Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 4: Reconstruir

Parte 4

 

 

—Ya que fueron tan amables de dejarnos una pista, no podía negarme a seguirla.

—Ha-ha. Muy inteligente —, dijo el sacerdote lagarto con un aplauso de sus escamosas manos. Parecía entender lo que estaba pasando. —Convertirme en miembro de la Secta Malvada. Mm, muy bien.




—Sí.

—Soy un hombre lagarto que sirve al Dios Oscuro. Mi discípulo es un guerrero, y nos acompaña un mercenario enano…

—¡Supongo que eso me convierte en una elfa oscura! — La elfa lo dijo con una sonrisa felina. Luego se volvió hacia la sacerdotisa. —Tendré que colorear mi cuerpo con tinta. ¡Oye, tal vez podrías ponerte unas orejas falsas! ¡Podríamos ser gemelas!

—¿Huh? ¿Oh…huh? ¿Tendré que pintarme yo también?

De repente, la sacerdotisa no sabía dónde mirar. La elfa se le acercó rápidamente, sonriendo.




—Es mejor que la sangre de goblin, ¿verdad?

—¡No creo que eso…!

Dada la libertad de elegir, ella no habría elegido ninguna de las dos opciones. Pero si llegara el momento…

Goblin Slayer miró a las dos parlanchinas chicas, y luego se giró hacia los otros hombres. El sacerdote lagarto entrecerró sus ojos ligeramente.

—Ellas son dos hermosas mujeres jóvenes.

—Sí —, dijo Goblin Slayer asintiendo, —Lo sé.

Si él tuviera que hacer algo ultrajante o inaudito para lograr la victoria, lo haría. Si tuviera que deprimirse o ponerse serio para luchar eficazmente, lo haría.

Pero la realidad era diferente. Risas y alegría: todo el grupo reconocía lo importante que eran esas cosas.

—Ahora, entonces, supongo que debemos decidir qué haremos una vez disfrazados —, dijo el sacerdote lagarto.

—Sería un inconveniente que los goblins descubran que somos aventureros —, dijo Goblin Slayer. —Hagamos lo que hagamos, debemos cambiar lo que llevemos puesto.

—Pfah —, dijo el chamán enano con una carcajada, su aliento apestaba a alcohol. —Si no te importa que estén viejos, tengo unos cuantos trajes.

—Oh-ho. Eres un enano con muchos talentos, lanzador de hechizos-dono.

—Buena comida y vino, buena música y canciones, y algo hermoso que vestir. Si tienes todo eso más la compañía de una buena mujer, tienes todo lo que necesitas para disfrutar de la vida. — Se echó hacia atrás con otra jarra de aguamiel en la mano y cerró los ojos. —Puedo manejar la cocina, la música, las canciones y la costura por mi cuenta. En cuanto a las mujeres, siempre están las cortesanas de la ciudad.

—Dios mío. ¿No tienes esposa, entonces? — El sacerdote lagarto parecía bastante sorprendido, pero el chamán enano respondió, —En realidad, no. Pensé que pasaría otros cien años disfrutando de la soltería, disfrutando el bon viveur. (Nova: «Bon viveur» significa «Buen vivir» o «Buena vida»)

El sacerdote lagarto se rió, sacando la lengua y sorbiendo felizmente de su bebida. —Lanzador de hechizos-dono, qué joven pareces. Es suficiente para poner celoso a un viejo lagarto.

—Ah, pero creo que soy mayor que tú. — Extendió la botella de vino invitando; el sacerdote lagarto asintió y levantó su jarra.

Goblin Slayer fue el siguiente. Gruñó, “Mm,” y simplemente levantó su jarra. El alcohol se vertió en ella.

—Asegúrense de disfrutar de sus vidas —, dijo el chamán, añadiendo: —Sea con goblins o dioses o lo que sea. — Luego se acomodó de nuevo para disfrutar su vino.

Su mirada se posó en las dos jóvenes parlanchinas.

—Ríete, llora, enfurécete, disfruta, la chica de orejas largas es buena en eso, ¿no?




—……

Goblin Slayer miró el interior de su jarra, sin decir nada. Un casco de aspecto barato reflejado en el vino lo miró fijamente, teñido con el color anaranjado de las lámparas. Levantó la jarra hasta el casco y la vació de un trago. Su garganta y su estómago se sentían como si estuvieran ardiendo.

Dejó escapar un suspiro. Tal como lo hizo cuando estaba en un largo camino, mirando hacia atrás, mirando hacia adelante y continuando.

—Nunca es tan simple —, dijo él.

—No, no creo que lo sea —, respondió el enano.

—¿No es así? —, preguntó el sacerdote lagarto. —Supongo que tienes razón.

Los tres hombres rieron sin hacer ruido.

Fue entonces cuando las chicas se fijaron en ellos, mirándolos con perplejidad.

—¿Qué pasa? — preguntó la elfa.

—¿Pasa algo malo? —, dijo la sacerdotisa.

El chamán enano evitó sus preguntas, y después de dar un momento para que las cosas se calmaran, Goblin Slayer dijo:

—Ahora. Sobre los goblins.

—¡Ah-ha! Así que llegamos a eso, Corta Barbas. — El chamán enano sacudió las gotitas en su barba y se acomodó en su asiento. —Supongo que este tipo parecido a un paladín es su líder. Eso si es que realmente existe, por supuesto.

—Sí. — Goblin Slayer asintió. —Yo tampoco he peleado nunca contra un goblin así.

—La pregunta es, ¿qué tan inteligente es?

—Al menos fue capaz de imitar mis trucos. — Goblin Slayer sacó la punta de flecha de su bolsa, girándola en su mano. Estaba manchada con la sangre de la elfa. Le dio una sensación oscura. —Y si pudimos aniquilar a treinta y seis de ellos en una expedición, significa que nuestros enemigos son muchos.

—Así que, ¿cerebros pequeños y muchos de ellos? Suena como otro día de trabajo con goblins —, dijo el chamán enano.

Las cosas en el festival de la cosecha de alguna manera habían ido a su favor, pero eso era porque conocían el terreno y habían hecho preparativos. Aunque no había más enemigos de los que había en la granja, los aventureros eran sólo cinco. Luchar en territorio hostil parecía algo inmanejable.

El sacerdote lagarto, que había estado escuchando en silencio, hizo un ruido sordo con su garganta, y luego dijo seriamente, —Y hay un problema más.

Golpeó el suelo con su cola, extendió los brazos, y dio golpecitos con su garra en la nueva marca que Goblin Slayer había hecho en el mapa. —Específicamente, si fuéramos tan afortunados como para entrar en las fortificaciones del enemigo, ¿qué haríamos dentro?

—Ah, sobre eso —, dijo Goblin Slayer. —Si logramos entrar…

*Criiiick*

Tan pronto como habló, se oyó un crujido de madera. Inmediatamente, todos los aventureros tomaron sus armas.




Contuvieron la respiración colectivamente. El posadero se había retirado mucho antes.

Poco a poco, el crujido se convirtió en pasos silenciosos. Alguien bajó las escaleras y luego exhaló.

—¿Goblins…?

La voz era débil, parecía un suspiro. Vino de Noble Fencer, que se agarraba a la barandilla de la escalera, balanceándose inestablemente. Llevaba una armadura hecha jirones sobre su pijama de tela delgada, y en su mano una daga plateada brillaba en la luz.

¿Mithril…? No, el color es demasiado claro. ¿Un ítem mágico de algún tipo, tal vez…?

El chamán enano se encontró entrecerrando los ojos ante el resplandor. Y pensar que eso debía ser algo que él, un amigo del metal, nunca había visto.

—……Entonces… Yo también voy.

—¡De ninguna manera! — La elfa fue la primera en responder. —Vinimos a rescatarte por la solicitud que tus padres publicaron. — Miró a los ojos de Noble Fencer con su característica franqueza. Esos ojos eran profundos y oscuros, como el fondo de un pozo, o eso es lo que a ellos les parecía.

La mención de sus padres no pareció suscitar ni siquiera una reacción en Noble Fencer.

Hubo una toma de aire, muy ligera.

—Antes de que vuelvas a poner tu vida en peligro, ¿no crees que al menos deberías ir a casa y hablar con ellos? —, dijo la elfa.

—……No. No puedo hacer eso. — Noble Fencer agitó su cabeza, su pelo color miel tembló. —……tengo que recuperarlo.

El sacerdote lagarto juntó sus manos en una extraña forma, descansando su barbilla sobre ellas. Con los ojos cerrados, parecía medio rezando, y medio soportando un poco de dolor. En silencio, preguntó:

—¿Y qué podría ser eso?

—Todo —, contestó con firmeza Noble Fencer. —Todo lo que he perdido.

Sueños. Esperanzas. Futuros. Castidad. Amigos. Camaradas. Equipo. Una espada.

Todo lo que los goblins le robaron y se llevaron a las profundidades de su oscuro agujero.

—No puedo decir que no entiendo —, dijo el sacerdote lagarto después de un momento, su respiración siseaba. Noble Fencer hablaba del orgullo, de una forma de vida. El sacerdote lagarto unió sus palmas en un extraño gesto. —Un naga tiene su orgullo precisamente porque es un naga. Si no tiene orgullo, ya no es un naga.

—¡S-Sólo un segundo…! — Dijo la elfa. El sacerdote lagarto era bastante tranquilo y sereno, aunque, pensándolo bien, parecía que le gustaba el combate. Las orejas de la elfa habían caído de pena, pero ahora volvieron a levantarse. —¡Enano! ¡Di algo!

—¿Por qué no la dejamos hacer lo que quiera? —, dijo el chamán.

—¡¿Guh?!

Otro sonido que no era propio de un elfo (parecía tener un repertorio cada vez más amplio) vino de la garganta de la elfa mayor.

El chamán enano no le prestó atención, y sacudiendo la última gota de la botella de aguamiel, dijo, —Nuestra misión era rescatarla. Depende de ella lo que haga después de eso.

—¡¿Et tu, enano?! ¿Qué pasa si ella muere, eh? ¿Entonces qué? (Nova: «Et tu» significa «Y tu»)

—Tú misma podrías morir. O yo. O cualquiera de nosotros. — Vació esa última jarra y se limpió la boca. —Todo ser vivo muere un día. Ustedes, los elfos, deberían saberlo mejor que nadie.

—Bueno… Bueno, sí, pero…

Las orejas cayeron de nuevo. La elfa miró a su alrededor con una expresión como la de un niño perdido que no sabía qué hacer a continuación.

La sacerdotisa la miró a los ojos, y eso casi le impidió a la chica decir lo que dijo después. Miró al suelo, se mordió el labio, bebió en silencio el último trago de vino de su jarra. Si no lo hubiera hecho, la sacerdotisa no pensaría que podría haber sacado las palabras. —Llevémosla… Llevémosla con nosotros.

Si ella no las decía, nadie más lo haría.

—Si… Si nosotros no…

No puede ser salvada.

Sin duda, no habrá salvación para ella.

La misma sacerdotisa había sido así, una vez.




Y ella sospechaba… que él también.

—Yo… —, Goblin Slayer comenzó, escogiendo sus palabras con mucho cuidado, —…no soy tus padres, ni tu amigo.

Noble Fencer no dijo nada.

—Sabes lo que se debe hacer cuando tienes una misión en mente.




—La cumplo.

—¡Hey!




Pero casi antes de que las palabras de la elfa salieran de su boca, se oyó un desagradable sonido de lágrimas.

Cabello dorado voló por los aires.

—…Estoy pagando por adelantado.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 4 Parte 4 Novela Ligera

 

Ella tomó un mechón del cabello que acababa de cortar. Cortó otro mechón con su daga -otro sonido desgarrador- y lo puso sobre la mesa. Las dos coletas de su pelo, que antes estaban atadas con cinta, ahora habían sido cruelmente perdidas.




—…Yo también voy.

Su pelo era brutalmente corto ahora, sus labios dibujaron determinación, la misma imagen de alguien inclinado por la venganza.

La sacerdotisa escuchó un suave gruñido dentro del casco de Goblin Slayer.

—¿Goblin Slayer…san…?

—¿Qué puedes hacer?

Ignoró la mirada de la sacerdotisa, y en su lugar lanzó esa pregunta a Noble Fencer.

Sin dudarlo, la chica respondió: —Puedo usar la espada. Y un hechizo. [Rayo].

El casco giró, miró al chamán enano.

—Invoca truenos —, dijo desinteresadamente. —Muy poderosos, como un cañón.

—…Muy bien —, dijo en voz baja Goblin Slayer. Entonces preguntó, —¿No te importa?

El casco se volvió hacia la elfa, que lo miraba suplicantemente. Entonces, ella apartó sus ojos; agarró su jarra con ambas manos y miró al suelo. Finalmente, se frotó las esquinas exteriores de sus ojos con los brazos y miró hacia arriba con lástima. Sólo dijo: —Si te parece bien, Orcbolg.

—Bien. — Goblin Slayer enrolló el mapa y se puso de pie.

Estaba claro lo que había que hacer.




Era lo mismo que siempre había que hacer.

Siempre y en todas partes.

No importa lo que pase.

Era lo que él había hecho durante los últimos diez años.

—Entonces vayamos a matar goblins.

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