Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 1: Un Ordinario Día de Primavera

Parte 6

 

 

También era algo perfectamente normal para los goblins: aventureros. Esas odiosas criaturas siempre irrumpían en los hogares de los goblins justo cuando intentaban relajarse.

Cinco de ellos esta vez. Y qué suerte: dos eran mujeres. Ambas jóvenes y una era una elfa.




Por alguna razón, no olían del todo bien, pero una mirada era suficiente para despertar la lujuria de los goblins.

«¡GRAORB!»

«¡ORGA!»

En su húmedo agujero, los goblins soltaban sus oscuras risas y disfrutaban de sus oscuros deseos.

¡Qué suerte tenemos! Dos mujeres. Podemos tener toda la diversión que queramos y además hacer crecer a nuestra familia.




En las guerras entre los que tenían palabras, los hombres eran los cautivos y rehenes más valiosos. Eso, por supuesto, era porque eran los mejores trabajadores. En una guerra de verdad, los prisioneros pueden ser puestos a trabajar.

Para los goblins, sin embargo, las cosas eran diferentes. Los hombres eran peligrosos; se enojaban rápidamente y eran violentos, haciendo que los goblins les temieran con toda razón. Podían cortarle los miembros a un hombre y arrojarlo a una celda, pero después de eso, era simplemente una cuestión de si comérselo o burlarse de él. Mucho trabajo por muy poca recompensa.

En ese sentido, las mujeres -las hembras- eran una propuesta muy diferente. Impregnarlas era suficiente para evitar que huyeran. Podías hacer lo que quisieras con ellas; una mujer sin manos ni pies seguía siendo útil.

Y, sobre todo, eran divertidas. Eso importaba mucho. Y podrían hacer más goblins. Todo este valor en un solo ser humano.

Si te cansabas de ellas, o si se morían, entonces podías comerlas. Criaturas mucho más versátiles que los hombres.

«¡GROB! ¡GROAR!»

«¡GROORB!»

Los goblins parloteaban entre ellos mientras se abrían paso a través de la blanda tierra con una multitud de herramientas rudimentarias y una gran cantidad de mala voluntad.




Darle a la más pequeña dos o tres buenos puñetazos y ella seguramente se volverá obediente. La elfa parecía un poco salvaje. Tal vez, empecemos rompiéndole una pierna….

No, no. Destrozarle los dedos para que ella no pueda usar su arco otra vez. Eso sería lo mejor.

El gordo, el enano. Parece como si pudiera ser alimento para varios días. Buena y rica carne de panza.

Quitarle las escamas al hombre lagarto. Páseles una cuerda y harán una buena armadura. Sus huesos, garras y colmillos también serían perfectos para lanzas.

Y luego estaba el de la armadura. Todo lo que llevaba, su espada y su escudo y todo su equipo, parecía hecho a medida para los goblins.

¡Qué tontos eran estos aventureros!

Ni por un instante se les pasó por la cabeza a los goblins que pudieran ser derrotados.

Los goblins no tenían ninguna fuerza, excepto en su número. Ellos lo entendían instintivamente; eso era lo que los hacía goblins. Si se les hubiera dado el más mínimo grado de ingenio, no había duda de que hace mucho tiempo habrían sido llevados a la extinción.

Por fin, las sensaciones del muro de tierra comenzaron a cambiar. Ellos escuchaban atentamente; podían oír voces tenues.

Este era el lugar.

Los goblins se miraron unos a otros y asintieron. Las feas sonrisas dividían sus rostros.

Todos ellos tenían armas en sus manos, los mismos objetos que usaban para cavar a través de la tierra. La mayoría estaban hechos de huesos o piedras o ramas, aunque por aquí y por allá había una pala que habían conseguido robar.

La estrategia no jugaba ningún papel en este momento. Mientras sus compañeros eran asesinados, ellos asestarían con suerte un golpe y matarían a sus enemigos.

Esos estúpidos aventureros parecían estar planeando algo, pero los goblins nunca les permitirían salirse con la suya. Las criaturas habían olvidado convenientemente lo que le habían hecho a la hija del capitán del barco. Sólo pensaban en la rabia que sentían por sus veinte compañeros asesinados.

¡Pagarán por entrar aquí y poner de cabeza nuestro hogar! ¡Matar! ¡Violar! ¡Robar!




«¡GOROROB!»

«¡GRAB! ¡¡¡ORGRAAROB!!!»

Con un coro de gritos, la horda de goblins atravesó la pared y saltó al espacio abierto. Una ola de goblins corrió hacia los aventureros.

«Tontos».

En ese instante, un pergamino fue liberado, y una auténtica ola se estrelló contra los goblins y se los tragó.

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