Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 1: Un Ordinario Día de Primavera

Parte 5

 

 

«¡¿ORAGARARA?!»

«¡Siete goblins delante de nosotros! De hecho, ¡son seis ahora!»

Una voz clara resonó por la cueva, enmarcada por el grito de un goblin. La Arquera Elfa Superior había soltado una flecha mientras corrían por el estrecho y húmedo pasillo.

Cada uno de los miembros del grupo saltó sobre el cadáver del goblin, con la flecha que brotaba de su ojo, y siguieron adelante.

«Bien», murmuró Goblin Slayer. Mientras los guiaba, giró la espada de su mano derecha para agarrarla de forma invertida y luego la lanzó hacia delante con un solo movimiento.

«¡¿GRAB?!»

«¡GRROB! ¡¡¡GRARB!!!»




La espada golpeó a un goblin en la garganta, haciendo que la criatura empezase a ahogarse con su propia sangre. Junto a él, uno de sus compañeros sosteniendo una oxidada espada se rió: Qué aventurero tan tonto. ¡Tirando su propia arma!

La espada del goblin brillaba a la luz de la antorcha de Goblin Slayer. El monstruo dio un grito y saltó hacia adelante.

«¡¡GRAARBROOR!!»

«Hmph.»

Goblin Slayer bloqueó la espada del goblin con su escudo.  Rápidamente transfirió la antorcha a su mano derecha y golpeó al monstruo con ella.

«¡¿GRAB?!»




Se oyó un grito. El dolor de una nariz rota siendo empujada hacia el cerebro, la agonía de un rostro quemado por el fuego. El goblin murió en las garras de un sufrimiento mucho menos agudo que el que había infligido a lo largo de su horrible vida.




«Dos, tres.»

Patea el nuevo cadáver hacia un lado, toma su espada, sigue adelante.

Quedan cuatro. O más bien…

«¡KREEEEYYAAAAHHHH!»

Desde el costado de Goblin Slayer vino el bramido del Sacerdote Lagarto y su oración. Mientras gritaba, blandió su Espada con inmensa fuerza, destrozando a los goblins que tenía ante él. Ningún goblin podría sobrevivir a un corte directamente a través de la tráquea.

«¿GROAROROB?»

«Cuatro. Quedan tres.»

Goblin Slayer dejó que el Sacerdote Lagarto acabara con ese; él ya había encontrado a los otros enemigos. Lejos, en la oscuridad, al final del túnel, algo reflejaba débilmente la luz de su antorcha. Sin dudarlo, Goblin Slayer levantó su escudo frente a su cara.

Una serie de pinchazos planos reverberaron, y algunos objetos volaron a través del aire oscuro. Casi simultáneamente, Goblin Slayer sintió un golpe en su brazo izquierdo como si hubiera sido impactado. Chasqueó su lengua.

«¡GRORB!»

«¡GRAROROBR!»

No tenía que mirar para saber lo que era: una flecha se había alojado en su escudo. De los otros dos proyectiles, uno había volado sobre las cabezas del grupo, mientras que el Sacerdote Lagarto había desviado el tercero. Era demasiado obvio que había arqueros goblins escondidos en la oscuridad.




Los enemigos armados con ballestas eran temibles, pero afortunadamente, estas criaturas sólo llevaban arcos regulares.

«Tsk….» Goblin Slayer chasqueó la lengua por haberlo notado tan tarde. Entonces, él despreocupadamente tomó la flecha, con asta y todo, y la extrajo. No parecía preocupado por el hecho de que la extracción del extremo enganchado significara dañar su propio equipo. En vez de eso, se concentró en el oscuro y ominoso líquido que empapaba la punta de la flecha.

«¡Veneno!» anunció y luego tiró la flecha.

La respuesta llegó de inmediato:

«¡Déjamelo a mí!» La Arquera Elfa Superior ya estaba tirando hacia atrás su arco. El sonido de la cuerda fue casi musical al soltar su tiro, atravesando a un arquero goblin a través de la garganta. Desafiar a un elfo a un concurso de tiro con arco era una locura. Con ese sumaban cinco.




«¡Seis!»

Goblin Slayer ya estaba corriendo por el túnel, haciendo contacto con el enemigo. Alojó fácilmente una espada en el cuello de un goblin rugiente. Pateó el cadáver, liberando la espada, y luego levantó su escudo para defenderse mientras se alejaba de los otros enemigos que avanzaban.

«¡Hrroooooooh!» El Sacerdote Lagarto saltó con su espada, rebanando a las criaturas hasta que siete goblins yacían muertos en el suelo.

Durante un breve momento, el único sonido en el tenue y apestoso túnel era la intensa respiración de los cinco miembros del grupo.

«¿E-Ésos son t-todos?» Preguntó la Sacerdotisa, luchando por mantener su respiración bajo control.

«Es lo más probable», dijo Goblin Slayer, botando su antorcha. Se había quemado hasta dejarla inservible, quizás en parte debido a su duro tratamiento.

Tres de los miembros del grupo eran perfectamente capaces de ver en la oscuridad, pero eso no significaba que pudieran prescindir de una fuente de luz.

«Oh, Señor Goblin Slayer, tome…» Cuando la Sacerdotisa lo vio sacar rápidamente una nueva antorcha de su bolsa, ella se apresuró a preparar algo de pedernal.

«Gracias.»

«De nada», contestó la Sacerdotisa con una pequeña sonrisa. Hizo algunas chispas con el pedernal, soltando un suave suspiro de alivio cuando la antorcha se encendió.

Ella aprovechó la oportunidad para echar un vistazo a su alrededor. La cueva de piedra ofrecía espacios estrechos, y el hedor a sangre y entrañas se unía con el olor a putrefacción que era tan característico de los nidos de goblins.

«Ugh…»

Ella se había acostumbrado, sí, pero eso no significaba que lo disfrutara. La Arquera Elfa Superior arrugó su nariz y puso una mueca de asco. Aun así, mantuvo su arco en una mano, y sus largas orejas escuchaban todo lo que les rodeaba.

«Sé que hemos bajado bastante, pero ¿todavía no hemos llegado a la superficie?»

«¿Qué vamos a hacer? Sus números siguen aumentando…»

Sus voces transmitían una clara sensación de fatiga. La Sacerdotisa le ofreció agua a la Arquera Elfa Superior, quien la aceptó con gratitud y tomó un largo trago.

Habían entrado en una cueva a orillas de un río cerca de la aldea. Ya estaban en camino a la salida, pero no tenían la sensación real de que estuvieran haciendo algún progreso.

La respuesta a la pregunta de la Arquera Elfa Superior ya se estaba acercando.

“¡GROORORB!”

«¡GRAARB! ¡GROB! ¡¡¡GRORRB!!!»

Voces horribles resonaban en la tierra. La cueva era como un hormiguero; era un abismo, un laberinto. El suministro aparentemente inagotable de goblins habría sido suficiente por sí solo para romper el espíritu de cualquier aventurero novato.

El grupo llevaba ya varias horas prácticamente sin descansar. Los seis o siete cadáveres que habían contado recientemente eran solo el número de goblins de este último grupo con el que se habían encontrado. ¿A cuántos goblins habían exterminado en total? Docenas. Muchas docenas.

«…Hay más en camino.» La piel naturalmente pálida de la Sacerdotisa se tornó aún más pálida a medida que la sangre se drenaba de su cara; se mordió el labio. Sus manos, envueltas alrededor de su bastón, temblaron un poco, lo suficiente como para que casi se pudiera confundir con un exceso de fuerza.




«¿Puedes pelear?» Preguntó tranquilamente Goblin Slayer.

«S… sí», respondió la Sacerdotisa, asintiendo tan firmemente como pudo. Incluso si ella hubiera respondido No, no puedo, nada habría cambiado… Sin embargo, fue reconfortante para ella que él hubiera sido lo suficientemente considerado como para preguntar.

Ella aspiró un poco de aire y lo dejó salir de nuevo. Sus dedos casi no se sentían como si le pertenecieran a medida que ella los aflojaba y reajustaba su agarre.

«Por suerte, fuimos nosotros los que tomamos esta misión», comentó el Sacerdote Lagarto, mirando a la Sacerdotisa mientras sacudía la sangre de su Espada.

Las desordenadas e indisciplinadas pisadas de los goblins se acercaban. El sonido resonaba en los oscuros y estrechos túneles laterales, como si quisiera abrumar a los aventureros.

«¿Y cuántos de los enemigos enfrentaremos esta vez?»

«No más de treinta sería mi estimación», dijo la Arquera Elfa Superior, moviendo las orejas. «Pero no menos de diez.»

«Considerémoslo veinte, entonces», dijo el Sacerdote Lagarto. «La matanza de goblins es vista como una misión para los recién llegados, pero sus números seguramente prevalecerán en este caso.»

Sin embargo, ellos sólo tenían cinco miembros. El Sacerdote Lagarto hizo un gruñido en lo profundo de su garganta, estirando su cuello para ver hacia el fondo del túnel. Golpeó su cola contra el suelo. ¿Debería convocar a un guerrero Diente de Dragón o no? ¿Debería consumir un hechizo o no? Se trata de una cuestión muy preocupante.

«Hrm. Bueno, esto podría ser un poco difícil», gruñó el Chamán Enano, bajando la carga que llevaba en su espalda. Era una mujer joven, sucia, cubierta de rasguños, ni siquiera estaba consciente. Él la apoyó contra la pared y le dijo: «Después de todo, tenemos que asegurarnos de que ella también esté a salvo».

Así era, de hecho, como normalmente se desarrollaban los acontecimientos. Pero a pesar de su carácter común, era algo que destruía fácilmente la vida de las personas.

Esto, esencialmente, era lo que había sucedido: Algunos goblins se habían establecido cerca de la aldea. Los jóvenes habían sido cautelosos, pero algunas mujeres jóvenes -recogiendo hierbas medicinales o cuidando ovejas- habían sido secuestradas. Y la aldea quería desesperadamente que los goblins fueran asesinados.

Ve a cualquiera de los cuatro rincones del mundo, y escucharás la misma historia hasta el cansancio. Los goblins eran un problema siempre y en todas partes.

En el caso del pequeño asentamiento ribereño al que Goblin Slayer se dirigió en primer lugar, la víctima había sido la hija de un barquero. Era difícil decir si ella tuvo suerte o no: Usando un palo largo para guiar el barco de un lado a otro del río todos los días, se había vuelto más fuerte físicamente que muchos hombres desafortunados. Por lo tanto, tenía la fuerza para soportar la brutalidad y el abuso de los goblins. Incluso había conservado la cordura. Cómo viviría ella su vida después de esto, después de lo que había pasado, los aventureros no lo sabían. Su deber era sacarla con vida.

«Si se multiplican más, podrían empezar a atacar la superficie con demasiada facilidad.» El veredicto de Goblin Slayer fue decisivo: «Vamos a matar a todos los goblins».

¿Qué otra respuesta podría haber?

Sí, todo esto era perfectamente normal.

Al menos, lo era para Goblin Slayer.

«¿Cuál es su opinión sobre la situación?»

«Si nos encontramos con ellos en un túnel estrecho, neutralizará en gran medida la desventaja numérica», dijo pensativamente el Sacerdote Lagarto. «Pero…» Arañó una garra a lo largo de la pared del túnel. La tierra era blanda. Estaba lo suficientemente compacta como para que fuera improbable que se produjera un colapso, pero era lo suficientemente frágil como para que fuera fácil de excavar a través de ella. «Si los pequeños diablillos salieran de los muros que nos rodean, podríamos encontrarnos en apuros. Creo que un cambio de ubicación es lo apropiado».

«Eso lo decide, entonces», dijo Goblin Slayer, revisando su arma. «Nos quedan hechizos, ¿cierto?»

«Oh, sí.» La Sacerdotisa fue la primera en responder. «Parecía que esta iba a ser una larga batalla, así que he conservado mis tres milagros.»

«En cuanto a mí, sólo usé uno para mi Espada-garra.» Eso significaba que quedaban tres. Goblin Slayer asintió. Sería suficiente.

«Yo, tengo cuatro disparos», dijo el Chamán Enano, contando con sus dedos. Abrió su bolsa y la revisó, frunciendo el ceño. «Pero según recuerdo, dijiste que había unos diez lugares importantes en total, ¿no?»

«Un poco loco, ¿verdad?»

Ignorando el comentario de la Arquera Elfa Superior, Goblin Slayer agitó la cabeza.

«Podemos tomarnos un tiempo para descansar.»

«Ese no es el problema.»

Clérigo o mago, milagros o hechizos, reescribir la lógica misma del mundo era una tarea ardua. Cada uno podía hacerlo un número limitado de veces al día. Si no eras un usuario mágico con rango Platino, tal vez eso sea lo mejor que puedas esperar. Por lo tanto, era un principio básico en las aventuras dar a tus usuarios mágicos un amplio descanso. Aquellos que ignoraban esta ley podrían estar poniéndose a sí mismos en peligro mortal (aunque todos morían cuando llegaba su hora, sin importar cuán descansado estaba un lanzador de hechizos).

El Sacerdote Lagarto, de pie junto a Goblin Slayer, entendió adónde quería llegar el enano.

«Es una cuestión de catalizadores, ¿no?»

«Exacto. Ofrezco lo que puedo, pero los objetos mágicos son muy… ya sabes».

«Muy bien.» Goblin Slayer recuperó una espada cubierta de entrañas y la limpió rápidamente con el taparrabos de un goblin. Si pudiera usarla para matar a uno o dos enemigos más, sería suficiente. Después de todo, sus propios enemigos le traerían armas. No había nada de qué preocuparse.

«Usa Túnel, entonces. Eso no requiere un catalizador».

«Muy cierto. Pero, ¿por qué usar…? Ahh ¿Es eso lo que estás pensando?» El Chamán Enano le dio a su barba una pequeña caricia, pero no tuvo que pensar demasiado para entender lo que quería Goblin Slayer. Su cara se convirtió en una sonrisa.

«Para bien o para mal, Corta-barbas, creo que me estás influenciando. Oye, Escamoso, dame una mano…er, un hombro».

«Ja, ja, ja. Sí, tiene sentido. Ahi tienes. ¿Será suficiente con mi espalda?»

El Chamán Enano suspiró profundamente y luego se subió a la espalda del Sacerdote Lagarto. Sacó un frasco negro y un pincel de su bolsa y empezó a dibujar un patrón en el techo con fluidez.

La Arquera Elfa Superior aún no había logrado juntar las piezas del rompecabezas. Ella sacudió sus orejas sospechosamente y gruñó mientras veía al Chamán Enano dibujar.

Era incomprensible.

«¿Esto tiene sentido para ti?», le preguntó a la Sacerdotisa, pero la otra joven le contestó:

«En realidad no», y parecía un poco avergonzada.

«Oye, Orcbolg, ¿qué ocurre?», preguntó. «¡Dinos qué está pasando!»

Frente a esta demanda, la respuesta de Goblin Slayer fue tan mecánica y ruda como siempre.

«Te advertiré», dijo.

«¿Sobre qué?»

«Esta es una ruta de escape de emergencia.»

«¿Lo qué significa?»




«Si rescatamos a la rehén. No hay más problemas».

Eso fue todo lo que él dijo, y luego le arrojó algo a la Arquera Elfa Superior. Incluso con la tenue luz, ella podía ver lo que era; lo cogió en el aire.

«Te mostraré la forma de usarlo… bien.»

La Arquera Elfa Superior seguía desconcertada, pero la Sacerdotisa dijo: «Oh,» como si estuviera un poco decepcionada. «Pensé que podría llegar a eso», agregó.

En la mano de la arquera había un anillo de respiración bajo el agua.

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