Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 3: Recursos Mágicos

Parte 6

 

 

«¡¿GROB?!»

«¡¡¡GROOROB!!!»




Los aventureros se apilaban en el mausoleo como una avalancha. Este complejo, el lugar de descanso de unos héroes, ahora no era más que un escondite para goblins. Los ataúdes habían sido volteados, las ofrendas robadas, y toda clase de basura y polución ensuciaba los pisos de mármol.

El guerrero estaba al frente. Una sucia armadura de cuero, un casco de aspecto barato, una espada de una longitud extraña y un escudo pequeño y redondo, junto con una antorcha.

«Goblins», dijo Goblin Slayer. «Cinco de ellos».

Él apenas había terminado de hablar cuando su espada salió volando. Su puntería fue certera; perforó la garganta de uno de los goblins.

«¡¿GORB?!»

La criatura había abierto su boca de par en par, a punto de llamar a sus compañeros, pero en vez de un grito, una espuma ensangrentada surgió de su boca. Dio un grito ahogado mientras se ahogaba en su propia sangre, haciendo volar manchas oscuras.

La velocidad, sobre todo, era la clave para realizar un ataque.

«Uno».

Por supuesto, los otros cuatro goblins no iban a permanecer en silencio ante el asesinato de su camarada.




«¡¡¡GROOR!!!»

«¡GROB! ¡¡¡GOORB!!!!»

¿Estaban pidiendo refuerzos? No, era puro instinto asesino. Venganza. Querían amontonar a los aventureros, derrotarlos, hacer lo que quisieran con ellos. Las cabecitas de los goblins, llenas de odio, y con una daga, una lanza y un garrote en la mano, avanzaron sobre los aventureros….

«¡Ahora son dos!» Apenas sonó su clara voz, una de las criaturas cayó contra la pared como si simplemente estuviese cansada. Su cráneo fue perforado por una flecha con la punta en forma de capullo; con la flecha alojada en su cerebro, este se estremeció una vez y murió.

No necesitamos mencionar que fue la Arquera Elfa Superior quien disparó. Saltó grácilmente hacia atrás mientras preparaba su siguiente flecha.

«¡¿GORO?!»

«Hrmph.»

Goblin Slayer levantó su escudo para cubrir su retirada, usándolo para hacer a un lado a uno de los goblins que se abalanzaban sobre él. Al mismo tiempo, cogió el garrote que el monstruo dejó caer y lo arrojó sobre el cráneo de la desafortunada criatura.

«Tres».

El goblin murió sin siquiera emitir un chillido. Goblin Slayer sacudió el arma para limpiar sus sesos.

Tres goblins muertos en casi el mismo tiempo que tardó en parpadear. Ellos habían aprovechado al máximo su oportunidad.

«¡Hijos de puta!» Un miembro de su grupo, su nueva capa cubierta de indescriptibles desechos, parecía pensar que ahora sería un buen momento para unirse a la lucha. Levantó su bastón teatralmente. «Carbunculus… Crescunt…»

«¡No uses tus hechizos todavía!» La Sacerdotisa dijo con firmeza.

«¡¿Qué…?!» exclamó el chico, pero este no era el momento para discutir. Conservar tu magia era lo más básico de lo básico. La Sacerdotisa estaba pensando rápidamente, el sudor le bajaba por la frente.

Con este grupo más que con ningún otro, ella no esperaba tener que dar instrucciones detalladas en medio de la batalla.

Analiza toda la situación. Incluso si el campo de batalla era caótico, era mucho mejor hacer algo ahora que pensar en ello más tarde.

La imaginación también es un arma… como él dice.

Todo el conocimiento que ella había adquirido hasta ese momento, las muchas experiencias que había tenido, burbujeaban por su mente. Había otros dos goblins, acercándose a ellos con crudas armas en sus manos. Sin contar por donde habían entrado, la cámara funeraria tenía tres puertas, una en cada dirección.

«¡Las puertas!»

«¡Enseguida!» dijo la Arquera Elfa Superior. Mientras la elfa pasaba por delante de la Sacerdotisa en su camino hacia la parte de atrás, la líder le entregó la Caja de Herramientas del Aventurero. Ellos meterían las cuñas bajo las puertas para mantenerlas cerradas. Era algo que sólo la Arquera Elfa Superior, con su agilidad, podía hacer.

«Con sólo dos de ellas, creo que deberíamos estar bien por ahora», dijo ella. Después de todo, al Chamán Enano podía usar cuatro hechizos. Necesitarían que él mantuviera algunos a la mano, por si acaso.

Tal como se le había dicho antes al chico, a veces lo mejor que podía hacer un hechicero era no hacer nada.

«Ahora, pues, espero tener la oportunidad de unirme a la batalla», dijo el Sacerdote Lagarto, agitando su cola.

«El enemigo sigue siendo numeroso», contestó Goblin Slayer.

Era en este momento que necesitaban la fuerza de combate de sus guerreros.




Goblin Slayer estaba en una postura baja, su escudo preparado; tenía un garrote en su mano derecha. A su manera, tenía una imagen cómica.

Considerando que estaban peleando con goblins, sin embargo, nadie en la habitación tuvo el descaro de reírse.

«No podemos desperdiciar nuestro tiempo aquí, en ese caso», dijo el Sacerdote Lagarto, y tenía toda la razón. Abrió ampliamente los brazos, y luego, con garras, colmillos y cola, demolió a los dos goblins que quedaban, desgarrándolos extremidad por extremidad.

Pero esto no merece ninguna mención especial.

Aún quedaban muchos goblins por venir.

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