Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 2: El Chico Mago Pelirrojo

Parte 1

 

 

«No lo sé. Realmente creo que es demasiado para una persona…»

«¿Ah, sí? Conozco las historias. Como cuando el Segundo Héroe luchó contra el Señor de los Demonios solo, ¡hace tantos años!»

«Cierto, pero tenían el rango Platino. Creo que será mejor que empieces un grupo o que encuentres uno al que unirte».

«Ningún aventurero vivo puede ganarse mi confianza.»

«………..Hmmm, éste es uno difícil, sin duda.»

Goblin Slayer Volumen 6 Capítulo 2 Parte 1 Novela Ligera

 

La Chica del Gremio se sentó detrás de la recepción del ahora vacío edificio del Gremio girando ociosamente sus trenzas.

El sol hacía tiempo que se había puesto, y no había ningún aventurero a la vista. Cualquiera que no se hubiera ido a una aventura estaba durmiendo o divirtiéndose. Ella era el único miembro del personal que quedaba allí.

En circunstancias normales, ella podría -y probablemente debería- simplemente haber ahuyentado al chico aventurero que estaba allí parado buscando una misión con su mirada implacable.

«… Supongo que no hay nada más que hacer», dijo.

¿Por qué soy así?

La Chica del Gremio se levantó de su asiento con un profundo suspiro.

«Voy a preparar un poco de té.» Ella le hizo un guiño y se volvió hacia el cuarto de suministros en la parte de atrás. «Después de todo, yo también estoy esperando.»

***

 

 

La noche había caído cuando Goblin Slayer y los demás atravesaron la puerta de la ciudad fronteriza.

La luz había desaparecido de la ahora vacía calle; las lunas y las estrellas en lo alto ofrecían la única iluminación.

«…Oh, uh, ah, ¿Lle-llegamos…?»

«Asi es, Orejas Largas, así es.»

«Señorita Clérigo, parece que estamos en nuestro límite.»

«Hnn… Ughhhh…»

Todos estaban profundamente fatigados. Las orejas de la Arquera Elfa Superior estaban caídas; era todo lo que podía hacer para evitar que sus pesados párpados se cerraran.

En cuanto a la Sacerdotisa, prácticamente se había quedado dormida durante el recorrido en la espalda del Sacerdote Lagarto.

Los tres hombres, cubiertos de sangre, sudor y barro de días de batalla, se miraron unos a otros y asintieron.

«¿Quizás pueda confiársela a usted, mi señor Goblin Slayer?»

«Sí. ¿Y ella a ti?»

«Estoy en ello. Vamos, Orejas largas, recupérate».

«Mmph…. Estoooy taaaaaan somnolienta…. Sólo voy a… tomar una siesta…»

«Espera a que te llevemos a tu habitación. La mitad de la calle no es para dormir».

El Chamán Enano usó todo su pequeño cuerpo para sostener a la elfa desparramada.




Se dirigían al segundo piso del Salón del Gremio, que también era una posada. Raro era el aventurero que tenía una casa propia. La mayoría se alojaba en alguna posada o alquilaba una habitación en el Gremio.

«Hasta mañana, entonces», dijo el Sacerdote Lagarto con uno de sus extraños gestos de palmas juntas.

«Claro». Goblin Slayer asintió.

El lagarto gigante se fue tambaleándose dejando atrás a sus compañeros, con la pequeña joven aún aferrada a su espalda.

«…Oh.  Buenas….buenas…no…ches», dijo ella débilmente, casi en un susurro. Goblin Slayer sacudió su casco.

«Hrm.»

Compañeros.

La palabra le vino repentina y naturalmente a su mente. No le disgustaba cómo sonaba.

Eran personas que no conocía hace un año. Gente a la que apenas podía creer que había conocido durante todo un año.

¿Qué habría hecho su antiguo yo en una situación como ésta?

¿Qué hay de su equipo? ¿Sus estrategias? ¿Su tiempo? ¿Sus recursos? ¿Cómo serían si los cuatro no estuvieran aquí?

Sin ellos -con esa pequeña diferencia-, la gama de opciones de Goblin Slayer se vería severamente restringida. Temiblemente restringida.

Pensar que sería tan diferente.

Fue con esos pensamientos en su cabeza que abrió la puerta del Gremio.

«Erk…»

Algo no estaba bien.

Luz.

Todo el personal ya debería haberse ido, pero él había venido aquí para hacer su informe.

¿Goblins?

Casi sin pensarlo, la mano de Goblin Slayer se dirigió hacia el hacha de mano que había metido en su vaina. Se puso en una postura muy firme y entró en el edificio casi en silencio. La puerta se cerró tras él.

Era casi cómico, pero él no lo veía de esa manera. ¿Quién podría decir que los goblins no podían aparecer en la ciudad?

La mirada de Goblin Slayer cayó en el banco de la sala de espera, atraída hacia allí porque creyó ver el movimiento de una silueta acurrucada en el asiento.

No, no era su imaginación.

Algo se retorcía allí; casi parecía un humano cubierto con una manta.

Goblin Slayer dio un paso adelante, provocando un chillido en el piso.

«Hr…. ¿Hrn?»

Entonces la manta fue apartada, y la silueta se sentó lentamente.

Se frotó los ojos y bostezó un poco. Era un chico pelirrojo.

Mientras se sentaba, derribó su bastón, que había estado apoyado en el banco; se tambaleó en el suelo.

«…H-hey, señorita… Sólo cinco más- ¿Huh?»

Parpadeó y observó la figura que tenía ante él. Ahora tenía los ojos bien abiertos; podía ver a Goblin Slayer de pie en la oscuridad.

Lo que vio fue a un hombre cubierto de barro y sangre, que llevaba un casco barato y una sucia armadura de cuero, con un hacha oxidada en la mano.

«Ah.» La boca del chico se movió, luego se retorció y luego gritó: «¡Eeeeeeeeeyaahhhh!»

«Hrm….»

Huh. Así que no era un goblin.

Ese fue el único pensamiento que el grito provoco en Goblin Slayer.




«¡¿Eek?!» Al mismo tiempo, la Chica del Gremio dio un pequeño y lindo aullido, y se oyó el sonido de una silla cayéndose. Goblin Slayer levantó la vista para verla salir volando hacia la habitación.

«¡Oh, uh, ah! ¡¿Goblin Slayer, señor?! ¡No estaba dormida, lo juro, no estaba dormida!»

Ella alisó rápidamente su cabello, alisó los pliegues de su vestido y se sonrojó febrilmente antes de producir una pequeña tos. Su sonrisa, sin embargo, no era la sonrisa falsa que usaba tan a menudo, sino una sonrisa genuina y espontánea.

«Ejem. Buen trabajo hoy.»

Goblin Slayer relajó sus dedos uno a uno y finalmente soltó el hacha.

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