Re:Zero Kara Hajimeru Isekai Seikatsu

Volumen 4

Capítulo 1: Retorno a la Capital Real

Parte 4

 

 

«- ¿Y lograste cumplir con tus deberes como emisario?»

«Por supuesto. Jamás rechazaría las peticiones que la señorita Crusch me pida hacer. ¡Oh, abuelo Wil, te preocupes demasiado!»




El sirviente y el emisario conversaban mientras el dragón de tierra dejaba atrás a la Mansión Roswaal.

Wilhelm estaba sentado en el asiento delantero del carruaje, guiando al dragón de tierra sin esfuerzo alguno. Detrás de él, la muchacha de pálidos cabellos asomó la cabeza por la ventana del carruaje de dragón.

En cierto sentido, había pocos lugares tan adecuados como para una conversación privada.

«Pero tengo que decir, abuelo Wil, que no tenía en mente que hablaras con ese chico mientras esperabas. No te gusta hablar con las personas, ¿verdad?»

«…Ese es un gran malentendido.»




«Oh, ¿es así? Perdona. -Es sólo que te gusta más cortar a la gente en dos que el hecho de tener que hablar con ellos, ¿verdad?»

Sólo había estado bromeando, pero Wilhelm no ofreció explicación alguna. La chica apretó los labios en una mueca, disgustada por la casi nula reacción a sus provocaciones.

«No eres divertido. ¿Qué? ¿Fue más divertido escuchar a ese chico que el hablar con tu querido Ferris? No se veía tan especial, pero te pareció interesante, ¿miau? ¿Crees que es en realidad alguien muy fuerte y que está ocultando sus habilidades?»




«No es así. Es un principiante – como un león pequeño desprovisto de su melena. Tampoco es que tenga algún talento digno de mencionar. Estoy seguro de que es una persona muy ordinaria.»

«Entonces ¿Por qué, abuelo Wil? Dijiste que odiabas a las personas sin valor miaus que a nada.»

Todo lo que la chica decía lo pintaba con el peor tono posible. En respuesta, Wilhelm levantó la mano calmadamente y señaló su rostro.

Son sus ojos.

«- ¿Ojos?»

La chica bajó la cabeza mientras preguntaba. Wilhelm simplemente alzó la mirada, recordando.

«Los ojos del muchacho me interesaron un poco. Esos ojos me dijeron que él ha cruzado el límite de la muerte. Muchos se acercan a la línea, se detienen y retroceden, pero… »

Wilhelm bajó sus párpados mientras se sumergía en un pensamiento cuando sus palabras se apagaron. «Esos son los ojos de una persona que lo ha cruzado una vez, no.… varias veces, y que ha logrado volver. No conozco a otro ser así. Podrías decir que fui impulsado por mi curiosidad.»

Pero la chica rechazó alegremente la expresión de maravilla de Wilhelm. «Miau, eso no tiene mucho sentido…»

Esta vez, Wilhelm respondió con una sonrisa forzada. La chica continuó, añadiendo: «Pero si eso es verdad, abuelo Wil, ese chico no encontrará un camino fácil de seguir».

La chica entrecerró los ojos mientras lanzaba su brillante mirada hacia la espalda ancha de la persona que se encontraba sentada sobre el asiento delantero del carruaje.

«Tener al Demonio de la Espada, Wilhelm van Astrea, interesado en ti es tan desafortunado como que la Bruja te tenga algo reservado»

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