Goblin Slayer

Volumen 5

Capítulo 3: Mutilar y Cortar

Parte 1

 

 

Los aventureros abandonaron el pueblo al amanecer. Querían al nido lo antes posible, pero la noche le pertenecía a los goblins. Es cierto que la “oscuridad blanca” reinaba tanto de día como de noche, pero no había razón para dar una ventaja a sus oponentes. No hubo objeción de dejar el pueblo en el momento en que la balanza entre seguridad y peligro estaba más equilibrada.

De todos modos, no había objeciones como…

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—Ooooh… ¡Es tan f-f-f-frío…! — La elfa se quejó, sus largas orejas temblaban mientras caminaban entre los montones de nieve. Estaba acostumbrada a andar a pie, pero su primera vez en una montaña nevada la tomó sorpresa.

Una cuerda ataba a todos los miembros del grupo. Escalar el pico nevado no sería fácil. La blanda alfombra de nieve blanca que cubría el suelo era profunda y fría, y si alguien tenía mala suerte, su pie podría encontrar un lugar donde no había nada más que nieve suelta. Había lugares con caídas y rocas afiladas, donde un tropezón descuidado podía costarles la vida.

—Erm… Hrgh. Hmm. Esto es bastante…

—¿Estás bien?

—Oh… Pero por supuesto…

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El sacerdote lagarto, que venía del Sur, se hacía más lento mientras más se enfriaba. Le asintió a la sacerdotisa, que lo miraba con preocupación, y enroscó su cola. El chamán enano agarró su mano.

—Aguanta un poco más. Estoy usando Tail Wind (Viento de cola) para mantener la ventisca lejos de nosotros. Podría ser peor.

—Hmm. Y estoy agradecido. — El sacerdote lagarto asintió. —Goblin Slayer-dono, ¿cómo se ve el frente?

—No hay problemas.

—Eso es tranquilizador.

Goblin Slayer estaba caminando un poco por delante de sus cuatro compañeros. Miró hacia abajo por la cresta de la montaña, comparando su posición con el mapa que tenía en la mano.

—Ya casi llegamos.

Sea como fuere, la escena ante ellos era poco inspiradora. Un agujero oscuro estropeaba el paisaje blanco de la montaña. Desechos estaban apilados a un lado de la entrada. Era ciertamente el tipo de lugar que los monstruos llamarían hogar.

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Todos estaban agradecidos por el hechizo Tail Wind del chamán enano, el cual solicitaba la ayuda de las hadas de viento para mantener la helada ventisca a raya. Aun así…

—Necesitamos calentarnos —, dijo el enano. —¡Heeey, Corta Barbas! ¿Está bien si hago fuego?

—Por favor.

—Entendido.

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Con la habilidad propia de un enano, sacó unas ramas secas y golpeó un pedernal.

—¿Dónde las encontraste? — Preguntó la sacerdotisa.

—Bajo la nieve, un poco más abajo. Harías bien en recordarlo.

Se refugiaron en una pequeña cueva que desenterraron de la nieve, así los goblins no verían su fuego. El cielo, cargado de nubes, aún estaba ligeramente oscuro; el sol era débil y lejano.

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—El atardecer está cerca. Una vez nuestros cuerpos se hayan relajado, entraremos. — Goblin Slayer aflojó las correas de su armadura y dejó su bolsa.

La sacerdotisa lo miró sorprendida; ella nunca lo había visto quitarse la armadura así antes.

—¿Estás seguro de que está bien hacer eso?

—Si no paso al menos unos minutos así, mi cuerpo nunca se relajará.

Él se quitó los guantes mecánicamente, mostrando sus manos ásperas y curtidas.

—Deberían frotarse los brazos y las piernas —, dijo él. —Si son envenenados por hadas de hielo, pueden pudrirse y caerse.

—¡Eep! — La elfa gritó. Sabía tanto sobre las hadas como cualquiera de ellos, y quizás eso empeoró aún más la idea para ella. Con el ceño fruncido, empezó a trabajar con sus dedos a lo largo de sus extremidades.

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—Tus pies también. No lo olvides.

—¡Eh, sí! — La sacerdotisa se quitó las botas y los calcetines y comenzó a frotar los pálidos y delgados dedos de sus pies. Sus calcetines la sorprendieron; estaban empapados y eran bastante pesados. Quizás era una mezcla de sudor y nieve derretida.

Debería haber traído un par de repuesto…

—¿Cómo estás? — Preguntó Goblin Slayer, mirando al sacerdote lagarto. El rostro escamoso del monje era tan difícil de leer como el del mismo Goblin Slayer, pero por una razón totalmente diferente. Aun así, estaba bastante claro que estaba prácticamente congelado por el frío.

El sacerdote lagarto quitó un poco de hielo de sus escamas. —M-mm. Bien, hemos llegado de todos modos. ¿Quién iba a saber que existían lugares tan fríos en el mundo?

—Hay otros aún más fríos que éste.

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—¡Increíble!

Bien podría creer los rumores de que sus antepasados habían sido aniquilados por una profunda helada.

Riéndose silenciosamente del lagarto, el chamán enano metió la mano ágilmente en su bolso y sacó un jarrón de vino de fuego y tazas para todo el grupo. Y comenzó a servirlo.

—Toma, aquí tienes un poco de vino, bebe. Te calentará las entrañas.

—Maravilloso. Mm, es justo lo que necesito, lanzador de hechizos-dono.

—Oh, para, me estás avergonzando. Toma, un poco para ti.

—Gracias —, dijo la sacerdotisa.

—Gracias. — Dijo la elfa.

—Te lo agradezco. — Dijo Goblin Slayer.

Cada uno de ellos comenzó a sorber sus bebidas. Ellos sólo buscaban un poco de calor; emborracharse sería contraproducente.

Sin previo aviso y sin ninguna razón perceptible, la elfa llevó la conversación hacia el sacerdote lagarto.

—Oye, ¿no nos dijiste que tu objetivo era elevar tu rango y convertirte en naga/dragón?

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El enorme cuerpo del lagarto estaba acurrucado lo más cerca posible del fuego, y la bolsa de provisiones estaba en su mano. Tal vez tenía hambre, o tal vez sólo quería probar un poco del queso que ahora estaba sacando.

El sacerdote lagarto no intentó ocultar lo que estaba haciendo, pero asintió significativamente.

—Ciertamente, así es.

—Un dragón que ama el queso, ¿huh? — Ella tomó otro sorbo de la taza en sus manos y se rio.

—Mejor para el mundo que un wyrm que quiere tesoros o sacrificios de doncellas —, dijo el chamán enano. (Nova: Wyrm, es una especie de dragón parecidos a serpientes marinas. Tienen fama de estar obsesionados con los tesoros y las cosas brillantes)

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—Al menos no tendría que preocuparse de que alguien intente matarlo. ¿Puedo tomar un trozo de eso?

—Claro que puedes.

Estaban a muy poca distancia de un nido de goblins, aún congelados a pesar del fuego, pero la elfa se sentía un poco más caliente y de buen humor. Ella usó una daga de obsidiana para cortar un trozo del queso que le ofreció al sacerdote lagarto, y luego se lanzó un trozo a la boca.

La comida de esa granja es deliciosa, como siempre. Sus orejas se movieron alegremente.

—Dime la verdad. ¿Las chicas realmente saben tan bien para los dragones? ¿O es algún tipo de ritual o algo así?

—Una buena pregunta. Tal vez cuando me convierta en uno, lo entienda.

—Estás… Es decir, ¿no tienes ninguna duda de que serás capaz de convertirte en un dragón? — Preguntó la sacerdotisa, sorbiendo vacilantemente su vino. Un pequeño suspiro se le escapó de sus labios. —Quiero decir… respirar fuego y volar por el aire… Tal vez esas son cosas que podrías lograr con los milagros.

—¡Heh-heh-heh! Así es como las viejas leyendas describen a los dragones, ¡de acuerdo! — El chamán enano ya había vaciado una taza y se estaba sirviéndose la segunda. —Pero no puedes creer la mayoría de lo que dicen las viejas leyendas.

—Pero en mi ciudad natal residió un gran y terrible dragón que se había convertido en un esqueleto. Y si los simios pueden convertirse en humanos, seguramente los lagartos…

La sacerdotisa sonrió un poco ante este grave murmullo del sacerdote lagarto. Cada persona tenía su propia fe.

—¡Oh, es verdad! — Dijo repentinamente la elfa, chasqueando sus largos dedos. —Cuando te conviertas en dragón, serás inmortal, ¿verdad? ¡Voy a ir a visitarte!

—Oh-ho.

—Quiero decir, estamos hablando de al menos mil años, ¿verdad? Estarás súper aburrido. Te volverás loco sin amigos que te ayuden a pasar el tiempo.

Ella lo dijo teniendo en cuenta que al menos el 60% de los dragones alborotadores en el mundo sólo estaban buscando algo que hacer.

El sacerdote lagarto asintió en confirmación. Luego trató de imaginar cómo sería cuando se convirtiera en dragón.

—Un dragón que hable de las aventuras de Goblin Slayer. Uno visitado por una elfa mayor.

—Y… uno al que le gusta el queso —, dijo la elfa.

Esto hizo que el sacerdote lagarto moviera sus ojos felizmente. —Eso suena muy agradable.

—¿Verdad?

—Pero basta de eso. Mil años pasarán a su debido tiempo, y debemos ocuparnos de lo que viene ahora. — El sacerdote lagarto se volvió para mirar a Goblin Slayer. —Goblin Slayer-dono ¿cómo los atacaremos?

Él había estado escuchando la conversación en silencio. Y respondió: —Buena pregunta —, e inmediatamente se puso a pensar. Entonces dijo: —Creo que debemos hacer lo que usualmente hacemos. Guerrero al frente, luego la ranger, monje guerrero, clériga y hechicero.

—Según el manual, dijo el sacerdote lagarto.

—Ese túnel parece lo suficientemente ancho —, dijo el chamán enano, que había dado un vistazo a través de los montones de nieve para ver la entrada. —¿Quizás sea de dos por tres?

Los goblins tenían buena visión nocturna. La entrada al nido esbozaba silencio y oscuridad. No parecía haber ningún guardia. ¿Era una trampa? ¿Un descuido en la vigilancia? O…

—Feh. Mi vino ya no sabe tan bien —, dijo el chamán enano con un chasquido de su lengua. Debe haber notado que los desechos en la entrada eran más que sólo basura.

El cuerpo de una aventurera yacía entre la basura. El cadáver había sido tirado como si no fuera más importante que una valla rota. Le habían quitado su equipo; estaba claro que había sido profanada, y sus restos expuestos habían sido roídos por las bestias.

La más cruel de todo, la aventurera parecía ser una elfa. Parecía… bueno, debió haber luchado, y la violencia al parecer continuó después de su muerte. Sus orejas habían sido cortadas al tamaño de las de un humano, las puntas estaban metidas en su boca. Los juegos retorcidos de los goblins no tenían límites.

La elfa mayor miró al chamán enano. —¿Hmm? ¿Pasa algo malo?

—…No. Nada —, dijo él sin rodeos. —Pero sigue mi consejo, Orejas Largas, no te asomes demasiado.

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—Nunca lo haría. La mayor parte del tiempo.

—Oye —, Goblin Slayer gruñó, y le preguntó en voz baja al chamán enano, —… ¿estaba allí la de pelo dorado?

El enano agitó lentamente su cabeza. Se acarició la barba, y se asomó de nuevo, y luego la agitó con más firmeza. —Por lo que veo, no lo parece.

—Entonces puede que aún tengamos tiempo —, dijo el sacerdote lagarto, y los otros dos hombres asintieron.

La sacerdotisa se estremeció, quizás intuyendo algo de lo que presagiaba su conversación. Goblin Slayer le dio un golpecito en el hombro y le dijo, —Vamos. — Luego miró a la chica, pálida y descalza. —Ponte los calcetines y las botas.

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