Empire, Blood and Gold

Volumen 1: En las Tierras del Sol

Capítulo 6: Desde la Oscuridad

Parte 4

 

 

Alice… despierta.

Una mujer morena y sonriente le miraba, sus ojos castaños emitían una dulce calidez y su cabello lacio y largo le caía sobre el pecho. El tacto de ella era suave, y sus labios teñidos en color vino le rozaban la frente con delicadeza. Parecía que le decía algo, pero no podía entender… lo único que escuchaba era la voz susurrante y cadenciosa que parecía envolverle en una frazada.

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Alice… 

¿Qué llevaba prendido en el cabello? Oh, una flor amarillo-anaranjada, esponjosa y grande. Quería tocar aquel adorno natural para determinar si en realidad era tan acolchonada como parecía; la mujer volvió a hablarle suavemente, en un susurro apenas perceptible, pero ella seguía sin entender. La luz se filtraba por entre los hilos oscuros que nacían en la cabeza de la adulta, de la que ahora tenía la impresión era su madre.

Alice… despierta. 

Nubes y el sol borroso se adueñaron de su visión; el sonido de las aves llegó a sus oídos.

−Alice, debes tomar algo… Sé que estás cansada, pero no has probado bocado.

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Y lo primero que vio tras las nubes oculares formadas gracias a su recién despertar fueron ese par de ojos bicolor que Bernard poseía. Sonriente como siempre, le dio la bienvenida al mundo real, donde el sol resplandeciente y el cielo azul de los bosques del sur de Francia les daban la impresión de que lo ocurrido unas noches antes había sido sólo una pesadilla.

Pero no lo era, los constantes desvíos, algunos pocos encuentros con otras caravanas y los puntos de revisión de la armada Aztlana le golpeaban con la dura realidad.

Los automóviles de uso militar y las carretas adosadas a estos se movían moderadamente en dirección al suroeste, a aquel lugar al que Bernard Du Tellier no quería regresar aún.

 Marsella… 

Era ese ex-principado que representaba todo sus miedos, aquel pasado que quería enterrar en lo más profundo de su ser, a donde la corte de los milagros se había mudado. Su reina, como madre amante y responsable, les había dirigido hasta un  punto seguro aún dentro de Francia; Marsella que, bajo la protección aztlana, se levantaba fuerte y con cierta independencia se convertiría en la nueva capital de los verdaderos ciudadanos Franceses.

Vichy, su rey cobarde y el nuevo régimen de virreinato Aztlán podían irse al carajo.

Pero en el fondo de aquel corazón joven de Bernard había algo que le pedía regresara por donde había venido. Era aquello el miedo a enfrentarse a su pasado; sonriente, como de costumbre disfrazando sus propios sentimientos repugnantes y cobardes, miró a Alice sentada frente a él con uno de los niños del orfanato recostado en sus piernas.

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−Dormiste mucho… ¿estás bien? – preguntó el joven con heterocromía; los ojos de la niña, de un gris azulado casi violeta, miraron hacia el niño que dormitaba en su regazo, a Bernard le conmovió aquella escena. Pensó en la vida de Alice, una vida que debía ser pacífica y guardada de todo peligro… y entonces quiso ser aquel que la protegiera de todo mal, aún si significase enfrentarse a su propio y terrible pasado. –Toma –y extendió un trozo de pan que los líderes de la caravana le habían proporcionado.

−Sí…  Gracias… yo, no sé… lo siento mucho sombrerero, ayer por mi culpa… si tú no hubieses llegado a tiempo nosotros…

−Ustedes son lo único que tengo, no los abandonaré.

Ella sonrió con lágrimas en los ojos. En cierta forma ahora juntos formaban una familia; Alice, que no recordaba si había tenido o no una, sintió que su corazón se hinchaba al pensar que había quienes la consideraban como un miembro de la suya.

Pertenecía a un lugar, con ellos, y eso la animó para seguir adelante con su camino; incluso si le costaba la vida, ella decidió proteger a su manera a quienes le habían acogido.

Sonriente, miró hacia el frente, buscando indicios en el horizonte de su nuevo hogar.

 

 

 

– FIN DEL VOLUMEN 1 –

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