Goblin Slayer – Side Story: Year One

Volumen 1

Interludio 2: De Su Primera Vez

 

 

«¡Increíble! Empecemos…»

La boca de la cueva bostezó lo bastante como para tragarse los árboles que la rodeaban. El guerrero pesado intentó sonar tan listo e impresionante como pudo.

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Era una simple misión… o se suponía que debía serlo.

Caza de goblins. Un cortar y rabanar estándar en el pantano.

Supuestamente, los goblins habían construido un nido cerca de una aldea y habían empezado a robar ganado y cosas por el estilo. En algún momento, presumiblemente atacarían a la gente. Los aldeanos querían que alguien se deshiciera de los goblins antes de que fuera demasiado tarde. Era una historia perfectamente típica.

Él recordaba una vez en su propio pueblo -durante su juventud- cuando habían llegado algunos aventureros. En su memoria, parecían asombrosos, más grandes que la vida, y tan seguros de sí mismos. Pero en cuanto a él…

Supongo que tengo un largo camino por recorrer.

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Las manos del Guerrero Pesado se abrieron y cerraron por su propia voluntad. Trató de hacer que los guanteletes, aún poco familiares, se sintieran bien.

¿Por qué estaba tan preocupado? Todos los aventureros empezaban con este tipo de misión, ¿no es así? No había nada que temer.

¿O lo había…?

¿Y si -por casualidad- fuera derrotado y tuviera que volver a casa arrastrándose? Tendría que volver cojeando a la aldea que había dejado tan dramáticamente unas semanas antes.

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¡Y eso es lo último que quiero…!

No se trataba sólo de verse mal. Lo importante era que su mejor amigo había robado a la chica que le gustaba.

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Bueno, había sido más bien una atracción de su parte. Ni siquiera le había dicho que le gustaba… pensó. ¿Así que tal vez eso no contaba como que la habían robado?

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No lo sabía, pero no importaba. No quería interponerse entre ellos, y tampoco quería irse a casa con el rabo entre las piernas.

Diablos, ahuyenté a los goblins de nuestra aldea.

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Así que estaba seguro… bueno, bastante seguro… que suponiendo que no pasara nada fuera de lo normal, estaría bien. Y no estaba solo.

Ahora que lo pienso, los aventureros que vinieron a nuestro pueblo también hicieron un grupo.

Cuando el pensamiento cruzó su mente, el guerrero pesado se detuvo dónde estaba en los arbustos.

«¿Qué? ¿Qué es lo que está mal? ¿Por qué te detuviste? Si te vas a detener, déjame tomar la delantera». A su lado, la Caballera sonrió con entusiasmo, como una niña traviesa. El hecho de que ya tuviera su espada desenvainada y lista hablaba tanto de su salvajismo como de su afán de combate.

Ella estaba quejándose de su bebida cuando la encontré en la taberna. Quizá me equivoqué al convencerla de que se uniera a mi grupo.

«No es nada», dijo. «Sólo me perdí en mis pensamientos por un momento.»

Agitó su cabeza para aclarar la duda de su mente. Era el líder de su grupo, hasta donde llegaran (y no llegaron muy lejos). Tenía mucho que hacer.

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El Guerrero Pesado pensó desesperadamente en cómo se habían comportado los hombres mayores de su aldea cuando él estaba ayudando en los campos.

«Vamos, tu… er, la que puede usar toda la magia…»

«¿No crees que ya es hora de que recuerdes mi nombre?» La Chica Druida se quejaba, hinchando sus mejillas de una manera que la hacía lucir más linda que enojada.

A su lado, el Chico Explorador tenía su cuchillo en la mano y miraba la cueva con cautela. En cuanto a los trajes, ambos se las arreglaron para que parecieran aventureros… pobres.

Son más infantiles de lo que esperaba…

Se había visto forzado a reclutar a un usuario mágico y a un explorador con sólo el conocimiento que había aprendido de las canciones de los bardos, y este era el resultado: un par de niños que habían mentido acerca de sus edades para poder convertirse en aventureros. En este momento, sin embargo, no tuvo más remedio que confiar en ellos.

Probablemente no pueda pedirles demasiado, pero… es lo que es.

«Guarda tu magia», dijo. «No sabemos lo que hay ahí dentro.»

Esa era la cruda verdad.

No era como si esperara encontrarse con un dragón -una criatura a la que no tenía ninguna intención de molestar-, sino que todo era posible. Había una famosa parábola sobre alguien que estaba caminando por la calle cuando tuvo un encuentro al azar con un draco.

Aun así, la orden hizo que el Guerrero Pesado sintiese que estaba mostrando demasiado de su propio miedo, por lo que intentó añadir una palabra de aliento.

«No uses tu magia si no la necesitas», dijo.

«S-Sí, claro», dijo la Chica Druida, su cabeza moviéndose hacia arriba y hacia abajo y sus manos sobre su bastón.

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«Así que», dijo el Guerrero Pesado, mirando al Chico Explorador, que apenas parecía parpadear. » Oye».

«¡S-Si!» El chico saltó un poco y contestó con voz áspera.

¿Cómo se supone que voy a manejar momentos como este?

El Guerrero Pesado intentó recordar cuando los goblins habían llegado a su aldea.

«Respira profundamente», le instruyó. «Inhala, exhala, hasta que yo diga que pares».

» ¡S-Seguro!» El chico asintió vigorosamente; era difícil decir si había ayudado. Pero al menos el Guerrero Pesado había conseguido que hiciera el esfuerzo de calmarse. Eso tendría que bastar por ahora.

Pero no había… ¿algo más?

Algo que se suponía que tenías que hacer justo antes de una aventura, justo antes de ir a matar goblins.

¿No había algo más que hacer? ¿Algo de lo que tenía que ocuparse? ¿Algo que ver?

El Guerrero Pesado se encontró frunciendo el ceño, asaltado por una ansiedad no identificable. Se volvió hacia su luchador medio-elfo.

«Oye, ¿me estoy olvidando de algo?»

«Veamos», dijo el Luchador Medio-Elfo en lo que parecía un tono pensativo. Volteó la cabeza con gracia, mirando a cada uno de los miembros del grupo, luego aplaudió y dijo suavemente: «¡Ah, establezcamos primero nuestra formación! No sabemos lo que hay ahí dentro, ¿verdad?»

«¿Nuestra formación?»

Algo como, que el explorador estaría al frente, por delante del grupo, mientras que los lanzadores de hechizos se quedaban en la última fila. ¿Se refería a eso?

Mientras el Guerrero Pesado luchaba por poner en práctica sus modestos conocimientos, la Caballera Femenina le dio una palmadita en el hombro.

«Para que lo sepas, ¡tengo un milagro de curación!»

¿Por qué estaba diciendo eso aquí y ahora? ¿Para qué serviría?

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El Guerrero Pesado apartó la mirada de la Caballera Femenina, quien triunfalmente estaba hinchando su pecho de una manera muy poco femenina. Él suspiró.

Tenían las pociones que todos habían ido a comprar juntos. ¿Por qué tendrían que ir a rogar a los dioses por…?

No. Recuerda…. Realmente no sabemos lo que hay ahí dentro.

«Aunque no lo necesitemos esta vez, ¿quién puede decir lo mismo de la próxima vez? Grandioso, bien, perfecto.»

Muy bien, en efecto. Decidió estar agradecido por cada carta que le fue otorgada para jugar.

Entonces el Guerrero Pesado miró a la Chica Druida y suspiró por enésima vez. Estaba allí de pie, murmurando su encantamiento para sí misma con la esperanza de que lo recordara. No es un espectáculo que inspirara confianza. Dada la forma en que se veía como una niña en su primer viaje fuera de la ciudad, él no pensó que se equivocaba al dudar de ella. Dejada a la cola del grupo, parecía que podía perderse o simplemente caerse.

Tal vez deberíamos poner a uno de los de la primera fila atrás.

» Bien, Oh, caballero milagroso. Tú eres la cola. Confío en ti para que vayas a la retaguardia».

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«¡Bien! ¡Déjamelo a mí!» La forma en que golpeaba la pechera de su armadura no comunicaba nada más que miedo… pero que así sea.

Había hecho todo lo que se le ocurrió. El pensar ayudó al Guerrero Pesado a relajarse un poco.

«Bien, ¿nos vamos?»

Golpeó al Chico Explorador en la espalda, luego levantó su espada ancha y partió.

Unos quince minutos más tarde, se encontraría en problemas cuando su espada comenzó a atascarse en cada una de las paredes.

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