Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 4

Capítulo 4: Las Candidatas al Trono y sus Caballeros

Parte 8

 

 

Murmullos se propagaron en la sala del trono. La causa de este intercambio de susurros era obvia. La conmoción había comenzado cuando Marcus, tras recibir el reporte de los guardias, arrastró a un vagabundo quien se había infiltrado al castillo en la sala del trono. Al comienzo, muchos dudaron del juicio del capitán, pero una mirada al intruso hizo que numerosos participantes entendiesen la razón detrás de su decisión.

Y luego…

— Ya te dije, dejar ir al Anciano Rom. Eso es todo lo que pido.

— …Desafortunadamente, no puedo.

En el centro de la cámara, un estancamiento tenso continuó, con Felt y Marcus discutiendo. Una vena apareció en la frente de Felt al momento que Marcus rechazó su demanda.

Reinhard levantó su voz en un intento de intermediar.

— Capitán, creo que esa explicación es insufi… Pero Marcus rechazó su intervención.




— Silencio, Reinhard. Entiendo que desees ayudar al maestro a quien le juraste tu espada, pero su aceptación a tu espada tiene como premisa si está dispuesta en convertirse en tu rey. Durante los procedimientos de esta conferencia de la selección real, la Dama Felt anunció públicamente que no tiene intención alguna de participar en el proceso de selección. Abandonar sus calificaciones significa abandonar cualquier derecho de darle algún comando a los Caballeros de la Guardia Real… ¿Entiendes?

Marcus presentó la lógica de su negación a la demanda de Felt. Sus palabras provocaron un ceño fruncido en el rostro de la ex-ladrona mientras se rascaba su propio cabello rubio.

— Esto se está volviendo molesto, así que resumámoslo, ¿bien? …En otras palabras, ¿no harás nada ya que no quiero hacer esta cosa de la selección real?




— …Ese es el punto.

— Ohhh, ya veo. Lo entiendo… Eres tan fastidioso.

Los ojos felinos de Felt observaron fieramente a Marcus. Marcus mantuvo fácilmente su postura usual bajo la presión de la mirada casi asesina de la chica.

Luego, el anciano, tras haber guardado silencio hasta este punto, hizo un grito dolorido que resonó a través de toda la cámara.

— ¡Que no te importe…! ¡¡…Rápido, sálvame!! ¡Felt, soy yo! ¡El Anciano Rom con quien has vivido en los barrios bajos! No entiendo nada, pero me puedes salvar ahora, ¿cierto? ¡Entonces sálvame! ¡¡No quiero morir!!

Arrodillado en la alfombra extendida en el suelo, el anciano hizo una sonrisa más amigable que podía mientras le rogaba. La escena vergonzosa dejó a Felt sin palabras. Incluso los presentes mostraron rastros de disgusto hacia el miserable anciano.

— ¡Yo siempre te salvé cuando estaban en problemas! ¡Muchas, demasiadas veces! ¡Ahora regresa esos favores! ¡Ahora, digo! ¡¡Rápido, rápido!! ¡Haz algo, ¿lo harás?!

El anciano envió saliva al aire mientras gritaba por un rescate rápido, agitándose con esa lógica egoísta. Era una escena que miserable que incluso aquellos predispuestos a la simpatía y compasión sólo querían alejarse.

En un breve momento, el anciano se había hecho enemigo con casi todos los presentes en la sala.

Reinhard, sintiendo peligro en el comportamiento del anciano, comenzó a caminar hacia delante.




— Esto es malo…

El caballero con cabello rojo se dio cuenta instintivamente de la verdadera intención del anciano y juzgó que necesitaba adaptarse a las circunstancias.

— …No te muevas, Reinhard. No es bueno hacer algo allí…

Pero sus esfuerzos fueron frustrados desde el principio por Priscilla, quien sonreía astutamente mientras ocultaba su boca con su abanico.

— ¿Por qué actúas con tanto apuro, Reinhard? …Casi parece como si deseases silenciar a este anciano antes de que diga algo problemático para ti. Simplemente aterrador…

Me descubrió, pensó Reinhard, moliendo sus dientes mientras se daba cuenta de su error. Priscilla se encogió de hombros en una manera más típica de ella. Alrededor de ellos, las personas parecían recuperarse del estupor, susurrando sobre lo que habían visto…un anciano rogando miserablemente por su propia vida.

— ¿Lo viste? Qué feo.

— Y ese rostro es incluso peor. No puedo sentir incluso simpatía. Es la imagen viva de un ladrón.

— No debería ser liberado, aunque la Dama Felt lo defienda…

Incluso los caballeros, quienes esperaban descartar el crimen, comenzaron a insultar levemente al anciano.

— La Dama Felt fue criada en los barrios bajos… ¿en dónde las personas como él viven?

— Incluso si ella en verdad tiene sangre real, ¿alguien con tal crianza es capaz de manejar los deberes reales…?

— Necesitamos pensarlo de nuevo. O sólo hacer lo que la Tableta del Dragón dice en nombre…

Reinhard se movió el labio mientras los murmullos confirmaban sus miedos más grandes. Era muy tarde, negando cualquier oportunidad de refutar las palabras que caían sobre la chica que él veneraba como su maestro.

Luego, con los murmullos de los caballeros alrededor de ella, observó desde detrás, mientras la chica bajaba ligeramente su cabeza.

Finalmente, incapaz de escuchar más, la chica dejó salir un grito agudo y grosero…

— ¿Por qué no se callan, idiotas sin cojones?

Una ola de shock sumió la cámara en silencio. Los presentes se miraron mutuamente, incapaces de creer los que sus oídos escucharon, cuando la chica, con sus hombros desplomados, marchaba hacia delante. El anciano gigante estaba arrodillado, y ella era una chica pequeña, pero todavía lo tenía que mirar hacia arriba. Sus ojos rojos estaban llenos con dolor.

— ¿Por qué estás aquí? Esa es la súplica más fea y patética para tu vida, y en verdad lo odio, en verdad lo odio.

― …

La sonrisa amigable del anciano al verla acercarse se congeló.

— Oye, Anciano Rom. Nosotros, las personas de los barrios bajos, no tenemos auxilio, ¿cierto? Sabemos que las personas sobre nosotros desprecian las vidas pobres que llevamos, y todos tenemos personalidades podridas, incluida yo. Es un lugar terrible para vivir.

Tras haber calificados tantas cosas tan miserablemente, incluida ella, Felt se detuvo para respirar y añadió…

— Pero…

— Sí, somos una pila de basura al fondo de un montón de basura… pero incluso si vivimos en un lugar como ese, hemos llegado así de lejos al tener, por lo menos, una pisca de orgullo en nosotros mismos. Sin importar cuán miserables las otras personas nos vean, no bajamos nuestras cabezas.

— Felt…

— Me gustaría poder mostrarte tu rostro en un espejo ahora mismo, viéndote todo sumiso y manso, meneando tu cosa y ansioso por agradarle a las personas, sólo para salvar tu vida… ¡No puedes llamar eso vivir!




Muchos de los presentes asintieron rápidamente hacia las palabras de Felt, con Crusch entre ellos. Las ideas que Crusch había declarado eran muy similares a las palabras de Felt.

La chica puso sus manos en sus labios y declaró francamente…

— Si querías que te perdonase la vida, fuiste en el camino equivocado. No hay manera de que renuncie a mi derecho de huir a un lugar horrible sólo para salvarte, si eso es lo que vas a hacer.

En joven con cabello rojo observó. Esa declaración significaba que estaba abandonando a alguien muy cercano, abandonando su derecho de emitir comandos…y negándose a participar en la selección real

— …Dama Felt.

Reinhard no pudo soportar el dolor que esa declaración le envió a través del corazón. Lo veía venir. Había imaginado qué tipo de reacción esa chica orgullosa exhibiría cuando viese el comportamiento del anciano. En ese sentido, estaba jugando justo en las manos de Priscilla y de los ancianos…no, de un anciano.

Ahora abandonado, los hombros del anciano se cayeron, inclinándose hacia delante, como si toda la fuerza de voluntad lo hubiese dejado. Pero Reinhard no se perdió el leve e instintivo aflojar en los labios del anciano. Esto no era ni una muestra de desesperación o arrepentimiento; no, él estaba lleno con un sentimiento de que sus acciones habían logrado su intención.




El anciano había jugado con su vida, y había tenido éxito.

En verdad, Reinhard quería exponer el plan del anciano incluso ahora, y decirle a Felt que necesitaba cambiar de opinión. Pero Reinhard no podía hacer tal cosa…Sus manos estaban atadas, precisamente debido por quien, o que, él era.

Marcus, observando al anciano colgar su cabeza ante la chica, debió haber decido que la discusión acabó. El caballero tiró de las cadenas del anciano, provocando que el tintineo hiciese eco a través de toda la cámara.

— Me disculpo por causar este incidente ante el trono. Debo remover inmediatamente este…

De repente, Felt interrumpió la disculpa de Marcus y su intento por irse.




— O algo como eso, creo. Estaba esperando a que alguien saltase a conclusiones…

La boca de Marcus se cerró con una mirada extraña de vergüenza. Al ver su fachada solemne derrumbarse, Felt se sintió radiante, muy orgullosa de sí misma. Se giró ante la audiencia estupefacta.

— Así queeee, libere sus manos, capitán. Esos grilletes son muy pequeños para él. Me duele con sólo verlo.

— Ya le he informado varias veces, Dama Felt, no puedo cumplir ese coman…

— Porque no quiero hacer esta cosa de la selección real, ¿cierto? Entonces es simple. …Lo haré, la selección real. Sólo tengo que intentar ser rey, ¿no?

― ¡…!

La declaración, acompañada por una risa que mostraba sus dientes, envió un escalofrío a través de toda la cámara.

Muchos espectadores parecían estar atónitos por cómo hizo esa decisión tan crítica a la ligera.

Pero naturalmente, la reacción del anciano fue incluso más grande, sus sentimientos sobre ellos se mostraron en su rostro

— ¿Qu-qué estás diciendo, Felt? Y-Yo lo acepté Lo que dijiste es cierto. No puedes vivir al perder tu orgullo. Al dejarme libre no podrás…

— No digas más, anciano de mierda. ¿Qué? ¿Has vivido tanto sin saber que no puedes actuar si no vale la pena? ¡He estado contigo lo suficiente para saber muchas cosas sobre ti, como…cuando dices una mentira, el remolino de tu frente gira hacia atrás!

Felt levantó sus mejillas y dibujó un patrón en su cabeza para demostrarlo. Su gesto hizo que el rostro del Anciano Rom se tornase pálido. Gritó…

— ¡Estás mintiendo!…

Y tocó con sus brazos atados su propia cabeza en apuro.

Felt lo observó y dijo, ― Síp, estoy mintiendo. Guau, te ves tan estúpido. No me simpatizas.

― ¿¡…Ah!?

El Anciano Rom estaba fuera de sí al caer fácilmente en su trampa. Felt sacudió su cabeza.

— Así que hay tienes. Quítenle los grilletes. Todo hasta ahora sólo eran las fantasías de un vejestorio senil.

Marcus arrastró sus pies incluso entonces.

— No podemos dejarlo ir co…

— …Este anciano es mi familia,-Felt declaró con resolución, ― Déjenlo ir, ahora.

Al escuchar esas palabras, el rostro de Marcus registró sorpresa por un breve instante. Al siguiente momento, su duda desvaneció.

— Como comande.

Marcus se paró en atención y soltó los grilletes del Anciano Rom. Luego, le ordenó al guardia al lado de él…

— Quítale las esposas.-Pero Felt levantó una mano para detenerlos.

— Muy lento…¡Reinhard!

— Aquí.

Reinhard respondió al instante hacia la voz aguda de la chica, y su cuerpo alto avanzó al centro de la cámara. Mientras el joven con cabello rojo yacía al lado de Felt, Felt ni siquiera lo miró. En lugar, cruzó sus brazos y señaló con su mentón.

— Hazlo.

Era el comando más corto del mundo.

— Sí, mi Dama…

Reinhard levantó una mano a cielo, con sus dedos rectos, cortando a través del aire como un cuchillo. Las muñecas del anciano estaban aprisionadas por grilletes de metal, pero la mano del caballero cortó a través de ella como si fuesen papel. Las esposas, cortaban limpiamente en dos, se deslizaron como si se hubiesen derretido, cayendo al suelo. Un sonido agudo reverberó en la cámara. En un verdadero sentido, este sonido anunciaba que este era el momento en donde los dos se habían convertido en señor y vasallo.

Felt remarcó, ― Así que todo fue del modo que querías, ¿no?

— En absoluto. Esto fue guiado por la mano del Destino.

— ¡Ha! De nuevo con el destino. ¿Qué? ¿Eres un esclavo del destino?

— No…Soy, más que nada, su caballero, Dama Felt.

Felt parecía ceder ante este apoyo implacable mientras murmuraba, ― No eres divertido…

El Anciano Rom todavía estaba postrado en el suelo mientras los dos bromeaban justo en frente de él.

— ¿Por qué, Felt…? Y-Yo quería que…

Felt replicó, ― Tengo una buena idea del por qué dijiste todas esas cosas vergonzosas y qué era lo que planeabas…Viste cómo odiaba estar aquí, tanto que no podía soportarlo, ¿cierto? Así que pensaste en darme un pequeño empujón útil.

— Si entiendes eso, entonces por qué…

Cuando el anciano intentó preguntar, Felt estalló en una risa incómoda.




— ¿Qué? ¿Piensas que puedo regresar a la ciudad luego de abandonar a mi propia familia? No hay formar de que pueda ser tan descarada.

Cuando el Anciano Rom escuchó esas palabras, su rostro mostró una expresión diferente a la amargura. Le mostró su espalda, acariciando un brazo sobre su rostro para esconderlo.

— ¡Perdí! Y todo porque…

El Anciano Rom miró hacia los cielos, su voz ronca temblaba con disgusto y algo poderoso e inexpresable.

— …te crie muy bien…¡!

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