Goblin Slayer – Side Story: Year One

Volumen 1

Interludio 4: Tristemente, su Aventura Terminó Aquí

 

 

Sucedió sin un sonido, sin ninguna sensación de que algo entrara o saliera. Sólo había un aullido vacío del viento.

Hasta un instante antes, la guardabosques medio-elfo había estado allí, llenándolos de quejas: «¡Esto está tan húmedo!» «¡Apesta!»

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«Una vez que nos ocupemos de estos Blobs, nos iremos directo a casa», le aseguró el aventurero, y ella sonrió y respondió: «Vamos a darlo todo entonces».

Y entonces, de repente, ella se fue. Delante de sus ojos. ¿Pero a dónde?

Entonces una de sus botas cayó con un golpe. ¿Fue desde arriba?

¿Había algo… sobre ellos?

Ahí estaba ella.

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Sólo podían ver la parte inferior de su cuerpo colgando en la brumosa oscuridad.

Estaba luchando desesperadamente, ignorando totalmente el hecho de que una de sus botas se había caído y que su ropa había sido enganchada de modo que su ropa interior era visible.

Sus piernas, pateando el aire, tenían espasmos cada vez que el grupo escuchaba un crujido, como un sonido de masticación, hasta que ella dejó de moverse.

¿Murió? ¿Estaba ella… podría estar ella… muerta?

Los ruidos sobre ellos continuaron. Hubo un estruendo, y su arco cayó al suelo ante ellos.

Fue succionada, masticada y aplastada a medida que se alejaba. Gradualmente, poco a poco, sus piernas se movieron hacia arriba y desaparecieron.

Al lado del aventurero, el guerrero enano sostuvo su hacha de guerra sobre sus hombros y gritó.

El monje, seguidor del Dios del Conocimiento, gritó el nombre del monstruo.

Plop, plop, plop. La sangre, o algún otro fluido corporal de ella, se desparramó.

Cayó sobre la cara del aventurero, algo espeso y viscoso.

Hubo un chirriante crujido, como de grandes dientes rechinando.

Procedía de un conjunto de mandíbulas gigantescas que pertenecían a un insecto enorme, que ahora bajaba su cabeza, tan grande que llenaba la totalidad de su visión.

Y de la boca de la bestia ciempiés: sangre. Su sangre.

«Eee-»

Su garganta se contrajo, su lengua casi se atascó; cuando su voz emergió, se rasgó y se tensó.

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«Eeeyaaaaaaaaaaagggghhhhhhhhh!»

Recordó que gritaba, corría, desenvainaba su espada, e incluso saltó sobre la cosa.

Cómo sobrevivió… eso, no lo recordaba.

Lo siguiente que supo fue que estaba arrastrándose fuera de allí bajo un cielo crepuscular.

Sus tres no, dos compañeros estaban cubiertos de barro.

El monje tenía su mano apretando con fuerza el hombro del enano.

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¿Y qué hay de ella? Susurró la pregunta con una voz rota, pero no hubo respuesta. Tenemos que ayudar… la… Pero de nuevo, no hubo respuesta.

El monje lo agarró y lo envió volando con un puñetazo. No tenía ni idea de que su hombre del hábito poseía tanta fuerza.

Un Devorador de Rocas. (NOVA: Rock Eater.)

El exceso de trabajo minero la había expulsado de su hábitat. Por eso los Blobs habían salido a la superficie.

Pero no fue sino hasta mucho después que se enteraron de todo eso.

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