.

«Estaré…. esperándote, ¿está bien?»

«Sí.»

Entonces Goblin Slayer se levantó de su silla. Dejó su tazón vacío sobre la mesa. Ella oyó que la puerta se cerraba, y luego se quedó sola en la cocina de nuevo.

La Vaquera apartó su rostro de la inestable luz de las velas, agarrándose la cabeza como si quisiera acurrucarse en sí misma, pero en vez de eso, se acostó nuevamente sobre la mesa.

El suave trinar del canario no la consolaba.

***

 

 

Durante los tres días siguientes, no pasó nada.

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Los aventureros pasaban su tiempo en aventuras, o entrenando, o profundizando sus amistades.

Ciertamente fue un período muy significativo, sin duda.

El flujo del tiempo no puede ser revertido al igual que la corriente de un río. Ni siquiera los propios dioses podían deshacer una tirada de los dados.

Por eso era seguro que los goblins aparecerían. ¿Destino? ¿O azar?

Sucedió tres días después… al atardecer.

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