Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 3: Mutilar y Cortar

Parte 4

 

 

—Hmph.

Goblin Slayer dio una patada a la vieja puerta podrida, haciendo que se derrumbara. Casi al mismo tiempo, los aventureros se amontonaron en la habitación, tomando posiciones, con la sacerdotisa en el centro de su formación, sosteniendo una antorcha.

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—Hrm…

Habían esperado un almacén o una armería o, tal vez, un baño. Pero la habitación bajo el brillo de la luz no era ninguna de ellas.

Al igual que a la sala de antes, esta era otra gran habitación excavada en la tierra. Había varios montones de tierra que podrían haber sigo usados como sillas. Más adentro de la habitación había una piedra oblonga que podría haber sido traída de otra parte.

Era inconfundiblemente un altar.

Esto era una capilla, así que, ¿esta cueva era un templo? Si es así, este altar sería el lugar donde ofrecían sus sacrificios.

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—¡Oh…! — La sacerdotisa fue la primera en darse cuenta, como a menudo ocurría. Ella se precipitó hacia delante. El recuerdo de una trampa que habían encontrado en las alcantarillas brillaba en su mente, pero esa no era razón para dudar. Se mantendría vigilante, pero no se abstendría de ayudar.

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Una mujer yacía sobre la fría piedra como si hubiera sido simplemente arrojada allí; no llevaba ni un trozo de ropa. Su cuerpo expuesto estaba sucio, y la forma en que sus párpados estaban cerrados hablaba de su agotamiento. Su despeinado cabello era dorado, del color de la miel.

—¡Está respirando…! — La sacerdotisa lo dijo felizmente, sostuvo suavemente a la mujer.

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Su amplio pecho se levantó y cayó suavemente: la prueba que estaba con vida.

—Misión cumplida, ¿huh? — La elfa murmuró, obviamente sin creer tal cosa.

Nunca hubo ningún sentimiento de satisfacción o cierre al matar goblins. Ella frunció los labios y miró alrededor de la capilla. Era un primitivo lugar de culto. Para un elfo mayor como ella, no parecía que fuera posible sentir la presencia de los dioses en un lugar como éste.

—…Me pregunto si un sacerdote de la Secta Maligna estaba aquí.

—O quizás estos son vestigios de alguna ruina antigua —, dijo el sacerdote lagarto, mirando a su alrededor. La elfa podía oírle sacudir el polvo mientras examinaba el lugar. —Aunque no puedo imaginar qué dios podría ser adorado en un lugar tan vulgar.

—Espera un maldito segundo —, dijo el chamán enano, pasando su dedo por la pared. —Esta tierra es fresca. Esto fue excavado recientemente.

—¿Goblins? —, preguntó Goblin Slayer.

—Probablemente —, asintió el chamán enano.

¿Los goblins eran rheas caídos? ¿O elfos o enanos? ¿O venían de la luna verde? Nadie lo sabía. Pero como criaturas que hacían sus hogares bajo tierra, tenían habilidades estimables para cavar. No importaba lo remoto que estuviese el lugar, los goblins podían cavar un agujero y empezar a vivir en el antes de que nadie supiera lo que estaba pasando.

Podrían salir y sorprender a un grupo de aventureros con la misma facilidad con la que desayunaban. No hacía falta ser Goblin Slayer para saber esto. En su primera aventura, la sacerdotisa tuvo…

—Um… ¡Mira aquí…!

Ante la angustiada exclamación de la sacerdotisa, él volvió a mirar a la aventurera cautiva. La sacerdotisa sostenía el pelo de la mujer, sin miedo a ensuciarse las manos. Ella estaba apuntando a la nuca de la mujer.

La elfa no pudo contener el murmullo “Eso es horrible”, y era difícil culparla. El cuello de la mujer inconsciente tenía una marca que destacaba dolorosamente. La fea impresión roja y negra manchaba su piel, que de otra forma sería hermosa.

—Hrm…

Goblin Slayer recogió una marca de metal, que yacía en el suelo cerca. Parecía una herradura perdida o algo así, que había sido trabajado en una forma complicada.

—¿Es eso lo que usaron? —, preguntó el sacerdote lagarto.

—Eso parece.

Parecía una especie de círculo, en medio del cual había algo que parecía un ojo. Goblin Slayer cogió una antorcha y examinó cuidadosamente la marca, grabándola en su memoria. ¿Era la marca de una tribu o clan noble? Quedaban muchos misterios sobre los goblins.

—Sin embargo… no parece ser un tótem goblin.

Los goblins tenían poca noción de crear cosas por sí mismos. Simplemente robaban lo que necesitaban; eso era suficiente para ellos. Esta marca, sin embargo, incluso si fue construida a partir de una combinación de items encontrados, representaba un acto de creación.

—Creo que es… la luna verde —, dijo una voz temblorosa. Era la sacerdotisa, acariciando suavemente el cuello de la mujer. —Es el símbolo de un dios. La deidad del conocimiento externo… el Dios de la Sabiduría.

Muchos dioses se reunieron alrededor de esta tabla, observándola. Ellos incluían, por supuesto, al Dios del Conocimiento, quien gobernaba sobre el conocimiento de las cosas y encontró muchos fieles entre los eruditos y funcionarios. Se decía que la luz del Dios del Conocimiento brillaba entre todos los que se aventuraban a lo desconocido, buscando la verdad y los caminos del mundo.

Sí: lo que el Dios del Conocimiento concedía no era el conocimiento en sí mismo, sino guías, un camino que conduce a la verdad. Porque la adversidad en sí misma era un tipo importante de conocimiento.

El Dios de la Sabiduría, que era la deidad del conocimiento de las cosas de afuera, tenía un trato sutilmente diferente. El Dios de la Sabiduría no guiaba a los suplicantes al conocimiento, sino que daba sabiduría a todos los que la pedían. Lo que esto le haría al mundo, el tablero, probablemente no era de interés para la deidad.

Consideremos, por ejemplo, a un joven que, enfrentado a la constante infelicidad de la vida cotidiana, murmura: “Ojalá el mundo se acabe…”. Normalmente, tales palabras serían meras tonterías, una expresión inocente de insatisfacción. Pero cuando el ojo del Dios de la Sabiduría cae sobre tal persona, ¿qué pasa entonces?

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En un instante, una terrible forma de acabar con el mundo entra en la mente del joven, y él comienza a actuar. Más de uno cree en este dios, gracias a los inexplicables estallidos de conocimiento. Pero…

—Cielos. Ahora me duele casi tanto la cabeza como la pierna —, dijo la elfa, frunciendo el ceño como si le doliera la cabeza. —Me quedaré vigilando. Ustedes continúen.

—Oye —, dijo el chamán enano con un toque de enfado. —Está bien que estés vigilando, pero al menos puedes escuchar lo que decimos.

—Sí, claro… — No parecía muy entusiasmada. Comprobó la cuerda de su arco, tenía una flecha a la mano. Ella seguía moviendo sus piernas sin descanso; tal vez el dolor la molestaba. Sus orejas temblaban un poco mientras escuchaba atentamente.

Goblin Slayer miró en su dirección, pero luego volvió a mirar la marca.

—La luna verde, ¿dijiste?

—Sí. Aprendí un poco sobre ello durante mi estancia en el Templo. — La sacerdotisa no sonaba como si ella misma lo creyera. Su tiempo como aprendiz parecía tan lejano.

—¿Te refieres a la de donde vienen los goblins? — Goblin Slayer murmuró, recogiendo la marca de metal. —Si es así, entonces no hay duda de que nuestros enemigos son goblins.

Habló sin un ápice de duda. —Uno de esos goblins mostró signos de haber sido curado.

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¿Pero quién iría tan lejos como para usar un milagro para ayudar a un goblin?

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—¿Un agente del caos desbordante de misericordia y compasión? — El sacerdote lagarto se mofó. —Lo dudo.

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—Entonces debe haber sido un goblin, ¿verdad? — La sacerdotisa dijo. —Pero… ¿cómo pudieron…? — Parpadeó, como si no quisiera creerlo.

El dios que daba el conocimiento desde fuera era un dios impredecible; no habría sido una gran sorpresa si la deidad hubiera hablado con un goblin.

No habría sido extraño, pero una duda desesperada permanecía en el corazón de la sacerdotisa. Aun así, si los goblins fueran capaces de completar un ritual… Eso sería mucho peor que escuchar ocasionalmente la voz de Dios.

—¿Estás seguro de que no es un sacerdote malvado de alto rango, un elfo oscuro o algo así? —, preguntó ella.

—¿Qué? No lo creo —, dijo una voz fuerte y clara en respuesta a la sugerencia de la sacerdotisa.

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El chamán enano suspiró de nuevo y se acarició la barba algo molesto. —Puedes vigilar o charlar. Elige uno.

—Tú eres el que me dijo que los escuchara. Si estoy escuchando, tengo derecho a contribuir, ¿no? — La elfa se rio en voz baja.

—Mm —, dijo el sacerdote lagarto, asintiendo. —Y señorita ranger. ¿Qué le gustaría contribuir?

—Quiero decir… — Ella movió su dedo índice formando un círculo. —Si tienes un montón de goblins, y sólo los usas para saquear… Eso no te hace mucho más inteligente que un goblin, ¿no?

—¡Bueno, Orejas Largas, tal vez un puñado de bandidos encontraron la religión y pensaron que debían adorar a los goblins!

—Sólo estás molesto porque ya no puedes creer en tu propia explicación.

—Hrm, bueno.

—Heh. — El sacerdote lagarto dio una especie de resoplido, cruzó los brazos y luego comenzó a contar con sus dedos. —Piensa como un goblin, controla goblins, cura goblins, ataca a las personas y es un seguidor del mal.

La sacerdotisa puso un dedo en sus labios, pensando en las posibilidades. —¿Un sacerdote goblin? ¿Un sacerdote guerrero?

Nada parecía encajar. ¿A qué se estaban enfrentando? ¿Un goblin de algún tipo? ¿Pero de qué tipo?

En ese momento, una idea llegó a la cabeza de la sacerdotisa, tan de repente como si fuera un regalo del cielo.

Era una idea atroz e imposible. Pero…

Las cosas empezarían a tener sentido si se enfrentaban contra alguien que tenía un ejército contra los no creyentes.

—No… No puede ser. Eso es imposible.

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Ella abrazó a sus propios hombros, sacudió su cabeza y se negó a creerlo.

A su lado, podía oír la marca rechinando en el puño de Goblin Slayer.

No era posible. Era ridículo. Pero de hecho, nada era imposible.

Sólo había una respuesta. Goblin Slayer reconoció claramente la verdad de su enemigo.

—Un paladín goblin.

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