The End of Melancholy

Volumen 1

Capítulo 8: No Me Olvides

Parte 2

 

 

La alegre melodía del violín se escuchaba con mayor fuerza a medida que yo bajaba por las escaleras. Un grupo de personas rodeaba a un violinista de cabello enmarañado largo y negro, su espesa barba se posaba en el violín, llevaba unos lentes redondos oscuros, ligeramente más pequeños que los de Jasmine, su vestimenta y apariencia en general eran similares al de algún miembro de una banda de heavy metal.

Aquel violinista sí que tocaba con mucha pasión. Muestra de ello eran las variaciones de expresiones en su rostro con cada nota que tocaba.

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Sus movimientos con las manos eran rápidos y precisos, la gente a su alrededor escuchaba atentamente la interpretación del hombre, varias personas hasta parecían disfrutar escucharlo, incluida Layla. Sus ojos destellaban llenos de admiración. Al verla decidí escuchar el resto de la pieza musical a su lado.

Pasados varios minutos el violinista hizo sonar el instrumento con mayor fuerza como poseído por una fuerza sobrenatural y a una velocidad en la que apenas se distinguían sus dedos, luego el sonido del violín cesó con el violinista de rodillas, dando así un increíble final a su interpretación.

Los aplausos no se hicieron esperar.

El violinista muy satisfecho y con gotas de sudor recorriendo su rostro se levantó para después inclinarse haciendo una reverencia.

— Sí que es talentoso —comenté. Layla asintió en silencio sin dejar de aplaudir hecho que me hizo pensar que ella se había olvidado de mi reciente confesión—. Pero sí que es extraño — agregué expresando curiosidad.

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— ¿Qué cosa? —preguntó ella.

— ¿No debería tener el estuche del violín en el suelo? O algo para que la gente le pase dejando dinero.

— ¿¡EH!? ¿¡Qué cosas estás diciendo!?

— Digo, ¿es lo normal, no? Siendo muy talentoso podría conseguir una buena cantidad de dinero.

Layla empezó a reírse.

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— ¿Dije algo gracioso o qué? —pregunté inquieto por saber qué error había cometido al hablar.

— Erick, te equivocas —declaró ella—. Él no es ningún artista callejero, no tiene la necesidad de estar pidiendo en la calle. ¡Es un violinista muy famoso y reconocido mundialmente!

Pues yo no lo reconozco.

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— ¿En serio? —dije—. No parece que fuera así…

— Las apariencias engañan. Le gusta tocar de vez en cuando en la calle antes de dar un gran concierto.

— Eh… increíble, pero no tengo idea de quién es.

— Qué raro que no lo sepas, sale mucho en la televisión, se llama Ara Mali…

No logré escuchar el resto de lo que dijo Layla ya que vi, para mi sorpresa, al otro lado del círculo de gente a Liseth y Jasmine. La chica de lentes estaba grabando con su celular.

¿Qué hacen ellas aquí? Esto no puede ser solo una casualidad…

Varias personas se dispersaron y el violinista al parecer había dado por terminado su breve presentación.

— Bien Layla, ya terminó, deberíamos irnos —declaré cuestionándome si Liseth y Jasmine se habían percatado de nuestra presencia—. ¡Oye! ¡Layla!

Sin hacerme caso la chica rubia fue directamente hacia donde estaba el violinista, yo de inmediato la seguí.

— … ha sido increíble su presentación, cómo siempre —dijo Layla entusiasmada.

— Oh, me alegra que le haya gustado, jovencita —dijo el hombre sonriéndole amablemente.

— Más que gustar, ¡Me ha encantado! Ha sido un placer haberlo escuchado en vivo.

— Ja, ja, ja. Muchas gracias.

— ¡Soy una gran fan suya! —declaró ella—. ¡Mi maestro también le admiraba mucho! Me ha hablado mucho de usted.

¿Maestro?

— Oh, ¿también tocas el violín? —indagó el hombre.

— Sí, sabe, ¿me podría prestar su violín? Estaría muy honrada de que usted me escuchara tocar.

— Eh, qué ánimos tiene jovencita. Está bien, tome —el hombre le pasó el violín y el arco que se usaba para tocarlo.

— ¿Pero qué haces? —dije dirigiéndome a Layla—. No molestes al señor…

Aunque él no se miraba para nada molesto. Parecía una persona muy amable y pacífica.

— Eh, tranquilo —dijo el violinista—. No puedo negarme a la petición de una agradable fan, quiero escucharla tocar. Será interesante.

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— Pero…

— ¡Erick! ¡Mira! —con el violín sobre el hombro, Layla hizo sonar el instrumento.

— Vaya, sí que tienes una novia muy alegre —comentó el violinista sonriendo plácidamente.

— Bueno… este… no es mi novia.

Recién ella se había escapado de mi declaración.

A medida que Layla adquiría mayor confianza tocando el violín, las personas que se estaban dispersando volvieron a integrarse al círculo de gente, el celular de Jasmine se había posado en Layla, la chica de lentes sonrió complacida viéndome de reojo.

Ah… esto se puede volver problemático.

El violín dejó de emitir notas separadas para formar una lenta melodía.

Así que sí sabe tocar.

Su mano derecha que sostenía el arco subía y bajaba lentamente, una sonrisa se le dibujó en el rostro y con los ojos cerrados siguió tocando.

Realmente se parecía a uno de esos músicos de conservatorio. Sus pasos y los giros que daba le hacía ver como si estuviera danzando.

— No lo hace nada mal —dijo el violinista con una mano en su barbilla observando con mucha atención a Layla, no obstante luego quedó boquiabierto. Sin previo aviso los movimientos de Layla adquirieron mayor velocidad.

Todos lo que estábamos presentes no hicimos más que exclamar de sorpresa.

— ¡No puede ser! —dijo el violinista a mi lado—. ¡Es el Capricho 23 de Niccoló Paganini! ¡Sorprendente!

Varias personas sacaron sus celulares y también empezaron a grabar ante el virtuosismo de la chica rubia que completamente sumida en su propio mundo tocaba con mucha pasión.

The End of Melancholy Volumen 1 Capítulo 8 Parte 2

 

La pieza musical que ella estaba interpretando consistía de partes alegres y rápidas sin embargo luego cambiaba, entre breves pausas, a una melodía lenta y armoniosa.

Curioso…

Era como si todos los momentos que he vivido desde niño hasta haberla conocido se convirtieran en notas musicales.

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Cuando gané el concurso de pintura y luego la terrible pesadilla. El consuelo de mis padres llevándome a la heladería, el momento en que conocí a mi amiga de la infancia, las veces que jugaba con ella a los videojuegos pero al final siempre miraba distraídamente la pantalla del televisor. Cuando me enteré de la muerte de mis padres y el horror que experimenté en el funeral.

El consuelo del mayordomo Rafael y las charlas que teníamos ocasionalmente. Aquella vez que mi amiga quería jugar béisbol y entonces para mi desgracia, de la aparición de mi tío con su terrible y lenta muerte. Del momento de ira ciega que me invadió cuando lo golpeaba sin cesar y la consecuente tragedia que terminó por hundirme en un profundo océano de extrema desesperación, ese terrible momento cuando el bate golpeó la cabeza de mi amiga.

Cuando conocí a Layla en aquel día lluvioso después de la escuela. Las veces en las que nos encontrábamos en la calle y ella jugaba felizmente con el gato negro. Cuando comía pan dulce luego de que su estómago rugiera. El momento en que Layla lloraba desconsolada mientras me abrazaba y decía que tenía miedo de estar sola. Cuando limpiaba alegremente mi casa, la vez que fuimos a la feria, cuando cocinaba y entonces la carne se le quemaba.

Ella bajo la luz de la luna viéndome con sus ojos carmesí…

Todos estos recuerdos fluían en mi mente al escuchar el sonido del violín.

Aquella pieza musical reflejaba perfectamente mis momentos de felicidad y tristeza, evocaba la alegría que Layla compartía conmigo y mi deprimente estado de ánimo cuando me invadía la melancolía.

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Poco a poco llegaba a reunirse más gente.

— Ciertamente no es una interpretación perfecta técnicamente hablando —expresó el violinista sin salir de su asombro—. Pero ella realmente está tocando con el corazón. Oh, es tan hermoso lo que escucho.

Yo no sabía qué tan imperfecta era su interpretación, sin embargo estaba de acuerdo con el hombre a mi lado, ella le estaba poniendo mucho sentimiento a lo que tocaba.

Todos estábamos maravillados por la elegancia y alegría que desprendía cada nota que hacía Layla emerger del violín.

Los minutos pasaron y el Capricho 23 había terminado.

Se escucharon los aplausos y gritos de júbilo por parte de los presentes. La chica rubia hizo una reverencia, no obstante para ella todavía no era suficiente.

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Una vez más se puso el violín al hombro y una nueva melodía sonó.

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— El… preludio de Bach… —dijo el violinista con la voz entrecortada.

A diferencia de la anterior, esta no variaba en cuanto a intensidad. Era una melodía rápida, sin pausas. Layla empezó a tocar con mayor pasión. Un frenesí de emociones comenzó a emerger del violín y de su bello rostro.

En ese momento me pareció que la escena adquiría mayor color… No…

Las notas musicales adquirieron formas y colores.

¿Esto formaba parte de algún sueño?

Mi visión y la realidad no lograban ponerse de acuerdo.

Líneas naranjas serpenteaban palpitantes y dotadas de vida, esferas de un azul, verde y violeta traslucido flotaban alrededor de ella. Su rubio cabello se agitaba violentamente debido a sus rápidos movimientos de cabeza y cuando inclinaba su cuerpo.

Azul, verde, violeta y otros numerosos colores inundaron el ambiente. Sumando el rojo de sus ojos y el amarillo de su cabello…

Sentí que estos colores sonoros retumbaban y refulgían como fuegos artificiales, acariciando mis sentidos.

Aquella mágica escena de Layla tocando el violín quedará grabado muy profundo en mi mente.

Después de más o menos tres minutos Layla dejó de tocar y los aplausos resonaron con mayor vigor que antes. La chica rubia esta vez no hizo una reverencia sino que me miró con ese hermoso par de rubíes que brillaban acompañadas de una sonrisa.

Me sentía feliz.

Pero al comprender la razón de ese brillo mi felicidad se desvaneció.

Ella estaba llorando. Y entonces…

Layla se desplomó en el suelo.

Los aplausos cesaron.

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No hubo gritos ni exclamaciones.

Inmediatamente corrí hacia donde estaba ella, inmóvil.

— ¡Layla! ¡Layla!

Sus ojos entrecerrados y vidriosos me miraron con profunda tristeza.

— Erick… sabes… siento habértelo ocultado —ella sonreía débilmente—, desde hace un tiempo… ya recordaba todo —musitó antes de perder el conocimiento.

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