The End of Melancholy

Volumen 1

Capítulo 7: Altruismo

Parte 1

 

 

A las tres de la tarde yo me alistaba para salir.

— ¿Así que no seguirás pintando hoy? —inquirió Layla cambiando ociosamente los canales de televisión.

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— No, hoy no —respondí comprobando mi cartera—. Me estoy quedando sin materiales para pintar así que necesito hacer algunas compras. Menos mal que la tienda sigue atendiendo los domingos.

— Eh… —Layla miraba distraídamente la televisión.

— ¿Y tú no vendrás? Por lo general siempre insistes en salir conmigo.

— Uhm, hoy pienso ver un programa que me interesa.

— Bueno, tampoco hoy es un día muy animado que digamos… Bien, nos vemos, no tardaré mucho.

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Abrí la puerta de la casa y al salir escuché el sonido de un violín proveniente de la televisión junto a la suave voz de Layla:

— Más te vale que vengas temprano.

— Sí, sí, lo que tú digas.

***

 

 

El sol se ocultaba entre las nubes mientras salía de la tienda de materiales de pintura con dos grandes bolsas blancas de plástico en las manos. Yo vestía una usual camisa gris de mangas largas, jeans, zapatos tenis y mis guantes negros. No era una vestimenta apropiada para días calurosos pero ya me había acostumbrado.

Caminaba tranquilamente en el silencioso vecindario con la mente despejada de cualquier pensamiento, tan despejada que hasta podía percibir cualquier perturbación en el apaciguado ambiente.

Tilín, tilín.

En ese instante escuché sonar un cascabel, acto seguido detuve el paso y pude escuchar nuevamente el característico sonido. El tintineo sonaba cada vez con más fuerza hasta que algunos segundos más tarde dejó de escucharse y en su lugar…

Miau.

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Un familiar maullido resonó. Frotándose contra mi pierna el gato ronroneaba felizmente.

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— ¿¡Eh!? No puede ser… —declaré sin ocultar mi asombro. Acto seguido me agaché para mimar al gato.

El lunar blanco con forma de luna menguante era prueba verídica de que se trataba del mismo felino que hace tiempo atrás había desaparecido. El mismo gato con el que Layla y yo jugábamos en aquellas tardes cuando ninguno de los dos nos imaginábamos siquiera poder hablar como buenos amigos.

— ¿Un collar? —me pregunté al ver que el gato portaba un collar rojo. Observé el cascabel que colgaba de éste y noté que tenía inscrito unas letras.

Así que te han adoptado, pensé ligeramente entristecido pero a la vez consolado por el hecho.

Justo en el momento que iba a leer la inscripción en el cascabel, una tranquila voz resonó detrás de mí:

— Ah… aquí estabas… ¿¡Eh!? ¿¡Erick!? —exclamó la chica.

Piernas esbeltas, short negro —muy corto—, camiseta sin mangas de color celeste, cabello largo, negro azabache y amarrado en dos coletas, lentes redondos que cubrían un par de ojos color ámbar…

Jasmine LeBlanc colocó una mano en su generoso pecho en señal de aparente sorpresa, segundos después una sonrisa juguetona se le dibujó en su atractivo rostro.

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— Vaya, vaya —expresó ella—, ¿Qué tenemos aquí? No esperé encontrarme contigo en estos lugares ¿Vives cerca de aquí?

Todavía sorprendido —y algo desconfiado— me levanté tomando distancia de Jasmine. El gato siguió frotándose contra mi pierna.

— Esto debe ser otra obra del destino —continuó ella mirando al gato—. ¿Por qué tan rígido? ¿No me darás ni siquiera las “buenas tardes”?

— Ja- Jasmine… —musité—. ¿De verdad piensas que me creeré que te topaste conmigo por pura casualidad?

— Qué desconfiado eres —la chica agitó una mano negando mis sospechas—. En serio no tenía idea de que vivieras por estos lados ¿Acaso crees que yo sea capaz de vigilarte o indagar información de ti?

— Por supuesto —dije sin dudarlo.

— ¡Ah! ¡Qué cruel! —luego ella agregó en un susurro—: Aunque en parte es cierto… ¡Bien! Te puedo asegurar que no sé dónde vives, sólo dónde vivías.

Me quedé callado ante su afirmación. Durante algunos segundos se llegaba a escuchar el ronroneo del felino de pelaje oscuro.

— Veo que te llevas bien con Pluto —dijo Jasmine.

— ¿Pluto?

— Me refiero al amiguito que tienes debajo… Hablo del gato por supuesto.

— ¡No necesitabas aclararlo! —exclamé mientras me agachaba y luego le dije al gato en voz baja—: Te ha tocado una ama muy extraña —después me dirigí a la chica—: De vez en cuando jugaba con el gato después de la escuela y por eso me ha tomado cariño.

— Je… Interesante —expresó Jasmine sonriente y con las manos detrás del cuerpo—. Si tanto te agrada debiste adoptarlo.

Nuevamente me quedé en silencio observándola sin encontrar palabras para responder, luego me dispuse a acariciar al gato, o mejor dicho a Pluto. Jasmine me observaba con su tranquila y analítica mirada.

— Oye, ¿No tienes calor con esa ropa? —preguntó ella pellizcando su camisa de tela muy delgada—. El clima es más caluroso antes de llover y vestido de esa forma me da la impresión de que estás encerrado dentro de un horno.

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— Estás exagerando, ya estoy acostumbrado…

— Uhm… —murmuró la chica de lentes ligeramente inquieta—. ¿También tienes la costumbre de quitarte los guantes al acariciar a los animales, eh?

¡Mierda!

Me había quitado los guantes por puro instinto, éstos sobresalían de uno de los bolsillos de mi pantalón, hecho que seguramente haría que fueran el principal tema de conversación.

— Ciertamente eres una persona muy “especial” —siguió hablando Jasmine—. ¿Le tienes miedo a las bacterias o algo así?

— ¿Bacterias? Ja, ja, ja. Qué locuras dices…

— ¿Si no es eso, entonces qué? Saludar con los guantes puestos es de mala educación ¿sabías? A las damas no puedes saludarlas de esa manera. Te falta aprender algo de etiqueta monsieur.

— …

— Sabes —continuó ella luego de pasar algunos segundos en silencio—, te sorprendería la cantidad de rumores que se hablan sobre ti. Veamos… Por ejemplo se dice que tienes un serio problema mental y que incluso llegaste a golpear a un familiar con la clara intención de matarlo.

Me quedé paralizado.

Detente, no sigas…

— Bueno, ese es el rumor más “creíble” ya que hay otros que tienden a distorsionar completamente la realidad, como por ejemplo que tienes un grave problema con las drogas…

Cállate, cállate… Qué estupidez…

— … que sufres de constantes alucinaciones igualmente de ataques de ira, que desde niño eras un asesino potencial cuyo estado mental llegó al punto más alto de demencia al haber matado a una niña…

— ¡¡¡CÁLLATE!!! ¡MALDITA SEA!

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Mi grito resonó tan fuerte llegando a atemorizar por un momento a Jasmine. Ella boquiabierta dejó de hablar ante mi súbita reacción.

Me levanté molesto, pero al ver a Jasmine acomodándose los lentes sumamente apenada me apresuré a decir:

— Lo siento… no quería gritarte…

Ella se aclaró la garganta y continuó hablando con una expresión seria:

— No… tranquilo… Yo soy la que debo disculparme, en serio me disculpo, me dejé llevar. De todas formas no puedes negar que has llamado mucho la atención en la escuela, en especial por esos guantes…

» ¿Recuerdas a los bravucones que te hacían bullying? En lo personal me repugnan las personas que se aprovechan de los demás gracias a la fuerza física. Espero no te ofendas pero dabas mucha lástima siendo constantemente golpeado e insultado. No soportaba verte de esa manera, en ese tiempo yo no sabía quién eras exactamente hasta que hablé con Liseth sobre el asunto. No podía creérmelo cuando me enteré de que el alegre y reservado niño burgués terminaría convirtiéndose en una persona que daría vergüenza ajena.

» No negaré que tenía mucha curiosidad en saber la razón de este radical cambio en tu personalidad y esa curiosidad me llevó a enterarme de todos esos extraños rumores. No sabía qué creer así que se me ocurrió una idea, entablar una relación contigo y así averiguarlo por mi cuenta, por eso te invité al club de pintura, bueno, esa es una de las varias razones de hecho…

» Estaba claro que no llegaría a lograrlo si esos idiotas te seguían molestando ¿No te ha llamado la atención que esos bravucones te dejaran en paz tan de repente? Pues yo tuve algo que ver, con la ayuda de Liseth pude tomar fotos comprometedoras y así chantajearlos para que se olvidaran de ti.

» Ahh… debo de admitir que esa solución no fue para nada elegante pero no tenía otra opción, situaciones extremas requieren medidas extremas.

» Soy una persona que si tiene la oportunidad de defender o ayudar a alguien, lo hará sin pedir nada a cambio, no obstante contigo fue diferente.

» En fin, no indagaré más sobre ti, o al menos lo intentaré, tendrás tus razones para usar esos guantes o el porqué de tu actitud, si no quieres decírmelo está bien —dijo ella con una amarga sonrisa.

— ¿Quién eres realmente? —pregunté de manera calmada—. ¿Cómo es que sabes de mí?

Ella fijó la vista hacia el suelo viendo al gato.

Noté que el felino parecía estar escuchando la conversación atentamente. Entonces Jasmine musitó con voz melancólica:

— Es algo decepcionante que no me recuerdes. Durante tu niñez estuve más cerca de lo que te imaginas.

— No esquives mi pregunta.

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— ¿Eh, lo hice? Bueno, está bien, si quieres saberlo entonces sé un miembro del club de pintura.

— Ah… —suspiré decepcionado—. ¿Otra vez con eso? No aceptaré tu “invitación”.

— Lo harás algún día… —susurró ella y miró de reojo las bolsas que llevaba—. Je… ¿Y qué llevas ahí? —inquirió buscando cambiar el triste ambiente que nos rodeaba—. ¡Déjame adivinar! ¿Son materiales de pintura? ¡Ah, sí lo son! ¿Vaya, estás pintando de nuevo?

— No es de tu incumbencia.

— Esto viene como “anillo al dedo”.

— ¿A qué te refieres?

— A esto —Jasmine sacó una hoja de papel de su pequeño bolso—, ten, considéralo otra invitación de mi parte.

Al leer el papel seguramente mi expresión de asombro cambió a una leve molestia.

— Así que… un concurso de pintura… —dije sin ánimos.

— Je, je, je ¿Qué me dices? ¿Te animas a participar?

— …

— Vamos, di que sí —insistió ella—. Mira, se realizará en nuestra escuela el viernes de esta semana, tendrás tiempo suficiente para adelantar el trabajo.

— ¿Por qué un concurso de pintura? —indagué recordando aquel concurso.

— Es algo que necesitaba el club de pintura, usé mis influencias para lograr que nuestra escuela fuera la sede. Como presidenta del club participaré ¿Entonces? ¿Te gustaría participar?

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— No… No quiero…

— ¡Ya sé! —interrumpió ella—. Hagamos las cosas más interesantes. Participa en el concurso y si logras ganar el primer lugar, te contestaré todas las preguntas que tengas acerca de Liseth o de mí, además de que no seguiré insistiendo en que te unas al club de pintura.

— ¿Y si tú ganas? —inquirí desanimado por la propuesta.

— ¿Acaso no es obvio? —dijo ella sonriendo alegremente—. Bueno, tienes hasta el jueves para decidirte, guardaré un cupo especialmente para ti —acto seguido Jasmine levantó al gato y lo arrulló en brazos—. Vaya, Pluto es un gato muy inquieto, apenas abrí la puerta salió disparado como una bala. Ahora mismo me dirigía a la escuela para arreglar unos asuntos sobre el concurso. Bien, es hora de irme, aprovecharé para darle un paseo a este pequeño. Nos vemos. Pluto, dile adiós a tu amigo —ella agitó una de las patas del gato de manera graciosa y luego siguió su camino—. ¡Ah! Si se te apetece jugar con el gato, puedes venir a mi casa, solo necesitas preguntarme la dirección, je, je, je —dijo dándome las espaldas.

Doblé el papel que me había dejado Jasmine y lo guardé en mi pantalón sin pensarlo demasiado ya que mi mente estaba muy ocupada divagando entre recuerdos, buscando la conexión entre ella y yo.

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