Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 5: Asalto a la Mazmorra

Parte 5

 

 

Incluso los goblins son lo suficientemente inteligentes como para cerrar una puerta. Incluyendo el enorme metal que encontraron en una esquina del laberinto de piedra, había un taburete cerca, ya que la perilla estaba fuera del alcance de los diminutos goblins.

—Bien, es hora de cambiar —, dijo el chamán enano.

La elfa se acercó para examinar la puerta. —Claro, déjamelo a mí… es lo que me gustaría decir, pero no estoy segura de tener tanta confianza…

Primero, raspó la superficie de la puerta con una flecha con punta de brote que sacó de su carcaj. Confirmando que no había nada allí, levantó sus grandes orejas, escuchando cualquier sonido dentro de la habitación.

No oyó que se moviera nada. Dado lo húmedo y contaminado que estaba este escondite de goblins, era sorprendente no escuchar ni siquiera a una rata corriendo por ahí. Los goblins sin duda encontraron que los roedores eran buenos bocadillos, un tema el cual ella no quería pensar, aunque tuvo que admitir que estaba agradecida por ese hecho.

—Estoy bastante segura de que no hay nada dentro… creo —, dijo la elfa.

—Ábrela —, instruyó Goblin Slayer. —Destruye la puerta si es necesario.

—En el peor de los casos, podríamos hacerlo —, dijo el sacerdote lagarto. Juntó sus manos en un extraño gesto, y luego sacó un colmillo de dragón que podía actuar como catalizador. —No queremos que ningún goblin se acerque por detrás, así que actuaremos como guardias.




—Tienes razón —, respondió el chamán enano, y los tres hombres rodearon a las mujeres.

La elfa sacó, de algún lugar de su traje, una rama tan delgada como una aguja y comenzó a buscar la cerradura. Sus movimientos eran simples, pero bastante torpes. Ella era una ranger, de ninguna manera una ladrona. Una aventurera de la ciudad le había enseñado a desarmar trampas simples y a abrir un candado, junto con un toque de suerte. Por supuesto, todo esto había sido muy útil para satisfacer su propia curiosidad.

—Con cuidado ahora, ¿ok? — Ella miró hacia un lado mientras trabajaba, chasqueando su lengua. —Si te paras a mi lado así, puedes quedar atrapada en cualquier trampa que se active.

—Pero también podré darte los primeros auxilios de inmediato —, dijo la sacerdotisa con una sonrisa alegre. Se había sentado en el suelo junto a la elfa. Ella tenía un firme agarre sobre su bastón para así poder empezar a orar en cualquier momento.

—Honestamente, desearía tener los milagros Precognición o Suerte.

Su preocupación por su amiga elfa era sólo la mitad de la razón. La otra mitad era el descontento por su propia impotencia.

—Bueno, no es tu culpa. Es la deidad la que decide qué milagros obtienes, ¿verdad?

La elfa era muy amable al señalar ese hecho, pero no ser capaz de hacer nada para ayudar todavía punzaba.

Tal vez la elfa tenía una idea de lo que pasaba por la mente de la sacerdotisa, porque con un hilo de sudor nervioso, dijo: —Realmente nos vendría bien un verdadero explorador aquí…

—Mm —, dijo la sacerdotisa, —pero tú eres tan amable como para buscar trampas y abrir cerraduras para nosotros…

Contamos contigo, ¿de acuerdo?

En ese momento, las orejas de la elfa mayor se movieron modestamente.

Ahora, ella iba a tener que concentrarse. Los goblins podrían no ser lo suficientemente inteligentes como para construir trampas muy sutiles, pero una fortaleza enana remanente de la Edad de los Dioses podría ser el hogar de más trucos que los puestos por los mismos pequeños demonios.

Un ojo de cerradura que rocíe gas venenoso, o una perilla que se torne insoportablemente caliente eran las mejores cosas que podían esperar. Algunas puertas borrarían la memoria de cualquiera que las usara sin entonar el hechizo apropiadamente.

Y aunque les aguardasen destinos tan brutales, la crueldad de los goblins era una cuestión de renombre…

—……

La elfa miró hacia atrás por encima de su hombro. Noble Fencer estaba mirando vacíamente al espacio.

¿De verdad está bien?

No, por supuesto que ella no estaba bien. La elfa sabía que no podía imaginar las cosas horribles por las que había pasado esa chica. Era un milagro que mantuviera su cordura.

No hay tiempo para eso ahora. ¡Concéntrate, concéntrate!

Se mordió el labio, concentrándose en sus dedos mientras revisaban el ojo de la cerradura.

Después de unos minutos, sintió que algo cedía, y la cerradura se desbloqueó con un *clack*.

—…Phew. Lo tengo.

—Buen trabajo —, fueron las únicas palabras que dijo Goblin Slayer. Incluso cuando la elfa rio e infló su pecho, él simplemente levantó su pierna y dio una patada sólida a la puerta.

No hubo reacción.

—Parece bastante seguro. — El sacerdote lagarto casi se deslizó hacia delante del grupo. Patear la puerta por si había algo dentro era una táctica tan antigua como el tiempo.

—Bueno, por supuesto que es seguro. Yo lo he comprobado, ¿no?

 misma nos dijiste que no sabías lo que hacías —, gruñó el chamán enano, siguiendo a la triunfante elfa.

Goblin Slayer, que había continuado observando el pasillo después de atravesar la puerta, asintió a la sacerdotisa.

—Oh, luz —, dijo ella. —Enseguida.

—Gracias.

Ella tomó una antorcha de su bolsa y la encendió como lo había hecho tantas veces antes.

Una fortaleza goblin. En lo profundo de la noche, una ventisca aullando a su alrededor; ni siquiera la luz de las estrellas les llegaba. Los goblins podían ver bien en la oscuridad, así que estas condiciones no les molestaban, pero no a los humanos. Como mínimo, ellos necesitarían fuego mientras exploraban los almacenes.

—Listo, lo tengo.

—……

La sacerdotisa soltó un suspiro, una llama roja danzaba en la antorcha que llevaba en su mano. Esta vaciló cuando su exhalación pasó por encima.

Luego se giró y se acercó a Noble Fencer, que la miraba atentamente.

—Sostén esto, ¿de acuerdo?

—¿Sostén esto…qué…?

Noble Fencer se sorprendió al ver que se le hablaba; no parecía pensar que la sacerdotisa pudiera referirse a ella. Pero la sacerdotisa insistió, calmada y silenciosamente, —La antorcha. Cuídala, ¿de acuerdo?

—……

Noble Fencer no dijo nada, sólo miró fijamente la luz ofrecida, pero la sacerdotisa tomó su mano y la envolvió alrededor de la base de la antorcha.

Noble Fencer se estremeció al ver la llama ante sus propios ojos. Mientras miraba vacilante a su alrededor, la sacerdotisa pensó que veía, al mismo tiempo, a una niña asustada.

—……

La joven abrió la boca; se le escapó un pequeño sonido como si tratara de decir algo, y luego sostuvo la antorcha con ambas manos, mirando a la llama.

—…Entiendo.

Eso fue todo lo que dijo, en un susurro, y luego se escabulló hacia el almacén.

El pasillo se oscureció una vez más. La sacerdotisa, sin embargo, pudo sentir una sonrisa surgiendo en su rostro.

Goblin Slayer caminó junto a ella a su habitual, casi violento, paso.

—¿Por qué le pediste que la sostuviera?

—Sólo… una corazonada.

La pregunta era bastante aguda, pero la respuesta de la sacerdotisa fue gentil. A estas alturas ya podía decir por su voz que él no estaba enfadado.

—Pensé que ella debía estar sintiéndose… muy aburrida, y yo no quería eso.

—¿Es eso cierto?

Supongo que tienes un plan de todos modos…

La sacerdotisa lo pensó mucho pero no lo dijo.

Ser arrojado de repente a un lugar nuevo, corriendo de un lugar a otro. Estar de pie por ahí mirando fijamente, sin estar seguro de lo que se supone que debes hacer. Eso… eso era algo que la sacerdotisa entendía muy bien. Era una huérfana que había sido criada en el Templo, después de todo. Una niña abandonada.

—¿No lo notaste?

—¿Notar qué?

—Cuando le di esa antorcha, estaba un poco avergonzada.

—¿Es así…?

Con ese murmullo, Goblin Slayer y la sacerdotisa se dirigieron al almacén.

Un olor a moho hizo que sus narices picaran, y el polvo amenazaba con hacerlos estornudar. Cerraron la puerta detrás de ellos. Inmediatamente, el chamán enano saltó hacia las bisagras, y golpeó repetidamente los pines.

—Normalmente, la dejaría abierta —, dijo encogiéndose de hombros, colocando los pines y el martillo en su bolsa. —Pero no queremos que ningún desagradable pequeño monstruo se nos acerque por detrás, ¿verdad?

—Bien dicho, pero ahora si el enemigo aparece delante de nosotros, nuestra huida será bloqueada.

Alguien soltó una gran carcajada entonces, pero si fue el sacerdote lagarto o el chamán enano, nadie estaba seguro.

—Basta ya. — La elfa frunció el ceño, pero la sacerdotisa se unió al coro de risas.

Sólo Goblin Slayer y Noble Fencer guardaban silencio. La joven aún sostenía la antorcha, levantándola lentamente por encima de su cabeza. Cada movimiento de la llama producía sombras danzantes. En la inestable luz, Goblin Slayer examinó el equipamiento en el almacén.

—Para una armería… — Mientras hablaba, metió la mano en un barril cercano y sacó algo. Era un pico rústico, de aspecto barato, cubierto de barro y óxido, obviamente viejo. Una mirada también reveló palas esparcidas por todas partes, y otras herramientas buenas para mover la tierra. —…No hay mucho en cuanto a armas o armaduras.

—¿No crees que sólo están cavando hoyos? Son goblins, después de todo. — La elfa sonaba totalmente desinteresada. No podría haberle importado menos las armas o armaduras. En vez de eso, tenía las orejas en alto, escuchando atentamente los pasos de fuera.

—O tal vez están cavando en busca de algo, minería. — El sacerdote lagarto extendió su mano, un perezoso movimiento de su cola agitaba el aire. Levantó una lanza que había caído descuidadamente entre los picos y dijo: —Si este llamado paladín goblin existe, supongo que tiene algo más en mente que simplemente agrandar su nido.

—Tiene sentido para mí —, dijo el chamán enano, mirando a su alrededor, pero no parecía contento. El lugar podría haber estado sucio, pero la piedra aún tenía el delicado toque de los enanos; ninguna persona común podría haberlo imitado. —Esta es una fortaleza enana. Debe haber al menos depósitos de minerales alrededor.

—Pero —, dijo Goblin Slayer, —¿saben los goblins cómo forjar espadas?

¿Por qué podrían estar cavando? Nadie tenía una respuesta.

La sombra del paladín goblin, el enemigo cuyo rostro aún no conocían, se cernía sobre todos ellos.

Incluso Goblin Slayer estaba sin respuestas aquí. ¿Quién más podría entender lo que él no pudo?

—En cualquier caso… —, murmuró la sacerdotisa, agarrando su bastón como si fuera a hacer retroceder la opresiva atmósfera. Cuando encontró que pudo sacar esas primeras palabras de la boca, el valor para seguir adelante se multiplicó. —En cualquier caso, si estos goblins están planeando algo, no podemos sólo dejarlos aquí.

Sus decididas palabras produjeron asentimientos de acuerdo por parte de los otros aventureros.

—Tenemos que hacer algo con estas armas y equipos, también…

—Ahh, déjame eso a mí —, dijo el sacerdote lagarto. —Tengo un pequeño hechizo para casos como estos.

Él dispersó algunos colmillos de dragón e hizo un extraño gesto de manos, uniendo sus palmas.

Bueno, hay que ayudarlo —, susurró el chamán enano. —Mm. Tú, chica.

—¡…! ¿…?

Noble Fencer, que había estado totalmente concentrada en llevar la antorcha, saltó e hizo un sonido a media voz en respuesta. Miró la barba del chamán enano, que él acariciaba; él hizo un pequeño gruñido y luego le señaló el equipo cercano con la barbilla.

—Échame una mano. Vamos a sacar algunas de esas armas. — Entonces, como si ya supiera exactamente lo que estaba buscando, el chamán enano metió la mano en la pila de equipamiento nada ordenado, y sacó una espada. —Corta Barbas no es muy amable con sus juguetes. Y nunca te las arreglarás sólo con esa daga.




Hubo un gruñido, de Goblin Slayer por supuesto. —Creo que uso mi equipo apropiadamente.

—¡Heh-heh! — Habría sido posible tomar la risa silenciosa como molestia, pero en realidad sólo era la elfa riéndose.

Por su parte, Noble Fencer se tomó un segundo para darse cuenta de que se le había pedido ayuda. Pero cuando comprendió, rápidamente empezó a reunir equipo. Una espada, una lanza, un garrote… Todo esto era equipo goblin. Pero, aun así, ella no era una persona fuerte. Podría haber sido una guerrera, pero había un límite en cuanto a lo que podía cargar. Y además de eso…

—No creo que un peto de goblin te vaya a quedar bien —, declaró el chamán enano.

El generoso busto de Noble Fencer era más de lo que podía contener la armadura para el pecho encontrada.

Mirando de un lado, la elfa dio un pequeño resoplido y sugirió con displicencia: —Sólo dale un buen empujón, ¿por qué no lo haces? Mételo a la fuerza.

—¡Sinvergüenza de orejas largas! ¡Una chica con un yunque de pecho puede que no lo sepa, pero una armadura que no encaja es más desventaja que ayuda!

El chamán enano ignoró la respuesta: “¿Quién es un yunque?” de la elfa, y en su lugar miró a Noble Fencer.

Ella podía usar tanto una espada como magia, y llevaba una armadura ligera que le permitía sacar el máximo provecho de ambas. Por el momento, la única arma que tenía era una daga. No es el tipo de cosa que convertía a alguien en la principal fuente de poder de fuego de un grupo




—Mejor empezar con una espada, entonces…

—¡……!

Noble Fencer frunció notablemente el ceño ante esto y se alejó del chamán enano.

—¿Hmm?

—…Yo no…

Su voz fue bastante suave. El chamán enano la miró con curiosidad; ella miró con ira su barba.

—…no necesito…

—……

— ¡No necesito…un arma…!

Su voz era tranquila, pero había una inconfundible pizca de ira. Su rostro nada expresivo, empezó a arrugarse.

—Hmm. — El chamán enano, quizás un poco sorprendido, parpadeó y se tocó la barba. Luego sonrió ampliamente, como si acabara de comer una deliciosa comida. —¡Ya veo, ya veo! Así que no te interesa el equipamiento. ¡Excelente! ¡Ahora ese es el principio de una amistad!

—……

Ahora le tocaba a Noble Fencer quedarse sin palabras.

Mientras ella estaba allí de pie, parpadeando, el chamán enano continuó como si fuera la cosa más obvia del mundo: —¿Cómo planeas continuar, sin poder decir las cosas que quieres decir? ¿Hmm?

Al menos la ropa exterior —, él murmuró, buscando entre los contenidos del almacén.

Podría haber sido una armadura ligera goblin, pero también la mayoría era robada. Todo estaba cubierto de suciedad y mugre, pero todo podía soportar el uso práctico.

Una prenda de cuero. Guantes reforzados con acero. Tal vez un poco de metal para proteger la cabeza…

—¿…? ¡¿…?!

Noble Fencer estaba totalmente desconcertada al encontrarse atrapada, el chamán enano la equipó primero con una cosa y luego con otra. Ninguna raza podía superar a los enanos a la hora de evaluar la calidad de las armas y armaduras.

Esto, luego aquello, primero una cosa, luego otra. Equipo puesto, equipo quitado, equipo nuevo, hasta que la cabeza le dio vueltas.

—Oye, tómatelo con calma, ¿de acuerdo? No lo hagas todo a la vez… — La sacerdotisa ofreció este intento a medias para salvar a Noble Fencer, pero no parecía muy esperanzada.

Ella de alguna manera se encontró como una hermana mayor… O tal vez más precisamente, alguien que estaba tratando duramente de actuar como tal. Puso las manos en sus caderas y movió el dedo, repitiendo: —Vamos, detente. — Ella estaba tratando de sonar severa pero no estaba haciendo un buen trabajo. —Sólo le estás causando problemas.

—Hrm… — El chamán enano gruñó, y luego miró a la cara de Noble Fencer. —¿Te estoy causando problemas?

Durante un largo tiempo, Noble Fencer no dijo nada, tratando de mirar a ningún lado excepto al enano. Silencio. Luego más silencio. Entonces, finalmente: —…Un poco.

—¿Ves? — Dijo la sacerdotisa, intentando ocultar una sonrisa.

—Bueno, por dios, perdóname —, dijo el chamán enano, tratando de no sonreír. La forma en que su boca se curvó un poco de todos modos fue encantadora.

Él reunió el equipo y se lo puso en su propia espalda con bastante agilidad a pesar de su pequeño tamaño. Luego miró a la joven.

—Pero aún no he terminado de dar mi opinión. Corta Barbas es otra cosa, ¿entiendes?




—Sin contar su extraño rasgo —, dijo la elfa con una sonrisa que no pudo aguantar. —Orcbolg nunca dice nada más que “¿Es así?”, “Así es” y “Goblins”.

Ella miró a Goblin Slayer, que estaba apoyado contra la pared en un hosco silencio, y sonrió como un gato.

La sacerdotisa le ofreció otra de sus miradas de “no tiene remedio”, y dijo, —Él es así.

Finalmente, Goblin Slayer no pudo contenerse de decir, —¿Es así?

No era malo para un grupo de aventureros como éste, en el corazón del peligro, encontrar la capacidad de reír, aunque no fuera uno de los preceptos que comúnmente definiera a Goblin Slayer.

“Si ser serio es la forma de ganar, él será serio”, pensó la sacerdotisa. “Pero si no lo es, bueno… sería mejor que él se relajara un poco…”

—Estoy seguro de que Goblin Slayer-dono conoce bien sus propios hábitos. Ahora, entonces… — Era el sacerdote lagarto, su respiración sibilante cerró la charla improvisada en el momento justo. Golpeó su cola contra el suelo, y luego miró a su alrededor. —¿Está todo listo?

—Supongo que podemos dejar las burlas para más tarde. Todo listo, Escamoso.

—Mm. — El lagarto asintió sombríamente, y luego hizo un extraño gesto con su mano.




Oh, mis antepasados que duermen bajo capas de roca, con todo el tiempo que se ha acumulado sobre ustedes, guíen estos objetos.

Tan pronto como habló, los colmillos de dragón esparcidos en el suelo empezaron a hervir.

Y entonces, se observó que: las armas y el equipo comenzaron a oxidarse y a deteriorarse ante sus propios ojos, comenzando con lo que estaba expuesto al aire.

—W-wow… — La sacerdotisa había oído hablar de esta habilidad, pero se consideraba un milagro maligno y por eso no se veía a menudo. —¿Es este el milagro Óxido…?

—Ah, ¿lo conoces? — El sacerdote lagarto pareció sorprendido e interesado por su pregunta. —De hecho, lo es. Destruir objetos con Meteorización lleva demasiado tiempo.

—Nunca lo había visto con mis propios ojos. ¿Qué hay de nuestros ítems?

—No nos afectará. Aunque esta no es una oración que use a menudo en batalla.

La sacerdotisa se sintió aliviada por eso. La delgada cota de malla que llevaba bajo su ropa era importante para ella.




Sé que es un ítem consumible, pero aun así…

—Se necesita mucho tiempo para prepararlo, pero es útil en momentos como éste —, le explicó el sacerdote lagarto, moviendo su cola como si estuviera bastante contento consigo mismo. —Ahem. Así que hemos liberado a los prisioneros y destruido el equipamiento de nuestros enemigos. Creo que todo ha ido según lo planeado hasta ahora, ¿no es así, Goblin Slayer-dono?

—Sí —, dijo Goblin Slayer, asintiendo lentamente. Sacó un odre de su bolsa de objetos, la descorchó y bebió entre las rendijas de su casco. —Sin embargo, no debemos bajar la guardia. No se sabe lo que puede pasar. (Nova: Odre es una cantimplora hecha de cuero)

Eso, por supuesto, era algo de lo que todos los aventureros de aquí eran plenamente conscientes. Nadie en este mundo sabía si era el destino o el azar lo que controlaba los dados que lanzaban los dioses.

La posibilidad de lo inesperado era precisamente lo que hacía de esto una aventura.

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