Violet Evergarden

Volumen 1

Capítulo 6: El Mayor y la Automatic Assassin Doll

Parte 2

 

 

Gilbert Bougainvillea vio “eso” por primera vez durante un encuentro fortuito después de varios años con su hermano mayor, Dietfriet, en el hotel con más prestigio de la ciudad capital, Leiden.

Los que tenían la sangre de Bougainvillea nacían con cabello negro azabache, ojos esmeralda, extremidades largas, cinturas delgadas y hombros anchos. Dietfriet dejó crecer su pelo como una mujer y lo ató con una cinta, usando indebidamente el cuello abierto de su uniforme naval blanco, mostrando el collar de oro alrededor de su cuello.

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— Oye, Gil. ¿Has estado bien? Como siempre, tienes una cara deprimentemente seria. Es como la de papá.

Por otro lado, a pesar de ser del mismo linaje, Gilbert era lo opuesto a su hermano mayor, en apariencia tenía un aire coqueto sobre él. Su cabello negro estaba cuidadosamente peinado desde su frente hasta la parte posterior de su cabeza y sus iris eran de un tono más suave que las esferas de color verde oscuro de su hermano, brillando como una verdadera piedra preciosa esmeralda. A diferencia de la expresión imparcial de su hermano, la suya era viril. Sus rasgos se asemejaban a una escultura de mármol, pestañas tan largas que proyectaban una sombra en su tendencia a estar medio cerrados. Quizás la evaluación de aquellos que lo miraron objetivamente era precisa cuando decían que era un hombre hermoso con una cara melancólica.

Desaprobando la figura de su hermano, llevaba el collar acolchado de su propio uniforme: un traje negro púrpura combinado con hombreras de lino color borgoña abotonado diligentemente hasta su cuello y una tela decorativa con pliegues como de acordeón reluciendo alrededor de sus caderas. Los colores estoicos coincidían bastante bien con la personalidad de Gilbert.

En la última planta de un edificio alto de 12 pisos, en una habitación donde el alojamiento por una noche valía un mes del salario de una persona común, los dos hermanos se abrazaron con fuerza y ​​se sentaron en un sofá cercano. Había otras personas presentes además de ellos. Eran los camaradas que Dietfriet había traído mientras visitaba a su hermano menor al pasar por Leiden. Todos ellos bebieron y fumaron en la barra situada en el exterior de cada apartamento. El humo blanco se arremolinaba alrededor del techo.

— Hermano eres… el mismo de siempre—. Comentó Gilbert,

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Mirando a la figura de su hermano mayor que no parecía soldado, así como a los compañeros que dirigía, que vestían prendas similares. Él era una presencia sobresaliente en ese medio.

— Son vacaciones, ¿sabes? A diferencia del ejército, los de la marina nos volvemos muy liberales cada vez que regresamos la tierra.

— Hermano… te vistes así sin importar si estás en mar o tierra, ¿no? Ese pelo… si papá lo viera, definitivamente no lo habría permitido. Probablemente lo cortaría con su sable.

— Eso sería una molestia. Es bueno que muriera.

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Dietfriet pretendía ser alegre, pero su hermano menor no lo dejó pasar. Le dio a una mirada severa a su hermano.

Quizás debido a su debilidad por recibir esa mirada, Dietfriet suspiró.

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— Aah… Lo siento. Él podría haber sido un buen anciano para ti, pero para mí, era el peor. Eso es todo.

— ¿Es esa la única razón por la que no asististe a su funeral y me dejaste tomar la herencia solo a mí?

— Te sienta mejor, ¿no? Esa Casa nunca fue adecuada para mí y no estoy hecho para ser el jefe de familia. En lugar de dejar que el honor de nuestro brillante linaje se viera contaminado por mis pobres habilidades simplemente porque soy el mayor, es mejor tener un tipo adecuado y justo haciendo el trabajo. Incluso por el bien de los futuros descendientes. Oye, Gil. ¿No ha sido ya un largo tiempo? Solo perdóname. No quiero seguir sintiendome culpable durante toda nuestra reunión. Podría haberme separado de la Casa Bougainvillea, pero quiero seguir siendo tu hermano. Hablemos de algo divertido.

Escuchando los argumentos de su hermano, Gilbert guardó silencio.

Era una costumbre general en la familia Bougainvillea unirse al ejército. Aunque el ejército y la marina eran organizaciones de defensa que servían al mismo país y eran parte de las fuerzas armadas, eran entidades separadas. Cada una era consciente de la otra y ambas eran a menudo hostiles entre sí. El motivo principal era que las dos tenían que compartir el presupuesto militar de Leidenschaftlich. El dinero y el interés eran causas de conflicto, independientemente de la ubicación o época.

En la historia de la familia Bougainvillea, Dietfriet había sido el primero en elegir la marina sobre el ejército. No solo se había unido a ella, sino que también se había labrado una carrera profesional. Todo se debió a su confianza en conseguir logros con sus propios esfuerzos y talentos, incluso sin hacer uso de la gloria de sus padres. Gilbert reconoció eso, por lo que no pudo evitar pensar que su hermano era el que realmente debería haber tenido éxito.

— Ya que finalmente has venido… ¿qué te parece visitar a mamá? Por favor, se nuestro mediador junto conmigo.

Si su hermano no fuera tan malo aceptando la realidad, las cosas no se habrían vuelto tan complicadas.

— Nuestra familia es grande, así que si fuera a ver a mamá, tendría que saludar a nuestras hermanas, a la abuela y a todos los parientes mayores, ¿no? Sería una molestia. Puedo ver claramente que les grito y me voy después de que comiencen a enlistar mis defectos.

Cuando Dietfriet se recostó sobre su espalda, con las piernas cruzadas, Gilbert dejó que su conmoción se reflejara con lenguaje abusivo.

— ¿No somos familia? ¿No puedes hacer un esfuerzo para llevarte bien con ellos al menos un poco?

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— Es exactamente porque somos familia que quiero mantener la distancia… Pero tú… realmente puedo estar cerca de ti. Es difícil con los demás. Gilbert, estoy agradecido. Las expectativas de nuestros padres se canalizaron hacia ti porque me uní a la marina, y has respondido con precisión a ellas. Incluso yo… entiendo que no me han dicho tantas veces que regrese a casa porque has sido un buen sustituto para mí. Es por eso que… llegué presuroso a la celebración de tu promoción… ya que somos hermanos—. Incluso desde la perspectiva de su hermano menor, Dietfriet era muy carismático mientras sonreía juguetonamente con los ojos cerrados.

Aunque Dietfriet tenía una personalidad egoísta y autoritaria, tenía algún tipo de cualidad que atraía a otros hacia él. Siempre estaba rodeado y era respetado por muchas personas, nunca fue tímido. Como Gilbert no podía amar a nadie por ser demasiado severo, su hermano mayor tenía todo lo que le faltaba, hasta el punto de hacerle sentir infinita envidia como ser humano.

— Es verdad, traje algo grandioso para la fiesta—. Dietfriet hizo una seña con la mano a uno de sus amigos que estaba cerca.

Mientras lo hacía, el hombre trajo en sus brazos un costal de cáñamo tomado de una habitación diferente.

— Esta es el arma que he estado usando últimamente pero te la daré. Con esto, no hay duda de que seguirás obteniendo promociones aún mayores.

El costal fue colocado descuidadamente en la mesa oval entre los dos. Dietfriet sonrió tímidamente cuando Gilbert notó que algo se movía en el interior del costal e inmediatamente se levantó del sofá, agarrando firmemente la espada en su cinturón.

— Está bien. Está bien, Gil. Cálmate. No es nada extraño. No, tal vez es una locura. Jaja. Puede ser un poco difícil de manejar y peligrosa, pero se comporta bien cuando no le das órdenes. Pero no pienses en hacer nada raro… ya que su apariencia no es nada mala. Por lo que sé, ocho personas intentaron colarse en su cama y les rompieron el cuello. Su mal genio es problemático. No sirve para darte confort.

— ¿Qué hay adentro?

— Solo… úsala como arma. No pienses en ésta como cualquier otra cosa. No te apegues a esta cosa. Es un “arma”. ¿De acuerdo?

— Estoy preguntando… qué hay dentro.

— Intenta abrirlo—. Las palabras de Dietfriet sonaron como la invitación de un demonio.

Gilbert movió sus manos para desenredar el cordón enredado alrededor del costal de cáñamo que se retorció una vez. La persona que estaba dentro parecía una princesa sirena al momento en que el costal de cáñamo yacía en su cintura.

— No le hemos dado nombre a esa cosa. Simplemente la llamamos “tú”.

Esa “cosa” era una chica. Sus ropas de color hollín eran harapos raspados hechos de cuero y pieles de pobre calidad. Una gargantilla que apestaba un tanto a subordinado estaba abrochado alrededor de su cuello. Un olor que parecía una mezcla de lluvia, animales salvajes y sangre flotaba de su cuerpo. Todo lo que la envolvía estaba sucio. Sin embargo, en lugar de simplemente ser una niña ligeramente cubierta de lodo que necesitaba ser aseada…

Es impensable… que ella sea de este mundo.

Era demasiado hermosa. La respiración de Gilbert se detuvo ante la silueta de la chica. Su cabello cenizo, largo hasta la cintura, brillaba más que cualquier joya de oro. En su rostro había demasiados arañazos y raspones. Sus ojos azules podían verse bajo las rendijas de su cabello desordenado.

Orbes que no eran exactamente del color del cielo ni el mar miraban directamente a Gilbert. Los dos se miraron uno al otro por un momento. Ninguno de los dos se movió, como si el tiempo se hubiera congelado.

— Oye, saluda—. Dietfriet agarró agresivamente la cabeza de la niña y la obligó a inclinarse.

Al ver eso, Gilbert apartó rápidamente la mano de su hermano y abrazó a la niña. Ella tembló en sus brazos.

— ¡No seas violento con una niña! ¿¡Has estado traficando gente!?

Mientras la abraza como si la protegiera, no importa cómo lo mires, Gilbert se enfureció. Su cara de ira pura con una vena que sobresalía en su frente silenció la alegre conversación de los otros hombres en la habitación.

Entre ellos, solo Dietfriet permaneció tranquilo y con una expresión neutral.

— No digas tonterías. No necesito esclavos. Aunque quiero guerreros.

— Entonces, ¿qué es esta chica? ¿Qué tiene de divertido ofrecerme una niña tan pequeña?

— Como dije… esto no es una niña. Es un “arma”. Te lo acabo de decir, ¿no? Eres un hermano menor bastante desconfiado.

Gilbert observó a la chica. Aparentemente, ella tenía alrededor de diez años. Su rostro, finamente adornado, despedía una leve impresión adulta, pero su madurez era desacreditada por sus hombros y manos delgados. ¿Qué en ella era un arma? Ella era solo una niña que fácilmente podía caber en sus brazos.

La ira de Gilbert disminuyó, gradualmente suplantada por tristeza. Sin soltar a la niña, miró a su hermano y se levantó de su asiento.

— Me la llevo conmigo. Llamar a esta pequeña… un arma… Yo… no quiero volver a verte nunca más.

Ante esas palabras, Dietfriet estalló en carcajadas mientras cerraba sus ojos. Lo mismo hicieron sus camaradas. Gilbert sentía disgusto, así como un poco de miedo, mientras innumerables risas a su alrededor resonaban en sus oídos. Era una atmósfera extraña. Se sentía diferente de ellos de alguna manera, aunque el sentimiento no estaba en concordancia.

Es casi como si… fuera yo quien que está loco.

Desde el principio, solo Gilbert era el diferente entre ellos. Tan perverso como algo pudiera ser, la minoría opositora era considerada la que estaba equivocada si se considerara a la mayoría. La anomalía de la gran mayoría progresivamente invadía la normalidad de la minoría.

— ¿Qué es tan divertido?

Dietfriet se levantó lentamente, caminó hacia el lado de Gilbert y le tocó el hombro.

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— Gil… creo que me expliqué mal, lo siento. Claro, solo mirando a esa cosa, cualquiera tendría ese tipo de reacción. Además, eres un tipo serio y agradable. No comprenderás a primera vista que esta es un arma. Por eso… te lo mostraré de una manera práctica que será fácil de entender. Tú también vienes—. Le dijo Dietfriet a la chica.

Sin demora, ella escapó suavemente de las manos de Gilbert y siguió a Dietfriet. Sin embargo, mostró una actitud de duda hacia Gilbert por un instante. Cada vez que se movía, sus ojos azules, de los parecían salir resplandores, llamaba a la gente con esa sola mirada.

Gilbert se apresuró a levantarse nuevamente. A donde se dirigieron fue a la habitación contigua, de donde venía la chica cuando estaba en el costal, una habitación de lujo.

Era natural que hubiera más de una mercancía, el problema era cómo se estaba utilizando esa otra. La cama estaba presionada contra el costado de la pared, dejando un espacio ampliamente abierto en el centro. Lo que había allí eran otros cinco costales de cáñamo. Su tamaño era lo suficientemente grande como para que hombres adultos cupieran en ellos. A diferencia de la chica, se movían constantemente. A través de ellos se filtraban débiles sonidos parecidos a gritos de ganado, que se fusionaban con palabras que no se podían entender. Lo más probable es que quienquiera que estuviera dentro había sido amarrado y amordazado.

No importa el motivo, tratar a los humanos de esa manera era incorrecto. Gilbert pensó que aquéllos que podían quedarse con expresiones tranquilas en tal situación eran realmente retorcidos. La locura contagiosa se extendió desde la punta de los dedos de los pies hasta su garganta, sin embargo, de alguna manera logró sacar su voz,

— ¿Quiénes… son ellos? ¿Por qué están atados? Hermano, explica lo que está pasando—… Su corazón retumbó sórdidamente, como si estuviera prediciendo el futuro.

— Ah, tengo que presentar a estos tipos primero, ¿verdad? Son inmundicias que se infiltraron en nuestro barco cuando pasamos por un puerto—. Dietfriet pateó suavemente uno de los costales con sus zapatos de cuero pulidos—. Supongo que estaban buscando cosas valiosas. Entraron sin examinar la estructura interna, terminaron tropezando con tres cocineros en la cocina y los mataron para mantenerles la boca cerrada. Para nosotros, que vivimos en el mar, tener comidas satisfactorias es muy importante—. Levantó la pierna hacia atrás y la balanceó lo suficiente para que la punta de su zapato golpeara el costal—. Gilbert hizo una mueca ante el grito que provenía del interior—. Estos tipos… mataron a nuestros mejores cocineros, incluido el chef. ¿Qué tan geniales eran, dado que vinieron del extranjero a nuestro barco para cocinarnos u causa de nuestra solicitud? No puedes pagarles con la misma cantidad con la que se compraría a una mujer por una noche. Nosotros, la marina, nos ocupamos de las cosas que suceden en cada barco de acuerdo con nuestras propias leyes. Bueno, estamos en tierra en este momento, pero… eso sucedió en el barco, entonces esto es válido. Ahora, te mostraré algo interesante… hey, sácalos. Además, denles armas.

Después de que Dietfriet diera esa orden, los hombres que también habían venido a la otra habitación desataron los costales de cáñamo uno por uno y dejaron salir a los ladrones. Mientras los hombres soltaban las cuerdas al mismo tiempo que les apuntaban con sus armas, les entregaron cuchillos a cada uno. Los cinco ladrones parecían desconcertados y tenían sus labios arrugados con expresiones temibles mientras preguntaban:

— ¿Cuál es el significado de esto?

Ignorándolos, Dietfriet hizo un gesto exagerado con la mano.

— Ahora, este es el comienzo del juego más misterioso y fascinante del mundo. Caballeros… bueno, no hay ninguno aquí. Tampoco hay damas. Entonces, ¡bastardos! Lo que estoy por mostrarles es la mocosa salvaje que encontré en un continente oriental—. Al ser señalada, la chica se miró las puntas de los dedos con una cara que parecía no presentar ninguna emoción. Continuó—: Encontré esta cosa hace aproximadamente un mes cuando destrozamos por completo a una flota armada de mierda que estaba planeando destruir uno de los puertos de comercio marítimo de Leidenschaftlich. En cierta noche, en el medio de la batalla, fuimos alcanzados por una gran tormenta. Fue una grave catástrofe en la que nuestros aliados y nuestros enemigos se hundieron en los mares costeros. Parece que esto fue noticia. No lo sabía porque estaba a la deriva en ese momento.

Gilbert se mostró escéptico porque nunca había sido informado de que su hermano había evitado por poco la muerte, pero no tuvo oportunidad de discutir el tema al calor de la historia.

— El barco quedó varado, algunos de mis compañeros y yo llegamos a una isla desierta que no estaba marcada en ningún mapa mediante el uso de un pequeño bote salvavidas. Encontré esta cosa en esa misma isla. Estaba sola, mirando a la distancia desde arriba de un gran árbol. ¿Murieron sus padres? ¿Sufrió un accidente en el mar como nosotros? Todavía no hemos descubierto su identidad—. confesó Dietfriet—. Su apariencia no es tan mala, ¿verdad? En diez años o más, probablemente podría sacudir a todo un país, pero sigue siendo una mocosa. No tengo ningún interés en mocosas. Yo no… pero hay personas en este mundo que lo hacen. A algunos de mis antiguos subordinados les encantaban ese tipo de cosas. Alegremente se acercaron e intentaron meterse con esta cosa inmediatamente. Habíamos estado a la deriva por un tiempo, sin embargo, estaban muy enérgicos. Eso fue espantoso. Me encontraba muy molesto, y estaba a punto de decirles que no me irritaran más de lo que ya estaba, pero cuando fui a intentar detener a esos imbéciles—… Dietfriet agarró a la niña por los hombros y la llevó justo frente a los ladrones, sus ojos azules los evaluaban—… antes de que pudiera hacerlo, esta cosa mató a mis subordinados—. Él agarró sus pálidos brazos por detrás y los alzó violentamente en el aire. El movimiento era el de una bestia salvaje a punto de atacar a una presa.

Los ladrones se rieron secamente ya que la chica estaba siendo tratada como una marioneta en el pequeño juego de Dietfriet. Era una reacción natural. Exactamente, ¿qué podría hacer esta niña?

— Con un palo que estaba tirado junto a sus pies, apuñaló a uno de ellos en el cuello, luego robó un arma de la funda de su cintura y le disparó en el corazón—. Gilbert pudo notar por la expresión de su hermano que no estaba bromeando—. Todos huimos. Existen numerosos tipos de pueblos en este mundo. Pensar que somos los únicos fuertes es un error. Si solo uno de sus retoños era tan fuerte, ¿qué tan poderoso sería un adulto? Pero no importa cuánto corrimos, esta cosa nos persiguió. Nunca se acercó demasiado, pero tampoco estaba lo suficientemente lejos como para que pudiéramos perderla de vista. Recorrimos toda la isla. Nuestros nervios estaban destrozados. Estaba exhausto y decidí que teníamos que hacer algo, así que hice que mis camaradas prepararan sus armas y grité: “¡Chicos, mátenla!”. Yo había… querido decir que íbamos a matarla. Aun así—… Dietfriet continuó con cara helada—… en el siguiente instante, esta cosa masacró a todos en ese lugar a excepción de mí—. Su forma de hablar era de alguien que evidentemente guardaba rencor. Dietfriet miró a la chica con ojos irritados—. Después de eso, fui perseguido por este demonio asesino. Me siguió sin dejar mi lado. Perfectamente pudo haberme asesinado, pero no lo hizo. Las palabras no funcionaban con esta cosa. Si bien no pude entender cómo hablar con ésta, poco a poco me di cuenta de que era la única habitante de esa isla. ¿Tienes idea de lo aterrador que es tener un demonio asesino pegado a ti? Cuando mi cordura finalmente llegó a su límite, dije, “solo mátame”, y luego esta cosa mató a un animal escondido en la hierba. Fue entonces cuando entendí… que había matado porque se lo había ordenado. Una vez que consideré esto, lleve a cabo repetidos experimentos. Por ejemplo, si señalaba animales o insectos y decía “mata”, inmediatamente lo hacía como una especie de muñeca mecánica. Claramente, ella también exterminaría a las personas si se lo pidieran. No sé por qué me eligió. Tal vez estaba de acuerdo con recibir órdenes de cualquiera, o podría haberse sometido a quien percibió como la persona más influyente del grupo que había encontrado. Esta cosa tiene poca inteligencia. No habla ningún idioma, pero puede entender la orden de masacrar. Es como si no necesitara saber nada más. A pesar de mis preocupaciones, dejé que esta cosa permaneciera a mi lado mientras sobrevivía y esperaba el rescate. La llevé a casa conmigo.

Mientras tanto, las personas que estaban de pie junto a la salida y el centro de la sala se habían dispersado. Dietfriet empujó a la niña hacia los ladrones después de darle un cuchillo. Era demasiado grande para sus manos.

— Hermano—. Mientras pensaba que eso no podía estar pasando, Gilbert lo reprendió—: Hermano, no hagas nada estúpido.

Sabiendo que no sería suficiente, estiró un brazo hacia su hermano y a la chica desde atrás.

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Dietfriet sonrió solo con los labios, y luego señaló a los ladrones mientras asentía con la cabeza hacia la chica.

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— Mata.

Gilbert estaba a punto de agarrar los diminutos dedos de la niña, pero en un segundo, su mano había desaparecido.

La ejecución de la orden fue instantánea. La chica saltó como un gato sobre el hombre más cercano con el cuchillo en posición, cortándole la garganta tan limpiamente como si cortara una fruta de un árbol. De su cuello, la “rama”, una gran cantidad de sangre brotó, y su cabeza, la “fruta”, tembló implacablemente.

Ella no tenía ninguna duda al asesinar, y rápidamente pasó a su siguiente movimiento. Usando el cuerpo del hombre como un trampolín, la niña saltó y envolvió sus piernas desnudas en el cuello de otro ladrón, empujando el cuchillo en la coronilla de su cabeza. Gritos de agonía mortal resonaron en la habitación.

Entonces la chica tomó el arma del segundo cadáver y se volteó para mirar a las otras tres personas. Los ladrones, que finalmente se habían dado cuenta de la seriedad de sus circunstancias, gritaron y se lanzaron contra la chica. Pero ella fue más rápida. Usando su pequeño cuerpo, se deslizó entre sus pies y apuñaló uno tras otro por detrás.

Era tan ligera, pero la forma en que agitaba sus brazos era tan pesada. Su cuerpo era incluso más impresionante que el de Gilbert, que había sido entrenado en la batalla y en técnicas marciales, así como en el manejo de armamento en el ejército. Parecía que no tenía peso ni centro de gravedad. Cada vez que volaba, salía sangre fresca.

— Por favor, detente—… el último hombre arrinconado rogó por su vida. Había perdido por completo la voluntad de defenderse, suplicando desesperadamente con labios temblorosos y una voz llena de miedo—. No volveré a hacer eso nunca más… pagaré por mis crímenes… así que por favor, no me mates.

Lo más probable es que estaba recordando lo que los cocineros le habían dicho al encontrarse en la misma situación, balbuceando lo que podía recordar. Luego dejó caer su arma para no mostrar resistencia.

La chica miró detrás de su hombro mientras aún sujetaba el cuchillo ensangrentado. Ella buscaba el juicio.

Gilbert gritó:

— ¡Detente!

— Hazlo.

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Al mismo tiempo, Dietfriet levantó el pulgar e hizo un gesto con la mano como si se estuviera cortando un cuello.

La chica abrió la boca un poco, mostrando renuencia. Sus ojos se movieron entre los dos sin fijarse en ninguno. Al ver eso, Dietfriet quedó perplejo por un momento, luego comenzó a reírse. Él parecía feliz.

— Mata—. Ordenó una vez más, todavía riendo.

La chica movió su brazo mientras seguía mirando a Dietfriet robando la vida del último hombre. La serie de asesinatos tomó menos de un minuto en total. Respirando pesadamente, miró en su dirección otra vez. Ella no habló, pero sus ojos preguntaron: “¿Es esto suficiente?”

¿Qué es esto? se preguntó Gilbert. ¿Qué? ¿Qué demonios está pasando? Él tragó atontado. ¿Esto es real?

— Lo entiendes, ¿verdad? Ésta, Gilbert… no es solo una niña. Una vez que comprendas cómo usarla, puede convertirse en la mejor arma del mundo.

Ya no dudaba de las palabras de su hermano.

— Pero me asusta.

A pesar de que acababa de matar gente, la chica simplemente se quedó allí, esperando apáticamente más órdenes.

— Me sigue todo el tiempo. Se apega a quien le dé órdenes. Es útil, pero una vez que ya no la necesite, no podré matarla. Esta cosa es como una pared de hierro cuando se trata de su propia protección. Quiero usarla y descartarla, pero no puedo. Tiene un talento natural para la carnicería… no, para pelear. Te la daré, Gilbert. Tómala. Como es mujer, podría ocasionar problemas durante esos días del mes, pero si eres tú, puedes lograrlo, ¿verdad?

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Por su expresión, Gilbert comprendió que Dietfriet estaba aterrorizado de la niña con todo su corazón. Aunque estaba sonriendo, estaba tenso.

— Definitivamente eres mejor para esto.

El hermano mayor le estaba entregando al más joven un ser vivo que no podía manejar por sí mismo. Por eso había llamado a este último, con la excusa de celebrar su ascenso.

— Oye… la llevarás contigo, ¿verdad, Gilbert?

Una vez más, su corazón resonaba desagradablemente.

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