Empire, Blood and Gold

Volumen 1: En las Tierras del Sol

Capítulo 2: La Ciudad de los Santos

Parte 1

 

 

Atravesar el océano en barco era una odisea que el padre André no quería volver a experimentar; extrañaba el sonido y el leve vaivén de los trenes de vapor y el olor a diésel de los automóviles; mejor viajar por tierra que morir bajo el agua con la única compañía de peces y el olvido de Dios… por ello, en cuanto pisó el empedrado camino hacia la sede del brazo internacional de la Inquisición, dio gracias a la Trinidad, a la Virgen y a todos los santos que recordaba.

Pero aún tenía que enfrentarse al mayor peligro de todos: su jefa inmediata.

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El director del Servicio Secreto del Opus Dei, la Cardenal[1] Angela Amazzentti, investida con sus ropas rojas y doradas, con su cabellera castaña salpicada de platinadas canas y su porte de dama noble de mediana edad le esperaba sentada en la gran silla de madera y terciopelo de su oficina. Sentado frente a ella el Sumo Inquisidor, el hermano Giovanni Carducci, investido también en el rojo y dorado cardenalicio, portaba con orgullo la pasibilidad y la entereza de todo hombre entrante a la tercera edad; a pesar de sus ya casi sesenta años el cardenal no aparentaba más de cuarenta y su complexión física podría ser la envidia de un joven de treinta. La única seña que delataba su edad era su blanca cabellera que en sus años mozos había sido de un negro azabache.

André sonrió nerviosamente, hallarles a los dos juntos era la obertura a otra aventura donde probablemente perdería la vida, o quizá si corría con suerte, tal vez sólo le amputarían uno de sus miembros no vitales.

Frente a la Cardenal Amazzentti un montón de papeles se hallaban, desperdigados como si en un arranque de cólera velada la mujer les hubiese desparramado con desdén. Sí, André se dio cuenta de que el semblante de su jefa no era del todo bueno; desde el lugar donde él se hallaba no podía verse bien lo que aquellos testigos callados habitantes del escritorio podrían decirle, y es que a pesar de no llevar sus gafas, gracias a la hipermetropía podría ver incluso una hoja en la copa de un árbol a más de 100 metros a detalle, pero no era capaz de distinguir nada a un palmo de distancia. Ridícula realmente su situación.

El hermano Carducci le miró con cierto rencor, aunque sabía bien que no era adrede; obviamente el haber sido nominado como su sucesor en algún futuro no le hacía gracia, en primer lugar porque le tomaba como un enclenque (y es que francamente André no era de los que se distinguían por su físico trabajado) y en segundo lugar porque le consideraba un inepto, con toda y cada una de sus letras… pero él no tenía la culpa de que a veces sus planes no funcionaran tal cual les construía.

En fin, el padre dejó sus cavilaciones para extender el sobre que contenía su informe; la Cardenal simplemente lo colocó junto a las hojas, aún desparramadas, y comenzó con el interrogatorio al clérigo de ojos color jade.

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− ¿Qué pudiste obtener a parte de los fotogramas y la identificación de los agresores?

−Al parecer el tercer blanco se encuentra a salvo, y los otros implicados continúan en sus respectivas labores, cercanos al Tlatoani, con ello se garantiza su seguridad.

−Eso está bien por ahora. −Terció en hermano Carducci, -pero en este momento tenemos algo más grande en manos, como saben, la repentina muerte de la princesa Cihuametztli hace un par de semanas ha desencadenado la hostilidad entre el

Imperio Democrático Francés y Aztlán…

La cara de André se tensó… ¿cuándo había ocurrido todo eso?

−Perdón su excelencia, pero ¿qué ha dicho?

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−André, hace unas semanas la Princesa Cihuametztli del imperio Aztlán fue muerta en un atentado hecho por civiles del Imperio Francés en tierras Británicas. Como lo veo, una posible guerra entre las tres naciones puede ser inminente, puesto que se le ha exigido a los franceses la detención de los responsables y la desarticulación de la facción terrorista, de lo contrario Aztlán intervendrá con o sin autorización del Rey Philip; por otro lado la Reina Victoria está realmente encolerizada por la afrenta que sufrió al haber sido asesinada la prometida de su nieto el príncipe Harry, y para aminorar la ira del Empe… Tlatoani Nezahualcóyotl ha presionado al Rey Philip, amenazándole con apoyar las tropas Aztlanas en caso de una invasión.

−Lo más preocupante, -añadió Carducci –son los rumores venidos de la Deutsche Republik; lo último que nuestros informantes hicieron saber no fueron buenas nuevas, al parecer se está incitando al odio racial contra los Judíos, y aunque al principio no parecía ser tan grave, ahora les han despojado de sus bienes y les están concentrando en cetros de trabajo, de los cuales no hay la suficiente información por ahora. Hemos intentado contactar a nuestra gente, pero todo intento por entrar o salir legalmente del país es en vano, el Führer Hitler ha cerrado las fronteras. También, hace un par de días, llegó un telegrama remitido por el padre Kitzajovich: los alemanes invaden Polonia. A pesar del tratado que Britania y Francia tienen con Polonia, es un hecho que debido a las fricciones que estos tienen por el momento no irán a auxiliar a los polacos.

¿Todo eso había ocurrido en menos de los dos meses que duró el viaje en trasatlántico? Obviamente las cosas habían cambiado drásticamente, y no para mejor. Con Diels y el Barón Von Richthoften en pos de los mejores científicos del mundo (sobre todo los creadores de cierta droga sintética) la situación ya era lo bastante grave… Sí, sabía que Hitler había echado mano a los judíos pero, siendo francos, creía que no pasaría más allá de las fronteras alemanas. Ahora invadían Polonia, creaban armas, deportaban gente, cerraban sus fronteras.

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Y la princesa muerta… eso era la cereza de la tarta. No sería extraño si en pocos meses (incluso semanas o días) una nueva guerra se desataba entre las naciones.

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Y no era para menos, porque si en Europa y Anahuatlalli[2] había fricciones internacionales, en Asia las cosas eran iguales o peores. La tentativa China de invadir Nipón gracias a la denuncia que el segundo hizo a las tierras de Xin por el tráfico de niños japoneses como esclavos y mercancía sexual perpetrados por civiles y encubiertos por el mismo gobierno tras el abordaje de un transportador chino oficial donde se descubrieron al menos trescientos infantes, y también la presencia de la creciente flota japonesa en mares Coreanos, no hacían más que aumentar el riesgo de un enfrentamiento global.

Ahora bien, ¿qué acciones tomaría el vaticano, mediador de los países católicos y aliado de la mayoría de los no católicos?

−Tenemos un par de personas dentro de Alemania que confío lograrán salir por sus medios, y enviamos a un par de agentes a Polonia para conocer la situación; los miembros de los escuadrones San Judas y San Mateo se preparan para acciones militares. Por otro lado, hemos escuchado que le han pedido al Rey Philip acepte a los judíos de Polonia a cambio de protección contra Aztlán… por supuesto que hay sospecha de dobles intenciones, pero por lo que sabemos el Rey Philip está desesperado pues no ha podido encontrar a los autores del atentado donde murió la princesa Cihuametztli. En general, la sociedad francesa desaprueba el aliarse con Alemania, pero también temen entrar en guerra con Aztlán. Es muy probable que el Rey elija el camino menos sangriento para su pueblo.

− ¿Significa eso que tengo que ir a Francia, su excelencia Angela?

−Significa que el hermano Yzack, la hermana Bianca y tú irán a reunirse con el hermano Michelle y el hermano Armand en París. Cooperarán con los detectives franceses que llevan el caso, el propio rey lo ha solicitado, tienen dos meses para resolverlo.

André casi se echa a llorar. No había problemas con la hermana Bianca, ella era bastante bonita y tenía unos ojos que incitaban a recordar las praderas más verdes o las esmeraldas más brillantes… pero el hermano Yzack, ese ruso tan frio como un témpano de hielo y tan cortante como una navaja (a pesar de ser al menos unos diez años menor) no le hacía gracia. La última vez que ambos estuvieron en una misión le había usado de cebo y francamente no quería rememorar ni mucho menos volver a experimentar la situación.

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− ¿Tiene que ser el hermano Yzack?

−No hay otro agente disponible que cuente con la experiencia y los conocimientos de Yzack. Además, no tienes por qué cuestionar mis decisiones padre André.

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Retírese, mañana sale hacia París.

−Pe… Pero…

− ¿Tiene algo más que decir, que sea de utilidad para variar? Si sólo va a quejarse puede redactar una carta y entregarla a las oficinas de recursos humanos, el hermano Carducci y yo estamos ocupados. Buenas tardes.

André salió cabizbajo, con los ojos verdes fijos en el suelo, maldiciendo su suerte… Apenas había llegado a Roma y tenía que irse en menos de 24 horas. Decidió no lamentarlo más, y al salir de la sede de la Inquisición Internacional tomó prestado un automóvil oficial para ir al cementerio de San Matías, en las afueras de la ciudad.

La penumbra nocturna ya se había tragado la luz declinante del sol, y las luces de las iglesias y los pocos hogares civiles adornaban el espacio como una especie de reflejo del cielo; hubiese deseado detenerse a comprar algunas flores, pero sabía que a esa persona nunca le habían gustado, tampoco era como que a esas horas alguna florería en la ciudad tuviese algunas frescas y bonitas.

El cementerio de San Matías era específicamente un lugar donde reposaban los restos de los soldados de dios, por tanto era imposible ingresar sin una identificación oficial de Roma. El vigilante pidió las credenciales de Radcliffe y, luego de examinarlas como si nunca hubiese visto algo igual antes, le dejó pasar pidiendo que aparcara el vehículo en el estacionamiento cercano a la capilla.

Las lápidas se alzaban asimétricamente por toda la zona, algunas con un pequeño monumento solicitado, pensó André, por los familiares de aquel que reposaba eternamente bajo las losas y otras con una simple cruz, o una placa con los datos necesarios para saber de quién era aquel lugar de descanso eterno. Caminó un buen tramo hacia la parte norte del cementerio, donde los monumentos iban desapareciendo paulatinamente para dar paso a algunos árboles y arbustos recién podados. Fue en ese lugar donde le vio, la única lápida cercana a las rejas que colindaban con un bosquecillo.

Un ángel tornaba sus ojos al cielo, esperanzado a que le respondieran aquella mirada llena de tristeza clamando piedad. A los pies de aquel ser inanimado que parecía tener más alma que un humano común, una leyenda y un par de fechas estaban esculpidas.

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La fe y la esperanza es lo único que me acompaña ahora.

1910-1934

 

André sonrió pensando en que su hermano parecía tener un sentido del humor bastante torcido al decidir poner en su lápida aquel epitafio.

− ¿Será que por eso decidiste irte antes, André? Siempre fuiste el más cruel de los dos. –Una sonrisa desesperanzada y deprimente se apoderó de sus labios.

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Sí, el padre André Radcliffe llevaba cinco años muerto, y ese André, el que veía la lápida con su mismo nombre, no era más que un impostor. Desde siempre lo había sido.

 

 


[1] En este mundo las mujeres pueden aspirar a cargos eclesiásticos que usualmente pertenecen a los varones. Como muchos saben, en los inicios del cristianismo incluso una mujer podía oficiar misa, hecho que terminó con la ascensión al poder de los varones que veían de mala manera que una mujer fuese el representante de Jesucristo (ya saben, por eso de que Jesús era varón). Me he permitido tomar en cuenta los evangelios apócrifos para justificar el hecho de que una mujer pueda ser uno de los pilares de la iglesia, vamos que hasta el mismo Jesús promulgaba la igualdad de género a su manera. La única posición que las mujeres no pueden tomar en la vida secular es la de Papa.

[2] De esta forma los aztecas llamaban al continente Americano.

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