The End of Melancholy

Volumen 1

Capítulo 3: El Gato Negro

Parte 2

 

 

Eran las cinco y media de la tarde.

En la casa de Erick, yo estaba sentada en el suelo con el control remoto de una pequeña televisión de pantalla plana, cambiaba de canal rápidamente mientras tanto Erick hablaba por celular:

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— Ah, sí… Todo normal… Señor Rafael, por cierto, quisiera preguntarle algo… El microondas se descompuso y necesito arreglarlo cuanto antes… Entiendo, sí… Conozco el lugar…

En la televisión se mostraba desde escenas de películas, comerciales, series hasta noticieros, no me interesaba demasiado lo que miraba, suspiré de aburrimiento pero entonces algo me llamó la atención, un canal transmitía un concierto de música clásica.

Abrí la boca, solté el control remoto y mi sentido auditivo se agudizó.

Lo que pasó después fue algo inexplicable…

— Preludio de Bach… —estas palabras salieron de mis labios mientras escuchaba atentamente la pieza musical.

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Los dedos de mi mano izquierda se movían individualmente al ritmo de la música mientras que mi mano derecha cerrada se balanceaba lateralmente a velocidad variable. No parpadeé mientras seguía sumida en una especie de trance, a través de mis oídos pude diferenciar las diferentes notas que salían de la televisión. Levanté la mano derecha a la altura de mi pecho y la mano izquierda se elevaba lentamente y entonces…

— Oye, ¿Qué crees que haces? No cambies de canal —dijo Erick luego de haber terminado su llamada.

— ¿¡Ah!? —exclamé confundida como si hubieran despertado a un sonámbulo.

Erick recogió el control remoto y puso un canal de noticias locales.

— Pero es que estaba aburrida —expresé sin estar totalmente consciente mi extraña reacción hacía un instante.

— Recuerda que estás en mi casa.

— ¿Y para qué quieres ver las noticias? Es tan aburrido…

Erick dejó escapar un suspiro y dijo:

— ¿Acaso también olvidaste de que estás perdida? En las noticias posiblemente aparezca algo sobre ti, así que te conviene dejar puesto el noticiero.

Comprendí lo que quiso decir.

— Pero ya han pasado varios días —repuse con voz decepcionada.

Erick se mostró indiferente y se fue a la cocina, sacó del refrigerador un paquete de pollo empanizado.

Hoy no cenaríamos comida congelada. Él se mostró dispuesto para cocinar.

***

 

 

Eran las diez y media de la noche. Me encontraba acostada en el suelo con las piernas y brazos extendidos ignorando la advertencia de Erick: “Te resfriarás si te quedas en el suelo”. Afuera caía una brisa constante desde hace una hora.

— ¿Y ahora qué? —pregunté consciente de mi incierto futuro.

— Mañana vamos a salir —dijo Erick con la vista frente a la pantalla de su celular.

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Mañana sería sábado.

— ¿Eh? ¿Salir? ¿A dónde?

— Iremos al distrito comercial, a una tienda donde reparan electrodomésticos. Necesito llevar el microondas.

— Oh…

— Y también aprovecharemos para caminar un poco, quizás encontremos algún volante con tu foto pegada en los postes. Éste es un vecindario muy tranquilo y solitario, así que será mejor si vamos allá donde hay una mayor afluencia de personas, quizás alguien te reconozca.

“Mayor afluencia de personas”. Estas palabras me hicieron estremecer. Dudé ante la propuesta. No obstante me levanté y respondí sonriendo:

— Gracias, en serio gracias por hacer todo esto.

Los dos cruzamos miradas.

Noté en el rostro indiferente de Erick un cierto desapego por la vida y por las personas. Pero sus gestos empezaban a demostrarme lo contrario. A pesar de la fachada sombría del chico, me sentía en confianza con él.

— Tal vez sí seas una buena persona —dije acostándome nuevamente en el suelo.

— Una buena persona ¿eh? —las palabras de Erick se perdieron en el aire.

El tiempo seguía avanzando.

***

 

 

«Ella está triste y pensativa. Todos se alejan de ella como si fuera un monstruo ¿Por qué se alejan? ¿Qué ha hecho ella para que le traten así? Un ambiente de tinieblas rodea su habitación ¿Es de día o es de noche?»

«Ella está maldita y abandonada. La muerte le persigue acercándose de una manera juguetona… Oh… Mira ese rostro melancólico y esos lúgubres ojos rojos. Llorar desconsoladamente no resolverá nada, sus padres no regresarán. Nadie lo hará».

«El tic tac de un reloj antiguo resuena constantemente en la funesta y mal iluminada
habitación como un terrible recordatorio de que su vida es comparable a la flama de una vela en medio de la noche y a merced del fuerte viento».

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«Corriendo bajo la lluvia y llorando desconsoladamente, estaba claro, el miedo se había apoderado de todo su ser».

Sentí escalofríos al despertarme bruscamente.

Algunas lágrimas rodaron por mis mejillas. Estaba respirando pesadamente.

¿Fue… una pesadilla?

O tal vez…

Eran mis recuerdos fragmentados.

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El reloj digital en la pared marcaba las once de la noche.

El ruido de la lluvia se hizo presente. Me encontraba rodeada por tinieblas, solo podía distinguir la luz roja del televisor apagado y las luces de la calle a través de una ventana.

Me pasé las manos por mis mejillas y me acosté nuevamente en el sofá.

Cerré mis ojos llorosos y deseé profundamente que la noche terminara pronto.

Me abracé a mí misma temerosa.

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