Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 3: Mutilar y Cortar

Parte 3

 

 

—¡Oh, Madre Tierra, que rebosas de piedad, concede tu luz sagrada a los que estamos perdidos en las tinieblas!

Con estas palabras, la sacerdotisa tomó la iniciativa. Lo hizo sin ninguna habilidad especial, sólo tirando los dados. Pero la forma en que entonó el milagro de [Luz Sagrada] sin ninguna duda fue una señal de cuánto había crecido. Ella levantó su bastón, cuyo fin era la recepción del milagro. Una brillante luz llenó la caverna.

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—¡¿GORARAB?!

—¡¿ORRRRG?!

Los goblins, golpeados por la luz sagrada, presionaron sus manos contra sus ojos y gritaron. ¿Ella contó diez… no, quince?

—Diecisiete. Sin hobs, sin lanzadores de hechizos. Arqueros presentes. ¡Vamos!

Para los aventureros, que tenían la luz a sus espaldas, la iluminación no era ningún problema.

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—¡La primera muerte es mía! — Tan pronto como Goblin Slayer dio la orden, tres flechas con punta de brote empezaron a volar. La elfa había tirado hacia atrás la cuerda de seda de araña de su arco con elegancia, soltando las tres flechas que llevaba en un único movimiento.

La caverna puede haber sido oscura y estrecha, pero eso no era un obstáculo para el objetivo de un elfo. Su habilidad era tan avanzada que apenas se distinguía de la magia. Tres goblins colapsaron donde estaban: quedaban catorce. Una lluvia de piedras comenzó a asaltar a las criaturas restantes.

—¡Salgan, gnomos, es hora de trabajar, ahora no se atrevan a eludir su deber, un poco de polvo no puede causar ningún impacto, pero mil hacen una encantadora roca!

El chamán enano arrojó algo de arena al espacio, convirtiéndola en rocas que llovieron sobre el enemigo.

—¡¿ORGAAA?!

—¡¿GROOROB?!

Los goblins aullaron y retrocedieron. El hechizo [Ráfaga de Piedras] los atacó indiscriminadamente, rompiendo sus huesos y desgarrando su carne.

En este punto, por supuesto, los hechizos que dañaban al enemigo y los que ayudaban a los aliados eran útiles. Era el propio chamán enano quien se había decidido por [Ráfaga de Piedras], una técnica ofensiva. Los hechizos que golpeaban un área entera eran mejores mientras uno tenía la iniciativa, antes de enfrentarse al enemigo.

Quedaban diez goblins. Chillando y llorando sus viles lágrimas, los monstruos se abalanzaron hacia delante.

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—¡Aquí vamos! Les toca, ¡Corta Barbas, Escamoso!

—¡Hrrrooahhhh!

—Bien.

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Un gran rugido y una breve respuesta: los dos miembros de vanguardia del grupo bloqueaban la entrada a la sala. Era lógico que no entraran; cuando se luchaba contra un gran número de oponentes, era prudente elegir un cuello de botella y defenderlo.

El enemigo, que los había superado en número casi cuatro a uno, quedó reducido a la mitad de su fuerza. Y sólo dos o tres goblins podían estar al corriente en el túnel. Contra los dos guerreros, y a la luz del terreno, la lucha era casi pareja. Sólo sirvió para demostrar lo crucial que era tomar la iniciativa en un combate.

Después de todo, siempre habría más goblins que aventureros. El destino de los aventureros que buscaban enfrentarse a goblins, sin conocer ese hecho básico, era cruel.

—¡GORROB!

—¡Eeyahhhh!

Los goblins aún estaban medio ciegos por el destello de la luz; apenas valía la pena preocuparse de sus ataques. El sacerdote lagarto atacó con sus garras y cola, asestando un fuerte golpe a un goblin y despedazando a otro. Quedaban ocho.

Los hombres lagarto, respetaban la animalidad, pues era una naturaleza bestial combinada con un intelecto agudo lo que definía a los nagas. Violento y valiente, con gritos de guerra mezclados con oraciones, el sacerdote lagarto se lanzó contra los goblins sobrevivientes.

—Hmph. — A su lado, Goblin Slayer apuñaló a las criaturas en sus puntos vitales, silenciosamente, diligente y precisamente.

Garganta, corazón, cabeza. No importaba. Las criaturas humanoides tendían a tener muchos puntos débiles. Goblin Slayer personalmente prefería la garganta. Una puñalada allí podría no resultar en una muerte instantánea, pero dejaría al objetivo indefenso. Pateó a un lado a un goblin ahogándose, y lanzó su espada a otro que estaba más lejos.

—¡¿ORAGAGA?!

—Diez, once.

Su objetivo colapsó, atravesó la garganta. Incluso en la oscuridad, su puntería era exacta.

Quedaban seis. Goblin Slayer empujó con su pie un garrote perteneciente a uno de los goblins muertos, pateándolo hacia su mano. Recibió con su escudo un golpe de hacha del goblin que tenía a su lado, y luego dirigió un golpe con el garrote al estómago de la criatura.

—¡¿ORARAO?! — Algo asqueroso salió de la boca abierta del goblin. Goblin Slayer atacó de nuevo. Esto hizo dos más desde su último conteo.

Después de darle un golpe atroz al cráneo de la criatura, Goblin Slayer limpió indiferente el vómito de su escudo.

—Trece. El enemigo se recuperará pronto.

—¡Bien!

Quedaban cuatro. Difícilmente era una excusa para tomarlo con calma, por supuesto.

A pesar del evidente nerviosismo en su rostro, la sacerdotisa levantó su bastón e invocó otro de los milagros que desgarraban su alma.

—¡Oh, Madre Tierra, que rebosas de piedad, concédenos tu luz sagrada a los que estamos perdidos en las tinieblas!

La Madre Tierra respondió a la oración de su fiel discípula con otro milagro. Una vez más, una luz cegadora llenó la habitación, desterrando la oscuridad de la caverna.

Pero los goblins no eran tontos. Ciertamente no eran intelectuales, pero cuando se trataba de crueldad y malicia, no tenían iguales. Y cuando esta total falta de principios se unía a la violencia, el resultado era inevitable.

El bastón que la chica levantó había brillado. Ahora lo estaba levantando de nuevo. Eso significaba que volvería a brillar.

Uno de los goblins, juntando estos hechos básicos, agachó la cabeza. Desafortunadamente, era uno de los arqueros. Mientras sus tres compañeros eran asesinados, mantuvo la cabeza agachada, esperando su oportunidad, con el arco y la flecha listos.

—¡Hh-Haagh!

El grito pareció ser uno de conmoción. Alguien cayó: era la elfa mayor. La flecha del goblin había pasado entre los dos guardias de primera línea para golpearla. Un golpe crítico, en efecto.

—¿Qué es esto? —, exclamó el sacerdote lagarto.

—Hrrgh… — Una flecha rudimentaria pero siniestra sobresalía cruelmente de la pierna de la elfa.

Goblin Slayer miró atrás, y luego lanzó su garrote antes de correr hacia la elfa.

—¡¿ORAAG?!

*Woosh* El garrote giró una vez en el aire y luego se conectó firmemente con la cabeza del goblin, provocando un grito. Pero no fue suficiente para matar a la criatura. Mientras corría, Goblin Slayer cogió una daga del suelo, cubriendo los últimos pasos de un gran salto.

“¡¿GOAORR…?!

El goblin agarró su flecha y giró, intentando escapar, pero llegó demasiado tarde. La daga se clavó en su corazón, se retorció una vez, y se acabó.

—Diecisiete.

Esos eran todos.

Mirando alrededor de la pila de cadáveres, Goblin Slayer tomó una espada cercana y la puso en su vaina.

—Hey-hey, ¿estás bien, Orejas Largas?

—Hrr-r…sí. Estoy… estoy bien. Lo siento mucho. Fallé.

—Te atenderé enseguida —, dijo la sacerdotisa. —¿Está envenenado?

—Aquí —, dijo la voz grave del sacerdote lagarto. —Primero, debemos quitar la flecha.

El rostro de la elfa estaba pálido, pero intentaba actuar valiente; mantenía las manos sobre la herida mientras murmuraba, —Ok.

Normalmente, Goblin Slayer podría haber ido directamente donde su camarada. Pero esto aún seguía siendo territorio enemigo. Ellos necesitaban estar alerta ante cualquier posible emboscada.

Por lo que podía ver Goblin Slayer, la herida no era mortal y, de todos modos, había algo que quería comprobar. Se acercó al cadáver del último arquero goblin que había matado y le dio una impasible patada.

—Hrm.

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El cuerpo rodó, dejando al descubierto el hombro. Allí, vio una cicatriz, de una herida de flecha que había sanado desde entonces. Recordó a este goblin.

—… ¡¿Qué?!

—¿Qué pasa?

En ese momento, Goblin Slayer oyó voces de sorpresa que venían de detrás de él y se dio la vuelta. Se dirigió hacia donde la elfa se estaba ocultando. La sacerdotisa lo miró.

—Goblin Slayer-san… Mire esto.

Con una mano temblorosa manchada con la sangre de la elfa, levantó el astil de la flecha. Sí, sólo el astil, sin la punta de la flecha.

Había sido tallada en una rama, lo suficientemente rústica como para sugerir el trabajo de un goblin; incluso tenía algunas pequeñas feas plumas pegadas en el extremo. La punta, sin embargo, no había sido bien asegurada. O… Tal vez eso se había hecho deliberadamente. Tal vez la punta de la flecha estaba destinada a romperse y permanecer dentro del cuerpo de la elfa.

Él había sido descuidado.

No… la contemplación, y el remordimiento, tendrían que esperar.

Inmediatamente, Goblin Slayer se arrodilló al lado de la elfa.

—¿Duele?

—E-Estoy bien, en s-serio… Orcbolg, te p-preocupas demasiado…

Parecía que dolía con tan sólo moverse. La sangre fluía de la pierna de la elfa, y ella estaba gimiendo.

Goblin Slayer Volumen 5 Capítulo 3 Parte 3 Novela Ligera

 

—Mantén presionada la herida. Ayudará a detener el sangrado. Aunque no es mucho.

—D-De acuerdo, lo… lo haré.  — Sin duda estaba intentando sonar fuerte, pero su voz era mucho más débil de lo habitual.

Goblin Slayer pasó a hacer preguntas a la sacerdotisa.

—¿Algún tipo de veneno?

—Por el momento, no lo creo. Pero… — Mientras hablaba, la sacerdotisa miró con preocupación la herida de la elfa. Incluso con la elfa apretando tan fuerte como podía, la sangre se le escapaba entre los dedos. —Con la punta de flecha aún alojada ahí, no tendría sentido cerrar la herida con el milagro de curación.

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Los milagros de un clérigo podían provenir de los dioses, pero sus efectos estaban limitados por la realidad física. Usar Curación Menor mientras un objeto extraño permanecía en el cuerpo era una situación difícil.

Goblin Slayer miró al sacerdote lagarto, pero también agitó su cabeza.

—Refresh sólo es capaz de mejorar las habilidades curativas del cuerpo.

Eso hizo que la conclusión fuera simple. El chamán enano metió la mano en su bolsa mientras hablaba. —No podemos dejarlo ahí, ¿verdad? Corta Barbas, échame una mano, ¿quieres?

—Claro. — Él y el enano se miraron el uno al otro y rápidamente se pusieron a trabajar. La sacerdotisa, que tenía alguna idea de lo que iban a hacer, parecía bastante angustiada; la elfa, que no tenía idea, simplemente parecía inquieta.

Goblin Slayer desenvainó una daga, la suya, no la que le había robado a un goblin, y revisó la hoja.

—Yo lo haré. Dame fuego.

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—Claro. Llama danzante, flama de la salamandra. Concédenos una parte de lo mismo. — El chamán enano sacó un pedernal de entre sus catalizadores, golpeándolo mientras hablaba. Una pequeña llama fantasmal surgió en el aire, brillando en la daga de Goblin Slayer.

Goblin Slayer calentó cuidadosamente la espada y luego apagó la llama con un rápido movimiento. Casi al mismo tiempo, sacó un paño de su propia bolsa y se lo tiró a la elfa.

—Sostén esto en tu boca.

—¿Qu-qué estás planeando?

—Voy a desenterrar la punta de la flecha.

Las largas orejas de la elfa se alzaron.

—¡No quiero que hagas eso! Después de llegar a casa, ¡podemos…!

Aún sentada sobre su trasero, se echó hacia atrás. El chamán enano suspiró.

—No te quejes, Orejas Largas. Corta Barbas tiene razón para hacerlo. ¿Quieres que esa pierna se pudra y se caiga?

Junto a ellos, el sacerdote lagarto habló con frialdad y con la convicción de una roca cayendo del cielo.

—Ciertamente, una vez caída no habría forma de pegarla.

—Ooh… Ohhh…

—Vamos, todos, la están asustando. — La sacerdotisa, incapaz de seguir sentada, regañó a los hombres del grupo, pero no hizo ningún esfuerzo por detener lo que estaban haciendo.

A ella misma le sacaron una flecha por la fuerza una vez. Ella conocía el miedo y el dolor, y lo mucho que podía empeorar si dejaban eso ahí.

—…Al menos, intenta hacerlo de la forma menos dolorosa posible.

—¿Qué más podría hacer? — Goblin Slayer estaba esperando a que la hoja al rojo vivo se enfriara a la temperatura adecuada. Un médico viajero le había enseñado que haciendo esto se desharía de cualquier tipo de veneno en la hoja.

—Muéstrame la herida.

—Errgh… Ohh… No harás que duela, ¿verdad…? — Muy lentamente, con su rostro completamente blanco, la elfa movió su mano.

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Goblin Slayer no respondió, pero inspeccionó la herida, de la que aún goteaba sangre.

—Vino.

—Justo aquí. — El chamán enano tomó un bocado de vino de fuego y lo escupió, como si estuviese lanzando Estupor. Gotas saltaron a los ojos de la elfa mientras los espíritus alcohólicos ardían en la herida.

—Hrr…rrgh…

—Muerde la tela. Para que no te muerdas la lengua.

—Sólo… Sólo para preguntar de nuevo, pero… No harás que me dolerá, ¿verdad?

—No puedo prometer nada —, dijo Goblin Slayer agitando su cabeza. —Pero lo intentaré.

La elfa mayor, que parecía resignada, mordió la tela y cerró los ojos. La sacerdotisa agarró su mano. Y luego Goblin Slayer hundió la daga en el muslo de la elfa, ensanchando la herida, cavando más profundo.

—¡Hrrrrgh…Gah! ¡Gaggghhh…!

El ágil cuerpo de la elfa se sacudía como un pez que había encallado en la orilla. El sacerdote lagarto presionó sus hombros para mantenerla firme, y la sacerdotisa continuó sosteniendo su mano. Goblin Slayer no se detuvo en su trabajo; su mano era cruel pero firme.

La extracción de la punta solo llevó unos segundos, aunque la elfa podría haber jurado que las habían pasado horas.

—Hecho.

—Hooo…hooo… — Ella soltó largos suspiros de alivio.

El sacerdote lagarto colocó una mano escamosa en el muslo de la elfa y recitó, —¡Gorgosaurus, bello aunque herido, puedo yo participar en la curación de tu cuerpo! — Se le concedió un regalo: Refresh. El poder de los temibles nagas curó la herida de la arquera ante sus propios ojos. La carne se unió, y la piel se formó, la herida pareció desaparecer. Un verdadero milagro.

—¿Puedes moverte? —, preguntó él.

—S-Sí —, dijo la elfa inestablemente, con lágrimas en los bordes de sus ojos. Ella movió la pierna hacia atrás y hacia adelante, comprobando cómo estaba. Sus orejas cayeron lamentablemente. —L-Los primeros auxilios humanos son muy violentos. Todavía puedo sentirlo.

—¿E-Estás bien? — Preguntó la sacerdotisa, ofreciendo su hombro para apoyar a la elfa mientras se ponía de pie.

—Creo que sí…

—¿Puedes disparar tu arco? —, preguntó Goblin Slayer.

—Por supuesto que puedo —, contestó la elfa, quizás un poco más acalorada de lo necesario.

Ella no estaba alardeando. Pero incluso si todavía podía disparar, su movilidad estaba afectada. Al menos durante el resto del día.

—Deberíamos hacer una retirada táctica… — Goblin Slayer agitó su cabeza. —…pero no podemos hacer eso todavía.

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—No confío en la cantidad de hechizos y milagros que nos quedan —, anunció calmadamente el sacerdote lagarto.

Aun así, el casco se movió lentamente de un lado a otro. —Todavía hay más de ellos más abajo. Tenemos que investigar. — Goblin Slayer revisó su armadura, casco, escudo y arma. Satisfecho, se grió hacia sus compañeros. —Puedo quedarme solo si lo prefieren.

La herida elfa fue la primera en responder. —No trates de ser gracioso. Vamos a ir contigo. ¿Verdad?

—¡Claro que sí! Ciertamente iremos —, dijo la sacerdotisa con un enérgico asentimiento.

—Mm —, Goblin Slayer gruñó. El sacerdote lagarto rio y puso una mano sobre su hombro.

—Supongo que eso significa que todos vamos a ir, entonces.

—¡Pfah! Orejas Largas, sin pensar nunca en lo cansados que estamos el resto de nosotros —, dijo el chamán enano con una sonrisa y un encogimiento de hombros exagerado.

La elfa lo miró fijamente. —Oye, Orcbolg es el único que quiere hacerlo.

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Y salieron rápidamente.

Goblin Slayer, ignorando el habitual alboroto de sus discusiones, echó otro vistazo a la gran sala. Aunque superados, los goblins no habían mostrado signos de intentar huir.

Y allí había un goblin que había copiado su pequeño truco. Uno que había recibido primeros auxilios de su herida de flecha. Y otro que lo comandaba.

—No me gusta —, murmuró Goblin Slayer.

La situación no presagiaba nada bueno.

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