The End of Melancholy

Volumen 1

Capítulo 8: No Me Olvides

Parte 3

 

 

Liseth removía la pintura de sus pinceles mientras observaba a Jasmine pintar.

La presidenta del club estaba parada frente al lienzo y movía el pincel lentamente de una manera tan cuidadosa y ágil como si se tratara de algún médico cirujano. Con la mano derecha en su espalda su pose era similar a la de alguien que sostuviera un duelo con espadas de esgrima.

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Yo me encontraba en el salón del club de pintura. Ahora yo era un miembro de este “club” que seguía sin ser reconocida oficialmente por la escuela.

— Uhm… Ah…

Jasmine murmuraba mientras pintaba, era tal la concentración de la chica que incluso no escuchaba a nadie —al menos que le gritaran—. Era como si ella estuviera inmersa en un mundo donde solo existía ella y el cuadro que pintaba.

Liseth la observaba en silencio durante algunos minutos hasta que…

— Ah, por hoy he terminado —dijo Jasmine suspirando con una expresión de satisfacción en su rostro.

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— Presidenta… ¿En serio necesita concentrarse tanto para pintar? —preguntó Liseth comprobando los frascos de pintura acrílica.

— Claro, yo soy una persona muy perfeccionista así que mis cuadros deben ir acorde a mi personalidad —contestó ella y luego buscó una botella de disolvente.

— Ya veo…

Su perfección le valió el primer lugar en el concurso de pintura. Se lo tenía bien merecido.

— Uhm… yo soy tan diferente de Erick —musitó Jasmine como si estuviera hablando consigo misma—. Él es tan apasionado y en poco tiempo logra crear una obra de arte, es como si hubiera nacido solo para pintar, ah… su arte estremece mi corazón…

Liseth arrugó el rostro mostrándose levemente molesta, ella me vio de reojo.

— Pero si tú ganaste el primer lugar del concurso —comenté.

— Tal vez te faltaba un poco de práctica, solo eso… Si dejas de practicar puedes perder el talento.

— Supongo que sí —asentí—. De todas formas creo que regresaré a mis trazos postimpresionistas.

Había encontrado una forma de representar nuevas sensaciones.

— Eh, tampoco te limites.

— Qué molesto —masculló Liseth con el ceño fruncido—. ¿Por qué este tipo tiene que estar en el club? No soporto ver su cara deprimente.

Jasmine asintió con la cabeza mientras se quitaba la camiseta manchada.

Yo inmediatamente giré la vista.

¿¡Acaso se olvida de que sigo aquí!?

— No creo que tenga nada de malo en que él entre al club —replicó Jasmine—. Erick podrá ser algo raro, pero así deben de ser los genios.

Tú también eres rara, acosadora…

Decidí dejar este comentario solo en mi mente.

Liseth chasqueó los dientes en protesta y murmuró:

— Ese tipo no está bien de la cabeza, me molesta cuando lo llamas un genio…

— La genialidad y la locura casi siempre van de la mano ¿Acaso no lo sabías? Ya deberías dejar ese rencor atrás, Liseth. Deberías hacer las paces con él, ¿qué dices? Hasta podrías empezar a llamarlo “hermano”, je, je, je.

— ¡Humph! ¡No hagas ese tipo de bromas!

Yo estaba de acuerdo con la chica malhumorada.

— Ahora que lo dice, Liseth tiene razón, viniste con una cara muy deprimente —expresó la presidenta del club—. Más de lo normal ¿Habías dicho que ella estaba bien, no? —dijo refiriéndose a Layla y poniéndose la camisa del uniforme.

— Pues sí…

— ¿Y entonces?

— No sé, me siento angustiado…

— ¿A qué te refieres? —inquirió ella alzando una ceja.

— Layla y yo viajaremos fuera de la ciudad mañana…

— Ya veo —interrumpió Jasmine—, así que regresará a su casa.

— ¿Ah? ¡Espera! Yo no dije eso.

— ¡Ups! Se me escapó, je, je, je.

— ¿Has investigado sobre ella? —le dirigí una seria y desconfiada mirada.

— Eh, algo así.

Jasmine sacó su celular, mientras ella manipulaba el aparato yo sentí que mi inquietud aumentaba. Después de haberse desmayado en el centro comercial llevé a Layla a mi casa donde luego de unos minutos recuperó el conocimiento, era como si se hubiera despertado de una larga siesta.

Según ella, se sintió “liberada” y al fin comprendió que “el momento había llegado”. Insistí en que me explicara a qué se refería o qué era lo que recordaba, sin embargo Layla se negó a decirme ninguna palabra al respecto, solo mencionó el nombre de la ciudad a donde ella quería ir, o mejor dicho según sus propias palabras: A donde debía regresar.

— Aquí lo tienes —dijo Jasmine interrumpiendo mis reflexiones y mostrándome la pantalla de su celular.

— ¡Eso es…!

El video que grabó a Layla tocando el violín estaba subido a internet.

— Tu amiga sí que se ha convertido en toda una celebridad —continuó Jasmine despreocupadamente—. El video tiene miles de reproducciones y los comentarios no dejan de llegar. No falta mucho para que sea tendencia.

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— Pero qué… ¿¡Quién te dio permiso de subir ese video!?

— Qué idiota —interrumpió Liseth con su tono de voz expresando fastidio—. ¿Qué importancia tiene ahora? La presidenta no fue la única persona que estuvo grabando ese día.

— Touché! —expresó la chica de lentes al presionar la punta de un pincel en mi pecho—. Así que viajarás a S… Es una ciudad muy curiosa.

— ¿¡AH!? ¿¡Cómo lo supiste!? —exclamé. Jasmine había mencionado la misma ciudad que Layla.

— Eh… hoy vine muy descuidada, ja, ja, ja…

— Responde.

— Por los comentarios —declaró de buen humor—. Alguien mencionó que ella vivía en S… y que la conocía. Otro comentó que estaba muy sorprendido ya que él pensaba que ella estaba desaparecida —Jasmine hizo una pausa para observar a través de sus redondos lentes mi reacción, luego continuó con voz tranquila—: Hubo otro comentario que me llamó la atención, uno aseguró que siempre la escuchaba tocar el violín cerca de un hospital acompañada de alguien… —ella interrumpió sus palabras.

— ¿Un hospital?

— Eh, sí ¿Por qué pareces tan sorprendido? —su fina mirada me indicó que sabía más de lo que me estaba contando—. ¿No conoces nada sobre ella? ¿Verdad?

— Ah, este…

— Te has aprovechado de su amnesia, ¿me equivoco?

No, yo nunca me aproveché… pensé, pero esta frase no salió de mi boca.

— Oh, sí… —continuó la presidenta del club—. Debe ser difícil tener que decir adiós luego de haber vivido con ella durante tanto tiempo.

— ¿Co- cómo lo sabes? —una gota de sudor recorrió mi frente.

Jasmine no contestó, solo miró de reojo a Liseth quién apartó la vista.

Seguramente esa chica se había enterado de algo de mi conversación con Rafael, su padre, y se lo dijo a Jasmine.

Solté un largo suspiro y finalmente dije:

— Ya no sigas por favor, no es de tu incumbencia, ella va a regresar a su hogar, eso es todo…

— Pero te miras muy preocupado —expresó la presidenta del club.

— Estás en lo cierto —asentí con una amarga sonrisa—. Como sea, mañana iré con Layla a S… ¡Ni se te ocurra seguirnos! Como lo hiciste en el centro comercial.

— ¿Todavía no crees que eso fue obra del destino? —preguntó ella sonrientemente encogiéndose de hombros—. Yo no tenía ninguna intención de seguirte.

— Eres muy sospechosa —declaré mirándole seriamente.

— Je… tranquilo, no haré nada.

— Espero que así sea. Capisci?

— Oye, eso es italiano…

— … Oh…

***

 

 

Al día siguiente. En compañía de Layla salí de mi casa rumbo a la terminal de autobuses. Ella decidió usar el mismo vestido de una sola pieza color verde, con la que estaba vestida la primera vez que nos vimos, solo con verla sentía nostalgia.

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El tiempo pasó volando…

Di un rápido vistazo al reloj mostrado en la pantalla de mi celular. Eran las dos de la tarde. Habíamos aplazado la hora de salida lo más que podíamos.

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— ¿Estás segura de que no quieres llevarte nada? —pregunté—. El retrato que pinté es tuyo de todas formas…

— Será mejor que te lo quedes tú —contestó ella.

— ¿Por qué debería de quedármelo?

Ella solo suspiró. Entendí que no quería responder esa pregunta pero no sabía la razón.

Observé los ojos carmesí de Layla. En ellos se vislumbraba un sentimiento de tristeza y temor, sin embargo su sonrisa era deslumbrante y despreocupada. Este contraste de expresiones era cuanto menos curioso. Como el cielo gris y nublado a uno azul y despejado.

— ¿No tendrás mucho frío con ese vestido? —pregunté.

— Bueno, sí —asintió ella y entonces me abrazó—. Ahora no hay problema ¿verdad? je, je, je.

— Tienes razón. Bien, es hora de irnos.

Viajamos durante más o menos dos horas y media en el autobús rumbo al norte del país hacia S… Una ciudad la cual era reconocida por ser un lugar en donde el tiempo parecía haberse detenido.

Mientras viajábamos, Layla parecía somnolienta, cabeceaba, tratando de seguir despierta. No era raro, ya que ayer ella se había acostado tarde viendo televisión y comiendo comida chatarra conmigo. No duró mucho tiempo despierta, se durmió arrullada por el sonido del motor del autobús.

Pasó el tiempo y al final llegamos a nuestro destino.

— ¿Ya llegamos? —preguntó Layla restregándose los ojos con la manos.

— Si —contesté inquieto.

Layla sacudió su cabeza, estiró los brazos mientras bostezaba.

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— Entonces, vamos —dijo.

Después de bajarnos del autobús, decidimos sentarnos en la pequeña caseta que teníamos cerca para comer unos panes dulces que había traído conmigo, ella se comió vorazmente los suyos. Sin importar la situación, el hambre de Layla seguía presente. Pasados unos minutos ella se levantó abrazándose a sí misma cuando fue envuelta por el gélido viento, el invierno se hacía sentir más en ese lugar.

— ¿Necesitas otro abrazo? —inquirí sonriéndole.

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— Ja, ja, ja. No gracias —ella respiró profundamente, inhalando el aire puro del lugar—. Ahh… pero ya que lo dices… —Layla comenzó a caminar aferrada a uno de mis brazos y tarareando alegremente.

No teníamos problemas para perdernos, ya que ella conocía muy bien esta ciudad, que más bien parecía un pueblo remoto.

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***

 

 

— ¿Vamos a ir tu casa? —pregunté observando el paisaje rural que se extendía a los lados, pequeñas casas se encontraban alejadas unas de otras por riachuelos y campos de cultivo.

— No. Quiero ir primero al hospital.

El hospital…

— Realmente no te puedo entender —opiné—. Sería más lógico ir a tu casa o visitar amigos… ¿Por qué quieres ir a un lugar como ese?

— Uhm… Será el lugar perfecto para contártelo todo.

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Ella se apartó de mí, seguimos caminando.

Tragué saliva instintivamente, sentí temor.

— Se cuenta que en este lugar el tiempo se detuvo —comenté tratando de alejar mis pensamientos negativos.

— Es lo que dicen —afirmó ella—, por como parece el lugar; casas antiguas, habitantes de edad avanzada muy saludables, un pueblo sin mucha relación a la tecnología, extensos campos de cultivo en donde escasean las máquinas, poca iluminación por las noches, aunque de vez en cuando se realizan unas pequeñas ferias como a la que fuimos, aquí en el pueblo fui a muchas y adquirí experiencia en los juegos je, je, je.

» S… es un bello lugar para vivir, pero tiene sus desventajas, por ejemplo para comprar en línea. Una amiga me ayudó para comprar una serie anime, ¡Ah! Por cierto, ella se llama Amanda, fue la que me enseñó sobre el anime…

— Layla… —susurré.

— Como te decía, un tiempo después de haber hecho la compra pasamos semanas preguntando una y otra vez en la oficina de envíos por el paquete. Fue todo un lío ¡El camión de envíos se había perdido en el camino!

— Layla —repetí.

— Sé que S… es un pueblo remoto, pero no pensé que ocurriría algo así. En fin, después de varias semanas llegaron los DVD’s ¡Y en serio que valió la pena! A mí me gusta más la comedia, pero mi amiga prefiere el drama, ella quería comprar una en la que salía este… una rubia violinista ¿qué cosas no?, pero como yo aporté la mitad del dinero la convencí para que no lo hiciera, yo no quería verla, de alguna manera… sabía cómo iba a terminar… ¿Para qué ver algo deprimente? Ese tipo de historias te hacen intuir sobre el desenlace, se siente como un duelo anticipado…
¡Realmente no lo entiendo! Pero Amanda no se arrepintió, nos la pasamos viendo todo el día, este… ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí! Gifting this wonderful…

— ¡¡¡Layla!!!

— ¿¡Ehhh!? ¿¡Q- qué pasa!? —ella titubeó alarmada.

— ¿Por qué estás nerviosa? Me estás preocupando.

— Uh… cierto —ella logró calmarse con un profundo suspiro—. Erick, estamos cerca…

Otra de mis preguntas no obtuvo respuesta.

Una vieja edificación se mostraba cerca de nosotros.

— ¿Ese es? —pregunté—. Es un hospital muy modesto.

El lugar era de un solo piso, paredes agrietadas pintadas de un triste color beige, en sí ese hospital daba la sensación de que sus mejores años habían quedado atrás. Parecía estar abandonado, pero luego me di cuenta de que no era así. Logré divisar algunas personas dentro del recinto.

— ¿Vamos a entrar? —pregunté dudoso—. No me agrada este tipo de lugares.

— No —negó Layla llevándome de la mano—. Hay un lugar que quiero que veas, ven.

— ¿No nos meteremos en problemas, verdad?

— No te preocupes, nadie lo recordará…

— ¿Nadie… va a recordarlo?

No tardamos mucho en llegar a un pequeño patio ubicado al lado del hospital. En frente de nosotros se alzaba un gran árbol cuyas últimas hojas castañas caían ocasionalmente.

— ¿Qué hacemos aquí? —pregunté observando el árbol y los alrededores.

— Erick, durante todo este tiempo, ¿has sufrido mucho, verdad?

— ¿Qué quieres decir con eso?

— Sobre tu poder, el de ver la muerte de las personas.

— ¿¡Ah!? —me exalté al escuchar esta declaración—. ¿¡Cómo sabes eso!?

— ¿No lo recuerdas? Una vez me contaste que solo necesitabas tocar la piel de una persona para ver su muerte.

— Pero si yo no te he dicho…

— ¿Estás seguro? Me lo dijiste en aquella ocasión cuando quería abrazarte.

— ¿De- de… qué estás hablando?

Ojos y cabello castaños. Mirada melancólica. Una voz que se escuchaba como un susurro.

El pasado y presente se fundieron.

— Ha pasado mucho tiempo, Erick —dijo ella con las manos detrás de su cuerpo.

— ¿Layla?

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— Sí, mi querido amigo… Te he extrañado tanto.

Estaba estupefacto. Recordé a aquella niña.

Mi amiga de la infancia también se llamaba Layla. Pensé que solo era una curiosa coincidencia. Nunca imaginé que fuera posible semejante cambio.

— No pareces la misma… —expresé atónito.

— Je, je, je. Tú también has cambiado, Erick.

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