Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 6: Corona de Goblins

Parte 1

 

 

El crujido y gemido del oxidado cuerno era violento para los oídos, pero se podía escuchar claramente en toda la fortaleza. Dado que un goblin soplaba tan fuerte como podía, tenía sentido que el ruido resultante fuera tan fuerte como horrible. O quizás los goblins consideraban que sonaba galante.

Estaban vestidos con un conjunto de harapos que no encajaban entre sí, muchos de los cuales habían producidos al rasgar la ropa que robaron a las mujeres de la aldea. Llevaban tambores de piel y hueso, que hacían un sonido hueco cuando los golpeaban.

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Uno tras otro, los goblins inundaron el patio central de la fortaleza.

—¡ORARAG!

—¡GORRB!!

—¡GROOOB!!

Levantaron los puños y aullaron con salpicaduras de saliva oscura saliendo de sus labios.

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Era bastante obvio lo que significaba sus voces excitadas. Gritaban burlas, insultos, o daban voz a su resentimiento, celos y avaricia. El odio colectivo se volvió contra todos aquellos que tenían lo que ellos no tenían.

Para los goblins, también era como si estuvieran saludando a su héroe. El que tomó sus deseos sobre sí mismo, el que masacró a los tontos humanos.

En realidad, los goblins tienen un fuerte sentimiento de solidaridad, pero al mismo tiempo, odian tomar la iniciativa de hacer algo por sí mismos. En vez de eso, dejan todo a un jefe, a un chamán o a un lord. Eso los deja libres para perseguir cualquier cosa que brille –literal o proverbialmente– ya sea comida o bebida, o mujeres, o equipo. Libres para arrastrar a los que tienen lo que los ellos no, y cortarlos en pedazos.

Ningún goblin quiere morir. Si su hermano muere, se enfada y siente que debe vengarse.

Y los goblins mantienen todo esto a la vez, sin sentir ninguna contradicción.

—¡GORARARARAUB!!!!

Por fin, una voz aún más fuerte se impuso, y apareció el goblin detrás de esta, a un paso bastante amenazante.

Llevaba un sucio casco de acero; una armadura de metal cubría su cuerpo. Una capa carmesí –había desgarrado una cortina de algún lugar– servía como una cobertura adicional. En su cadera llevaba una brillante espada plateada tan llamativa que a los goblins les parecía casi sagrada.

—¡ORARAG! ¡ORRUG! — El paladín goblin. Ante su gran y sombría voz, los goblins se arrodillaron como uno solo.

Juntos, inclinaron sus cabezas, y una senda se abrió entre ellos como la división de un mar. El paladín goblin empezó a caminar entre ellos, majestuosamente, con su capa revoloteando.

La punta de la vaina en la que descansaba su espada plateada raspaba el suelo, pero pareció no prestarle atención.

Avanzó hacia un gran trono, construido con basura y cadáveres. Su horriblemente retorcida cara parecía sugerir un elemento de orgullo. Casi podría haber parecido gracioso, como la caricatura de un ser humano, pero uno infinitamente depravado y cruel.

***

 

 

—Hemos calculado mal.

El grupo acababa de salir de la armería. Goblin Slayer estaba mirando el patio central desde el pasillo, chasqueando su lengua y sin sonar muy contento.

La elfa lo miró con curiosidad. —¿Cómo es eso? ¿No es ese el jefe enemigo? Podría matarlo desde aquí.

—No debes hacerlo —, dijo el sacerdote lagarto gentilmente. —Eso nos dejaría con un ejército de goblins sin líder, y no se sabe lo que podrían hacer. — La temperamental arquera ya tenía una flecha con punta de brote en su arco. —Pero creo que eso no es todo, ¿verdad, Goblin Slayer-dono?

—No —, dijo. Luego, en voz baja, añadió, —¿No lo ves?

—…Son sólo goblins, ¿no?

—Así es.

Esto causó que la elfa contrajera sus largas orejas, perpleja. Esto no tenía sentido para ella, ni estaba segura de lo que habían calculado mal. Sí, había habido algunos contratiempos en el plan, pero ella sentía que había ido bastante bien en general.

—Ese goblin es el amo de esta fortaleza.

—¿…?

—Esto es una ceremonia. Van a otorgar rangos o premios.

—¡Oh! — No fue la elfa, sino la sacerdotisa, quien exclamó. Puso una mano sobre su propia boca, y luego miró al patio desde el pasillo. Afortunadamente, ninguno de los goblins parecía haberla notado, gracias chirriantes sonidos que hacían estos.

La sacerdotisa se puso una mano en el pecho con alivio, y luego, con toda seriedad, respondió.

—¡Siempre hay un sacerdote en ceremonias como esta!

Ciertamente. Si esta ceremonia seguía el estilo típico de los goblins, el sacerdote sería llamado.

Si el sacerdote estaba o no involucrado, ese seguía siendo el paladín goblin que tenían ante ellos, la criatura que aparentemente había recibido un regalo del dios del conocimiento externo.

Pero en cuanto al sacerdote goblin…

—…Oh.

Una pequeña y temblorosa voz escapó de los labios de Noble Fencer. Su encantador rostro se puso un poco pálido. Ella apretó los puños, sus brazos aún estaban envueltos en vendas. ¿Qué habían hecho esas manos suyas? ¿Qué había hecho ella con estas? ¿Por un capricho? ¿Por un capricho de un momento?

Sus ojos vacilaban, miró a los miembros de grupo uno a uno.

—Bueno, no está lejos —, dijo el chamán enano como si no pasara nada. —Pero está permanentemente indispuesto. — Acarició la barba con una mano, y con la otra buscó en su bolsa de catalizadores; su expresión era la seriedad misma. —Supongo que esto puede ser un pequeño problema.

Nadie pudo decir nada en respuesta a su susurro.

Todos entendieron la situación en la que se encontraban.

Incluso un rápido vistazo a los goblins del patio sugería que había más de cincuenta monstruos allí. Y los aventureros estaban allí con ellos. ¿Qué pasaría cuando los goblins descubrieran su presencia?

El matar goblins es tan antiguo como el tiempo; ha estado ocurriendo desde que el mundo nació. Y desde que se hace, los goblins siempre han superado en número a los aventureros.

Aquellos héroes que no están preparados, que desafían a los goblins a ciegas, son asesinados. Más aún cuando intentan dar batalla en el corazón del nido.

Goblin Slayer no era una excepción a esta regla.

¿Cómo haría este extraño aventurero, con sus extrañas ideas, para compensar la diferencia en números? Ellos habían ido de aventuras juntos durante casi un año. No había froma de que ella no lo supiera.

Entonces sucedió.

— ¡O-ow…! — Noble Fencer, con sus puños aún apretados, se puso tiesa y gruñó de dolor.

—¿Qu-Qué pasa? — La sacerdotisa se acercó a ella casi automáticamente, buscando heridas, pero no vio heridas evidentes. Pero…

—Hrr-rrrr-ghh…gah…

—¡E-Ella es ardiendo…!

La piel de Noble Fencer estaba caliente al tacto, casi lo suficiente como para arder.

—¿Qué está pasando? —, preguntó Goblin Slayer.

—No… no lo sé. Pero esto…

Recuerda. Piensa en lo que ha pasado. La sacerdotisa buscaba desesperadamente en su memoria.

No había heridas externas, y no era probable que fuera veneno. Calor en el cuerpo. Casi como si la hubieran hechizado.

¿Un hechizo? No. Esto no era magia simple. Y no había tótems aquí. Un paladín. Un clérigo.

Castigo divino… Una maldición. ¿Una maldición?

—¡Oh…!

La sacerdotisa miró hacia donde Noble Fencer recientemente había cortado su pelo, el cual revelaba la nuca de su cuello. La cruel marca ardía en la piel, el ojo de la luna verde brillaba intensamente, como una llama.

—¡Es…!

—Haah… Hrrrgh… Arrgh…

Noble Fencer se retorció, hundiendo sus dientes en su propio brazo con la esperanza de suprimir sus gemidos de dolor. La sacerdotisa se aferró al ardiente cuerpo de la guerrera como si su vida dependiera de ello, mirando al sacerdote lagarto. Él era un clérigo rango Plata, el más experimentado clérigo aquí. Él dejó escapar un suspiro siseante.

—¡Una maldición de los dioses malignos! Debo disiparla. ¡No, no tenemos tiempo…!

Habían sido descuidados. Habían considerado que la marca no era más que otro ejemplo de la vil crueldad de los goblins.

Ahora entendieron: fue a causa de la maldición que ni siquiera un milagro de curación había podido borrar la cicatriz.

—¡Oh, Madre Tierra, que rebosas de piedad, usa tus sagradas manos y sana a tu hija de sus heridas!

Aun así, no había tiempo que perder. La sacerdotisa imploró a la Madre Tierra que les brindara sanación. La misericordiosa diosa rozó el cuello de la chica con su dedo, enfrentándose a la maldición que allí residía. Pero…

—¡¿GORUB?!

—¡¿ORARARAGU?!

De repente, un alboroto empezó a extenderse entre los goblins del patio.

Los aventureros vieron que la ceremonia se desarrollaba a buen ritmo; ahora los monstruos sólo esperaban a su sacerdote y su sacrificio.

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Pero él no apareció. Él no vino.

Después de un momento, el paladín goblin murmuró, “ORG”, y envió a un lacayo corriendo.

Sin duda se dirigía a la prisión del sótano. Encontraría el cuerpo del sacerdote, junto con las prisioneras liberadas, era sólo cuestión de tiempo.

—¡ORARAGAGA!! —, gritaron los goblins, el ruido colectivo creciendo en fuerza.

El paladín goblin saltó y aulló lo que parecía una extraña oración. —¡IRAGARAU!

—¡Hrraaaaahhhh! —, gritó Noble Fencer, incapaz de luchar contra el dolor.

Entonces todo sucedió a la vez.

Mirando al patio, Goblin Slayer agarró su espada. El paladín goblin lo estaba mirando.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 6 Parte 1 Novela Ligera

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Sus ojos se encontraron. Una mirada oculta por un casco de acero, la otra, un par de pupilas doradas. Y entonces…

—¡ORAGARAGARAGARAGARA!!!!

—¡Abajo!

A las órdenes del paladín goblin, los arqueros se giraron y soltaron un torrente de flechas con una agilidad enfermiza. Al mismo tiempo, Goblin Slayer se lanzó a un lado, atrapando a las dos chicas en el camino.

—¡Eek!

—¡¿…?!

La sacerdotisa gritó; Noble Fencer no hizo ningún ruido, pero obviamente se sobresaltó. Goblin Slayer las ignoró, levantando su escudo.

*Thop, thop, thop* Un sonido débil resonó mientras las flechas cayeron sobre él. Los goblins no son criaturas fuertes para empezar; cuando tuvieron que disparar hacia arriba, el hecho sólo fue magnificado.

Goblin Slayer tomó una de las flechas; encontró que la punta estaba suelta. Y sin embargo, los pequeños monstruos estaban tratando de hacer que las flechas funcionaran a larga distancia.

—Una pobre imitación.

Un sonido hueco de metal acompañó a la continua lluvia de flechas. Goblin Slayer gruñó, tirando la flecha en su mano como si no le interesase en absoluto. Luego volvió a mirar a la sacerdotisa y a Noble Fencer, manteniendo su escudo en alto para protegerlas mientras hablaba.

—¿Están bien?

—Oh, uh, s-sí. Gracias.

—No hay problema.

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—……

Noble Fencer no dijo nada, apartando sus ojos de donde yacía, bajo el pecho de Goblin Slayer, pero asintió.

—Bien.

Eso fue suficiente. Él miró al lado, donde estaban sus compañeros, a cierta distancia.

—¿Qué hay de ustedes?

—¡Bien, de alguna manera! —, dijo la elfa.

—Sin embargo, en peligro de ser aplastado —, dijo el chamán enano con un gesto.

El sacerdote lagarto había extendido su cuerpo y se había inclinado hacia atrás sobre la elfa y el enano para cubrirlos.

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—Bueno, ahora, esto se ha convertido en algo bueno, ¿no? —, dijo él, entrecerrando los ojos alegremente a pesar de la lluvia de flechas a su alrededor.

Para los hombres lagartos, tales crisis eran consideradas como pruebas, y las pruebas debían ser llevadas a cabo con alegría.

—Nos dividiremos en dos grupos —, dijo Goblin Slayer.

—Excelente idea —, dijo rápidamente el sacerdote lagarto. —Tres y tres: un guerrero, un hechicero y una sacerdotisa. El otro: un sacerdote, una ranger y un hechicero. ¿Sí?

—Está bien.

—¿Quién será el cebo?

—Yo lo seré —, dijo Goblin Slayer. —Un tanque es lo más adecuado para ese trabajo.

—Y mi fuerza física es más apropiada para sacar a las prisioneras de antes del sótano. ¡Entendido!

—Bien.

Su rápida y silenciosa conferencia terminó, la estrategia fue establecida. No había nadie que pudiera vencer a Goblin Slayer en lo que a matar goblins se refería. Ninguna raza podía superar a los lagartos en lo que se refiere a las artes de la guerra.

—Entonces pongamos en marcha este plan. Ranger-dono, hechicero-dono, ¿podrían venir conmigo?

—Sí, claro —, dijo la elfa. —Pero… ¡cielos! ¡Mira la forma que usan para disparar esas flechas! ¡Simplemente me enoja!

—Ahórratelo —, le aconsejó el chamán enano. Entonces los tres comenzaron a deslizarse por el pasillo, usando al sacerdote lagarto y sus poderosas escamas como escudo.

Goblin Slayer asintió. Ahora todo lo que tenía que hacer era hacerse notar.

—Muy bien. Vamos.

—Oh… ¡sí…!

—¡…….!

Pero Noble Fencer se quedó en silencio, sin moverse. O mejor dicho, no podía moverse.

El dolor era parte de eso, la sensación de que le ardía el cuello. Estaba acurrucada y lloriqueaba en silencio.

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Pero eso no era todo. Las uñas de los puños que había cerrado con tanta fuerza habían roto a través de sus vendas, y ahora la sangre fluía.

—No… No debes hacer eso, ¿de acuerdo? — La sacerdotisa se acercó, poniendo suavemente su mano sobre la de Noble Fencer. Las dos manos delicadas y delgadas, se encontraron naturalmente, entrelazándose entre sí.

Noble Fencer tembló un poco.

—…Yo…

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La más delgada de las voces se le escapó.

—…Lo sé… Yo…lo sé. Lo…sé.

Sacudió su cabeza, las olas ondularon a través de su pelo color miel, como para ahuyentar algo.

—Pero… — Ella no pudo dejar salir más que eso; el resto no llegó. —¡Pero…!

Entonces se rompió la presa, las palabras y las lágrimas se derramaron en igual medida.

El arrepentimiento. El arrepentimiento. El dolor. La tristeza. ¿Por qué le había pasado todo esto? No era…

No se suponía que fuera así. Todos ellos… impulsivos. Riéndose de ella.

Burlándose. Y sin embargo… Ella era miserable. Incapaz de hacer nada. Patética.

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Fue su culpa de nuevo. Su culpa de que las cosas… hubieran terminado así.

La espada. Ella tenía que recuperarla. Tenía que hacerlo. Devuélvemela. Devuélvemela.

Quiero irme a casa.

Padre… Madre…

—¡No puedo… no puedo soportar más esto…!

—……

Goblin Slayer y la sacerdotisa estaban en silencio. La cadena de palabras tenía poco sentido para ellos.

Noble Fencer sollozaba y resoplaba como una niña que terminaba de hacer una rabieta. Goblin Slayer escuchó atentamente mientras ella encadenaba palabras desesperadamente. Desde el interior de su casco de metal, él miró intensamente su cara llorosa y mocosa.

Y entonces él pensó:

 “De todo lo que roban los goblins, ¿cuánto realmente se puede recuperar?”

—¿Es así? —, dijo entonces. —Entiendo.

—¿…Huh?

Noble Fencer lo miró, sin entenderlo. Miró a la sacerdotisa, a su lado.

—…Dios —, dijo la sacerdotisa. —Realmente no tienes remedio, ¿verdad? — *Suspiro* No se levantó de donde estaba agachada entre Goblin Slayer y Noble Fencer.

—…es lo que no puedo decir.

Ahora eso salió a la luz. Otra vez. Pero él lo entendió, ¿verdad?

—Goblin Slayer, ya se lo he dicho, no se puede responder a todo con: “¡¿Es así?!”

—¿Es así?

—¿Ves? Lo hiciste de nuevo.

—¿Es así…?

La sonrisa de la sacerdotisa era como una flor floreciente; él apartó su mirada con fuerza.

—Recuperaré tu espada. — Entonces él se puso de pie, con su escudo aún alzado. La tormenta de flechas seguía rebotando en ella. —Y mataré a ese paladín goblin. Junto con los otros goblins.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 6 Parte 1 Novela Ligera

 

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Desenvainó la espada en su cadera. Era de una longitud extraña. —No me refiero a uno o dos de ellos. No me refiero a un nido entero. No me refiero a toda esta fortaleza.

El casco sucio. La armadura de aspecto barato. El aventurero que los llevaba.

—Mataré a todos los goblins.

Así que no llores.

Ante estas palabras de Goblin Slayer, Noble Fencer aspiró con fuerza, y luego dio un pequeño asentimiento.

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