Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 2: El Chico Mago Pelirrojo

Parte 4

 

 

«No.»

Más fuerte aún si cabe, lo era un agricultor mayor y más experimentado.




Un hombre poderoso y musculoso sentado a la mesa en el comedor de la casa principal rechazó la petición de su huésped con una sola palabra.

Ante él estaba Goblin Slayer, flanqueado por un lado por un muchacho pelirrojo y por el otro por la sobrina del granjero.

Fue la Vaquera, con los labios fruncidos, la primera en discutir.

«Oh, vamos, tío. Es sólo por una noche. ¿Por qué no dejamos que se quede?»

«Ahora, escúchame…» La cara del hombre, horneada por el sol, se contrajo mientras miraba a su valiente sobrina. ¿Cómo puede ella seguir siendo tan infantil? No, se corrigió, a ella le robaron su infancia. Dio un gran suspiro. «Un aventurero recién registrado no es diferente de cualquier otro rufián que viene deambulando.»




«¡Hey!» Esto agitó al muchacho. Golpeó con el puño contra la mesa, haciendo saltar los utensilios, y se inclinó mientras decía: «¡¿Qué diablos le pasa, viejo?! ¡¿Estás diciendo que sólo soy un vago?!»

«Quédate callado.»




Fueron sólo dos palabras, pronunciadas suave y uniformemente, pero contenían una fuerza abrumadora. Habrían sido suficientes para amedrentar incluso a un hombre que había pasado por el infierno de un campo de batalla.

Este era un hombre que se dedicaba a la tierra todos los días, sin pensar en nada más que en su familia y en el trabajo de su granja. Sus palabras llevaban la autoridad sobria de alguien que lo había hecho mes tras mes, año tras año.

«Er…» El chico tragó saliva. El dueño de la granja lo miró como si fuera un cuervo o un zorro.

«Esos arrebatos son exactamente la razón por la que no confío ni puedo confiar en ti.»

El objetivo del sistema de aventureros y del Gremio era precisamente éste: los aventureros eran por naturaleza muy rudos, y el Gremio les daba cierta credibilidad, mientras que al mismo tiempo les impedía cometer cualquier tipo de delito. Servía para proteger el orden público.

Sí, su objetivo declarado era la eliminación de monstruos, pero mantener a los distintos vagabundos sin hogar en un solo lugar era una buena idea. Cierto, también servía para ayudar a limitar los chismes….

Pero si los aventureros pudieran mantenerse alejados de la ley, ganar algo de dinero, y quizás incluso ganar reputación, ¿quién se quejaría? A diferencia de otras ocupaciones, por peligrosas que sean las aventuras, al menos el esfuerzo estaba directamente relacionado con la recompensa.

¿Y qué hay de los novatos, los recién llegados y los Porcelana, la parte inferior del sistema de clasificación? No hace falta que hablemos de ello; o mejor dicho, apenas se hablaba de ellos.

Era bastante natural, ya que esos aventureros aún no se habían ganado la confianza de nadie. Siendo aventureros, no eran exactamente criminales sin ley. Pero cualquiera debería saber que los modales marcan la diferencia. ¿Cómo se podía confiar en un joven de tan obviamente temperamental?




Y había algo más en la mente del dueño de la granja.

«Tengo a una joven viviendo aquí conmigo. ¿Qué haré si le pasa algo?»

«Tío, te lo sigo diciendo, te preocupas demasiado…»

«Tú también te callas», ordenó, y la Vaquera cerró la boca para evitar que salieran más palabras. Aww, ¡pero–! Oh, ¡vamos! Ningún lindo gimoteo conmovería al dueño de la granja.

«En ese caso», Goblin Slayer intervino. Con un gesto lánguido, indicó el pequeño edificio de fuera, ahora oculto en tinieblas. Era el antiguo edificio en el que el granjero le permitía quedarse. «¿Qué hay del cobertizo que estoy alquilando?»

«Si algo le pasa a ella», dijo el hombre, indicando a su sobrina, «¿Puedes asumir la responsabilidad?»

«No», contestó Goblin Slayer agitando suavemente su yelmo. Entonces dijo con calma: «Por eso haré guardia toda la noche».

El granjero hizo una especie de gruñido a través de sus apretados dientes.




¿Qué se supone que tenía que decir a esto?

¿Qué había, este joven triste y desenfrenado, visto y hecho? El dueño de la granja no podía decir que era ignorante al respecto.

La Vaquera puso suavemente una mano en el puño que el granjero no sabía que había estado apretando y le susurró.

«Tío…»

«….lo entiendo. Muy bien, entonces.»

Por fin, se había doblegado. Había sido inevitable. ¿Qué iba a hacer? ¿Arrojar al chico entre el rocío nocturno? ¿Forzar a un muchacho obviamente exhausto a quedarse sin dormir?

El granjero no era lo suficientemente cruel para tomar esa decisión.

Apartó la mano de la de su sobrina y puso ambas manos contra su frente como si estuviera orando.

«Para pagarme, duerman bien. Todos ustedes.»

«Lo siento».

«No te disculpes. La salud de un aventurero es su activo más importante, ¿cierto?»

«Sí. Muchas gracias». Goblin Slayer asintió fervientemente. Comprendía perfectamente que ni su disculpa ni su gratitud le traerían felicidad a este hombre. Pero no quería convertirse en alguien tan desprovisto de decencia que no se las ofreciera de todos modos.

«Ah. Una cosa más.» Esa fue exactamente la razón por la que Goblin Slayer buscó entre sus objetos, sacando una bolsa de monedas de oro y poniéndola sobre la mesa. Hizo un fuerte tintineo cuando las monedas se asentaron en el interior. «Esto es por este mes.»

«Uh-huh…»

El dinero era un simple indicador. Era mucho más confiable que la bondad de una sola persona. ¿Pero era admirable expresarse con dinero? Esa era una pregunta espinosa.

El granjero, aún sin saber qué decir, suspiró y cogió la bolsa de monedas. Goblin Slayer lo observó.

«Muy bien», anunció Goblin Slayer, levantándose de su silla. «Vamos.»

«¿Eh? Oh, s-sí.» El muchacho descubrió que no tenía otra opción que seguirlo obedientemente.

La Vaquera también se levantó y tiró del brazo de Goblin Slayer.

«Oye,» dijo ella, «¿Qué vas a hacer mañana?»

«Depende de las misiones, pero acabamos de regresar. Espero que todos quieran descansar».

«No estoy preguntando por los demás, estoy preguntando por ti.»

Cielos. La Vaquera ya estaba acostumbrada a esto; se rascó la mejilla y no se esforzó más en obtener una respuesta de él.

«Bueno, no importa», murmuró ella y le dio una pequeña sonrisa, soltando su brazo. Ella no se molestó en levantar su mano mientras hacía un pequeño saludo. «Tendré el desayuno listo para ti. ¡Que duermas bien!»

«Lo haré», asintió Goblin Slayer. «Buenas noches.»

Entonces él abrió la puerta, y él y el muchacho salieron de la casa.

El cobertizo de Goblin Slayer estaba en la parte de atrás de la granja. Estaba muy deteriorado, pero él había hecho todas las reparaciones necesarias.

«¿Qué diablos pasa con ellos?», preguntó el chico hoscamente.

«¿Qué quieres decir?»

El recién llegado miró alrededor del cobertizo. Una lámpara polvorienta proyectaba un resplandor rojo sobre una habitación que era casi criminalmente desordenada. Los estantes estaban repletos de basura que no podía identificar; el aire estaba lleno de polvo y un ligero olor a medicina. Era como la oficina de uno de los instructores de la Academia, pensó el muchacho distraídamente. Y él lo odiaba.

A su insatisfacción se sumó la pila de paja en la que se le ofreció dormir en lugar de una cama. Cuando le preguntó cómo se supone que debía dormir sobre algo así, Goblin Slayer dijo:

«Pon tu capa sobre ella».

El chico murmuró que eso cubriría toda su capa de paja, pero hizo lo que se le dijo.

«Así que ella no es tu esposa. Ella no es parte de tu familia, ¿verdad?»

«…Eso es verdad.»

El niño se acostó sobre la paja y la encontró sorprendentemente suave.

Para su sorpresa, Goblin Slayer simplemente se dejó caer frente a la puerta.




«Sin embargo, no puedo aventurarme a adivinar lo que ella piensa», continuó Goblin Slayer.

«¿De qué estás hablando?»

«Ellos son conocidos míos desde hace mucho tiempo. Un casero y su sobrina. Objetivamente, esa es nuestra relación».

Entonces Goblin Slayer se quedó en silencio. El chico le miró fijamente desde lo alto del montón de paja, pero no había forma de saber qué expresión, si la había, estaba bajo ese casco de metal.

El muchacho dejó de preocuparse y miró el techo, luego se dio la vuelta y miró los estantes con todos sus artículos diversos. El cráneo de una criatura no identificable, botellas llenas de líquidos medicinales y tres cuchillos arrojadizos inusuales. ¿Para qué usaba todas estas cosas? Estaba más allá de la capacidad del chico para imaginarlo.

Después de un rato, se dio la vuelta y vio a Goblin Slayer, que ni siquiera se había movido desde que se sentó. El chico dejó escapar un suspiro.

«…¿No vas a dormir?»

La respuesta llegó con una terrible tranquilidad.

«Puedo dormir incluso con un ojo abierto.»

«Cielos. Tú eres el que me pidió que me quedara aquí, e incluso tú sospechas de mí».

«No.» El casco de Goblin Slayer se movió muy levemente. El chico se dio cuenta de que estaba moviendo la cabeza. «Es por si acaso vienen goblins.»

«¿Qué dijiste?»

«Duermo lejos de la casa principal. Sería problemático si no pudiera responder inmediatamente.»

«… ¿Qué demonios significa eso?»

«Si quieres matar goblins, esto es lo menos que debes hacer.»

El chico se quedó en silencio. Un poco más tarde, se dio la vuelta sobre su espalda. La lámpara que colgaba del techo proyectaba una tenue luz, crujiendo silenciosamente con la brisa. Cerró los ojos, pero una pizca del brillo rojo se filtraba a través de sus párpados. Y pensar que la luz ni siquiera era tan brillante.

Mirando directamente a la pequeña llama, el muchacho frunció los labios.

«No necesitamos esto.»

«Ya veo», dijo Goblin Slayer. «Apágalo, entonces.»

“…”

«Duerme. Mañana, te llevaré de vuelta al Gremio».




Con eso, el extraño aventurero con su extraña armadura se quedó en silencio.

¿En qué demonios estaba pensando? El chico miró dubitativo al casco sucio, su mente agitándose. El aventurero había sido tan contundente que el muchacho se había dejado arrastrar hasta este punto, pero todo esto parecía extraño. ¿Quién invitaría a un aventurero novato que nunca había conocido a quedarse en su habitación? ¿Incluso ir tan lejos como para discutir con su esposa o familia o lo que sea que fueran?

Si él hubiera sido un noble sin cerebro y con mucho dinero, o si fuera una mujer joven, entonces habría sido más entendible. Pero, ¿qué ganaban ofreciéndole refugio?

¿O era una él una de esas personas de las que había oído hablar? ¿Aquellos que asaltaban a los nuevos aventureros y les robaban su equipo?

Pero él está en el rango Plata….

Parecía muy improbable que el Gremio arriesgara su reputación conspirando en negocios como ese. Incluso se había enterado de que antes de que se estableciera el Gremio, a veces los aventureros eran simplemente asesinados cuando llegaban a la ciudad.

Mira la armadura de este tipo. Ese casco. Es tan sucio y aterrador.

Se giró sobre la pila de paja como para alejarse del casco cuya mirada parecía fijada en él en la oscuridad.




¿Podría un tipo que se ve así ser en realidad… amable?

«…Imposible.» El mundo no funcionaba de esa manera. El niño asintió para sí mismo y luego puso suavemente una mano sobre el cuchillo que había escondido bajo su ropa.

¡Maldita sea! Si cree que me voy a tumbarme y morir….

El chico se consideraba a sí mismo como alguien que nunca bajaba la guardia. Sea lo que sea que este aventurero esté planeando, él jamas se dejaría asesinar mientras dormía.

Convencido de ello, el muchacho no se dio cuenta cuando lentamente se quedó dormido.

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