Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 1: Un Ordinario Día de Primavera

Parte 4

 

 

Lo primero que hizo Goblin Slayer cuando dejó a la sonriente Chica del Gremio y regresó con su grupo fue sacar un poco de hilo. Se sentó pesadamente en el banco y luego alineó las dieciocho pociones. Seis de cada una de tres colores diferentes. Primero, ató una cuerda a las pociones de curación.

Luego siguieron los antídotos. Aquí, agregó un nudo extra a la cuerda. Para las pociones de resistencia, añadió dos nudos extra, un total de tres.

Ahora era posible diferenciar el tipo de poción por el número de nudos.

Nunca había visto a nadie hacer eso antes, reflexionó la Arquera Elfa Superior. Se inclinó para mirar con sus orejas rebotando y sus ojos brillando.

«Uh, ¿Orcbolg? ¿Qué estás haciendo?»

«Recientemente hemos necesitado acceder a nuestras pociones rápidamente», dijo. Sus manos seguían moviéndose mecánicamente; el movimiento era tan natural como el suave aroma de un bosque perenne. «Me aseguro de que podamos decir cuál es cuál con el tacto.»

«¡Oh, déjame ayudar!» Dijo la Sacerdotisa con impaciencia.

«Por favor, hazlo». Goblin Slayer se movió para hacer sitio para ella.

La Sacerdotisa se sentó en su pequeño trasero y comenzó el delicado trabajo de atar las cuerdas. Tan pronto como un juego de tres botellas estaba listo, la Arquera Elfa Superior las agarraba con un «Te tengo».

«Escucha, Orejas-Largas», dijo bruscamente el Chamán Enano. «Podrías mostrar un poco más de moderación.»




«Oh, ¿tú crees?» Ella agitó sus orejas, su cara inocente. «Esto viene de un enano, la encarnación de la codicia.»

Con un solo movimiento fluido, ella metió la mano en su bolsa de dinero y sacó tres monedas de oro, las colocó en el banco y las golpeó con su dedo.

«Hrm», dijo el enano, tardíamente sacando tres monedas propias y dejándolas en el suelo.

«No las necesito», dijo Goblin Slayer sin levantar los ojos (o más precisamente, su casco) de su trabajo.

«No aceptaremos eso», dijo el Chamán Enano agitando la cabeza. «Nunca dejes que el dinero o el equipo se interpongan entre los amigos.»

«Ya veo.»

«Dejando eso a un lado, tienes algunas ideas intrigantes, ¿no?» Dijo el Chamán Enano.

«Esto es simple pero efectivo.»

«Ah, te pagaré cuando termine», añadió la Sacerdotisa.

«…Esta bien.»

«Veamos…», dijo el Sacerdote Lagarto, sacando algo de dinero. Pero en el momento en que lo colocó en el banquillo, sucedió algo bastante extraño.

«Uh… Disculpe», una voz vacilante se dirigió al grupo.

El Sacerdote Lagarto miró para ver a una guerrera, claramente una novata, a juzgar por su nuevo equipo. Era una joven de estatura claramente pequeña. La forma en que sus orejas llegaban hasta un punto gentil la distinguía como una de las personas de la hierba, una rhea.

Su equipo parecía como si acabara de comprarlo. Llevaba leggings sobre sus delgadas piernas, pero de los tobillos hacia abajo estaba descalza, como era la costumbre de su gente.

La chica rhea parecía bastante nerviosa; detrás de ella estaba el resto de su grupo, prácticamente temblando. Ella evaluó al grupo de Goblin Slayer y luego, por alguna razón inexplicable, pareció decidir que sería más fácil hablar con el Sacerdote Lagarto.

«Um, ¿Qué…? ¿Qué están haciendo?»

«Hmm.» El Sacerdote Lagarto entrecerró los ojos en lo que probablemente era una muestra de amistad. La chica rhea tembló un poco más fuerte. «Estamos preparando pociones», dijo. Cogió una de las botellas con la mano escamosa. Líquido salpicaba audiblemente en el interior. Una poción de curación. «Están siendo marcadas para que no confundamos una con otra si debemos usar alguna rápidamente.»




Goblin Slayer Volumen 6 Capítulo 1 Parte 4 Novela Ligera

 

«Marcadas…»

«No hay garantías de que vaya a haber tiempo de ver qué poción es qué cuando la necesitemos.»

La chica pareció asimilar la idea y asintió con admiración.

«Te lo advierto,» dijo Goblin Slayer, sin siquiera mirar a la joven aventurera, «si tratas de marcar todo en tu bolsa, nunca recordarás qué es qué.»

«Oh-uh, o-obviamente. Yo nunca haría eso…. Ha-ha.» La cara de la chica se congeló. Probablemente era exactamente lo que ella había estado planeando hacer. La Arquera Elfo Superior se rió, clara como una campana, haciendo que la chica se sonrojase y mirase al suelo.

«Sólo marca las cosas que puedas necesitar con urgencia. Y…»

Goblin Slayer terminó el último lote de pociones. Las metió cuidadosamente en su bolso, asegurándose de que estuvieran bien protegidas.

«…ten cuidado con los goblins. Empieza por matar ratas o algo así».

«Oh, uh, ¡claro! ¡S-seguro!»

La chica rhea agachó la cabeza varias veces y luego se apresuró a volver a su grupo. Inmediatamente formaron un círculo y empezaron a susurrar juntos; parecía que ya habían empezado a llevarse bien. Incluso estaban lo suficientemente coordinados como para dividirse en dos grupos, uno para poner una cuerda en sus objetos y otro para buscar una misión.

«Gran discípulo que caminó por el sendero calcáreo, guíalos para que sean una pequeña parte de tu batalla de la que siempre se habla.» El Sacerdote Lagarto hizo un gesto misterioso, rezando por el éxito de los aventureros, sus valientes acciones y sus gloriosas muertes.

Es cierto que algunos aventureros prefieren los chismes y las burlas, pero otros se esfuerzan por absorber el conocimiento que necesitan para sobrevivir. Uno no era mejor que el otro; uno no tenía razón y el otro estaba equivocado. Estar atento a los consejos no era garantía de éxito, ni negarse a escuchar las palabras de los demás aseguraba inevitablemente el fracaso.

Y aun así…

«Espero que sobrevivan».

«…¿Quién puede decirlo?» Las palabras parecían haber sido exprimidas de Goblin Slayer.

El fin de cada persona llegaba cuando llegaba, incluso contra las ratas gigantes. Y si sobrevivían, las misiones se volverían más temibles a medida que ascendían de un rango a otro, y luego al siguiente.

Si las aventuras fueran una ocupación segura, no se llamarían aventuras.

Goblin Slayer terminó de guardar las pociones que había preparado, y luego se levantó lentamente de su asiento.

«Oh, Goblin Slayer, señor, su dinero.»

La Sacerdotisa se abalanzó sobre él, buscando apresuradamente en su bolsa algunas monedas.

«…Cierto.»

Goblin Slayer intercambió con ella los documentos de las misiones en su mano, diciendo: «Acepté estos trabajos».

«Wow…»

Por el grosor del fajo, la Sacerdotisa adivinó que debía haber aceptado todas las misiones de goblins que quedaban. Luchó contra la sonrisa tratando de llegar a sus labios, forzándose a concentrarse en las palabras en las páginas.

‘Empieza por matar ratas o algo así’, ¡por supuesto!

No quedaría ninguna misión de goblins aunque esos chiquillos quisieran una. La Sacerdotisa no tenía idea de si esto era intencional de su parte. ¡Por el amor de Dios!

«¿Y bien?»

En este contexto, eso significaba, Yo voy. ¿Qué hay con el resto de ustedes?

Ella había llegado a aceptar que este era un hábito de Goblin Slayer que parecía poco probable que cambiase. La Sacerdotisa dio un suspiro melodramático y agitó la cabeza.




«Bueno, lo sabes. Sabes que voy a ir, por eso estoy aquí».




«Hrk…»

«Irías solo si te lo permitimos», añadió la Sacerdotisa. «Y no te dejaremos.»

«Existe algo así como no preocuparse lo suficiente por lo que piensen los demás, Orcbolg», dijo la Arquera Elfa Superior, resoplando de disgusto. «¿No te molesta que todos hablen así de ti?»

«Para nada», dijo brevemente Goblin Slayer. Sacudió suavemente su yelmo. «No entiendo realmente lo que esperan de mí.»

«Ese es mi muchacho, Corta-barbas. ¡Goblins entonces!»

«No hay duda de eso», dijo el Sacerdote Lagarto, dándole a Goblin Slayer una alegre palmadita en la espalda con su gran cola. El Chamán Enano soltó una enorme carcajada.




Ahora era obvio lo sola que estaba la Arquera Elfa Superior en su opinión.

«Bien, ¿a quién le importa?», dijo ella, dándose la vuelta y empezando a hacer pucheros.




«Ya, ya,» dijo la Sacerdotisa reconfortantemente, y luego dirigió su atención a una rápida revisión de su equipo.

Equipo, listo. Artículos, listos. Provisiones, listas. No olvidar la Caja de Herramientas para Aventureros. Y una muda de ropa.




«Muy bien. Creo que estoy lista para partir».

«Vamos, entonces.»

Un guerrero humano, una elfa guardabosques, un hechicero enano, un clérigo humano y un monje lagarto.

Los cinco aventureros, que difieren en raza, clase y género, dejaron atrás al Gremio.

Un grupo de aventureros también son compañeros de viaje.

Mientras estas las palabras pasaban por la mente de la sacerdotisa, ella disminuyó un poco el paso. Incluso caminando a través de la maleza, ella sentía una extraña afinidad por estas personas.

«¡Oye! ¡Apártate de mi camino si no quieres que te lastime!»

«¡¿Eek?!»

Un chico pasó corriendo por delante de ellos, prácticamente empujando a la Sacerdotisa a un lado. Su capa se abrió revoloteando, revelando un gran bastón en su mano -debe haber sido un mago.

La Sacerdotisa, tambaleándose por el encuentro, sintió que la mano de Goblin Slayer la atrapaba.

«Gr-Gracias… Lo siento.»

«Está bien.»

La Sacerdotisa se enderezó la gorra. Goblin Slayer empezó a alejarse como si la escena ya no le interesara. El chamán enano, sin embargo, era menos templado, agitando su puño y gritando al chico,

«¡Oye, mira por dónde vas, mocoso!»

«¡Déjame en paz! ¡Es su culpa por haberse quedado en medio de la calle! ¡La próxima vez dejaré que mi Bola de Fuego hable por mí!»

El muchacho no paró de correr hacia el Gremio mientras gritaba. La forma en que trazaba una línea directamente hacia su destino se parecía un poco a una Bola de Fuego.

«Grr…. Los chicos de hoy en día», gruñó el Chamán Enano.

«¿Por fin te sientes de tu edad, abuelo?» Preguntó la Arquera Elfo Superior.

«¡Lo dice la única persona aquí que es mayor que yo!» El Chamán entrecerró los ojos y miró fijamente a la arquera. Más precisamente, miró directamente a su pecho plano, cubierto con la túnica de un cazador. «¿No crees que deberías usar algo más apropiado para tu edad, Yunque?»

«¿Po-Por qué…? ¡Tú… siempre… Barril!» La cara de la Arquera Elfa Superior se puso roja y sus orejas estaban planas contra su cabeza.

Los familiares comentarios de ida y vuelta provocaron una sonrisa en la cara de la Sacerdotisa. Pero….

Ella miró detrás de ella hacia el Gremio de Aventureros. El enorme edificio era aun claramente visible a pesar de la multitud que había afuera.

«Bueno, con suficientes recién llegados, es probable que haya algunos individuos imprudentes.» El Sacerdote Lagarto se inclinó para mirar a la Sacerdotisa. «¿Sucede algo?»

«Oh, uh, no,» dijo la Sacerdotisa, agitando una mano para descartar la idea. «Nada». Luego volvió a mirar hacia delante.

Sigue caminando. Sigue a tus compañeros. Quédate en tu grupo.

Se apresuró a ir detrás de los demás, pero no pudo quitarse de la cabeza la imagen del hechicero pelirrojo.

Tal vez sólo estoy imaginando cosas, pero…. él me resultaba muy familiar.

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