The End of Melancholy

Volumen 1

Capítulo 1: Memento Mori

Parte 2

 

 

Mis visiones —o más bien pesadillas— continuaron cada vez que mi padre o mi madre me tocaban, éstas se alternaban entre escenas de un accidente de auto hasta la habitación de un hospital, a veces me dolía, a veces no. Mis padres me observaban más inquietos y preocupados por lo que yo declaraba con el paso de los días. Como si lo hubieran acordado sin necesidad de hablar, ellos evitaron hacer contacto físico conmigo.

Entonces los días pasaron con relativa normalidad.

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En mis días de niñez, en una tarde de Julio me encontraba en la sala de estar de mi casa jugando videojuegos con mi única amiga, o mejor dicho enseñándole a jugar.

— Con la “A” es que saltas encima del barril —le dije mientras jugaba—. Ahora si agarras el martillo puedes destruir los barriles pero no puedes saltar, así que tienes que esperar a que el poder se acabe, ¿entendiste?

— ¿Ella quién es? —preguntó mi amiga señalando la parte superior de la pantalla ignorando lo que dije.

— ¿Ella? Pues… es su novia. El mono grande la capturó y él tiene que rescatarla.

— Oh… —ella miraba con curiosidad la pantalla, parecía estar abstraída en sus pensamientos.

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Desde que nos conocimos en la heladería ella venía a veces a pasar la tarde conmigo. Ella no tenía otros conocidos de su edad ya que era de otra ciudad. Según escuché, ella vino en compañía de su padre para llevar a su madre al hospital para que recibiera un tratamiento especial a una enfermedad muy extraña.

Recuerdo como era su personalidad. Era una niña extremadamente tranquila, su voz casi se hacía escuchar, era similar a un susurro que fácilmente se podía perder en el aire. Su cuerpo era delgado, no le gustaba comer mucho. Era obediente con los adultos y realizaba las cosas de una manera muy cautelosa. Le gustaba cuidar de los animales, ya sea que se encontrara con algún perro o un gato en la calle eso alegraba un poco su melancólico ser.

— ¿Y entonces? —pregunté—. ¿Ya entendiste cómo jugar?

Ella negó con la cabeza con una mirada somnolienta.

— Ah… No tiene caso —suspiré resignado y luego le di el mando de la consola—. Inténtalo puedes aprender si lo intentas.

Ella tomó el mando, presionó la cruceta y el botón para saltar. Pero no tardó mucho tiempo para perder.

Era un nuevo récord. Haber perdido en tan poco tiempo…

Me dio la impresión de que lo había hecho a propósito ya que se interesó mucho en escuchar la melodía que sonaba al final.

Suspiré resignado. No parecía interesarle mucho los videojuegos. Tampoco mis figuras de acción, ni mis cómics, ni mis materiales de pintura. Traté de todo un poco para lograr obtener una sonrisa suya. Quería alegrar su triste personalidad.

En ese momento una sirvienta llegó a la sala.

— Ya me tengo que ir —expresó mi amiga al ver a la sirvienta.

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Si una de las empleadas de mi casa llegaba donde nos encontrábamos, eso significaba que la visita de mi amiga había terminado, pero en aquella ocasión me llamó la atención de que sucediera tan temprano.

— Adiós —fue lo único que dijo la niña mostrándose decepcionada.

La sirvienta —con una inusual tristeza— se retiró con mi amiga.

Media hora más tarde.

Rafael, un hombre de porte bonachón cuyo cabello negro y corto ya presentaba algunas canas entró a mi habitación.

— Ah… Joven Erick —dijo con la voz entrecortada.

“Joven Erick”, él me llamaba así porque era una persona muy respetuosa. Además de ser el mayordomo de la casa era el empleado de mayor confianza de mi padre, incluso podría considerarse que era su mejor amigo.

— Uh, ¿sí? —contesté confundido por el tono de su voz—. ¿Qué pasa?

— Este… bueno… —Rafael se tomó un tiempo para pensar en lo que iba a decir—. Hay algo de lo que debo informarle.

— ¿Por qué está tan serio? ¿Qué está pasando?

El mayordomo tomó una gran bocanada de aire antes de continuar.

— Joven Erick, por favor sea fuerte por lo que estoy a punto de decir…

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— ¿Eh?

— Han llamado a la casa diciendo que… sus… padres han muerto en un accidente de tránsito.

— …

Quedé sin habla. Mi corazón palpitaba deprisa. No sabía qué pensar ni qué decir. No podía asimilar lo que había escuchado.

Todo me parecía tan irreal y lejano en ese momento.

***

 

 

Años después.

Rafael, vestido formalmente, se levantó de su silla cuando me vio entrar a la lúgubre habitación.

— Cuánto tiempo… Joven Erick —dijo el hombre sonriendo.

Asentí silenciosamente en respuesta, con una expresión neutra cogí la silla plegable al otro lado de la mesa y me senté sin pronunciar alguna palabra.

El rostro del hombre adquirió un aspecto entristecido, él tomo asiento y continuó la
conversación:

— Mañana termina su tratamiento, que buena noticia ¿verdad? Debido a lo que pasó con su tío, las cosas se han complicado, han ido de mal en peor, y ahora con la desaparición de su tío…

Esta declaración no me sorprendió para nada. Ese hombre no estaba desaparecido, él ya estaba muerto. Aunque no lo quisiera, ya sabía la forma exacta en la que mi tío murió.

Una lenta y espantosa muerte…

— Estoy sumamente agradecido con su padre —continuó el mayordomo cambiando de tema—, más que un patrón, él era como un amigo. Sé muy bien del amor que le tenía, él siempre me hablaba de lo orgulloso que estaba de usted.

» Los cuadros que usted pintaba estaban colgados en su dormitorio. Su padre los admiraba al despertar, siempre me decía que llegaría lejos con su arte. Joven Erick, por esa esperanza que tenía mi amigo es que no quiero verlo seguir sufriendo. Sé que ha pasado por una situación muy difícil, el haber perdido a sus padres no es un hecho que se supere fácilmente, pero no hay que perder las esperanzas.

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» Yo sabía que su tío no era más que un miserable que se aprovechaba de la herencia, pero usted ya no tiene que seguir soportándolo. Joven Erick, todavía me tiene a mí.

Aparté la vista reprimiendo mis sentimientos mientras mi cuerpo temblaba.

— Ahora… con respecto a su amiga, ella…

— Señor Rafael —interrumpí—. No siga.

— Pero…

— Por favor.

— Entiendo.

— Gracias.

— No tiene por qué agradecerme —respondió el hombre—. Lo he visto crecer durante todo este tiempo que he estado junto a usted, podría decirse que le he tomado cariño, ya que yo también soy padre era de esperarse —él se levantó con la intención de tocarme el hombro. Mi piel estaba expuesta.

Instintivamente me alejé y la mano del hombre quedó tendida en el aire.

— Ya veo… Así que era mentira de que se había curado… Ah, todavía sigue sufriendo eso…

Cerré los ojos y apreté los dientes.

— Joven Erick, lamento tanto no poder abrazarlo —expresó Rafael con profunda tristeza.

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Y entonces rompí en un doloroso llanto.

***

 

 

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Con tan solo once años, tenía intenciones de dejar en el olvido mi corto pasado. Junto a mi tutor, Rafael, miraba tristemente la mansión donde solía vivir, la cual fue abandonada días después del incidente con mi tío, la vez en la que estaba a punto de matarlo.

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— ¿Está seguro de su decisión? —preguntó Rafael—. Sería una lástima… Este lugar está lleno de recuerdos.

Por esa razón quería que la mansión fuera vendida. Asentí en silencio y mi nuevo tutor suspiró deprimido.

Para Rafael, la mansión representaba lo que fue de su vida durante estos últimos diez años. Ahora con sus patrones muertos y un niño huérfano sin más familiares cercanos, esta mansión quizá resultaba demasiado grande para los dos.

Rafael contempló la profunda tristeza que me invadía.

Todo en mí había cambiado radicalmente.

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— Respetaré su decisión —dijo él—. Bien, hay que recoger sus cosas.

Y así, entramos por última vez a la sombría mansión.

***

 

 

Sin ningún contratiempo, terminé mis estudios de primaria. En la ceremonia de entrega de diplomas, yo era un niño solitario que miraba con desconsuelo cómo mis compañeros, con diploma en mano, iban donde sus familiares quienes regocijados los abrazaban y felicitaban. Sentí una punzada en mi pecho al verlos tan felices y despreocupados. No pude evitar recordar a mis padres cuando gané el concurso de pintura.

Al recibir el diploma de manos del que fue mi profesor guía en el último año, un leve contacto de manos era suficiente para que yo lograra ver el final de su vida.

El estridente y agudo ruido resonó anunciando la inminente visión. Un ruido que nunca terminé por acostumbrarme, pero a veces variaba de intensidad.

En este caso observé al maestro postrado en una cama rodeado por varias personas, tenía el cabello canoso y piel arrugada. Uno de los que estaban presentes resultó ser una niña, ésta le sujetó la mano al anciano.

— ¡Abuelito! ¡Abuelito! ¡No te mueras! —le decía llorando.

Al ser una muerte natural, no sentí ningún malestar al experimentar aquella visión. Esa era una manera tranquila de terminar nuestra existencia.

Regresé a la realidad.

— Gracias por todo —dije al recibir el diploma.

El profesor colocó una mano en mi hombro y me dijo:

— Sé que pasado por un hecho trágico, pero recuerde que la vida continúa. Hay que seguir adelante, hágalo por sus padres, estoy seguro que desde algún lugar están velando por usted.

¿Se refería a que ellos están en el cielo? ¿Existe un paraíso y castigo eterno? ¿Qué existe más allá de la muerte?

¿Por qué morimos?

Con expresión neutra me despedí.

Ya no tenía a mis padres, pero se encontraba Rafael.

— ¡Felicidades Joven Erick!

— Gracias.

— Bien, es hora de irnos.

— Sí.

Junto a mi tutor, caminé hacia mi nueva casa de aspecto genérico, la cual era modesta en cuanto a tamaño, pero lo suficientemente cómoda como para que dos personas vivieran adentro, contaba con tres habitaciones, una cocina y un baño.

Con lo que quedaba de la herencia y lo de la venta de la mansión junto a varios objetos de considerable valor, yo no tendría problemas económicos durante un largo tiempo siempre y cuando no tuviera gastos excesivos, esto no representaba ningún problema ya que gastaba lo suficiente para sobrevivir.

Rafael tenía un nuevo empleo y tenía una familia que mantener, me había sugerido que viviera en su casa, pero me negué, en consecuencia empecé a vivir solo.

De vez en cuando Rafael me visitaba y me ayudaba con los estudios. A pesar de todo siempre sacaba notas sobresalientes en la escuela.

Con el paso del tiempo me encerré en mi propio mundo: No sonreía, contestaba inexpresivamente y en pocas palabras cualquiera de las preguntas que me hicieran, no tenía amigos, es más, evitaba tener que hablar con las personas y frecuentemente me recluía durante horas en una de las habitaciones de mi casa.

***

 

 

Recuerdo que durante el funeral de mis padres, me alteré de una manera que le helaría la sangre a cualquiera. Con ojos aterrados decía cómo iba a morir uno de los presentes, después amenacé a cualquiera que se me acercara al mismo tiempo que me escudaba detrás de una silla de plástico, esto obviamente no bastó para que dos adultos me sujetaran y me llevaran lejos del funeral.

Gritaba y lloraba mientras era sujetado, me atormentaba un dolor que sobrepasaba el entendimiento de cualquier persona.

Tanto mi cuerpo como mi alma eran constantemente apuñalados y torturados.

No muchos lo sabían, pero años después, uno de los hombres que me habían sujetado fue secuestrado, no se logró pagar el rescate así que fue mutilado de una manera tan horrible y sádica. Obligaron a la víctima seguir consciente mientras se realizaba la tortura. Yo sabía de este hecho porque lo había experimentado en carne propia.

Los que vieron aquella escena en el funeral, pensaron que yo actuaba así por haber perdido a mis padres.

Llegado a este punto, se preveía que yo necesitaría un tratamiento psicológico. Mi estado mental empeoró cuando casi maté a mi tío y vi estupefacto a mi única amiga en el suelo luego de haberla golpeado accidentalmente.

Dos días después del funeral de mis padres. Encerrado en mi habitación me negaba a hablar con nadie. Envuelto en una sábana y sentado en mi cama lloraba constantemente culpándome por sus muertes.

Esa visión extraña que sufría representaba la forma en que iban a morir mis padres pero aún después de evitar que fueran en carro ese día, igualmente murieron. Ahí es cuando me di cuenta de dos errores, sabía el cómo pero no el cuándo de sus muertes y que yo viera la escena no significaba que yo tenía que estar presente al momento del accidente o cuando se encontraran en el hospital en estado crítico.

El poder de ver la muerte de las personas lo llamé “memento mori [2]”, recuerdo haber leído ésta expresión en algún libro en la escuela. A pesar de mis notas sobresalientes yo no prestaba mucha atención a las clases de idiomas, pero esa frase en particular siempre me llamó la atención.

 

Ah… ni siquiera siento que debo considerarlo un poder, para mí es más bien una maldición.

Fui internado en una clínica de rehabilitación psicológica infantil por haber golpeado a mi tío y declarar que podía ver la muerte de las personas con solo tocarlas. Durante mi estadía en ese lugar me percaté de que el memento mori seguía un patrón cuando éste se activaba con las personas que me atendían. Podría decirse que éstas eran las reglas:

1. El memento mori se activará con el más mínimo contacto con la piel de los demás.

2. Después de dos segundos del contacto con alguien un chirrido perforará mis oídos durante un breve instante, luego observaré la muerte de la persona como un espectador omnipresente, aunque a veces de forma aleatoria mi punto de vista podrá ser el mismo que el de la víctima.

3. Si la causa de muerte es natural o debido a una enfermedad, no sentiré ningún malestar, caso contrario es cuando la muerte se debe a algún accidente, asesinato o cualquier otra forma violenta; si es así yo seré capaz de experimentar en carne propia la agonía de la víctima, tanto física como mentalmente.

4. Si otra persona hace contacto cuando el memento mori es activado, su muerte será la siguiente en experimentar una vez que la visión actual se termine.

5. La visión de una muerte se acaba cuando el corazón de la víctima deja de latir.

6. Después de ver la muerte de alguien, cualquier contacto físico con la misma persona no activará el memento mori hasta haber pasado media hora.

7. La causa de muerte de una persona varía con el tiempo y cambia con las acciones de la persona, así que el memento mori muestra la causa de muerte más probable hasta el momento de su activación.

8. El memento mori solo funciona en humanos.

9. Esta maldición no funciona conmigo mismo.

10. No se puede ver la muerte de…

Después de lo ocurrido con mis padres entendí que la muerte era inevitable, existen
incontables formas de morir así que solo el hecho de seguir viviendo era un milagro.

No encontraba forma de que el memento mori fuera útil, si le advertía a alguien de su muerte esto solo cambiaría su forma de morir.

— Ah… ¿por qué cayó en mí esta maldición?

Estas palabras salieron de mi boca luego de ver el último cuadro que pinté.

Un hombre colgado.

Lo había hecho de nuevo, plasmé otra pesadilla en un cuadro con la esperanza de olvidarme pronto de él.

Mi mente seguía inestable, la habitación en la que me encontraba estaba cubierta de más cuadros que representaban diferentes maneras de morir.

Grité perturbado y arrojé el cuadro que recién había pintado.

— ¡¡¡AAAAHHHH!!!

Con un extremo sentimiento de impotencia maldije a la vida y a la muerte, a los que habían fallecido de maneras atroces, a los asesinos, y al propio Dios, si es que existía, de la maldición que me invadía de espanto, odio y repulsión conmigo mismo.

¿En qué me había convertido? ¿¡Por qué tenía que sufrir esto!?

Cada día que pasaba solo significaba sufrimiento para mí. Yo no estaba viviendo.

En repetidas ocasiones quería acabar con todo esto, ponerle fin a mi vida, detener el ciclo de una interminable angustia, alcanzar una paz absoluta. Pero había algo similar a una pequeña flama presente en mi alma, se trataba de una vaga esperanza…

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El llanto ahogó mis gritos y con los ojos repletos de lágrimas rogué por una salvación.

¡Ya no quiero seguir viviendo de esta manera!

 

 


[2] Es una frase en latín que significa “recuerda que morirás”, expresión que suele usarse en el arte y la literatura para indicar la fugacidad de la vida.

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