Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 3: Mutilar y Cortar

Parte 2

 

 

La sombra de la llama de la antorcha bailaba espeluznantemente en el viento. Pero el ángulo en el que había sido excavado el túnel significaba que con sólo un paso adentro, uno estaba protegido de la nieve y el viento; uno casi podía estar caliente. Si no fuera por el olor a carne y excremento que se desprendía del interior, el lugar podría ser casi acogedor.

—Hmm. El camino desciende en un ángulo bastante empinado —, dijo el sacerdote lagarto, con su cola sacudiéndose por el interés.

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—Sí, pero vuelve a subir por allí —, dijo la elfa.

—Mmm.

Parecía como si los goblins hubieran cavado en el suelo inmediatamente después de comenzar su nido y luego volvieran a subir. Los ángulos más agudos no parecían naturales; lo más probable es que hubieran sido hechos por manos las manos de los goblins.

—Hmm. Una barrera muy inteligente contra la lluvia y la nieve —, dijo el chamán enano, demostrando su gran conocimiento acerca de construcciones. Miró por encima de su hombro a la entrada. —Cualquier precipitación que entra se queda atrapada aquí y no se adentra más en los túneles.

—¿Los goblins hacen cosas así? — Dijo la sacerdotisa, parpadeando con perplejidad o, quizás, con sorpresa. Recordaba bien lo que le decían a menudo: que los goblins eran estúpidos, pero no tontos. En otras palabras, el hecho de que no tuvieran mucho conocimiento no significa que no pensaran. Pero esto…

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—No lo sé. — La respuesta de Goblin Slayer fue desapasionada, casi mecánica. Desenvainó la espada en su cadera y la usó para revolver el charco de basura en el fondo de la depresión. Chasqueó su lengua. —No podemos decir nada todavía. Todo lo que puedo decirte es, trata de no pisar el agua.

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—¿Hay algo ahí dentro? —, preguntó la sacerdotisa.

—Es una trampa. Hay estacas en la parte inferior.

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Una trampa de pozo, en otras palabras. En vez de echarle tierra, los goblins lo habían escondido en el fondo de un charco de desechos.

La elfa, examinando la profundidad del charco con una de sus flechas con punta de brote, frunció el ceño.

—Ugh. Esto es vil.

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—Necesito que escuches a los enemigos.

—Lo sé, lo sé. Déjamelo a mí, te lo dije. — Saltó ágilmente sobre el charco, luego guiñó el ojo con malicia y rio. —No puedo soportar tanto ensuciarme demasiadas veces.

Una fragante bolsita colgaba alrededor del cuello de la elfa para ayudar a mantener alejados los olores. Ella movió sus largas orejas con orgullo, pero Goblin Slayer sacudió su cabeza y dijo sin rodeos, —Ensuciarse no es el punto.

—Ah-ha-ha-ha-ha… Vale, pero, bueno, cuando te pones así de sucio, es un dolor limpiarlo… ¿Verdad?

La sacerdotisa escuchó la nota hueca en la risa de la elfa. Una bolsita similar colgaba al lado de su propia placa alrededor de su cuello. Puede que se haya acostumbrado a frotar sangre y tripas sobre sí misma, pero no era algo que disfrutara.

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Ahora que reflexionaba, la pila de cadáveres junto a la entrada del túnel era muy similar. Ella ahora tenía mucha experiencia con goblins, había visto esto muchas veces y creyó que se había acostumbrado a esto, pero aun así. Necesitaba algo más que una broma o una risita…

—Hey. — La elfa, más adelante, la miró y asintió suavemente. Ella estaba igual. Los elfos tenían una percepción sensorial excepcional. Viendo el aleteo de las orejas de la elfa, la sacerdotisa asintió.

—Hagamos… lo que podamos.

—Claro.

Después de bajar y luego subir dos o tres pendientes más, el grupo finalmente llegó al túnel principal de la cueva. La antorcha casi se había consumido, y Goblin Slayer la reemplazó por otra de su bolsa.

—Sostén esto.

—¡Oh, sí, señor!

Le dio la antorcha más pequeña a la sacerdotisa, mientras sostenía la nueva, que ardía con fuerza.

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Los humanos eran los únicos miembros de este grupo, de hecho, los únicos en esta cueva, que carecían de una visión nocturna decente. A la luz de la antorcha, Goblin Slayer examinó intensamente las paredes de tierra.

Parecían haber sido excavados con una herramienta rudimentaria. Eran toscas pero robustas, un ejemplo claro de un nido de goblins.

El problema estaba en otra parte.

—No veo ningún tipo de tótems.

—¿Significa eso que no hay chamanes?

—No lo sé. — Agitó su cabeza. —No lo sé, pero no me gusta.

—Mmm… ¿No sería más fácil para nosotros si no tuvieran lanzadores de hechizos? — Preguntó la elfa.

—También había empezado a molestarme a mí —, dijo el sacerdote lagarto, abriendo sus enormes mandíbulas. —El ataque a la aldea, la habilidad con la que despacharon a los aventureros anteriores. Sería difícil imaginar que no hay cerebros detrás de esta operación.

—¿Crees que es otro elfo oscuro o un ogro? —, preguntó la sacerdotisa.

—¿O tal vez… un demonio? — La elfa susurró con una expresión petrificada. La palabra resonó por los pasillos de la caverna, haciendo que se les erizaran los pelos.

Los aventureros se miraron unos a otros, y luego el chamán enano, acariciando su barba, dejó escapar un suspiro. —Ahh, para ya. No tiene sentido ponernos nerviosos por simples hipótesis. — Estiró su brazo (porque era muy bajito) y le dio una palmada a Goblin Slayer en la espalda. —Esto no es exactamente lo que llamamos “golpear una espada famosa con un martillo”. Pero, Corta Barbas. Debemos concentrarnos en lo que podemos hacer ahora.

—Sí —, dijo Goblin Slayer tras un momento. Levantó la antorcha y volvió a mirar la pared, y luego asintió.

—¿Estabas aludiendo a un proverbio enano?

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—Lo estaba —, dijo el chamán enano respirando complacidamente.

—Ya veo. — Mientras Goblin Slayer se ponía en marcha con su habitual paso enérgico, se escuchaban murmullos. “No hay necesidad de seguir forjando una espada famosa.” Y luego, “Hmm. No está mal.”

El diseño de la cueva no parecía demasiado complejo, y siguieron el camino durante un tiempo. No había señales de goblins, solo un olor penetrante a putrefacción.

—Creo que voy a vomitar —, murmuró la elfa, poniéndose el collar sobre su boca. Nadie más dijo eso en voz alta, pero la mayoría del grupo parecía simpatizar con ella, exceptuando a Goblin Slayer.

Finalmente llegaron a una intersección en forma de T. La elfa se agachó inmediatamente, inspeccionando el suelo cuidadosamente para ver si había huellas de pisadas.

—Muchas huellas se dirigen a la derecha —, informó la elfa, aplaudiendo para quitarse el polvo de sus manos. No siempre podía percibirlas en las construcciones hechas por el hombre, pero en lugares naturales como esta cueva, sus ojos eran confiables. Eso sugiere que a la derecha estaban los dormitorios, con una armería o almacén a la izquierda. O quizás…

—La última vez, empezamos con el baño —, dijo el chamán enano.

—Correcto —, dijo Goblin Slayer. —Sería inconveniente perder a alguno simplemente porque estaba usando el baño.

—¿El mismo plan esta vez?

—Mm —, Goblin Slayer gruñó.

¿Deben hacer lo mismo que ya habían hecho antes? ¿Era seguro usar la misma estrategia cada vez? ¿Cuál era la probabilidad de que el enemigo predijera lo que iba a hacer?

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Imagínate. Piensa. Si los armamentos humanos fueron su primera arma, el conocimiento y la planificación fueron su segunda.

Si él fuera un goblin, ¿qué haría?

—Vamos a atacar primero la derecha. — Goblin Slayer expresó su decisión sin reparo. No hubo debate.

La elfa colocó una flecha en su gran arco, mientras que el sacerdote lagarto preparó una espada colmillo. El chamán enano tenía su bolsa de catalizadores a la mano, y la sacerdotisa agarró firmemente su bastón.

Se movieron rápidamente a través de los túneles, llegando a una gran zona que había sido excavada. Ante ellos había una horda de goblins, llevando palas y picos como si se prepararan para un ataque sorpresa.

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