Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 4

Capítulo 2: Bendiciones, Reuniones y Promesas

Parte 3

 

 

«¡No te metas conmigo, mujer! ¡¿Quieres un golpe en esa cara bonita?!»

«No te apresures, plebeyo. Aquellos de baja calaña gozan de un apropiado destino humilde.»




Se oían varias voces discutiendo, y tres hombres rodearon a la solitaria mujer en el estrecho callejón, cortando sus vías de escape.

Este era un estereotipado encuentro con vándalos callejeros, pero lo que dejó una apremiante impresión en Subaru fue la llamativa apariencia de la chica que ni se inmutaba por la atmósfera que se cernía sobre el estrecho callejón.

Su cabello era de un naranja radiante, como el mismo sol, fluyendo a través de un único pasador antes de caer sobre su espalda. Su vestido era carmesí y, sobre todo, la belleza abrumadora de la chica misma brillaba en el sórdido entorno. Incluso unos ojos inexpertos podrían decir a simple vista que las joyas en su cuello, orejas y dedos eran de la más alta calidad. Su atuendo completo, combinaba de pies a cabeza, tenía que valer al menos cien veces el dinero que Subaru tenía consigo. Y, sin embargo, todas esas joyas extravagantes eran incomparables a su rostro.

Ella tenía ojos rojos y desafiantes. Sus labios ligeramente rosados enfatizaban el tono de su piel, blanca como la más pura nieve. Uno podría pasar toda una vida y fortuna en busca de tal belleza y nunca encontrarla. Subaru se dio cuenta una vez más de la frecuencia con la que este mundo desafiaba su idea de sentido común.

La chica cruzó los brazos en una postura tranquila que solo acentuaba sus abundantes pechos. Subaru no podía simplemente quedarse atrás y observar, mientras la actitud de la chica aumentaba cada vez más el enojo de los hombres.




«-¡H-hola! ¡Perdón por hacerte esperar, cariño!»

Subaru inmediatamente levantó una mano y se metió en el medio de los hechos. Riéndose solo mientras interrumpía al sorprendido trío, Subaru juntó sus manos en súplica. «Parece que ella te causó un pequeño problema, pero ¿podrías hacerme un favor y dejarlo pasar por esta vez? Estoy seguro de que puedes ver solo con mirarla, pero la chica es un poco… ya sabes… en la cabeza. ¿Me entiendes?»

El estilo de celebridad que tenía la chica prácticamente gritaba «¡Róbenme, por favor!», además de que estaba dando vueltas por los callejones de una ciudad con niveles cuestionables del cumplimiento de la ley. ¿Qué persona sensata sería tan imprudente?

Subaru reafirmó sus palabras a los atónitos hombres: «¡Así son las cosas!» Y agarró la mano de la chica.

«¡Mm…!»

«Oye, vámonos de aquí antes de causarle más problemas a estos buenos muchachos. Hagamos lo que prometimos que haríamos hoy y vayamos a darnos de comer mutuamente unos dulces, solo los dos… »

Subaru rápidamente dejó en claro las cosas, poniéndola en el rol que había asignado en sus fantasías a Emilia, con el objetivo de sacarla de allí lo más rápido posible. Sin embargo…

«¿Uhh?»

«¡No… me toques con tanta libertad!»

Puso su otra mano sobre la de Subaru, girando su cuerpo para lanzar al chico hacia adelante. Un momento después de que se dio cuenta de que ya no estaba sujetando la muñeca de la chica, su rostro se estrelló contra la pared.

«¿Qué demonios?»

«Dios mío, ¿Doy un paso fuera y sucede esto? Los plebeyos babeando sobre mí… »

Mientras se levantaba, Subaru la fulminó con la mirada, como si encontrara aquellas palabras más allá de su comprensión.

«¡Sígueme el juego, maldita sea! ¡Este es el consagrado método para salvar a una chica de los vándalos callejeros! ¡Se supone que debes entender estas cosas!

«No sé a qué te refieres. Simplemente hago lo que quiero”.

«Una mujer que golpea tu cara contra la pared es el peor tipo de primer encuentro, ¿sabes?»

No solo no había comprendido su intento de sacarla de aquel lugar, sino que lo trataba como a un pervertido. El dolor y la humillación lo hicieron arrepentirse de haber ejercido su limitado coraje. Pensando que los hombres debían encontrar gracioso el hecho ocurrido, Subaru se volvió hacia sus miradas de compasión.

«Oye, espera un momento, los recuerdo chicos».

Subaru inclinó su cabeza con la mala sensación de que estaba teniendo un ‘deja vu’ sobre una crisis previa.

Subaru comparó las caras de los hombres frente a él con los de su memoria, y dio un aplauso cuando su mente se iluminó.

«Ah, Tonto, Más Tonto y Tontísimo. Eh, espera, de ninguna manera. ¿Esta ciudad tiene otros vándalos además de ustedes tres?»

Por supuesto, él los recordaba. Estos fueron los Tres Chiflados con los que se encontró el primer día que fue invocado. Ya habiendo experimentado la muerte por sus manos una vez, Subaru los miró con cautela. Pero…

«Más que otra cosa, me siento deprimido. ¿No tienen otra forma de ganarse la vida?»

Los tres hombres se miraron el uno al otro y comenzaron a hablar, extrañamente relajados acerca de la presencia de Subaru.

«Primero mete su nariz en un asunto que no lo incumbe, luego se golpea la cara contra una pared, y ahora dice que se acuerda de algo. ¿Está loco?»

«Oye, no quiero lidiar con ese tipo. Tú ocúpate de él».

«Yo tampoco quiero. ¿Por qué simplemente no lo acuchillamos por algún lado?»

Con los supuestos ladrones finalmente perdiendo todos los rastros de hostilidad, la silenciosa chica rompió la atmósfera.

«Oh vaya, tan indeciso. ¿Son un grupo de niñitas? Si es así, vístanse de una manera adecuada para mis ojos. Sí, algunas joyas finas en sus fornidos y peludos cuerpos sería algo que vale la pena ver».

La chica puso una mano sobre su boca, burlándose con una mirada de absoluto desprecio. Por un instante, los hombres no entendieron lo que ella les había dicho. Un momento después, se enfurecieron a la vez.

«¡No te metas conmigo, perra!»

«¿Quién crees que eres, niña?»

«¿Qué pasa con esa conversación tan altiva y arrogante? ¿eh?»

Subaru intervino. «¡Realmente perdiste un tornillo! Deberíamos dar unas nalgadas en su femenino trasero por el hecho de que somos muchachos… espera, ¿por qué estoy del lado de estos idiotas?»

Subaru se sorprendió de sí mismo por formar parte impulsivamente de una pandilla de cuatro hombres. Era muy consciente de que la culpa del incidente también recaía sobre la chica.

«Así que terminé llegando hacia donde se dirigían, pero no voy a regresar ahora. Además, llevo mi propio rencor guardado hacia ustedes desde el primer día en que nos encontramos”.

«No sé qué pasa con esa pequeña perra, pero ¿cuál es el problema contigo, pedazo de mierda?»

Aparentemente no recordaban a Subaru en lo absoluto, una reacción bastante pobre teniendo en cuenta que Emilia los había hecho salir corriendo con magia, habían sufrido una aplastante derrota tres contra uno a manos de Subaru, y habían acuchillado a Subaru hasta la muerte un momento después de eso.

«Bueno, ninguno de esos eventos sucedió en este mundo, por lo que todo lo que recordarían aquí es… Oh, sí, quizás el chico guapo que apareció»




«¡Oye, lo recuerdo! El que estaba en un callejón de Market Street hace un tiempo… »

«¡Oh, ese! ¡El mocoso con un tornillo suelto! No ha cambiado ni un poco, ¿eh?

«Es realmente él. La ropa es diferente, ¡así que no lo reconocí!

Cuando se dieron cuenta, las caras de Tonto, Más Tonto y Tontísimo se iluminaron en orden. Aunque Subaru no era fan de la forma en cómo lo habían caracterizado, aplaudió para aplaudir su esfuerzo.

«Bien, bien, me alegra que me recuerden. Entonces, ya que me conocen, ¿qué tal si lo dejan pasar esta vez?»

«¿Estás loco? Nos gustas mucho menos que alguien que ni siquiera conocemos. Solo porque es un tres contra dos en lugar de un tres contra uno, no cambia nada.

A pesar de que Subaru esperaba salir de esta situación con su ingenio, la caprichosa chica hacía caso omiso a cualquiera de sus planes.

«Corrección. No es tres contra dos, es tres contra uno contra uno [1]».

«¡¿Puedes callarte un poco?!»

Deseó poder haber retrocedido en el tiempo cinco minutos y haberse dicho a sí mismo que no se molestara en ayudarla, pero la suerte había sido echada. Además, Tonto, Más Tonto y Tontísimo no eran tipos pacientes. Viendo la temperatura en sus ojos cayendo, Subaru supo que era solo cuestión de tiempo antes de que hubiera sangre.

«Parece que no hay elección. Realmente no quería recurrir a esto, pero…»




«¿Ahh? ¿Dejarías de entrometerte ya? ¿Qué demonios puedes…?»

«Se los haré saber, conozco al Sr. Reinhard, muchachos. Reinhard y yo somos mejores amigos. ¡Si grito, va a venir corriendo!»

«¡¿Qué?!»

Esta era su carta del triunfo, «El zorro suplicando la ayuda del león», y funcionó de maravilla. La mención del nombre de Reinhard asustó al trío.

El efecto fue inmediato, y Subaru se obligó a sí mismo a actuar como un pez gordo para espantarlos aún más.

«Entonces, ¿qué va a pasar, muchachos? Un grito y él los hará carne picada con sus manos desnudas».

Era un engaño de manera desesperada, pero los hombres rechinaron los dientes con resentimiento.

«Bu-Bueno te dejaremos. Por esta vez.»

«¡Recuerda esto, no es como si nos hubieras vencido o algo así!»

«¡Y no es como si tuviéramos miedo del nombre de Reinhard o algo así!»

Los hombres huyeron de inmediato del callejón, las frases cobardes y clichés con las que se habían despedido solo acentuaban sus imágenes de ladronzuelos mezquinos. Solo cuando se habían ido completamente, Subaru exhalo de manera profunda.

De alguna forma había solucionado la crisis.

Ahora si solo pudiera hacer que la chica se ablandara un poco…

«¿Qué? ¿Son esos los ojos de un mendigo? No recibirás nada de mí, plebeyo».

«Ellos no son. Bueno, no creo que te mataría el hacerlo, así que, ¿Al menos podrías darme las gracias por haberte salvado?”

«¿Salvarme?»

La chica inclinó su cabeza ligeramente con una expresión de confusión.

Ella cerró los ojos, hundiéndose en sus pensamientos, y dejó escapar un pequeño suspiro cuando llegó a una respuesta.

«Así que ese parloteo tuyo de antes tenía la intención de salvarme. Mm, no me había dado cuenta».

«¿No te diste cuenta? Esto establece nuevos estándares para ‘lerdo’, ¿sabes?»

«No lo malinterpretes. No hubiese tenido dificultad alguna, incluso sin tu ayuda. Solo puedo asombrarme de que te enorgullezcas de resolver algo que, para empezar, no era un problema».

«No entiendo qué quieres decir, así que ¿A qué te refieres? ¿Estás intentando decir que eres súper fuerte, por lo que habrías estado bien incluso si no te hubiera salvado?»




«Para nada. Es muy simple. Este mundo está hecho únicamente para mi conveniencia. No ocurre nada que no sea para mi beneficio. Es gracias a mí misma que fui salvada, sin embargo, intentas reclamar eso como tu propia hazaña. ¿No tienes vergüenza de robarle el crédito a otro?»

Con un descarado empuje hacia adelante de sus abundantes pechos, la chica afirmaba, como si fuera natural, como si fuera obvio, como si fuera de sentido común – que ella era absoluta.




La forma en que sus ojos irradiaban, similar a la de un arrogante sol, hizo a Subaru muy consciente de que era alguien con quien no debería asociarse en absoluto.

«A-Así que era eso. Es mi culpa por ser demasiado engreído. Perdón por interrumpir. Me voy ahora.»

Decidió que era mejor estar de acuerdo con esa persona tanto como fuera posible – no provocarla, solo asentir con entusiasmo, evitar cualquier desafío y dar media vuelta para alejarse de ella.

Pero una llamada inesperada vino desde atrás, y Subaru maldijo a sus pies por detenerse.

«-Espera.»

«¿Q-qué?»

«¿Qué hay en esa bolsa de allí? Muéstrame.»

La chica se paseó a su alrededor, asintiendo con la cabeza para indicarle debería dejar la bolsa. No quería ser obligado, pero desafiarla solo prolongaría las cosas, por lo que Subaru abrió la bolsa de mala gana y mostró su contenido – una montaña de fruta madura y roja.

«No las reconozco. Estas frutas… ¿Qué son?»

«Son, em, manzenes. El fruto del conocimiento. ¿Nunca habías visto una antes?»

Parpadeando debido a la repentina respuesta, la chica resopló mientras miraba a Subaru como si fuera un imbécil.

«Mientes. No me hagas reír. Las manzenes son blancas, ¿entiendes? Nunca he visto frutas como estas».

Atónito, Subaru respondió: «Bueno, son blancas cuando los pelas…»

Era el turno de la chica de mirar inexpresivamente.

Él remarcó: «Espera, ¿no me digas que nunca has visto un manzene que no haya sido pelada…?»




«Mm, nunca he visto una que no estuviera sobre la mesa en la cena. Muy bien. Entrégamelas.»

Asintiendo con satisfacción, la chica audazmente le exigió que le diera las manzenes.

Había salvado a la chica de un robo solo para que ahora la chica intentara robarle.

Subaru quería ver a Emilia de nuevo. Deseó que Rem lo estuviera curando en ese momento.

«Entrégamelas. Voy a coger uno, lo partiré y lo veré por mí misma. ¿O sólo son mentiras las que salen de tus labios?»

«…Trátalas con cuidado, ¿de acuerdo?»

Juzgando que el resistirse sería la elección de un tonto, Subaru sacó una manzene de la bolsa y la puso sobre su mano. La chica tomó la manzene, dándole la vuelta como si estudiara la sensación sobre su palma.

Luego, su mano izquierda se dirigió hacia la manzene, cortándola vertical y horizontalmente en cuatro partes iguales. La chica lamió el jugo de la fruta que estaba sobre sus dedos, satisfecha con la muestra que tomó.

«Agridulce … Sin duda, este es el sabor de una manzene. Te perdonaré la vida.»

«Perdonar mi … No, no importa. De todos modos, estás satisfecha ahora, ¿me equivoco?»

«¡¡Ab-so-lu-ta-men-te no!!»

Su declaración, cruzó la línea de una conducta arrogante a una tiránica, hizo que incluso Subaru se encolerizara con indignación.

«Ni siquiera te importó el cortar una de ellas de la nada. ¿Por qué tengo que darte todas? Estas manzenes no son solo manzenes. ¡Son los lazos entre dos hombres!»

«Basta de parloteo. ¿Qué te parece esto?»

La chica señaló la bolsa, con los curvando los labios en una sonrisa irónica.

«Apostaremos por ellos».

«-¿Apostar?»

«Sí, una apuesta simple. Algo fácil, lanzar una moneda y adivinar si es cara o cruz. Una sola manzene dependerá de cada intento. ¿Qué te parece?»

Ella estaba proponiendo una competición, pero todo lo que Subaru podía hacer era reírse de aquella sugerencia.

«Solo dices cosas insólitas. ¿Por qué estaría de acuerdo con eso en primer lugar? No hay nada para mí al ganar en esa apuesta. ¡Simplemente podría salir corriendo de aquí! »

«Por supuesto, voy a tener preparado algo que valga la pena ganar. Veamos…»

La chica se llevó la lengua a los labios y se sumió en su pensamiento. Movió sus cautivadores ojos hacia Subaru, levantando su amplio pecho con sus brazos cruzados.

«Si ganas la apuesta, puedes tocar mis pechos. ¿Qué te parece?»

Subaru suspiró largamente y negó con la cabeza al ver que la chica ofrecía su propio cuerpo como una ficha de juego. La forma en la que se ofreció en esta apuesta sin vacilación alguna sobre las consecuencias de perder, indicaba el tipo de personalidad que normalmente arruinaba la vida de los apostadores.

Sin duda, ella pensó que su belleza le permitía seducir a cualquier hombre que la mirara, pero por otro lado, Subaru pensó que la visión del mundo de aquella chica era lamentable y bastante triste.

Ella le lanzó una mirada ligeramente sospechosa, tal vez preguntándose qué era lo que le estaba llevando tanto tiempo.

Con esa mirada ejerciendo presión sobre él, Subaru le dijo exactamente lo que pensaba.

«Necesitas cuidarte mejor. Eso es una locura… ¡Y no puedes seducirme con esa mirada!»

Re Zero Kara Hajimeru Isekai Volumen 4 Capítulo 2 Parte 3

 

-Y así, Subaru se encontró a sí mismo todavía en el callejón, después de haber perdido siete apuestas consecutivas.




«Eso hace siete victorias para mí. Solo quedan tres manzenes, ¿sabes?»

«¡De ninguna manera! ¡Me estás robando por completo!

 

 


[1] No es error de traducción, es 3 vs 1 vs 1

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