Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 2: El Chico Mago Pelirrojo

Parte 7

 

 

Ese mago.

La Sacerdotisa pasó solo un segundo con la boca abierta en shock, luego las esquinas de sus ojos se apretaron con enojo.

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«¡N-No estoy llorando!»

«No sé nada de eso. Solo he oído que a todos los clérigos les gusta llorar.» Él dio un resoplido despectivo y ni siquiera abrió los ojos completamente mientras miraba a la Sacerdotisa. Tal vez pensaba que todo burlarse de ella lo hacía lucir genial. No parecía darse cuenta de que sólo lo hacía parecer un vulgar villano. «Siempre que estas en problemas, es Oh dioses, por favor, ¡sálvenme! Boo-hoo-hoo!, ¿cierto?»

«¡Hey-!» La Sacerdotisa apenas sabía qué decir ante esta inesperada muestra de maldad, pero su rostro pálido se tornó visiblemente rojo. Ella estaba inusualmente -pero muy comprensiblemente- agitada. «¡Así no es como es en absoluto! Tengo todo tipo de…»

Goblin Slayer Volumen 6 Capítulo 2 Parte 7 Novela Ligera

 

¿Todo tipo de qué? ¿Había alguna forma de que ella pudiera terminar esa frase con orgullo… con confianza?

Ella seguía instrucciones y usaba milagros, orando por la seguridad de todos. Rezando a los dioses. Pero, ¿podría ella misma hacer algo? Si es así, ¿qué era?

La Sacerdotisa se dio cuenta de que ya no podía hablar. Miró al suelo, apretando un puño tembloroso.

El joven sacó triunfalmente el pecho. Pero dio un vacilante paso hacia atrás, y luego dos, cuando el Sacerdote Lagarto se le acercó agresivamente.

«Juzgar a otros invita a juzgarse a sí mismo», dijo el lagarto. «Porque si insultas a un clérigo, los has insultado a todos.»

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El Sacerdote Lagarto hizo un amplio gesto con la cabeza. El muchacho miró a su alrededor y sólo entonces se dio cuenta: desde el más nuevo hasta el más experimentado, todos los aventureros de la sala lo miraban a él y a la Sacerdotisa, que estaba ruborizada de rabia.

«Creo que te resultará difícil sobrevivir en este mundo sin la ayuda de los dioses», continuó el Sacerdote Lagarto. ¿Quién podría culpar al chico por el leve gemido que se le escapó entonces? Él había estado gritando delante de toda esta gente, sin pensar en el futuro.

«¡Oye, tú! ¿Qué tal si me miras a los ojos y dices eso?»

«Olvídalo, imbécil. Tenemos ratas gigantes que cazar. Será una buena práctica para nosotros.»

«¡Suéltame! ¡Déjame ir! ¡Voy a darle una lección a ese tipo! ¡Vamos! ¡Suéltame!»

La Aprendiz de Clérigo se molestó, moviendo su bastón, mientras el Guerrero Novato la arrastraba lejos.

La reacción de la aprendiz fue algo extrema, pero en toda la sala las respuestas eran similares. Tal vez algunos favorecieron a la Sacerdotisa porque era una mujer, otros porque su rostro era familiar contra otro que no conocían. Pero la mayoría de las miradas recriminatorias que se dirigían al muchacho estaban motivadas por algo más que eso.

Algunos aventureros se burlaban de los clérigos, que no estaban en primera fila, como si fueran sólo máquinas de curación. Pero había muchos aventureros que habían sido salvados por esos mismos clérigos. Todo el mundo se lesionaba en un momento u otro. Retorciéndose de dolor, envenenados, malditos, abandonados: ninguno de estos casos era agradable.

Si tenías un clérigo en tu grupo, entonces estabas a buen recaudo, y por supuesto, cualquiera que ofreciera una limosna podía ser tratado en un templo. ¿Cómo podría alguien menospreciar a aquellos que trabajaban para ellos, oraban por ellos, hacían milagros para ellos?

«O-Oigan, yo…» Pero ningún aventurero se rendiría ante eso. «¡Yo también soy un aventurero!»

El muchacho se anunció con audacia, aunque sabía que estaba en desventaja aquí. Su pasión causó que algunos de los ojos que miraban se ensancharan con admiración.

El negocio de la aventura es, en última instancia, uno en el que cada uno debe asumir la responsabilidad de sí mismo. Así que, si hubiera una persona que realmente tuviera la fuerza para defenderse completamente por sí mismo, sin ayuda divina, entonces bien podría burlarse de los clérigos y salirse con la suya.

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«¿Goblins? ¡Hah! ¡No son nada! ¿Entonces en qué convierte eso a un Goblin Slayer?»

Él balanceo su bastón en la dirección de Goblin Slayer como si pudiera lanzar un hechizo sobre el aventurero, la clásica pose de desprecio de un mago.

«¡No tomes notas! ¡No te enseñaré mis secretos sobre goblins! ¡Prueba con algunas ratas en su lugar! Es una mierda, ¡todo eso!»

Todas las emociones que había contenido hasta ese momento salieron de él.

«¡Mataré a los malditos goblins!»

Ante todos estos gritos agresivos, Goblin Slayer sólo inclinó la cabeza un poco, con curiosidad. A su lado, las orejas de la Arquera Elfa Superior temblaban y se cruzó de brazos mientras miraba a Goblin Slayer.

«¿Quién es este, Orcbolg? ¿Tu hermano menor?»

«No», dijo con firmeza Goblin Slayer. «Yo sólo tenía una hermana mayor».

«¿Oh?» La arquera suspiró y se encogió de hombros con la clase de gracia que solo los elfos podían alcanzar. «Supongo que he oído ese tipo de charla tanto estos días que ya no me sorprende.»

«¿Es eso cierto?»

«Así que, ¿quién es este chico exactamente?»

«Un recién llegado», dijo Goblin Slayer. «Parece que es un mago».

Goblin Slayer no estaba mirando el bastón que lo señalaba, sino a la Sacerdotisa. Ella seguía mirando al suelo, sus hombros rígidos, completamente en silencio. Tenía quince años-…no, dieciséis ahora. Ella había sido una aventurera durante todo un año, pero aún era joven. ¿Qué le podía decir, cuando el trabajo de ese año había sido desestimado como si ella no hubiera hecho nada importante?

«Bueno, eso lo hace fácil, ¿no?» Una voz brillante y ansiosa irrumpió. Todos se volvieron para mirar al nuevo orador. «Lo he oído todo. Y como una Caballero Legal Buena, ¡no puedo dejarlo pasar!»

La Caballera se paró allí, resoplando triunfalmente. Su amplia sonrisa dejaba muy claro que se había entrometido, sobre todo por diversión. Detrás de ella, el Guerrero Pesado murmuró, «No pude detenerla», y levantó una mano disculpándose.

«¿Qué demonios? …¿Quién eres tú? Esto no te concierne».

«¡Heh-heh! Algún día seré una famosa paladín, pero no te culpo por no reconocerme ahora». La incredulidad del chico no pareció perturbar a la Caballera, quien hinchó su pecho de manera importante. «Pero escúchame, jovencito. ¡Tengo una idea excelente!»

La Caballera no era la persona más refinada de la sala, pero chasqueó con elegancia los dedos, el ruido que se oyó en toda la Sala del Gremio. Ella no pareció notar la mirada de desagrado que se apoderó de la cara de la Arquera Elfa Superior. En cambio, ella señaló directamente al joven. «Si estás tan seguro, entonces ve a matar algunos goblins.»

«¡Es-Eso es exactamente lo que quiero hacer!»

«Todos lo han oído», dijo la Caballera, sus ojos brillaban peligrosamente. «¡Sin embargo!» Ella esgrimió su dedo índice como la punta de una espada. «¡Tu líder será esa joven clériga!»

«¡¿Quééé?!» La Sacerdotisa, inmovilizada por ese dedo, volvió en sí con un grito. Ella apenas podía entender lo que estaba pasando, mientras miraba de un lado a otro entre el dedo extendido y el chico mago. «¿S-S-Se supone que tengo que darle… órdenes? A… ¿A este chico?»

«¿Qué quieres decir con ‘este chico’? Y oye, ¡no es justo que añadas condiciones!»

«No seas ingenuo, jovencito. Los caballeros saben que no deben mostrar su mano. ¡Es mejor maldecirte a ti mismo por haber sido engañado!»

«U-um, aún no he dicho que aceptaré…»

«¡Ni es necesario que lo hagas!»

Los intentos de objeción de la Sacerdotisa eran adorables. El Guerrero Pesado miró al techo sin decir una palabra. No cayó ningún rayo. Aparentemente, el Dios Supremo estaba admitiendo que la Caballera era realmente Legal Buena. Al parecer hoy en día, cualquiera puede ser agente del Orden….

«Hrm», murmuró Goblin Slayer, que se había mantenido alejado de la conmoción. «¿Qué te parece?»

«Supongo que la falta de reflexión del chico se debe a su falta de experiencia», respondió el Sacerdote Lagarto con un sombrío asentimiento. Giró los ojos hacia arriba una vez. «No sé cuántos hechizos puede usar, ni cuántas veces puede usarlos, pero me gusta su espíritu.»

«No sabemos de sus hechizos», estuvo de acuerdo Goblin Slayer, y después de un momento añadió, «Asumo que puede usar uno, o tal vez dos».

«¿Qué piensas, maestro hechicero?»

«Para bien o para mal, no está pulido», respondió el Chamán Enano sin dudarlo un instante, acariciando alegremente su barba.

Profundamente concentrado en su discusión, el chico no tenía idea de que estaba siendo evaluado desde la periferia de esta manera.

«Es áspero», continuó el enano. » Acaba de ser desenterrado. Todavía tiene pedazos de tierra aferrados a él. No sabremos lo que hay ahí hasta que haya sido pulido un poco».

«¿Deberíamos hacer un poco de pulido?»

«Estoy de acuerdo».

«Entonces está decidido.»

Una mano callosa cayó en el hombro de Goblin Slayer. Pertenecía al gigantesco… Guerrero Pesado.

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«No eres del tipo que elogia a otro aventurero, Goblin Slayer.»

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«No estaba tratando de elogiarlo…» Era imposible saber si estaba siendo irónico o simplemente honesto. Como no podía discernirlo, Goblin Slayer inclinó su cabeza. «¿Lo hice?»

«Lo hiciste».

«Ya veo…. Y yo creo que es inusual que tú te preocupes por alguien más.»

«Oye, no era yo quien estaba preocupado. Cúlpala a ella». El Guerrero Pesado movió su barbilla en dirección a la Caballera, que estaba entrometiéndose entre la Sacerdotisa y el muchacho.

A primera vista, tal vez parecía que simplemente estaban discutiendo. Pero al final, Goblin Slayer no había sido capaz de decirle nada.

Por qué la Sacerdotisa era parte de su grupo ahora, y lo que le había pasado a su primer grupo: estas eran cosas que sólo ella y él sabían.

Y sin embargo, fue el Sacerdote Lagarto quien intervino en contra del joven, y la Caballera quien cambió el tema.

Él no había podido hacer ninguna de esas cosas.

«…Perdón por las molestias. Es una ayuda.»

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«No te preocupes», contestó el Guerrero Pesado con deliberada franqueza. Miró hacia otro lado, rascándose la mejilla. «Te debo más que esto. Te lo pagaré poco a poco».

Esto hizo que Goblin Slayer se pusiera a pensar. No tenía memoria de ninguna deuda. Pero esto parecía importante para el Guerrero Pesado.

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«…¿Es así?»

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«Sí, lo es».

«Ya veo», dijo brevemente Goblin Slayer. Dentro de su casco, siguió al Guerrero Pesado con la mirada. «Creo que yo también tengo una deuda contigo.»

«Paga poco a poco, entonces.»

«Ya veo.»

«…Entonces. ¿Qué tienes en mente?»

«Estoy pensando en cómo matar goblins.»

El Guerrero Pesado parecía atrapado entre un ceño fruncido y la más leve de las sonrisas. «Debería haberlo adivinado», murmuró. Era la reacción natural de cualquier aventurero familiarizado con este hombre.

Este Goblin Slayer.

La gente lo llamaba extraño o raro por hablar sin parar de goblins, pero lo llamaban así por afecto, ya que lo conocían bien.

«Sin embargo», dijo Goblin Slayer en voz baja mientras miraba alrededor del Gremio.

Estaban la Caballera y el chico nuevo, todavía discutiendo, mientras que la Arquera Elfa Superior había dejado de tratar de chasquear los dedos y se había conformado con quejarse.

Estaban el Sacerdote Lagarto y el Chamán Enano, observando la habitación y riendo mientras hacían planes.

Había varios aventureros, reconoció a algunos y no reconoció a otros, que estaban al margen del grupo y ocasionalmente ofrecían al comentario mordaz o alguna burla.

Un inspector en la recepción estaba riéndose a carcajadas, mientras que la propia Chica del Gremio no podía contener una pequeña sonrisa.

Estaba el Lancero, que acababa de aceptar un encargo, gritando «¡Yahoo!» y saltando, sólo para ser regañado por la Bruja.

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Y en medio de todo esto, viéndose completamente confundida, estaba la Sacerdotisa.

Ella estaba diciendo, «Yo también puedo hacerlo», y chasqueando los dedos para enseñárselo a la Arquera Elfa Superior. La clérigo parecía un poco asustada, un poco desconcertada y más que un poco torpe, pero también parecía estar disfrutando de sí misma, de estar verdaderamente feliz.

Así es como siempre se veían las cosas aquí. La gente, las caras, podrían cambiar, pero la escena continuaría.

«Sin embargo», dijo una vez más Goblin Slayer. «Sería mejor si todo saliera bien.»

«Tienes razón», dijo el Guerrero Pesado con una sonrisa, y palmeó fuertemente a Goblin Slayer en el hombro.

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