Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 4: Los Hombres sin Nombre

Parte 2

 

 

El campo de entrenamiento aún no estaba terminado, y los aventureros ya lo estaban usando alegremente como un lugar para reunirse y hablar.

“…”

Goblin Slayer vio todo esto sin decir una palabra, su mano moviéndose sin descanso. Estaba sentado en un campo abierto, no era parte del área de entrenamiento ya terminado ni de la parte que aún estaba en construcción.

Las aves cantaban a través del cielo azul, y la brisa enviaba suaves ondas a través de la hierba.

Si uno mirara en su dirección, habría visto a dos jovencitas esperando ansiosamente que terminara lo que estaba haciendo.

Una era la Druida Rhea, la otra era la Aprendiz de Clérigo que servía al Dios Supremo.

«Así es como se hace», dijo él, mostrando por fin a las chicas el producto de su trabajo. Ellas parpadeaban.




Era una simple honda, una tira de cuero atada a una pequeña piedra para poder lanzarla.

«¿Eh? ¿Eso es todo?»

«Es sorprendentemente sencillo.»

«Sí», dijo Goblin Slayer asintiendo con la cabeza. «Los pastores a veces los llevan para ahuyentar a los lobos.»

«Parece algo que podrías hacer a toda prisa si fuera necesario.»

«Todo lo que necesitas es un poco de cuerda. Las municiones son fáciles de conseguir. No se pierde nada aprendiendo a hacerlo».

Todo esto había comenzado cuando lo vieron lanzar una piedra en cierto festival. Les había parecido la habilidad perfecta para dos personas que estaban en la fila de atrás y necesitaban una forma de defenderse.




Cuando la Chica del Gremio mencionó que había dos jóvenes aventureras que querían aprender a usar una honda, Goblin Slayer se sorprendió a sí mismo con la rapidez con la que respondió: «¿Es eso cierto?» y aceptó ayudarles.

Ahora Goblin Slayer se puso de pie.

«A menudo se proclama que las espadas son la mejor arma para los seres humanos, pero las hondas son mejores», dijo, comenzando lentamente a hacer girar el arma. Se aseguró de hacerlo lo suficientemente despacio como para que las dos principiantes pudieran seguir cada uno de sus movimientos. Dado que en la batalla, la carga, el giro y el lanzamiento solían ser un solo movimiento para él, esto era una muestra de considerable dedicación.

«Los humanos son insuperables para lanzar, ya sean piedras o lanzas. Nuestros cuerpos están hechos para ello.»

Levantó la honda más alto, aumentando lentamente la velocidad de rotación, escogiendo un objetivo. Consciente de la posibilidad de un accidente, apuntó lejos del campo de entrenamiento.

En la maleza, un maniquí había sido vestido con armadura y yelmo, desechos del taller del Gremio. No era muy alto, no hace falta decir que representaba la altura de un goblin.

«Este es el resultado.»

Mientras hablaba, Goblin Slayer dejó salir la piedra volando; silbó por el aire y se golpeó contra el casco del muñeco. El casco rodó por el césped, Goblin Slayer caminó y lo recogió, lanzándoselo casualmente a las dos chicas.

«¡Wow!»

«¡Eek!»

Las chicas no pudieron evitar gritar. Era natural: la piedra había perforado el exterior metálico y el forro de cuero del casco y estaba rodando por el interior. Lo que le habría pasado al cráneo de cualquiera que llevara este casco en particular cuando fue golpeado por esa piedra, no era necesario pensar en ello.

«De esta manera, incluso alguien tan relativamente débil como un rhea debería ser capaz de lidiar con al menos un enemigo que se aproxima.»

«En cualquier caso, mi propio maestro era una rhea.» Este casi susurro provocó una serie de parpadeos de la Chica Druida.

Goblin Slayer se acercó a ellas con su paso audaz, recogiendo la piedra del interior del casco. Estaba afilado, como una punta de flecha. Algo que había elegido específicamente para lanzar de este modo, centrándose en la fuerza sobre la estabilidad en el aire. Él agregó en voz baja que tales preparativos a veces eran eficaces.

«Si puedes mantener alejado a ese primer enemigo, es posible que los miembros de tu grupo vengan a ayudarte.»

«¿Sólo… es posible?» La Aprendiz de Clérigo preguntó con dudas.

«Sí.» El tono de voz de Goblin Slayer era completamente serio. «Simplemente representa una carta más que puedes jugar en el momento que lo necesites. Si eso es suficiente para ti, entonces practica con él.»

«Sr. Goblin Slayer, realmente creo que tiene una forma muy dura de decir las cosas,» dijo la Chica Druida con reproche. No es de extrañar que esa dulce Sacerdotisa que le acompaña siempre parezca tan estresada.

«¿Es así?» Preguntó Goblin Slayer, genuinamente perplejo. Las dos chicas se olvidaron del asunto, recogiendo sus hondas. Ellas hicieron girar sus cuerdas con muchos «¿Así está bien?» y «¿Qué tal así?» antes de lanzar sus propias piedras al maniquí.

Algunos de sus disparos dieron en el blanco y otros fallaron. Algunos ni siquiera fueron en la dirección correcta. Pero Goblin Slayer no hizo nada para decir algo sobre sus esfuerzos. Si ellas tenían preguntas, se las harían. De lo contrario, era mejor dejar que se concentraran en su práctica. Así es como le habían enseñado a Goblin Slayer, y sintió que debía hacer lo mismo.

Aquellos que no lo intentan nunca podrán hacerlo.

Ahora, por fin, pensó que quizás entendía lo que su maestro –Ladrón– había querido decir.

Y finalmente él, ¿era capaz de hacerlo?

No tenía una respuesta. No tenía forma de responder.

Goblin Slayer dejó escapar un suspiro, sentado donde estaba casi como si estuviese resignado.

En ese momento, sin embargo, una voz interrumpió sus pensamientos.

«¡Heh-heh-heh! ¿No se ven todos ustedes muy dedicados?» Una sombra cayó sobre él.

«Oh…» Goblin Slayer se giró para ver a la Chica del Gremio, sosteniendo una sombrilla y sonriendo.




«…Así que viniste.»

«Por supuesto. Sólo para observar, o tal vez….bueno, no para inspeccionar. Pero sí, estoy aquí.»

Goblin Slayer Volumen 6 Capítulo 4 Parte 2 Novela Ligera




 

Se dejó caer junto a él, con los brazos alrededor de las rodillas. Ella estaba vestida con su habitual ropa de trabajo. Tal vez su ropa era algo caliente para el comienzo del verano, ya que un poco de sudor le corría por la frente.

Estaba bastante claro que un trabajo burocrático como el suyo no se podía hacer con cualquier ropa vieja. Ella también pudo haberse sentido un poco tímida, pero en cualquier caso, ella no estaba dispuesta a abrir el cuello de su blusa o acostarse en el césped.

«¿…no tienes calor, Goblin Slayer?»

«No», dijo él agitando la cabeza. «No realmente».

«¿De verdad?»

«¿Qué ganaría yo mintiendo sobre ello?»

La respuesta no pareció hacer ni remotamente feliz a la Chica del Gremio; ella resopló y murmuró:




«Olvídalo». Después de un momento, ella preguntó: «¿Qué piensas de nuestros aventureros Obsidiana y Porcelana?»

«Hmm», dijo Goblin Slayer, viendo a las chicas practicar su lanzamiento. Estaban ciertamente entusiasmadas. Y serias. Eran buenas chicas. Pero eso no era garantía de que sobrevivirían.

«No lo sé.»

«Oh, tú….» La Chica del Gremio hinchó sus mejillas y levantó su dedo índice, agitándolo lentamente, reprochándole. «¡Se supone que debes responder a una pregunta como esa con algo banal e inofensivo!»

«¿Es así?»




«Lo es. Especialmente cuando tu respuesta va a ser registrada».

«Lo recordaré», dijo Goblin Slayer y se levantó. Podía sentir a la Chica del Gremio mirándolo.

Ya era la hora.

«¡Oigan, todos! ¿Qué tal si almorzamos?»

«¡Recién llegados de la granja!»

Se oía el ruido de un carro, acompañado de voces de mujeres: La Sacerdotisa y la Vaquera.

No se había tomado ninguna decisión específica al respecto. No era un acuerdo formal. No tenían ninguna obligación de traer el almuerzo.




Este era un simple acto de buena voluntad.

Goblin Slayer estaba profundamente agradecido de que el tío de la Vaquera hiciera algo así por los aventureros. El pensamiento arrogante de que todo podría ser para él, ni una sola vez cruzó por su mente.

«Oops, será mejor que vaya a ayudar», dijo la Chica del Gremio. Se quitó la hierba y la suciedad de la falda mientras se ponía de pie. Bostezó un poco, plegando la sombrilla y agarrándola a su lado. Luego se fue a través de la hierba como un pajarito.

«Oh, es cierto», dijo ella, volteándose con una sonrisa. El viento jugaba con sus trenzas. «¿Deberíamos clasificar esto como ‘visitar hombres en servicio’?»

Goblin Slayer no respondió. En vez de eso, se volteó hacia las chicas, trabajando duro en sus hondas y dijo: » Tómense un descanso».

Las dos jovencitas estaban enrojecidas por el esfuerzo. Asintieron ávidamente y se dirigieron al carro. Las vio irse y luego le dio la espalda a la creciente multitud de aventureros reunidos alrededor de la comida y comenzó a alejarse.

Sintió una ligera punzada de arrepentimiento por haber sido invitado a ayudar en este tipo de entrenamiento y por haber aceptado.

«¡Hey, Goblin Slayer!»

Era el Lancero quien lo detuvo. No se había dado cuenta de que el aventurero se le acercaba.

El Lancero vio a la Chica del Gremio irse, con sus trenzas rebotando, luego exhaló y miró fijamente al casco de Goblin Slayer.

«¿Dónde está el grandote?», preguntó, refiriéndose al Guerrero Pesado. «¿Adónde se fue?»

«Hoy se llevó a los otros niños a una cueva.»

El Guerrero Ligero Medio Elfo y el ingenioso Chico Explorador habían ido con él. Ninguna aventura estaba nunca totalmente libre de riesgos, pero no era probable que pasara nada en una expedición como esa.

Goblin Slayer se quedó callado por un momento y luego preguntó en voz baja:

«¿Qué piensas de ese chico?»

«Ahh, ¿el mocoso mago?» Sonrió ferozmente el Lancero.

El muchacho estaba justo al lado del carro, cogiendo una botella de agua de limón que había sido enfriada en el pozo. El fervor con el que se lo bebió sugería lo duro que lo había hecho correr el Lanzador. (Nova: Por si acaso dice ‘lemon water’ ósea agua de limón, no dice ‘lemonade’ en la versión en inglés)

«Tiene agallas. Aunque no puedo hablar de sus habilidades mágicas».

«¿Es así?»

«¿Qué es lo que te pasa?» Dijo el Lancero con una aguda mirada de reojo al sucio casco de acero. «¿Enseñando en el campo de entrenamiento? Pensé que estabas concentrado en esa clériga tuya».

«Ese no es necesariamente el caso», dijo bruscamente Goblin Slayer, y luego empezó a caminar con paso firme.

Parecía decidido a abandonar la zona lo antes posible. Eso dejó al Lancero mirando al cielo, sin saber qué hacer.

«Suspiro…»

El sol estaba desalentadoramente alto. Parecía que sería otro caluroso verano.

«…Hey, ¿estás libre esta noche?» preguntó el Lancero.

«Hrm….» gruño Goblin Slayer. Miró en dirección a la Vaquera; ella le estaba mirando. Ella sonrió, agitando una mano que tenía en su cadera. Los dos parecían estar hablando, de alguna manera.

Entonces Goblin Slayer asintió.

«…Sí. Creo que está bien.»

«Vamos a tomar una copa, entonces.»

«… ¿Quieres decir alcohol?»

«¿Un hombre bebe alguna otra cosa?»

Goblin Slayer tuvo problemas para entender lo que quiso decir el Lancero, o quizás lo que pretendía. ¿Qué posible beneficio podría haber en invitarlo a tomar un trago?

«¿Me estás invitando?»

«¿Ves a alguien más por aquí? Traigamos al grandulón también. Tres hombres. Sin contenerse».

«… Ya veo.»

«Vamos, compláceme.»




Goblin Slayer miró en silencio al cielo. El sol ya había pasado su cenit, brillando sobre la suave pendiente. En este lugar, era bastante fácil para él leer el paso del tiempo, sin importar la estación.

Fue su hermana mayor quien le enseñó a hacer esto.

Nunca podría olvidarlo.

«…Muy bien.»

«Genial», dijo el Lancero, golpeando a Goblin Slayer en el hombro con su puño. «Entonces, está decidido».

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