Goblin Slayer

Volumen 6

Capítulo 1: Un Ordinario Día de Primavera

Parte 2

 

 

«¡Hee-hee-hee!»

La Sacerdotisa sonrió, muy animada. El Gremio de Aventureros estaba ocupado durante todo el año, pero esa vitalidad se duplicaba en primavera. Los monstruos despertaban de su hibernación y empezaban a amenazar a las aldeas, mientras que los aventureros que habían estado viviendo de sus ahorros durante el invierno salían a trabajar de nuevo. Tampoco había escasez de hombres y mujeres jóvenes inspirados por el buen tiempo para salir a buscar fortuna.




«¡El siguiente! ¡Número quince, por favor, acérquese a la ventana de recepción tres!»

«¡Misión! ¡Tengo una misión aquí! ¡Cess-eaters en las alcantarillas! ¿Alguien tiene un par de minutos para venir a ayudar?»

«¿Tienes tus armas y equipo? ¿Pociones? ¿Memorizaste todos tus hechizos? ¿Tienes tu palo de cinco metros? Genial, ¡vamos!»

«Discúlpenme, pero un oso ha ido y ha entrado en nuestro pueblo. Sí, un oso pardo».

Los miembros del personal corrían de un lado a otro, los aventureros se gritaban unos a otros, y quienes daban las misiones explicaban lo que necesitaban. No era exactamente un ambiente festivo, pero no se podía negar el bullicio en el aire.




Rodeada de este torbellino de actividad, la Sacerdotisa no podía dejar de sonreír felizmente, su sonrisa como un capullo en flor. Estaba sentada firmemente en el largo banco que se había convertido en su sala de espera de costumbre, sosteniendo su sonoro bastón y no intentando ocultar lo feliz que se sentía.

A su lado, la Arquera Elfa Superior estaba descansando su barbilla en sus manos y observando ociosamente cómo pasaba la multitud. Ella volvió su mirada hacia la Sacerdotisa. (Nova: En inglés es High Elf Archer, su nombre denota la superioridad de su raza, por eso lo correcto es Arquera Elfa Superior)

«Alguien está de buen humor.»

«Es porque estoy empezando mi segundo año de aventuras a partir de ahora. ¡Creo que no sería extraño que algunos de ellos empezaran a llamarme su superior!»

«Ahh, ¿ya ha pasado tanto tiempo?»

«¡Claro que sí! Además, creo que me ascenderán del noveno al octavo rango en cualquier momento».

Ella hinchó triunfalmente su pequeño pecho. La Sacerdotisa era el miembro más joven de su grupo. La Arquera Elfa Superior sabía lo que se sentía, ser la más joven, y por eso sus oídos se movieron con simpatía.

Supongo que podría actuar un poco como una hermana mayor.

«Tal vez, pero no dejes que te distraiga. La última fila tiene un papel crucial que desempeñar, ¿de acuerdo?»

La Arquera Elfa Superior agitó su dedo índice con gracia mientras regañaba a la Sacerdotisa.

«Sí, señora. Lo sé.» La sacerdotisa asintió obedientemente.

La Arquera Elfa Superior pasó una mano por el cabello dorado de la Sacerdotisa, deshaciéndose de los enredos. La joven se rió, y sus ojos se iluminaron alegremente. Realmente era como una dulce hermana menor, aunque la Arquera Elfa Superior tenía la sensación de que si decía algo así en voz alta, el Chamán Enano nunca la dejaría olvidarlo. En vez de eso, ella deliberadamente dejó que sus ojos vagaran por el bullicioso Salón del Gremio.

«Está muy concurrido, ¿no?»

El lugar estaba lleno de gente muriendo por ser aventureros. Aunque…

Tal vez muriendo no sea la mejor palabra.

Eso no le sonó muy propicio a la Arquera Elfa Superior. ¿Qué tal gente con la esperanza de ser aventureros? Sí, eso está mejor. Esperanza era una buena palabra.

Los que esperaban convertirse en aventureros se alineaban en la recepción, una enorme fila de ellos. Había magos y guerreros, monjes y exploradores, así como personas de todas las razas, sexos y edades imaginables. Las dos cosas que todos compartían eran la pasión que ardía en sus ojos y el equipo que usaban.

Desde equipo tan nuevo e impecable que parecía que todavía tenía una etiqueta de precio, hasta armadura vieja prácticamente oxidada, la calidad podría haber sido baja, pero todas y cada una de las piezas estaban pulidas hasta el brillo.

«Hmm», murmuró la Arquera Elfa Superior, moviendo sus largas orejas. «Creo que podrían aprender un par de cosas de Orcbolg.»

«Al Sr. Goblin Slayer no le gustan las cosas brillantes, ¿verdad?»

Él puede ser bastante difícil.

Con ese murmullo, las mejillas de la Sacerdotisa se pusieron rojas de repente, y se giró incómodamente.

«¿Pasa algo malo?» La Arquera Elfa Superior preguntó, pero la Sacerdotisa chilló un, «No,» y miró hacia otro lado.

La elfa ladeó la cabeza confundida, pero no tardó mucho en juntar las piezas. Tal vez sólo tenía sentido.

Un aventurero avanzado, acompañado por dos mujeres de inconfundible belleza. Una de ellas es una elfa superior, nada menos.




Las miradas recurrentes de los candidatos en espera no se le habían escapado.

«Vaya…. Qué par de bellezas…»

«Hombre, cuando sea aventurero, definitivamente voy a poder conocer a algunas chicas como ellas».

«¡Una elfa! Hombre, ojalá conociera a una…»

La Arquera Elfa Superior dio un pequeño resoplido. ¿Creían que podían tener una conversación que un elfo no pudiera escuchar? Ella deseaba que estuvieran menos interesados en su raza y que mostraran un poco más de admiración por el hecho de que era una aventurera de rango Plata.

«El año pasado, yo estaba en esa línea…»

A diferencia de la Arquera Elfa Superior, que había hinchado su pecho plano con la esperanza de enfatizar la insignia de rango que colgaba de su cuello, la Sacerdotisa había puesto una mano en su corazón. Ella también tenía una insignia de rango, una que mostraba que había avanzado de Porcelana a Obsidiana, del décimo al noveno rango.

«No había tanta gente entonces.»

Ella había sido exactamente como ellos, escuchando con asombro las conversaciones que la rodeaban.

Por fin se iba a inaugurar un campo de entrenamiento que llevaba mucho tiempo en construcción. Supuestamente era en respuesta al ataque del Señor de los goblins, pero la planificación había ido lentamente, y ahora esa batalla estaba a un año de distancia.

Las dos chicas que estaban allí sabían por qué las cosas habían empezado a moverse más rápido.

«¿Leíste la carta?» preguntó la Sacerdotisa.

«¡Más vale que creas que lo hice!»

La Arquera Elfa Superior sacó la hoja doblada de un bolsillo. El borde estaba quebradizo; ella debe haberlo leído muchas veces.

«¿Lo llevas contigo?»

«¿Tu no? Es la carta de una amiga».

«La mía está en mi habitación. Se lo he confiado a la Madre Tierra».

Precisamente porque es de una amiga, añadió la sacerdotisa internamente, sonriendo tímidamente.

Una amiga. Se trataba de la Noble Esgrimista, una aventurera con la que ellas habían asaltado una fortaleza de goblins en el norte unos meses antes. El recuerdo de ella todavía estaba fresco en la mente de la Sacerdotisa: La Noble Esgrimista había perdido a sus amistades y había sido severamente maltratada, pero se había negado a romperse. Y durante esa experiencia de encontrarse cara a cara con la muerte, algo aparentemente había cambiado dentro de ella. Después de su aventura, la Noble Esgrimista regresó al hogar del que había huido y les contó todo. (Nova: En inglés es Noble Fencer, es decir Noble Esgrimista)

Desde entonces, habían intercambiado varias cartas.

«Ella dijo que está comenzando un fondo para apoyar a nuevos aventureros», dijo la Arquera Elfa Superior. «Esa chica no pierde el tiempo».

«Sí, por supuesto», respondió la Sacerdotisa.

Las cartas de la Noble Esgrimista les informaban de que ella no participaría en la lucha como una aventurera, sino como una colaboradora.

La letra clara y precisa de las cartas que recibían era tan parecida a ella que era imposible no apreciarla. Escribió que había sido capaz de reconciliarse con su familia y que quería volver a ver a la Sacerdotisa, a la Arquera Elfa Superior y a los demás en algún momento.

«Sigue tan testaruda como siempre, ¿no?»

«Ja, ja, ja…»

A pesar del comentario burlón de la Arquera Elfa Superior, el cuidado con el que dobló la carta reveló cómo se sentía realmente. Ella no necesitaba decirlo, ya que la Sacerdotisa sentía lo mismo.

Tanto la Sacerdotisa como la Noble Esgrimista habían experimentado de primera mano la brutalidad de los goblins. Para cada una de ellas, apenas una tirada de los dados separaba perfectamente la salvación de la destrucción. Y así, la obstinación de la Noble Esgrimista era el mejor aliciente posible para la Sacerdotisa.

Significaba que aún no se había quebrado. Que ninguna de las dos lo había hecho.

«…Unas pocas lecciones antes de empezar realmente hacen una gran diferencia,» La sacerdotisa reflexionó.

«No lo sé, sólo creo que no importaría tanto.»

No es que esté tratando de negar su tenacidad. La Sacerdotisa frunció el ceño en respuesta, y la Arquera Elfa Superior le hizo un pequeño gesto tranquilizador antes de añadir, «Quiero decir, algunas personas van a hacer cosas estúpidas sin importar cuántas lecciones les des, ¿sabes?»

«Pero sin instrucciones, ¿cómo sabrán lo que están haciendo mal?»

Por ejemplo…. había tantos casos en los que los novatos podían equivocarse.

Podían estar tan absortos conversando que se olvidaban de mantener suficiente espacio entre las filas delanteras y traseras.

O podrían asumir que no tenían que vigilar su retaguardia sólo porque estaban en un túnel.

Y sobre todo, podrían tomar a los goblins demasiado a la ligera.

Al reflexionar, ella podía ver cuántas lecciones había aprendido en esa primera aventura.

«Claro, no te lo discuto», dijo la Arquera Elfa Superior. «Es sólo que…» Volvió a hacer un gesto con la mano, quizás no sabía cómo tomar la sombría expresión de la Sacerdotisa. «A algunas personas no les importa escuchar. Como…. los enanos, por ejemplo.»

«Oh, estoy escuchando muy bien, Orejas Largas», refunfuñó una voz desde detrás del banco.

La Arquera Elfa Superior sonrió y resopló triunfalmente.

«Esperaba que lo hicieras. Si no, no habría sido divertido».




Ella miró por encima de su hombro al chamán enano calvo que agarraba la parte de atrás del banco y la miraba con indignación. El ligero rubor en sus mejillas sugería que él había comenzado a tomar vino a pesar de que todavía era de mañana, aunque eso era perfectamente normal para un enano.

Al oler su aliento, la Arquera Elfa Superior hizo un gesto de toser con delicadeza.

«De todos modos, no eres quien para hablar», dijo el Chamán Enano. «No hay nadie que escuche menos que un elfo».

«¿Perdón? ¿Quién de nosotros tiene las orejas más grandes?»

«¡Heh! Veo que el sarcasmo no atraviesa un yunque».

«¿Quién es un yunque…?»

«Pon una mano en tu pecho y responde a tu propia pregunta.»




«¡Porque siempre, tú…!»

Eran las bromas ruidosas de siempre. La Sacerdotisa solía ponerse nerviosa por esto, pero ahora se lo tomaba con calma; últimamente, hasta le resultaba reconfortante escucharlo. Ella no estaba segura de que discutir realmente acercaba más a la gente, pero sabía que estaba en un buen grupo.

Además, muchas caras en el Gremio de Aventureros le resultaban familiares. Cada vez que veía a una de las personas que había llegado a conocer el año anterior, ella les hacía una pequeña reverencia.

«Heh-heh-heh. Está muy, muy animado, ¿no?»

«No te hagas el interesado. Queremos lucir bien para los novatos».

Había una Bruja con una sonrisa seductora, acompañada por un Lancero, que le hablaba mientras él le hacía una mueca. El Guerrero Pesado estaba caminando por el pasillo, envuelto en una pelea verbal con la Caballera Femenina….

«¿No te lo dije? Dije que un pequeño intercambio amistoso nos uniría…»

«Es una mala excusa para una pelea de borrachos. ¡Se supone que eres legal buena!» (Nova: esta es una broma tomando en cuenta su alineamiento ya que ella quiere ser una Paladín, entenderán si han jugado Calabozos y Dragones xD)

…mientras que el Chico Explorador, la Chica Druida Rhea y el Guerrero Ligero Medio Elfo los seguían, negándose rotundamente a involucrarse.

«¡Hola!»

«Buenos días a todos.»

«¡Buena suerte en sus misiones hoy!»

Luego vino un saludo casual del Guerrero Novato, quien fue rápidamente regañado por la Aprendiz de Clérigo.

«¡Hey, es el grupo de Gobber!»

«¡Oh, por el amor de Dios! ¡Podrías ser un poco más educado! ¿Cómo se supone que voy a mostrar mi cara si le hablas así a la gente?»

Todo era igual que siempre.

«Ah, bien. Amistosos como siempre, por lo que veo.»

Una enorme figura se cernía sobre ellos. Era el Sacerdote Lagarto. Su cuerpo estaba cubierto de escamas y llevaba un traje inusual. Viendo a la elfa y al enano parloteando, revolvió sus ojos alegremente. Parecía contento de aplazar su intervención habitual y dejar que discutieran.

El Sacerdote Lagarto se volvió hacia la Sacerdotisa y apretó las manos en su habitual saludo excéntrico.

«El clima cálido parece haber despertado la energía de todos. Algo con lo que simpatizo plenamente.»

«El invierno fue duro para ti, ¿no es así?» La Sacerdotisa hizo una pequeña risita, incluso cuando el Sacerdote Lagarto asintió y respondió sombríamente.

«En efecto. Incluso los temibles nagas no pueden prevalecer en una era de hielo. La naturaleza, la forma misma de este mundo, puede ser algo terrible».

Como sugería su apariencia, el Sacerdote Lagarto era vulnerable al frío. Esto pudo haber sido debido a que provenía de las junglas del sur o quizás porque gran parte de su ascendencia reptiliana permanecía en él. En cualquier caso, su anterior aventura a las montañas nevadas había sido todo un calvario para él.

«Pero he oído que hay dragones de hielo que tienen aliento de ventisca», dijo la Sacerdotisa. «¿Qué hay con ellos?»

«No son parientes míos, ¿entiendes?», contestó el Sacerdote Lagarto. ¿Hablaba en serio o bromeaba? Había una sutil ligereza en su tono solemne.

Luego, el Sacerdote Lagarto irguió su largo cuello, mirando alrededor de un Salón del Gremio inundado de aventureros novatos.

«¿Qué hay de mi señor Goblin Slayer? ¿Dónde está él?»

«Oh, um, dijo que llegaría un poco tarde hoy. Aparentemente, ayer se fue a algún lugar».

«Oh-ho. Bueno, eso es muy inusual.»

«Ciertamente lo es.»

La Sacerdotisa añadió en voz baja que ella pensaba que él vendría pronto, sin embargo.

Goblin Slayer.

Era imposible imaginar a ese extraño aventurero yendo a cualquier lugar de vacaciones. La chica que cuidaba de la granja en la que él vivía informó que incluso en sus días libres, se ocupaba de mantener sus armas y equipo. Recientemente, la Chica del Gremio y la Chica Vaquera lo habían invitado a un festival, y aun así se las arregló para pasar la mayor parte del tiempo patrullando la ciudad. Dejado a sus anchas, él desaparecía silenciosamente para matar goblins. Ellos no podían quitarle los ojos de encima.

Por todos los cielos. Un suspiro afectuoso escapó de los labios de la Sacerdotisa.

«Él realmente no tiene remedio, ¿no es así?»

En ese momento, un murmullo comenzó a recorrer la sala. Un aventurero había empujado la puerta giratoria.

Caminó con un paso audaz, indolente, pero casi violento. Llevaba un casco de acero barato y una sucia armadura de cuero. Una espada de una extraña longitud colgaba de su cintura, y atado a su brazo izquierdo había un pequeño y redondo escudo. Incluso un novato, al parecer, tendría mejor equipo.

Pero la pequeña insignia que colgaba de su cuello era de plata. El tercer rango.

«¡Sr. Goblin Slayer!» La Sacerdotisa gritó, provocando un coro de risitas entre los recién llegados. ¿Alguien que mata goblins? ¿El más débil de todos los monstruos?

Había algunos entre ellos, por supuesto, que no se reían. A lo largo de cinco años, Goblin Slayer había sido la salvación de un gran número de aldeas.

Y algunos de los que se habían propuesto ser aventureros el día de hoy eran de esas aldeas. Ellos conocían muy bien al aventurero que se enfrentaba solo a los goblins. Algunos otros quizás habían oído hablar de él en una canción. Los bardos tendían a manipular los hechos, pero su reputación se mantenía.

Aun así, la risa podía ser perdonada. La mayoría de los posibles aventureros del Salón del Gremio aún no habían experimentado la matanza de goblins; los que tenían experiencia generalmente sólo habían expulsado a uno o dos que habían deambulado demasiado cerca de su aldea. Quizás algunos de ellos habían estado en una cueva en algún lugar, pero una cosa nunca cambiaba: el hecho de que los goblins eran el monstruo más débil.

Goblin Slayer los ignoró a todos, tanto a los callados como a los charlatanes. «Sí», le respondió a la Sacerdotisa, asintiendo. El yelmo se movió lentamente, captando a la Arquera Elfa Superior, al Chamán Enano, al Sacerdote Lagarto, y luego a la Sacerdotisa, uno por uno.

«Ya están todos aquí.»

«¡Llegas tarde, Orcbolg!»

Dijo La Arquera Elfa Superior con su voz clara y digna. Rompió la discusión que había estado teniendo con el Chamán Enano, señalando directamente al recién llegado con un elegante dedo. Sus cejas se arquearon, y sus largas orejas presionaron hacia atrás; produjeron una gran contracción. Todo en ella conspiraba para comunicar cuán intensamente había estado esperando.




Ella dio un pequeño resoplido y cruzó los brazos de manera importante.

«Entonces. ¿Qué vamos a hacer hoy?»

«Cazar goblins».

«¡Bueno! ¿No es eso una sorpresa?», dijo el Chamán Enano, riendo y acariciando su larga barba blanca. «Cuando se lo dejas a Corta-barbas, ya sabes qué tipo de aventura vas a tener.»

«Hrm….»

«Si tienes alguna preferencia, te escucharé.»

La Sacerdotisa se puso un poco roja ante el comentario de Goblin Slayer. Ella tenía la clara impresión de que algunos de sus bordes más ásperos habían sido pulidos durante el último año. ¿Y qué hay de ella? ¿Había cambiado? ¿Había crecido? No era tan fácil de juzgar.

«Personalmente, cualquier cosa que contribuya a un bien mayor es aceptable», dijo el Sacerdote Lagarto, su cola barriendo ruidosamente el suelo. «Creo que la matanza de goblins cumple ese criterio bastante bien. Sin duda habrá muchos de los pequeños demonios en el extranjero a medida que cambie la temporada».

La Arquera Elfa Superior hizo un largo y bajo gemido y luego levantó las manos en resignación.

«Bien. Lo entiendo. Genial. Goblins serán. ¡Cuenta conmigo, por tu bien!»

«Gracias», murmuró Goblin Slayer, y luego se giró hábilmente sobre sus talones y se dirigió directamente a la recepción donde todos los aventureros estaban esperando. La mirada colectiva de los novatos no pareció molestarle ni un poco.

Los aventureros que lo conocían reaccionaron de manera opuesta, gritando jovialmente:

«¡Oye, Goblin Slayer! ¿Vas a matar más goblins?»

«Sí», dijo asintiendo con la cabeza.

«Nunca te cansas de eso, ¿verdad?»

«Nosotros, vamos a hacer un pequeño viaje. Revisaremos algunas viejas ruinas».

«¿Es eso cierto?»

«Ten cuidado, ¿de acuerdo?»

«Sí.»




Todo esto sería muy difícil de entender para los recién llegados, que no entendían la dinámica en juego. Los novatos se miraron unos a otros y susurraron tan silenciosamente como pudieron.

La Arquera Elfa Superior, esperando en el banco a Goblin Slayer, frunció el ceño.La Sacerdotisa se inclinó para hablar en la larga oreja de la elfa.La sacerdotisa se inclinó para hablar en la larga oreja del elfo.

«¿Qué están diciendo?», susurró ella.

«No quieres saberlo».

Me parece justo. La Sacerdotisa no tenía que ser capaz de escucharlos para poder adivinar sus conversaciones. Ella hinchó sus mejillas enfadada y frunció los labios, pero eso no hizo ningún bien en particular. El hecho de que el Sacerdote Lagarto y el Chamán Enano no parecieran preocupados por ello, de alguna manera también la irritó.

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