The End of Melancholy

Volumen 1

Capítulo 8: No Me Olvides

Parte 1

 

 

El día del concurso de pintura había llegado. Este se realizaba en un amplio salón de mi escuela. Después de un breve discurso por parte del director de la escuela y de Jasmine —en representación del “club de pintura”— el concurso empezó.

— Vaya, menos mal que tenía un cupo reservado —comentó la sonriente chica de lentes caminando hacia donde yo estaba—. Estaré más que emocionada por ver tu nueva obra —dijo ella mordiendo ligeramente la punta de un pincel y observándome con su tranquila y analítica mirada.

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— Y yo estaré emocionado por liberarme de tu invitación —dije con una leve sonrisa.

— Oh monsieur. Se ve que tienes muchas ganas de vencerme —ella entrecerró los ojos—. Bueno, ese es el espíritu competitivo, très bien!

— Recuerda el trato.

Jasmine soltó una pequeña risa antes de hablar:

— Claro que el trato sigue en pie, el misterio de Liseth ya fue aclarado así que solo falto yo.

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La chica que resultó ser la hija de Rafael se encontraba rondando por el lugar y evitando en la medida de lo posible acercarse a mí.

— Pero tampoco te lo dejaré tan fácil —declaró Jasmine.

— Ya me lo imaginaba.

— Je, je, je… Me gusta esa mirada que tienes ahora.

¿Qué clase de mirada tengo en este momento?

— Erick, ¿a qué hora empiezas a pintar? Los otros ya están comenzando —situándose a mi lado, Layla habló con un tono de voz que expresaba aburrimiento.

Jasmine abrió grande sus ojos de color ámbar totalmente sorprendida y se quitó el pincel de los labios.

— Pero qué tenemos aquí —dijo ella acomodándose los lentes con su usual juguetona sonrisa.

Al ver a Jasmine, Layla se mostró desconfiada, ella sujetó una manga de mi camisa y me preguntó:

— ¿Quién es ella?

— Hola, mucho gusto, soy Jasmine LeBlanc —ella le extendió la mano.

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— …

— Y tú te llamas…

— Layla —respondió ella sin estrecharle la mano mostrándose a la defensiva.

— Eh… Layla. Qué hermoso nombre —el humor de Jasmine no había cambiado hasta que empecé a hablar.

— Ella es la chica rara de la que te conté —le dije a Layla.

— ¿¡Chica rara!? —exclamó la chica de lentes—. ¿¡Pero qué cosas le has estado contando a ella sobre mí!?

— ¿Eh? ¿Ella es la acosadora? —preguntó Layla intrigada y con su desconfianza disipándose.

— ¿¡Acosadora!? ¿Erick, qué derecho tienes para decir eso de mí?

Por primera vez vi que Jasmine se mostraba avergonzada: ojos bien abiertos, ruborizada y con las cejas alzadas.

— Je, je, je.

— ¿¡Qué es lo gracioso!? —preguntó nuevamente Jasmine.

— Que te de vergüenza que otros sepan que eres una acosadora —contesté pensando que esa escena era como una rara ocasión en donde Jasmine parecía estar en desventaja en la conversación.

Siguiendo la línea de mis pensamientos Jasmine exhaló aire por la boca lentamente y luego regresó a ser la misma de siempre.

— Cambiando de tema —dijo la “acosadora”—. Es realmente una sorpresa ver que tienes una novia.

— ¿¡No- no- novia!? —ahora Layla estaba avergonzada.

— No es mi novia —dije decepcionado de mi afirmación.

— Eh… ¿quizás una amiga íntima? —se aventuró a preguntar.

— Tampoco. Aunque depende a lo que te refieres con “íntima”…

— Mmm… —murmuró Jasmine con ademán pensativo—. Te lo advierto, no me salgas con que es un familiar tuyo o alguna prima lejana que sé más o menos de tu familia…

— ¿Ah? ¿Erick, entonces ella te conoce? —inquirió Layla levantando una ceja.

— Es lo que ella dice —contesté, luego pensé en una respuesta para Jasmine considerando que ella había eliminado mis opciones, siendo cuidadoso de su perspicacia finalmente contesté con tono decidido—: No es de tu incumbencia.

No era muy bueno para mentir así que di por terminada la conversación.

— Eh, tienes razón —dijo Jasmine—. Pero…

— Ya no hay tiempo que perder —interrumpí—. Tengo un cuadro por terminar. Layla, vamos.

— Ah, sí —algo desorientada Layla me siguió dejando atrás a la sonriente chica de lentes. Podrán ser ideas mías, pero su sonrisa me hacía pensar que ella estaba planeando algo.

Bajo la atenta mirada de los jueces catorce participantes y yo pintamos decididos a ganar el primer lugar. Entre los participantes no teníamos permitido ver el cuadro de otro hasta dar por terminado el cuadro propio, pero aparte de los jueces, los que asistieron al concurso pasaban mirando nuestros trabajos en proceso.

Es cierto que había dicho que era de mala suerte ver un cuadro sin terminar, pero era una superstición en la cual yo no creía, no me importaba que todos vieran mi cuadro mientras lo esté pintando pero en el caso de Layla era diferente. Por suerte ella aceptó mi petición, en consecuencia se la pasó caminando distraídamente por el salón viendo los cuadros de los otros concursantes.

El tiempo límite para terminar los cuadros se completó, en este concurso fueron dos horas. Los jueces se tomaron media hora para deliberar los resultados.

La voz de una mujer amplificada a través de los parlantes del salón dio a conocer a los tres finalistas, éramos Jasmine, un chico que estudiaba en otra escuela y yo. El ganador del tercer lugar fue el estudiante que mencioné quedando así Jasmine y yo.

No me sorprendió el hecho de que fuéramos los últimos finalistas, no obstante cuando anunciaron al ganador del primer lugar…

«Jasmine LeBlanc».

Quedé en shock y no era precisamente por la decepción de haber perdido el primer lugar sino que el cuadro de Jasmine evocaba el cuadro relatado en el cuento que leí cuando era un niño. Jasmine había pintado a una niña de cabello largo y negro, ojos grandes de color ámbar, un bello y detallado vestido rosado sosteniendo un ramo de flores blancas delante de un gran campo rodeado por muchas flores de distintas variedades y colores bajo un cielo profundo y azul. Después de la entrega de premios no pude más que admirar aquel cuadro en silencio.

— Uhm… —Jasmine se me acercó mostrando una amplia sonrisa—. Te dije que no lo tendrías fácil.

— Es- es impresionante.

Tenía que admitirlo, era un cuadro hermoso en cuanto a técnica y arte se refería. Aun así me inquietaba su similitud con el cuadro del cuento.

— ¿Te has pintado en tu versión de niña? —pregunté—. Desde la primera vez me parecías algo narcisista…

— Vous avez une erreur.

— ¿Eh? ¿Qué?

— Estás totalmente equivocado. No soy tan narcisista —Jasmine negó alegremente—. Ella es mi querida hermanita.

— ¡Oh! Eso no me lo esperaba.

En ese preciso instante llegó Layla y se me abalanzó encima para abrazarme.

— ¡Erick! ¡Erick! ¡Erick! —exclamó la chica rubia muy alegre y enérgica.

— Oye, tranquila —dije tratando de no caerme—. No gané el primer lugar…

— ¡Eso no importa! ¡Gracias por el cuadro! ¡Es más bello de lo que podía imaginar!

Tanto mi mirada como la de Jasmine se posaron en el cuadro que yo había realizado. Yo retraté a Layla con su vestido verde y su rubio cabello ondeando con el viento sosteniendo entre sus brazos al gato negro con el lunar blanco en forma de luna menguante en su frente. Ella estaba envuelta en partículas de luz que captaban la transparencia del aire, además resaltaban casi mágicamente su belleza y alegría. Hasta ese momento, nunca había pintado algo así.

— Ciertamente, tu cuadro es maravilloso —declaró Jasmine con una mano en su mejilla—. No me has decepcionado, creo que los jueces tuvieron dificultades para elegir un ganador.

—Eh… Gracias —contesté satisfecho por haber hecho feliz a Layla con su retrato. Había hecho un espléndido trabajo de todas maneras.

— Es interesante —continuó Jasmine—. Ver que hayas pintado a tu novia junto a Pluto.

— Que no es mi novia, además ella también jugaba con el gato antes —dije.

— ¿Pluto? —preguntó la chica rubia.

— Ella fue quién adoptó al gato —le dije a Layla—. Recuerda, ya te había contado sobre eso.

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— Oh, cierto…

— Claro —afirmó la chica de lentes dirigiéndose a Layla—. Puedes venir a mi casa si quieres ir a visitarlo, seguro que se alegrará de ver a una vieja amiga.

— ¡Eso sería genial! —exclamó Layla—. ¡Lo he extrañado tanto!

La distancia que parecía alejar a Layla de Jasmine se redujo luego de esta declaración.

— Pienso que no es buena idea ir a la casa de una acosadora —comenté.

Los lentes y la voz de Jasmine se dirigieron hacia mí:

— Bueno, bueno. He ganado y parece que has aceptado el resultado.

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— Ah, el trato —tal como ella lo había dicho, acepté el resultado y en consecuencia también mi parte del trato—. Está bien, aceptaré ser parte del club —dije encogido de hombros—. Soy un hombre de palabra.

— Ju, ju, buen chico, ahora eres responsable de tus decisiones, sin embargo necesito hablar contigo a solas.

¿Ahora qué quiere de mí?

Totalmente intrigado acepté hablar a solas con ella en un rincón silencioso del patio de la escuela, le dije a Layla que me esperara un rato en la salida.

***

 

 

Ya en el patio, cuando Jasmine terminó de frotar sus lentes con un pequeño pañuelo yo empecé a preguntar:

— ¿De qué quieres hablar ahora?

— ¿De qué más? Te contaré quién soy.

— ¿¡Eh!? Pero si yo no gané…

— Pero aceptaste mi invitación, fue por el trato que hicimos, pero de todas formas aceptaste y yo había prometido que si aceptabas te aclararía todas las dudas que tuvieras sobre mí.

— Ah…

Esto no era más que el plan de Jasmine.

— Entonces —ella presionó con dos dedos la montura de sus lentes—, comencemos con el cuadro, pude ver que te dejó muy intrigado, je, je, je.

— Se parece mucho al cuadro de un cuento que leí.

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— Esa era mi primera intención. Recuerda que yo tengo tiempo de haberte conocido, es más, incluso conocí a tus padres.

— ¿¡Qué!?

— Yo también provengo de una familia de la “alta sociedad” ¿Acaso no se notaba?

— Nope —contesté inmediatamente.

— Uhm… Ni tú te lo crees. Bien, en la mansión donde vivías se realizaban reuniones de varias familias influyentes que conocían a tus padres, sí que eran personas muy agradables, yo he participado en varias de esas reuniones y sí que eran alegres, disfruté esas reuniones. Una vez tu padre le comentó al mío sobre el cuento que él te había regalado, yo solo me limité a escucharlos.

Ah… mi padre… era todo un personaje…

— Es una lástima que a ti nunca te hayan interesado ese tipo de eventos, de lo contrario… —Jasmine dejó de hablar, suspiró profundamente y con una expresión de decepción en su rostro continuó—: Nos hubiéramos conocido mejor. Bueno, si no fuera también porque era algo tímida con los chicos, quizás hubiera logrado algo en la primaria…

— ¿Primaria? —pregunté—. Tú también…

— Précisément! —interrumpió ella recuperando el ánimo—. Yo también asistía a la misma escuela primaria que tú, hasta íbamos en el mismo grupo.

— Ya veo, así que en realidad sí me conocías…

— Pero no lo suficiente. Eras un niño muy reservado y con lo tímida que yo era, pues no llegué siquiera a hablarte, desde la primera vez que te vi me has interesado mucho, pero no creas que era algo como “amor a primera vista” —dijo ella sonrojada y rascándose una de sus mejillas—. Aunque yo soy aficionada a las novelas románticas —agregó con una tímida sonrisa—. Cuando era niña creía que cuando menos me lo esperara, encontraría el amor verdadero, a mi persona destinada…

— … —sin saber qué responder me quedé en silencio. Jasmine parecía estar en medio de una declaración de amor.

— En fin —continuó ella—, no le hagas caso a los delirios románticos de una niña enamoradiza. Continuando con mi cuadro, ¿hay algo que te haya llamado la atención? Aparte de la similitud con la del cuento.

— No estoy seguro…

— Vamos, piensa un poco más.

En ese momento recordé el cuadro que pintó Jasmine, algo de este cuadro me inquietaba, era como si la razón estuviera en la punta de mi lengua.

— Las flores que llevaba la niña —dijo Jasmine y al fin lo comprendí.

Las flores blancas que pintó Jasmine era del mismo tipo que la flor que yo pinté hace ya tanto tiempo para “inmortalizar” su belleza.

— El cuadro que expuse en clase —declaré anonadado.

— Oui! ¡Ahí lo tienes! —exclamó Jasmine— Tu exposición de aquella vez realmente me conmovió —luego ella agregó en voz baja—: Y desde entonces yo me enamoré…

— ¿Te enamoraste?

— ¡Ah! ¡Sí! ¡De la pintura! ¡Me enamoré del arte y la pintura! ¡Eso mismo!

— ¿Por qué te pones nerviosa?

— No sé si lo recuerdes —continuó ella ignorando mi pregunta—. En esa exposición aparte de la maestra yo fui la única que aplaudí.

— No puedo creerlo —dije aún sorprendido. Todo el misterio de Jasmine al fin se había aclarado.

— Creo que no puedo retenerte por más tiempo —dijo Jasmine mirando detrás de mi hombro.

Me giré y vi que Layla se asomaba por la entrada.

— ¿No le gusta esperar mucho, eh? —comentó la chica de lentes—. Bueno, podemos continuar hablando otro día. Bienvenido al club de pintura, Erick —ella me acercó su mano izquierda—. Espero que nos llevemos bien de ahora en adelante.

Ahora yo no tenía mis guantes negros puestos, los había guardado junto a las macabras obras que pinté. Sin ningún temor estreché la suave mano de Jasmine.

— Al final terminé aceptando tu invitación —dije sonriéndole.

— Ja, ja, ja. Todo lo tengo fríamente calculado.

— Bien, nos vemos, presidenta.

Después de haberle estrechado la mano me giré y empecé a caminar hacia donde estaba Layla pero detuve el paso cuando escuché de nuevo la voz de Jasmine:

— ¡Ah, cierto! Casi lo olvido, ¿sabes cómo se llama el tipo de flor blanca que pintaste cuando eras niño?

— No realmente…

La chica de lentes sonrió alegre al escuchar mi respuesta y entonces con su voz serena me dijo:

— Era una flor de Jazmín.

— Increíble… —expresé asombrado—. Qué curiosa coincidencia.

— Coincidencia no, este es el destino. Todas las cosas pasan por alguna razón que puede ir más allá de nuestro entendimiento.

Eh… destino…

No importaba lo que fuera, esta era una increíble ironía según a mi parecer.

— ¿De qué hablabas con ella? —preguntó Layla caminando a mi lado.

— Solo me estaba dando la bienvenida al club, eso era parte del trato que acordamos.

— Mmm… —murmuró Layla con los ojos entrecerrados y una mueca en su boca.

— ¿Oh, qué pasa? ¿Estás celosa?

— ¿¡Eh!? ¡Cla- claro que no!

— Je… tu cara me dice lo contrario.

— ¡No estoy celosa!

La mueca en su boca me pareció muy graciosa.

— ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!

Hacía mucho tiempo que no me reía de esa manera.

— ¿Qué es lo gracioso? Como sea, deberíamos ir a celebrar —dijo Layla con una sincera sonrisa.

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— Pero si no gané.

— Te equivocas, ¡para mí siempre serás el primer lugar!

***

 

 

Un gancho metálico se balanceaba sobre una pila de peluches.

— Ya casi, un poco más…

Con mucho cuidado yo movía la palanca presionado por la ansiosa mirada de Layla a mi lado.

— Ah, sigue así —dijo ella como si me estuviera animando.

Presioné un par de veces el botón cerca de la palanca. El gancho capturó su objetivo. El peluche empezó a elevarse en el aire… durante unos pocos segundos.

— Perdí, otra vez —declaré luego de un tercer intento.

Layla infló sus mejillas con expresión de desapruebo.

— No me has conseguido ese peluche de gato —dijo ella.

— No es mi culpa, este tipo de máquinas están hechas para hacer perder a uno.

— Otra vez con tus excusas.

— Te equivocas, todo se resume en el dinero, estas máquinas dejan muchas ganancias por que el jugador lo intenta una y otra vez —Layla hizo una mueca con su boca al escucharme—. Es un círculo vicioso. Bueno, ahí se fue mi último intento, hice lo que pude. No hay nada más que hacer.

— No parece que te hayas esforzado.

— Bien, Layla, si quieres tanto ese peluche, ¿por qué no lo intentas? —declaré ofreciéndole un par de monedas.

La chica rubia resopló por la nariz y tomó las monedas para luego insertarlas en la máquina y tomar el mando del gancho.

Imposible.

— ¡Yaaaay! ¡Yaay! —una orgullosa Layla me mostraba el peluche en sus manos.

— ¿¡Có- cómo pudiste!? —no lograba salir de mi asombro—. Has ganado en el primer intento…

Ella también tenía habilidades con este tipo de máquinas.

— Eso fue muy fácil. Tan solo tienes que… —Layla dejó de hablar mostrándome una maliciosa sonrisa.

— ¿¡Tan solo qué!? ¿Cómo le hiciste para ganar?

Layla me guiñó un ojo y colocando su dedo índice sobre sus labios me dijo:

— Es un secreto.

— Espera… ¿qué? ¿un secreto?

Ignorando completamente mi pregunta Layla sujetó uno de mis brazos y me llevó a caminar hacia las tiendas que le interesaban en el centro comercial donde nos encontrábamos.

Primero fuimos a una tienda de ropa en donde Layla se probó varios vestidos, pero ésta no era una tienda como cualquier otra, ahí habían disfraces de esos personajes que salen en series de animación japonesa. Creo a estos lugares le dicen tienda de cosplay o algo así.

— Ne~ ne~ ¿Cómo me veo, Erick-kun? —preguntó Layla vestida con un uniforme escolar de estilo marinero y un tono de voz bien raro.

— Wow… Te miras bien… —realmente ella era hermosa sin importar lo que llevara puesto.

— Je, je, je, me alegro ¡Ahora voy con este!

— ¿Pero cómo agarraste este tipo de gustos?

Mi pregunta se perdió en el aire, Layla entró al vestidor. Después de varios y largos minutos salió vistiendo algo demasiado llamativo.

— Oh, cielos…

La chica ahora estaba vestida de sirvienta; medias negras y largas con bordes blancos, un delantal blanco, vestido negro, ligero y corto, escote pronunciado y un lazo blanco en el cabello.

— ¿Y bien? ¿Cómo me queda?

— …

— ¿Erick? ¿Qué pasa? ¿No te gusta?

— No… —me sentí algo incómodo—, al contrario, estás muy linda…

¡Me gusta demasiado!

— Eh, je, je, menos mal —dijo ella—. ¿Y ahora qué tal? —ella se había colocado unas orejas de gato como complemento—. Tenía ganas de ponérmelo. Miauuuu. Ja, ja, ja —ahora movía sus puños como gato.

— ¿Qué clase de sirvienta usa orejas de animal? No te entiendo realmente… ¿Y entonces? ¿No lo irás a comprar?

Con gusto le pagaría el traje. Sería interesante verla vestida así mientras hace la limpieza en la casa. Mi imaginación no tuvo piedad conmigo…

— Uh, no es necesario —dijo ella pareciendo decepcionada y después se acercó a un escaparate—. Mira Erick, esto iría bien contigo —ella tomó una chaqueta negra, unos guantes como de motociclista y una capa igualmente negra.

— No creo que eso vaya conmigo —opiné viendo las prendas.

— ¡Claro que sí! Observa —ella se quitó las orejas de gato y aún con el traje de sirvienta se vistió con la chaqueta junto a la capa y los guantes, después hizo esa pose extraña colocando una mano en su rostro e imitando mi voz dijo—: Ju, ju, ju. Arrodíllense ante mí, el señor de la oscuridad y de todo lo maligno, Erick Hawthorne, mejor conocido como “Dark Flame Mas…” ¡Ay, ay, ay!

Empecé a pellizcarle una mejilla.

— Ya no estés de payasa —dije—. Estás llamando mucho la atención.

— ¡Ay! ¡Ay! Ya perdón —dejé su mejilla en paz—. Cielos, no aguantas una pequeña broma… —dijo ella sin haberse molestado.

— Eres tan rara. Sí que has visto mucha televisión.

— Ah, ja, ja, ja, ¡no es para tanto!

Al final Layla no compró ninguno de esos provocativos vestidos. ¿Mala suerte para mí? Quizás. Una completa lástima…

Más tarde fuimos a un establecimiento de comida rápida.

— ¡Oh! ¡Delicioso!

Layla estaba felizmente dándole voraces mordiscos a su hamburguesa. Realmente ella disfrutaba de la comida chatarra.

Yo estaba completamente atónito mientras la observaba comer, en la mesa todavía quedaban tres enormes hamburguesas, de esas que fácilmente pueden satisfacer el estómago de dos personas, cada una.

— ¿En serio te comerás todo eso? —pregunté.

— ¡Por supuesto! ¡ñam! ¡ñam! ¡Uhhmmm! ¡Qué deliciaaaa!

El estómago de esta chica era impresionante ¿Cómo podía caber tanta comida?

Click.

— ¿Eh, Erick?

Le había tomado una foto a Layla con mi celular.

— ¿Me has tomado una foto? ¿Verdad? Déjame ver.

Le mostré la foto, en ésta ella se encontraba sonriendo y masticando felizmente con un pequeño trozo de carne pegado en su mejilla.

Rápidamente alejé el celular de ella cuando la chica había estirado el brazo.

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— Oye, borra esa foto —expresó Layla sonrojada limpiándose las mejillas con una servilleta—. Es vergonzoso…

— Me niego.

— Uh, vamos…

Le pondré contraseña a mi celular por si acaso.

***

 

 

Yo estaba sentado en una banca esperando que Layla saliera de una tienda de accesorios de ropa para mujeres. Al poco tiempo salió con una pequeña caja rosada.

Yo no gozaba de una lujosa vida pero económicamente hablando me las arreglaba, creo que Layla era muy considerada con mi cartera —aunque no tanto cuando se trataba de comida—. Ella se sentó a mi lado y abrió la caja.

— ¿Me lo puedes poner? —inquirió Layla dándome un collar plateado que tenía un adorno en forma de corazón partido por la mitad, no parecía un collar muy caro. Ella se giró, recogió su largo y sedoso cabello dejando expuesta su clara nuca, sin mucho esfuerzo abroché el collar y su cabello rubio regresó a su posición habitual.

— Y aquí está el tuyo —Layla me mostró otro collar casi idéntico que el anterior.

— ¿El mío? —pregunté arrugando la cara y tomando el collar—. ¿Por qué un corazón partido a la mitad?

Ella se me acercó y juntó la pieza de su collar con el que yo tenía en mis manos, entonces pude ver que se había formado un mensaje en el corazón:

«BFF».

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— ¿Mejores… amigos por siempre? —dije desconcertado. Eso se sintió como si me hubieran echado un balde de agua fría.

— Bueno, es lo que había —contestó ella con una apenada sonrisa, luego Layla tomó el collar de mis manos—. Ahora yo te pondré el tuyo.

— ¿Eh? Espera, tampoco necesitas…

Sujetando ambos extremos del collar ella se me acercó y abrochó el collar detrás de mi cuello. En ese instante mi corazón latía como loco, podía escuchar su suave respiración, oler el agradable aroma de su cabello, también el perfume impregnado en su blanca piel. Sin ser consciente de mis acciones estaba a punto de inclinarme con la clara intención de besarla, pero me detuve cuando sus ojos carmesí se posaron en los míos. Sus mejillas se enrojecieron y se alejó rápidamente.

— ¡Ejem! Este… es mi forma de demostrarte que eres una persona muy importante para mí —Layla desvió la vista.

Pensé en ese instante como el momento oportuno para declarar que ella me gustaba mucho.

— Layla, quiero decirte algo…

— ¿¡Eh!? ¿De- de qué quieres hablar? —preguntó ella aún con el rostro enrojecido.

— La verdad, es que tú también me importas mucho.

— ¿Ah… sí?

— Así es, por eso… Quiero decirte que… ¡Me gustas!

— ¿¡AH!?

— ¡Estoy enamorado de ti!

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— ¿¿¿¡¡¡Ehhhh!!!??? —ella se quedó inmóvil mirando al suelo estrujando el peluche que tenía forma de un gato negro en sus manos.

— Me gustaría saber lo que sientes por mí —dije nervioso.

— Bu- bu- bueno… yo…

Sin poder terminar media frase, Layla interrumpió sus palabras cuando la melodía de un violín llegó hasta nosotros. Inmediatamente ella se levantó y se fue corriendo.

¿No habrá escapado de mi confesión? ¿Verdad?

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